Ángel López Díaz
« Globalización, medicina y bioética»
3-4-2001
Perteneciente a la Unidad Docente Provincial de Medicina
Familiar y Comunitaria. Maestría en Salud Pública y
Administración de servicios de salud (Instituto de desarrollo
de la Salud -La Habana-.).Especializado en Epidemología. Especialista
Universitario en gestión y logística sanitaria (Universidad
de Oviedo y el fondo social europeo)
Trataré de ser lo más breve posible
pues tengo un interés especial en que charlemos, en que seáis
vosotros los que discutáis las pocas ideas que yo os pueda
transmitir. Porque, sobre todo en un tema como el de la globalización,
es muy fácil que la gente que os dedicáis a la filosofía
y que por tanto tenéis la costumbre de abordar los temas desde
una visión de segundo grado nos ayudéis mucho más
a nosotros, con visiones más parciales de los temas, que al
revés. De modo que si algún interés puede tener
lo que yo os diga será probablemente de especie informativa.
En lo que respecta a la discusión, yo creo que vosotros podréis
aportar mucho más, de ahí que sea la parte más
interesante. Por eso voy a intentar, en la medida de lo posible, ser
breve; no obstante, los temas que vamos a tratar son bastante amplios
y dan para hablar bastante.
Querría agradecerle a los organizadores el
haberme invitado a esta serie de conferencias y manifestarles también
mi alegría por haber conocido una iniciativa como esta de la
Asociación Wenceslao Roces. Una iniciativa que considerada
independientemente de las valoraciones más puntuales que se
puedan hacer sobre detalles concretos, es muy necesaria no sólo
en la Universidad de Oviedo - una de las universidades más
degradadas de nuestro país - sino en el conjunto de la sociedad.
Recuerdo que en los años 70, estando yo a mitad de carrera,
tuvimos una iniciativa parecida y durante tres años publicamos
una revista que se llamaba Bocetos y que tenía por lema "Sanidad
y Universidad a debate"; y recuerdo que en aquella ocasión
existía otra situación social en la que había
mucho más movimiento. Tuvimos todas las dificultades posibles
por parte de las autoridades académicas y del entorno en el
que trabajábamos. Pienso por ello que esta iniciativa tiene
mucho mérito, como lo tiene el haber escogido como primer tema
de trabajo de la asociación la globalización: no es
fácil encontrar un tema más sugerente, más controvertido,
más actual y que tenga más interés. Así,
en la medida de mis posibilidades me pongo a vuestra disposición
y os animo a que, a pesar de las dificultades, sigáis adelante.
Y un último asunto antes de entrar en materia: creo que es
importantísima la labor de una Facultad como la de Filosofía,
hay pocas que tengan tanta responsabilidad objetiva en la labor de
la institución universitaria como ella; por el hecho de hacer
estas lecturas de segundo grado tiene una responsabilidad añadida
con vistas a generar productos de calidad para la sociedad. Si no
se dan esos frutos, la sociedad huésped acabará eliminando
los ya escasos fondos que le dedica la Universidad debido a la baja
productividad alcanzada. Tengo como referencia la Facultad de Medicina
y puedo decir que la situación no sólo es decepcionante
o un poco deprimente sino que es caótica. Entramos entonces
en el tema.
Conocemos a la mayoría de los conferenciantes
que han dado ya charlas y a los que las van a dar, y casi todos ellos
son personas que tienen un gran conocimiento de los asuntos que tratan
y tienen, además, una gran capacidad de comunicación.
Deseamos en esta ocasión, no terminar en mal lugar con respecto
a ellos. Comentaremos en primer lugar el esquema de lo que vamos a
desarrollar a continuación y luego entramos parcela a parcela.
Os vamos a describir en primer lugar y en no muchas palabras el sector
salud. Porque creemos que puede ser interesante que tengáis
una visión con cierto detalle de todos los elementos que se
mueven en este sector. En segundo lugar haremos un intento mínimo
de interpretación de esa realidad y, en tercer lugar, vamos
a lanzar una propuesta o una posible respuesta a esta situación
que puede luego ser objeto de discusión.
El sector salud se relaciona con el sector sanitario,
se relaciona fundamentalmente con la Medicina. Sin embargo, la Medicina,
el médico que ve pacientes, tiene un pequeño papel en
el sector salud, pues son otros los vectores que lo articulan. Vosotros
conoceréis, porque es bastante conocida, la definición
que la Organización Mundial de Salud da de salud: es el estado
de bienestar físico, psíquico y social. Este es el concepto
hegemónico de salud. Este concepto supuso en su momento un
avance sobre otras concepciones vigentes porque incorporaba elementos
que tenían que ver con la realidad física, pero también
con el mundo de las sensaciones, de los pensamientos, de las formas
de vivir la enfermedad y, además, de la perspectiva social
de los fenómenos salud; fue muy criticada y hubo una segunda
aproximación a estos temas que consistió en no hablar
de salud sino del proceso salud-enfermedad como un continuo entre
un estado de salud idealmente perfecto y un estado de enfermedad que
condujera a la muerte. Pues bien, entre esos dos límites habría
toda una gama de estados que recorreríamos con el término
del proceso salud-enfermedad.
El concepto que nosotros vamos a utilizar para referirnos
a la salud, sin embargo, es otro distinto, es el de perfil epidemiológico,
y que no alude a la salud de las personas - cosa que no tiene mayor
interés - sino a la salud de las comunidades, de los grupos
humanos. El concepto de perfil epidemiológico entonces, nos
permite dibujar y diferenciar, en resumen, los estados de salud de
unas y otras comunidades ( ya veremos que éste tiene una relación
importante con factores que no son estrictamente médicos ).
Todas estas definiciones están recorridas por una tensión
permanente que raramente alcanza el equilibrio, y dependiendo de las
perspectivas que cada uno utilice, pone el acento más en un
extremo o en otro. Esa tensión es la relación entre
el individuo y el grupo, entre el paciente como individuo enfermo
en una consulta determinada y el grupo social al que pertenece. Ya
os digo, esta tensión recorre todos los planteamientos que
hay en torno a la salud y al sector sanitario.
Otro criterio que se podría utilizar para
moverse en este campo es el de analizar la perspectiva de quienes
hablan, que puede ir desde los reduccionismos más extremos
- pueden ser estos genéticos, bioquímicos, incluso físicos,
biofísicos, etc, - hasta la máxima carga de sociología
o de componentes sociológicos en los fenómenos de salud.
Entre los reduccionistas que sostienen, por ejemplo, que todo es genoma
o los que sostienen que lo importante son exclusivamente las condiciones
sociales de los procesos salud-enfermedad, hay toda una gama de posibilidades
que permiten interpretar a quien habla y localizar la perspectiva
desde la que lo hace.
Otro criterio para empezar a trabajar también
es el de distinguir entre Medicina, Sanidad y Sociedad. La Medicina
es una actividad práctica, es una tecnología que desarrollan
los médicos clínicos. Lo que ocurre es que los médicos
clínicos ya no trabajan nunca solos, trabajan en el seno de
organizaciones tremendamente complejas que son los sistemas sanitarios,
hospitales, áreas sanitarias, la atención primaria,
etc. Pero una cosa son los médicos y el mundo de los médicos;
otra cosa distinta es la sanidad, que es todo este complejo que desde
los años finales del siglo pasado se compone de los sistemas
sanitarios que empezaron en Alemania; y otra cosa distinta es el entorno
social que rodea, genera, y condiciona ese sistema sanitario y ese
ejercicio concreto de la medicina.
Entonces tenéis medicina o médicos,
sanidad o dispositivos sanitarios y tenéis la sociedad. Bien,
desde el origen de los tiempos los grupos humanos tienen diferentes
perfiles epidemiológicos. Hay teóricos que sostienen
la idea de que, necesariamente, cualquier grupo humano atravesará
tres etapas, tres perfiles: recorrerá tres estados que dependerán
de su grado de evolución social.
Entonces, desde un tipo de patologías, desde
un perfil epidemiológico de enfermedades carenciales e infecciosas
- epidémicas -, se pasaría, gracias al desarrollo social
en conjunto - y aquí no me meto en el desarrollo de parcelas
específicas de la sociedad sino en el desarrollo social en
su totalidad - a la superación de este perfil epidémico
grave, de grandes enfermedades y grandes pandemias que afectan a muchísima
gente y que pone en riesgo la vida de millones de personas, pasaría,
digo, a otro perfil que sería el de las enfermedades infecciosas
crónicas como por ejemplo la tuberculosis. Una enfermedad epidémica
de primer tipo sería la lepra en su tiempo y hoy en zonas amplias
del mundo, o sería la viruela cuando existía, o sería
la peste. Las enfermedades infecciosas crónicas serían
aquellas que no ponen en riesgo la vida de la colectividad, pero sí
de amplios grupos dentro de ella y que conviven cotidianamente con
la vida diaria de ese grupo. Serían por ejemplo la tuberculosis,
la sífilis, etc. Si la sociedad siguiera desarrollándose,
pasarían a un tercer nivel de problemática que serían
las enfermedades crónico-degenerativas, que es el que nosotros
tenemos en este momento en las sociedades desarrolladas. Por lo tanto,
ahí tenemos tres modelos de perfil epidemiológico para
resumir el estado sanitario de una población.
Bueno, pues históricamente se ha dado una
respuesta concreta en cada sociedad a cada uno de estos tres desafíos
que presentan los perfiles, pero no es hasta finales del siglo XIX
cuando en Alemania, Bismarck pone en marcha una institución
derivada de aquellas Sociedades de Socorros Mutuos que había
también en los gremios medievales; se pone pues en marcha un
sistema de seguridad social en la que trabajadores y empresarios cotizan,
y luego son cubiertos por el sistema sanitario en función de
las patologías que tuvieran. Este sistema, que tuvo mucho de
iniciativa política para contrarrestar el surgimiento del movimiento
obrero, fue después generalizado al conjunto de los países
europeos y a Estados Unidos y adoptó diferentes formas en cada
uno de ellos, derivando esencialmente en dos grandes bloques de modelos
de colectivización de la medicina.
La medicina hasta el siglo XIX era, en términos
generales, medicina privada. Había estratos: los médicos
trabajaban de forma privada y atendían a los pacientes que
luego les pagaban. Había beneficencia para los que no tenían
recursos e incluso el estado arbitraba algún tipo de medidas
en aquellas situaciones de emergencia o para determinados colectivos.
Pero el sistema no se llega a estructurar como un sistema sanitario
potente hasta finales del XIX y ya en toda la primera mitad del siglo
XX. Estos dos grandes modelos de los que hablamos son: el modelo liberal,
que toma cuerpo fundamentalmente en Estados Unidos, en el que la intervención
del Estado en la organización de la asistencia sanitaria es
mínima, y el otro modelo que es mucho más colectivista
que empieza sobre todo en la URSS en la primera etapa de su desarrollo
y que después se extiende, por ejemplo, a Inglaterra en el
año 48, a Francia que tiene un sistema de seguridad social,
Italia, los Países Bajos; sobre todo también después
de la Segunda Guerra Mundial los países nórdicos desarrollan
sistemas de asistencia sanitaria pública y colectiva muy potentes
en el que la medicina ya deja de ser un ejercicio liberal: el médico
pasa a depender del Estado, es un asalariado, y es el Estado el que
reconoce el derecho a la asistencia sanitaria y brinda los servicios
que en cada caso considera oportuno. Los dos paradigmas de modelo
colectivo son el de la URSS - mientras dura, aunque hoy esté
mal visto hablar de eso y que supuso un hito muy importante en la
asistencia sanitaria ahora, sin embargo, lo tienen absolutamente desordenado
y están sufriendo por ello enfermedades que se habían
superado hace 50 y 60 años por la situación de Rusia
y los otros estados que formaron parte de la URSS -, y el otro es
el modelo de National Help-Service que es inglés.
A todo esto los estadounidenses están al margen.
Ellos hacen una medicina privada en la que cada uno se paga su asistencia,
como mucho llegan a tener seguros que se pagan ellos mismos y a los
que pueden colaborar particularmente la empresas. Este modelo, el
modelo que hoy tenemos en España después de la Ley general
de Sanidad y el modelo que está extendido por gran parte de
los países occidentales desarrollados, es un modelo muy tecnocrático.
Aquí hay un derecho constitucional a la asistencia sanitaria,
que reconoce la Constitución, y el Estado es el encargado de
dar cumplimiento y satisfacción a ese derecho. Todos los ciudadanos
españoles por el hecho de serlo tienen derecho a tener una
tarjeta de sanidad pública, en este caso, en las comunidades
que no tienen transferidas las competencias del INSALUD. En el caso
de las comunidades que tienen transferida asistencia sanitaria de
su respectivo centro regional de salud. Cada servicio regional de
salud divide el territorio en áreas sanitarias y en cada área
sanitaria hay un hospital comarcal o de área que atiende la
patología que requiere una respuesta especializada y, después,
en cada área sanitaria hay a su vez un troceamiento de menor
escala en zonas básicas de salud que están atendidas
por un centro de salud. En ese centro de salud, lo que se atiende
es lo que llamamos medicina primaria, las patologías que no
tienen un nivel de complicación y por tanto no necesitan atención
especializada. Este modelo, y esto tiene importancia para lo que veremos
luego, es un modelo extraordinariamente importante porque te permite
un grado de equidad en la respuesta sanitaria y en la redistribución
de recursos muy superior al estadounidense, en el estadounidense se
gasta muchísimo más dinero que en el español
y sin embargo la atención sanitaria es muchísimo peor,
y los niveles de salud de la población son mucho más
bajos, y las desigualdades son mucho mayores.
Una de las características principales de
nuestro sistema es su estructura jerárquica, el control que
la burocracia de los gerentes, de las personas que son designadas
para gobernar este sistema en sus diferentes niveles ejercen. El papel
de la tecnocracia, es decir, de los trabajadores que son muy cualificados,
especialistas, médicos que tienen muchísimos años
de formación y que cuestan muy caros, también es condicionante
sobre los resultados de la actividad del sistema.
Y entre las características entonces figuraría
la de que por su distribución territorial, probablemente no
hay ningún subsistema social hoy en España que tenga
tal penetración como tiene la sanidad. Es decir, hay sitios
donde hay consultorios del INSALUD que no hay Guardia Civil. Está
mucho más distribuido por el territorio el sistema sanitario
que el educativo o que el policial, por ejemplo. Eso habla de la importancia
del sector.
Pero os decía que las características
son: una, es esa penetración en el territorio y por lo tanto,
imaginad la potencia que eso tiene como conductor de ideología
o de formas de comportamiento; otro es su carácter burocrático,
vertical, y el otro es el enorme poder de la tecnocracia interna (
hasta tal extremo que muchos servicios sanitarios responden en su
organización mucho más a los intereses de los trabajadores
del sistema que a los intereses de los pacientes o de los usuarios
debido a esta característica de sistema de servicios muy especializado
).
Sin embargo, estos modelos, los modelos de colectivización
pública típicos de la Europa de finales de siglo y propio
de España en este momento, desde hace algunos años sufren
una acción sistemática que tiende a socavar las bases
de este planteamiento de equidad que es el principal. Esto parte sobre
todo de Estados Unidos y de Inglaterra: Margaret Tacher consigue en
los años ochenta poner auténticas bombas de relojería
en el Servicio de Salud Británico, acaba con él, lo
llega a desguazar y la colaboración entre las escuelas de negocios,
de gestión inglesas y sobre todo las facultades y las escuelas
de salud públicas y de gestión americanas y de sus medios
de difusión, han consiguiendo introducir en los últimos
veinte años elementos que distorsionan severamente la lógica
del sistema colectivo. Estos elementos son aquellos que impulsan a
una concepción de la sanidad como mercado, sector económico,
como área de negocio en definitiva. Todas las escuelas de Estados
Unidos y de Inglaterra que se dedican a estos temas son visitadas
asiduamente por cargos públicos de los países europeos,
allí aprenden la doctrina y luego generan a su vuelta conflictos
muy serios al pretender introducir medidas de desregulación
del sistema sanitario.
Esta tensión liberalizadora, atomizadora,
de desorden, tiene detrás como es lógico, no a la iniciativa
particular de estas escuelas, sino el interés de los grandes
bancos, de las grandes compañías aseguradoras y de las
grandes compañías farmaceúticas por trastocar
un sistema que podría generar muchos más recursos en
su beneficio en proporción directa a su desregulación.
Esta tensión es la que rige el sistema sanitario español
desde hace quince años aproximadamente. Tened en cuenta que
el sector gasta en torno al ocho o doce por ciento del PIB, lo que
supone un montón de billones de pesetas; sólo aquí
en Asturias el gasto de la sanidad ronda los ciento cincuenta mil
millones de pesetas; de esto modo, los intereses de todos estos agentes
sociales mencionados - bancos, aseguradoras, farmaceúticas,
empresas productoras de equipamiento tecnológico, etc. - ven
aquí una posibilidad de hacer negocio mucho mayor del que ahora
disfrutan precisamente por esa estructura que mira mucho más
hacia la equidad social que hacia la eficiencia económica entendida
como hacer las cosas al menor costo posible. El sistema sanitario
español gasta en torno al seis y medio o siete por ciento del
PIB, el francés gasta el doce y el estadounidense está
en torno al catorce, probablemente el doble que el español
y sin embargo la capacidad de generar salud o equilibrio social es
muchísimo mayor en el español. Podemos concluir por
tanto que la equidad y la eficiencia son las dos características
resultantes del sistema sanitario español. Por el contrario
en el estadounidense lo que tenemos es una gran cantidad de billones
de pesetas que fundamentalmente van a parar a fondos privados.
Bien, uno de los elementos fundamentales en esta
circunstancia es conseguir transformar al paciente en cliente. Puesto
que la sanidad ya no sería un dispositivo público dedicado
a atender las necesidades de la población, sino que sería
un mercado, un ámbito de negocio, el paciente debe convertirse
en cliente: esto está en la boca de los gerentes de los centros
sanitarios permanentemente, entramos pues en la lógica de los
servicios orientados al cliente, de las encuestas de satisfacción,
es en fin el mismo tratamiento que se daría en cualquier otro
sector económico. Esta es pues la situación del sistema
sanitario expuesta con brocha muy gorda: en España tenemos
un sistema sanitario que responde a esa lógica de la colectivización
de la sanidad que se produce en el tercer estadio de los perfiles
epidemiológicos, y tiene dentro las tensiones propias de este
intento del capital por sacar rendimiento de este sector hasta ahora
un tanto ajeno a los circuitos financieros y al ámbito del
mercado.
Vamos a tocar ahora de forma breve la Bioética.
Aquí nadie hablaba de Bioética hasta hace unos cuantos
años, aquí no existía. Yo estudié Medicina
en el año setenta y seis y a mí nadie me habló,
no ya de Bioética, sino que tampoco en los seis años
de carrera, ni en la formación posterior de deontología.
Es decir, en España pasamos de un modelo social en el que la
medicina era un sacerdocio - muy impregnado por tanto por los valores
del Nacional Catolicismo -, a un absoluto abandono de todos estos
planteamientos, la medicina se convirtió en aquellos años
en una técnica meramente. Entonces había que estudiar
Medicina Interna o Bioquímica, o había que estudiar
Genética, pero eran técnicas muy concretas, asuntos
muy específicos: no había ningún discurso sobre
el sentido de la Medicina, sobre su papel en el conjunto social ni
nada que se le pareciera.
Bien, entonces en este vacío, de pronto empieza
a surgir de forma realmente intensa y sorprendente la Bioética.
Pero no sólo se comienza a hablar sino que el propio Instituto
Nacional de la Salud financia con fondos públicos a un sujeto
llamado Diego Gracia que es catedrático de Historia de la Medicina
en la Universidad Complutense de Madrid, un máster; y lo alimenta
con profesionales de los servicios sanitarios porque pone en marcha
dos cosas que se llaman respectivamente: Comité Ético
de Ensayos Clínicos y Comité Ético Asistencial.
El primer tipo de comité se dedica a valorar los proyectos
de investigación de los centros sanitarios para evaluar si
cumplen ciertos requisitos desde una perspectiva ética, es
obligatorio que en esos comités haya un máster de este
máster que comentamos, es decir, una persona que haya hecho
el máster necesariamente tiene que formar parte de ese comité
para que pueda ser constituido; eso significa que toda investigación
que se hace en el sistema sanitario tiene que pasar por un filtro
que controla la adecuación de esos proyectos de investigación
y en el que una de las personas de mayor importancia es precisamente
alguien que haya hecho el master de Diego Gracia - entre otros menos
importantes que no están financiados con fondos públicos.
El otro comité es el de Ética Asistencial como ya anunciábamos,
que está compuesto por un conjunto de personas, algunos médicos
y otros no, y en el que también tiene que haber otro máster
en Bioética; y éste de lo que se encarga es de dar respuesta
a las demandas que los profesionales les planteen con respecto a la
conducta a seguir en casos complejos desde la perspectiva ética.
Bien, ninguna de estas dos cosas existía en nuestro país
ni tampoco había una tradición, reciente o no, de estos
planteamientos.
Ahora bien, con respecto a la Bioética puede
haber dos perspectivas: una, la original que allá por los años
sesenta se originó en los Estados Unidos y en Canadá,
y que ligaba la Bioética al conjunto de reflexiones que habrían
de irse generando en torno a los desafíos que las sociedades
en evolución planteaban en sus relaciones con el medio; sería
algo así como responder al efecto del desarrollo social, tanto
en el campo del medioambiente, como en otros, esta sería una
concepción amplia de la Bioética, a ésta no nos
vamos a referir; atenderemos a otra más restringida que consistiría
en determinar en qué medida la Bioética se convierte
en la columna vertebral de la ideología sanitaria - de los
médicos fundamentalmente y también de las organizaciones
de salud.
Como probablemente sabréis, después
de muchos avatares, en Estados Unidos se formula la propuesta de la
Bioética estándar, y que descansa en cuatro grandes
principios: el de no maleficencia - tradicional de la medicina y que
podemos expresar con el lema "no hacer daño" -; el
de la justicia - tratar a todos por igual y que tendría también
que ver con una cierta tradición ética de la medicina,
en el sentido de que lo que le importaría al médico
sería salvar el cuerpo en sentido general del paciente, salvar
a la individualidad independientemente de quién sea esa individualidad
( recientemente un famoso cardiólogo inglés hizo unas
declaraciones British Medical Journal en las que desvelaba que él
había tratado hacía treinta años a Sadam Husseim
de una dolencia cardiaca, y que si él hubiera sabido entonces
que Sadam Husseim iba a ser Sadam Husseim no lo hubiera tratado; ese
comportamiento no es ético pues sería dramático
que al médico le importara a quién cura o a quién
salva, esto sería el final de la Medicina ) -; un tercer principio
sería el de beneficencia - no sólo no hacer mal sino
en la medida de lo posible hacer bien -; y el cuarto, que es el medular
de la perspectiva bioética desde mi punto de vista, es el de
autonomía, éste es el eje sobre el que los demás
se articulan y que tiene que ver con el predominio del cliente.
La Bioética surge en Estados Unidos esencialmente
por dos razones: una es porque se habían acumulado una serie
de informaciones referidas a las barbaridades que los sistemas sanitarios
y los profesionales de la medicina hacían con respecto a la
ciudadanía ( se produjo gran escándalo cuando se sacó
a la luz información donde se desvelaba que los Institutos
de Salud habían financiado con fondos públicos un experimento
durante cuarenta años por el cual una cohorte de negros de
Alabama con sífilis habían sido seguidos sin tratamiento
ninguno para ver cómo evolucionaban; hechos de este tipo se
ligaron también a las vivisecciones de los alemanes durante
la II Guerra Mundial ), pero sobre todo están las consecuencias
que trae el mercantilizar la medicina, entre las cuales puede citarse
la altísima tasa de demandas judiciales que se producen - de
hecho si la medicina es un negocio todo el mundo quiere sacar dinero
del tema, y los abogados también.
Como la vida y la salud son muy valoradas socialmente
nos encontramos con un nicho terreno para hacer dinero demandando
a las compañías sanitarias y a los médicos -
de hecho un porcentaje importantísimo del salario de un médico
estadounidense se va en seguros que tiene que pagar para defenderse
de potenciales demandas. Una de las formas que se les ocurrió
a los estadounidenses para defenderse de este aluvión de demandas
fue consensuar internamente en el hospital, con personas supuestamente
prestigiosas, un comportamiento correcto y es ahí donde surgen
los Comités Éticos de los hospitales: no hay pues ninguna
vocación altruista, el auténtico motor que ha movido
la implantación de la Bioética es el defensivo. Por
eso es tan importante el principio de autonomía, porque toda
la Bioética estadounidense descansa en la preeminencia del
individuo, no del grupo. El individuo es el consumidor, que es quien
centra el mercado: el principio a asumir por todo aquel que quiera
funcionar en un mercado es precisamente el de autonomía. Un
médico que no funcione con este principio no será un
buen trabajador en un sistema privatizado, porque incorporará
a su actuación criterios que a veces se enfrentarán
a las propias decisiones del individuo. Es pues fundamental desde
una perspectiva de penetración o de control ideológico
el poner al individuo en el medio del escenario y darle el papel de
estrella principal, por eso la Bioética destaca, sobre los
otros tres, este cuarto principio entendido por lo general en términos
superficiales al igual que el resto. En la medida en que todos ellos
sean analizados con un poco de profundidad sólo llevan a callejones
sin salida, y además, como no pueden ser articulados entre
ellos porque son inconmensurables, resulta que el que impera al final
es el de autonomía mientras que los otros tres son relegados.
La Bioética, vista así su génesis y su articulación,
se desarrolla de una manera tumoral, es como una especie de cáncer
en el sistema sanitario: proliferan los cursos, los expertos, las
publicaciones, las investigaciones, la financiación, los congresos,
las asociaciones profesionales, es ya todo un entramado el que se
ha generado en torno a esta propuesta de la Bioética anglosajona.
Por otro lado esta tradición tiene una raíz bastante
religiosa que puede verse en las serias pugnas que mantienen los pragmatistas,
los protestantes, los católicos, etc. Los Kennedy invierten
mucho dinero en los Estados Unidos para crear un centro de Bioética
católico en la Universidad de Georgetown, y también
está el Hastings Center que junto con el primero son los dos
focos de luz mundial en estos temas.
No hay en términos generales ninguna alternativa
a este modelo ideológico que probablemente se convierta en
el modelo de referencia para cualquier profesional sanitario y para
cualquier organización sanitaria. Hay alguna crítica
pero por lo general quienes criticaron en su día la Bioética
estándar, fueron retirándose del campo por dificultades
para continuar sus carreras académicas - o simplemente han
sido relegados al ostracismo merced al uso que se puede hacer de ciertos
eficaces mecanismos del sistema de rango económico que sirven
de controles ideológicos. Sin embargo, aquí tenemos
la suerte de que se haya propuesto una reflexión desde una
perspectiva materialista y una crítica muy dura al sistema
bioético anglosajón - muy asumido ya en el resto del
mundo - que es el que ha propuesto inicialmente, y de forma tentativa,
Gustavo Bueno. Es un poco complicado, tal vez un poco chocante, pero
consideramos que tiene los gérmenes para poder convertirse
en una alternativa crítica - lo cual no es nada despreciable
-, luego veremos hasta donde se puede llegar con ella. Otra alternativa
fuerte que hay a la Bioética es la católica, que tiene
unos tremendos handicaps en los que no vamos a entrar ahora y que
por lo general no tiene el rigor ni la capacidad de contrarrestar
esta avalancha ideológica que proviene de la Bioética
estadounidense, o al menos eso creemos.
Ahora vamos a hablar del complejo anglo-americano.
El sistema mundial tiene un foco hoy que es prácticamente el
único que emite mensajes y es el eje anglo-americano. Son perfectamente
conscientes de la importancia que tiene en estos momentos la información
y la transmisión de información mientras que nosotros
parece que no lo tenemos tan claro: estamos completamente al margen
de estas corrientes que valoran en su justa medida la importancia
de la información. Unos datos: Estados Unidos tiene unas organizaciones
que se llaman Institutos Nacionales de Salud, éstos tienen
un dispositivo que se denomina Biblioteca Médica Americana
( National Library of Medicin ), destinan cuarenta y cinco mil millones
de pesetas al año en sostener un sistema de información
que permite gratuitamente acceder a casi toda publicación médica
que se haga en el mundo - el Hospital Central de Asturias gasta treinta
y tres mil millones de pesetas al año. Cuando necesito saber
qué se ha dicho de los diferentes temas que pretenden cubrir
cualquiera de los proyectos de investigación que traigo entre
manos he de recurrir a esta biblioteca a través del ordenador
y de forma gratuita. Las publicaciones españolas se recogen
en el Índice Médico Español, que en teoría
recoge toda la información biomédica española:
si yo quiero acceder a esta base de datos tengo que pagar. En consecuencia
todo aquel que busque este tipo de información accede a la
red americana, mucho más potente, más rápida
y además no cobran.
El detalle es que la información que envía
esta base de datos está previamente tratada por los generadores
de la misma. La mayoría de las publicaciones en lengua inglesa
llevan un amstrad donde se explica el contenido del trabajo, pero
de las que no son inglesas la mayoría no lo llevan. La producción
científica francesa en Biomedicina tiene un reflejo en Medline
- así se llama la base de datos - que no llega al setenta por
ciento porque sus revisores rechazan lo que ellos denominan un "exceso
de contextualización"; esto significa que cuando leen
un trabajo de un autor francés, muy dado por ello a la literatura
y a la valoración de los entornos, inmediatamente lo tachan,
no les interesa. Lo que buscan son datos muy concretos y estudios
muy escotomizados en las que sólo se valoren relaciones muy
causales, muy específicas. Es pues una información que
no aparecerá en la base de datos pero, a quién le importa
eso si cuando le das al botón tienes muchos más artículos
de los que vayas a poder leer en tu vida: la excesiva información
hace que aquella otra más sutil, compleja, probablemente la
más contradictoria con los intereses del Medline, no se publique,
no aparezca. Queremos decir que la capacidad de control que en estos
momentos tienen los Estados Unidos a través de esta base de
datos que está en relación con la Biblioteca Británica
es prácticamente absoluta. Hubo alguna iniciativa en Holanda
de bases prestigiosas pero su penetración en el mercado, en
el consumo de información científica, médica
o biomédica es mínimo.
En el tema de la Bioética está su base
específica, también dependiente de la Biblioteca del
Congreso. Además de esto, las compañías farmaceúticas
son fundamentalmente suizas, alguna alemana hay pero anglo-americanas
la mayoría y los procesos de fusión están configurando
grandísimos conglomerados que, sólo en España,
se pelean por conseguir un mercado que ronda el billón de medicamentos
anuales consumidos en la red pública y privados aparte. El
Estado entrega a las compañías farmaceúticas
al año por cuestión de recetas - las aspirinas sabemos
que no se incluyen - en torno al billón de pesetas. Estas compañías
son fundamentales en el desarrollo del sistema sanitario lo mismo
que en el desarrollo de la Bioética a la que apoyan incondicionalmente.
Tenemos pues algunos elementos que pueden empezar
a cuadrar y es el momento de hablar de la globalización. Hasta
el momento hemos proporcionado elementos informativos. No somos expertos
en este asunto, sí nos parece que hay mucho de mito, un ejemplo
muy típico lo vimos ayer en una conferencia sobre el genoma:
hay ideas que los medios de comunicación lanzan y de repente
se convierten en referencias que luego al ser analizadas sólo
arrojan más confusión que al principio.
Vamos a utilizar como punto más inmediato
para este tema de la globalización una distinción hecha
por Alberto Hidalgo y que distingue a ésta por tres pasos,
medidas o características que serían: la interdependencia
de unos países o centros con respecto a otros; la generalización
de pautas y la homogeneización de esas pautas.
Otra cuestión que nos planteamos al respecto,
de forma quizás un tanto confusa, es si realmente hay un proceso
de globalización, si la globalización como proceso y
como idea es posible o si es un proceso inherente al desarrollo de
las sociedades. Desde la perspectiva en la materia médica,
por ejemplo, desde que las tribus empezaron a asentarse y a entablar
relaciones con otros, la transmisión de enfermedades infecciosas
se producía en la misma medida en que se iban estableciendo
esas relaciones. Es decir, hay una materia médica que está
globalizándose desde que las relaciones entre los grupos humanos
empezaron a producirse. Conocido es, por ejemplo, la gran mortandad
que supusieron las cruzadas, los viajes de Marco Polo y otros grandes
viajeros, que ellos introdujeron aquí la Peste Negra por el
año mil trescientos cuarenta y ocho más o menos, que
acabó con casi un cuarenta por ciento de los europeos ¿es
esto un elemento de globalización?. Creemos que sí,
ahí hay materia de un proceso de globalización permanente.
Cuando los españoles arribaron a América, en el proceso
de colonización, introdujeron enfermedades para las que los
indios no estaban inmunizados y se produjeron entre tres y cuatro
millones de muertos por enfermedad. Las técnicas médicas,
los conceptos y las ideologías han ido pasando desde las culturas
preclásicas a la Grecia Clásica y de ésta, tras
una serie de avatares hasta la Baja Edad Media y el Renacimiento -
donde se practica la propia de la Grecia Clásica, este es otro
elemento de globalización. Pensamos por ello que podría
ser interesante discutir si existe un proceso de globalización
o por el contrario lo que hay son procesos sistemáticos parciales
mediante los cuales se extienden elementos a través del contacto,
que prevalecen en función de la potencia de los grupos que
los impulsan: esto es lo que pasa en Medicina al menos. En la medida
en que las sociedades se ponen en contacto, la más potente
impone sus modelos. Tampoco pensamos que la globalización pueda
ser total; en este momento, aunque el mundo está gobernado
por el complejo anglo-americano en el ámbito biomédico
o sanitario, hay inmensas porciones del mundo a las que esto no llega:
no hay vacunaciones, ni saneamiento, ni mucho menos medicamentos.
De hecho se invierten quinientos mil millones de pesetas en estudiar
el genoma, que no saben muy bien para qué vale, cuando la mayor
parte de la humanidad no tiene ni agua corriente, ni una dieta básica,
ni tiene las vacunas mínimas y viven en sociedades cuyo perfil
epidemiológico obedece casi a antes del neolítico.
Bien, sin embargo, este proceso que ahora estamos
viviendo y que llamamos globalización - y aquí no somos
seguramente más expertos que los otros ponentes, probablemente
menos - parece que hunde sus raíces en un sustrato económico,
es una globalización de mercados y que tiene su punto clave,
aunque tuvo antecedentes previos, probablemente en la caída
de la Unión Soviética. Ésta, independientemente
de la valoración que a uno le merezca, generaba una posibilidad
de alternativa, más o menos razonable, pero una alternativa
al fin y al cabo. En el momento en que sucumbe, el mercado ya es todo
el orbe, el globo entero se convierte en un mercado potencial. Y es
por lo tanto la consideración de la Tierra como un inmenso
mercado lo que está generando este proceso de globalización
que luego se apoya efectivamente en las tecnologías de la comunicación;
pero no creemos que se pueda confundir la globalización con
el surgimiento de estas técnicas de la comunicación
porque - y retornamos a nuestro terreno - el Medline hoy es gratis
y está en internet, pero cuando hicimos la tesina al finalizar
la carrera, ya poseíamos el Medline en tomos en la Biblioteca
de la Facultad de Medicina; la diferencia estaba, claro, en que ahora
las búsquedas son infinitamente más rápidas -
antes podías estar meses buscando información relacionada
con tu tema de investigación. Pero ese mecanismo de transmisión
de los valores y de la información ya existía aunque
fuera menos potente, sólo es un cambio de grado y nos planteamos
hasta qué punto esto cambia la ecualidad del asunto.
Uno de los aspectos que caracterizan a este modelo
de globalización es el de convertir a la Sanidad, no en una
respuesta social para mejorar el estado de salud, es decir para controlar
el perfil epidemiológico del grupo, sino como una actividad
económica. Esto conlleva no solamente una ideología
del mercado, sino además una ideología que cubra otros
aspectos que en principio no están relacionados con éste,
por ejemplo los aspectos éticos o morales: ese es el papel
de la Bioética. Pero además, se requieren otros componentes
ideológicos que permitan ir cerrando la maniobra, este es el
lugar de la Epidemiología, disciplina que históricamente
se ocupaba de las epidemias y que luego se ha transformado en una
especie de método científico para la medicina. Se basa
esencialmente en una concepción que hace depender el estado
de salud de los individuos de los factores de riesgo como el tabaco,
el alcohol, las drogas, el sexo o el comer más o menos fruta,
el pasear más o menos intensamente tres veces a la semana,
hacer deporte, comer verduras, etc. El estado de salud del individuo
entonces dependería del balance de factores de riesgo, y la
forma de controlar ese balance sería individual, es decir:
si usted no quiere tener un cáncer de pulmón, no fume;
si usted no quiere padecer una artrosis, haga usted ejercicio, coma
cereales por las mañanas, Kellogs ( la empresa que mayor financiación
dedica a la Salud Pública en Iberoamérica, sus Escuelas
de Salud Pública están casi todas ellas financiadas
por esta empresa; así un investigador que se proponga estudiar
las desigualdades es muy probable que no encuentre financiación
de la multinacional estadounidense ). Entonces, esta disciplina de
la Epidemiología basada en los factores de riesgo y en la responsabilización
de los individuos, es consustancial con el principio de autonomía
y con la concepción del enfermo como cliente, y por lo mismo
desresponsabiliza automáticamente al Estado, a las compañías
farmaceúticas y a cualquier agente social puesto que es un
problema personal, individual: usted tiene la salud que se merece,
aunque el Estado Español ingresa cada año ochocientos
mil millones de pesetas de impuesto sobre el tabaco y no llega a dos
mil quinientos lo que gasta en la lucha contra el mismo. Claro, el
ejercicio de hipocresía social que supone este entramado es
de increíbles proporciones, hasta el extremo de que si dejásemos
de fumar todos los españoles, se produciría un crack
financiero en nuestro estado.
Tenemos pues varias piezas en todo este entramado
del sector sanitario y de la salud como son: las tentaciones de mercantilizar
la Sanidad, la Bioética como instrumento ideológico
y la Epidemiología de los factores de riesgo y de la autorresponsabilización
del individuo como respuesta científica a este asunto. Así,
la lectura que hacemos, tomando como referencia esos principios y
criterios que daba Alberto Hidalgo, es inversa y sugeriríamos
la posibilidad de pensar lo siguiente: en el sector sanitario, por
lo menos, lo que hay es una capacidad enorme por parte del complejo
anglo-americano de homogeneizar pautas a través, principalmente,
de esas vías de información y financiación que
hemos comentado ( Medline, grandes Escuelas de Negocios inglesas y
Norteamericanas - nuestro Consejero de Sanidad sin ir más lejos,
tiene a gala, como uno de sus principales méritos, haber estado
en Jhon Hopkins que es uno de los centros públicos estadounidenses
desde donde se reparte ideología por todo el mundo - ); a continuación
se produciría la generalización de estas pautas a través
de esa gente que viaja a estos centros, a través de centros
de comunicación profesional y bases de datos y en los territorios
donde las grandes compañías tuvieran interés
en entrar ( los mecanismos de penetración varían, por
ejemplo, países que antes no tenían capacidad financiera
para asumir las compras de medicamentos y cuyas mafias locales se
encargaban de revender lo poco que llegaba a través de Agencias
Gubernamentales y OMS, eran opacos a las empresas farmaceúticas,
vendían pocas cantidades porque no se lo podían comprar,
además las mafias locales suturaban el mercado con la reventa,
ahora lo que hacen es apoyar a las ONG rebajando además los
precios lo que les permite penetrar en el mercado y aumentar enormemente
los beneficios, no son sin embargo mercados interesantes ); esto se
haría sólo en el mundo dependiente imaginando que interese.
Terminamos ya y lo hacemos con una propuesta, un
intento de avanzar por otro camino: recuperar el papel del grupo,
no del individuo, en los temas sanitarios frente a la tendencia actual;
en segundo lugar, recuperar el valor de la salud no como un disfrute
personal, sino como una necesidad social que tendría que ver
con los valores éticos pero también con los morales
de asegurar el futuro de la propia sociedad; en tercer lugar, algo
que consideramos totalmente abandonado y que hay que recuperar, cual
es el control democrático del sistema sanitario que no existe
- decíamos que este sistema es una estructura muy jerarquizada,
muy verticalizada y controlada esencialmente por una burocracia gestora
y una tecnocracia que es la médica -, la democracia no tiene
ningún papel, no hay manera de establecer una relación
directa y de control entre las elecciones cada cuatro años
y el que a una persona le den seis meses de lista de espera, hay tal
cantidad de agentes interpuestos que impiden que el de abajo tenga
alguna capacidad de reacción y, como además no hay articulación,
tendrá que esperar otros cuatro años para corregir mínimamente
en el mejor de los casos la estructura; desarrollo de la Bioética
materialista; y por último, para trabajar, no en un sentido
opuesto a la globalización, pues no creemos que se pueda, sino
crear otros contenidos y difundirlos, globalizarlos; la última
es un por qué no pensar en un Medline en español, algo
que no es tan difícil y permitiría la difusión
de información que contrarrestaría en buena medida la
absoluta hegemonía del complejo anglo-americano.
Resumiendo: el grupo como referencia, el control
del perfil epidemiológico como una necesidad ética y
moral, el desarrollo de los mecanismos de participación, la
reelaboración de la Bioética y pensar en la posibilidad
de un Instituto de Información Biomédica en español
- cuya importancia se realza al contemplar cómo las inversiones
públicas se dedican a ámbitos si no suficientemente
cubiertos, sí muy desarrollados - que tendría un mercado
inmediato sin grandes esfuerzos, sólo copiando la información
la gente se desplazaría a este por comodidad. Además
con los artículos, con el lenguaje, van los valores y al final
las mercancías también. Nada más, muchas gracias.
