Asociación Cultural Wenceslao Roces

 

Semana Republicana 2005 - Recortes de Prensa

 

Entrevista a Gonzalo Puente Ojea:
«Juan Pablo II sostuvo una dogmática imposible en el sociedad actual»

La Nueva España, 13 de abril de 2005                    [descargar recorte original del periódico]



«Estuvo animado por un espíritu teológico tradicionalista, en la línea de Pablo de Tarso, Agustín de Hipona y Ambrosio de Milán»

Oviedo, J. CUARTAS

Embajador de España jubilado, Gonzalo Puente Ojea fue representante diplomático de España ante el Vaticano. Es autor de 15 libros sobre la fe cristiana, el origen y sentido de la religión y sobre filosofía e historia.

-¿Agnóstico o ateo?

-Hace una década estimaba que mi posición sobre la religión y sobre la idea de Dios era la de un ateo. Desde entonces he elaborado diferencias entre el ateísmo y el agnosticismo, y entre el creyente en los contenidos religiosos y el no creyente. Desde entonces he revisado mi posición intelectual ante el mundo.

-Explíquela.

-A la consideración discursiva de la religión quise añadir una visión científica, es decir, un estudio profundo y técnicamente satisfactorio de cómo había nacido la fe cristiana y la formación de la Iglesia aplicando un método histórico-crítico para indagar cuándo y cómo tuvo lugar la aparición de una nueva religión que se llamó, primero, cristiana y, luego, «catholica ecclesia».

-¿Cómo se configura la Iglesia católica?

-Supuso la ruptura radical con el judaísmo. Nace de la definición dogmática de Pablo de Tarso (San Pablo, para los católicos), que no conoció a Cristo. Fue Pablo de Tarso en sus epístolas y textos quien transforma el personaje de Jesús de Nazareth en el Cristo de la fe.

-¿Existió una persona llamada Jesús de Nazareth?

-Yo creo que sí tuvo existencia real. Otra cosa es la creación a partir de esa figura de un ser divino, novísimo y que se trata de presentar como fundador de la Iglesia. Ésta es la falsedad. Dar como personaje real una construcción teológica y suponer que esa persona fundó una Iglesia.

-Hay quienes niegan la existencia de Jesús.

-El sociólogo americano Thomas dice que causas irreales producen efectos reales, pero para que eso sea así debe haber cierto referente que debe ser irreal pero que fácticamente es real. Es decir, que para que funcione la invención se necesita que haya existido ese señor que se llamó Jesús. La Escuela Mitológica sostiene que todo es mentira, incluso la existencia de Jesús. Yo, por el contrario, creo que sí existió, y que fue sobre esa realidad como se construyó una irrealidad, mediante la alteración radical de la tradición cristiana real.

-¿Quién fue Jesús?

-Un galileo revolucionario que fue ejecutado bien porque él se proclamó, u otros lo hicieron, como «mesías», que no significa otra cosa que «rey de los judíos», y que fue acusado, por ello, de un delito de sedición contra el imperio romano. Esto parece cierto. Un «mesías» lo primero que tiene que hacer es salvar a su pueblo. Judea se había convertido en una provincia romana. Y la crucifixión fue un hecho probablemente irrefutable. Ea la forma de ejecución que se aplicaba a quienes se rebelaban contra Roma. La rebelión contra el pago de los impuestos censales, que suponían una sumisión al emperador, se llamó celotismo. Para los judíos someterse al emperador romano era idolátrico, porque para los judíos no cabía otra sumisión que a Yahvé, a Dios. Aunque Jesús no fuera celota, coincidió con esa ideología nacional-mesiánica: no aceptaba la ocupación ni más soberano que a Yahvé. Simón, por ejemplo, sí era celota. Jesús no participaba de los métodos violentos de los celotas -confiaba en que Yahvé pusiera fin a la dominación-, pero sí de su ideología, y creía en la obediencia estricta al Dios de su pueblo para que éste cumpliera el compromiso de liberación de todo yugo extranjero.

-¿Por qué se altera esa realidad?

-Para acomodar la nueva religión al imperio romano y para no ser vistos como enemigos de Roma, los evangelios sinópticos crearon el Cristo pacífico, el Cristo de la fe. Y se falsea la realidad sosteniendo que él ya había previsto su crucifixión. Eso no es cierto. Él nunca pensó en ese final. Se ve en cómo lucha contra la agonía o en frases tales como «aparta de mí este cáliz» o «¿por qué me has abandonado?». Los sinópticos dicen que Jesús no era antirromano ni pretendía subvertir el orden y que ofreció su vida a sabiendas de que esa oblación de su existencia significaba el rescate que pedía Dios para salvar a la humanidad de la mácula del pecado original. Pero el concepto del pecado original era una cláusula teológica que ya había sido abandonada y olvidada por el judaísmo desde el Levítico, y que fue recuperada por Pablo de Tarso en su intento de reescribir la realidad.

-¿Y la resurrección?

-No está documentada. Lo que se dice en los Evangelios yo lo refuto. La Iglesia hace una tergiversación histórica monumental atribuyendo a un personaje nacido en Galilea y conocido por Jesús de Nazareth la condición de hijo de Dios y que se somete a un sacrificio voluntario para redimir a la humanidad. Frente a ese cliché está el verdadero: «Mesías» hubo muchos en el siglo I y todos acabaron en la cruz. Si se espiga, aparece el Jesús histórico: un hombre que luchó por la causa de la soberanía judía y por la antigua alianza entre Yahvé y el pueblo judío. Luego, en el año 70, la destrucción de Jerusalén arruinó la causa judía y aparece la diáspora. El judaísmo también se transforma a partir de ese momento porque prescinde desde entonces de la idea mesiánica.

-En ese contexto, ¿cómo analiza la figura de Juan Pablo II?

-Juan Pablo II encarnó y escenificó con gran fidelidad la función de jerarca supremo, en términos absolutos, de una institución de poder sobre cuerpos y mentes (almas) cuyo fin principal consistió en el imperativo proselitista: ampliar indefinidamente el número de creyentes y, por consiguiente, su poder en todas las esferas de la vida. De ahí que confluyesen en esta personalidad los dos factores básicos de la misma. Uno es la proyección de la imagen personal del Papa como vicario de Cristo -delegado de Dios en la Tierra- para que la presencia física del Papa o de su imagen invadiera todos los ámbitos del planeta, vehiculado por potentísimos medios de comunicación.

-¿Y el segundo?

-Animado de un espíritu teológico tradicionalista, en la línea de pensamiento que va desde Pablo de Tarso hasta Agustín de Hipona, pasando por Ambrosio de Milán, trató de defender, en términos de absoluta literalidad, la dogmática eclesiástica ya formulada y continuada en el plano moral en términos imposibles en una sociedad regida por esquemas de pensamiento y de conducta diferentes a aquéllos en los que la Iglesia fue desarrollándose hasta llegar a nuestros días. Esta acción de Juan Pablo II, bajo los colores de una asombrosa victoria de la fe, lo que realmente ha ocultado es el manejo de unos medios técnicos novísimos, puestos a su servicio y utilizados con destreza por el Pontífice. Pero esta estrategia de conquista no puede perdurar, dado que los que tienen que acatarla y cumplirla viven en esquemas de vida abiertamente paganizantes, construidos sobre un vehemente deseo de tener una vida feliz en la que el cuerpo participe de pleno en la felicidad humana, sin falsas escisiones ni restricciones del llamado «espiritualismo», que confunde el alma con la mente, que no es más que una función del cerebro, sometida como éste a las mismas leyes de destructibilidad en el momento de la muerte que el hígado.

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