José María Laso Prieto

«Pensamiento español en la era de Franco
(1939-1975)»

 

Revista Argumentos nº 63/64 Revista Argumentos, sección Libros (pág. 96-99), año VIII, 1984; Madrid

Texto preparado para su edición electrónica por Uriel Bonilla


Portada del nº 63/64 de la Revista ArgumentosCon el título de «Pensamiento español en la era de Franco (1939-1975)», la Editorial Tecnos ha realizado una primorosa edición de la obra que apareció inicialmente bajo el título de «Notas para una Historia del Pensamiento Español Actual (1939-1973)». (Edicusa, 1970). Su autor, el profesor Elías Díaz, libró durante muchos años, tanto en el plano académico como en el de su propia actividad ciudadana, una ardua lucha en pro de un Estado Democrático de Derecho. Un hito importante en tal dirección estuvo constituido por la publicación, en 1966, de su obra «Estado de Derecho y Sociedad Democrática» (Edicusa), cuyas ediciones se han venido sucediendo hasta culminar en la de 1979. Sin exageración, cabe afirmar que toda una generación de juristas y universitarios españoles encontró estímulo e inspiración en esa ya clásica obra. Empero, la actividad del Dr. Díaz, tendente al logro de un Estado Democrático de Derecho, no se agotó en ese impulso inicial. Se continúa y amplía en su «Sociología y Filosofía del Derecho» (1971) y en innumerables trabajos monográficos editados en las más diversas publicaciones. Algunos de esos trabajos fueron recopilados en un nuevo libro, «Legalidad-Legitimidad en el Socialismo Democrático», que en su momento valoramos como una importantísima aportación a tan fundamental temática de toda sociedad democrática («E1 Basilisco», número 7 - 1979). 

Si la obra «Pensamiento español en la era de Franco» es interesante por la personalidad de su autor no lo es menos por su temática. Desgraciadamente la historia del pensamiento español durante la larga noche que abarca la dictadura de Franco es muy poco conocida por el gran público. Aunque existen diversas monografías especializadas, que debidamente yuxtapuestas abarcarían en su análisis dicho período, por sus características no están al alcance del lector medio. Por las mismas razones, tampoco puede cubrir tal objetivo la «Historia crítica del pensamiento español» (en cuatro tomos) del profesor José Luis Abellán. Por el contrario, en la obra que glosamos el profesor Elías Díaz ha demostrado bien que se puede compaginar debidamente un esfuerzo de síntesis con el siempre necesario rigor científico. Para tener una idea de su sistematicidad y amplitud temática nada mejor que transcribir los títulos de los seis capítulos que la constituyen: I. 1939-45: Fin de la guerra civil, fin de la guerra mundial. De la ruptura de la vida intelectual española al declive de la cultura imperial-totalitaria. II. 1945-51: Aislamiento internacional. Los inicios de la reconstrucción de la razón y las primeras fases de la recuperación del pensamiento liberal de anteguerra. III. 1951-56: Liberalización intelectual y apertura política internacional. Diálogo con el exilio. Primeras conexiones con el pensamiento europeo y crisis universitaria del 56. IV. 1956-62: Los residuos del integrismo tradicional. El surgimiento de la ideología tecnocrática del desarrollo económico y la crítica científica al absolutismo ideológico. V. 1962-69: Intentos de institucionalización del sistema y segunda fase de una liberalización. Evolución en el campo del pensamiento cristiano y de la filosofía dialéctica actual. V1. 1969-1975: Estancamiento económico e involución política. Crisis total del sistema franquista y recuperación del pensamiento democrático español. 

La hemorragia intelectual de la represión y el exilio 

La perspectiva, desde la que está escrito el libro, es la de la generación del autor. Es decir, la de personas nacidas en los años de la II República y al filo de la guerra civil. Desde el punto de vista metodológico -según explicita el autor en su introducción- las categorías que utiliza son las de sociedad e ideología y ello «tanto para explicar sociológicamente unas formas de conciencia como para analizar, de otras, su carácter ideológicamente deformado». Todo esto también desde la perspectiva valorativa de contribuir a «una recuperación y potenciación del pensamiento español de carácter liberal, humanista y democrático». 

La generación de Elías Díaz sufrió especialmente, en su etapa formativa, las consecuencias de la sangría intelectual que supuso la represión y el exilio que sigue a la guerra civil. Del triste y desolador vacío que ello originó da cumplida cuenta el autor y lo subraya citando al profesor Abellán: «la situación cultural de España en el período inmediato a la guerra civil, y como consecuencia de la misma, fue la de un auténtico páramo intelectual». Empero, con todo lo que tenía de desamparo y frustración para los jóvenes que trataban en la postguerra de reanudar la vida intelectual y cultural del país, no era lo más trágico. Ya en su día lo situó Félix Grande al señalar que, frente al casi millón de muertos de la guerra civil, «el lamentarse de que esa misma guerra cercenase la dinámica de nuestra poesía es algo desproporcionado y casi aristocrático». A pesar de todo, no desapareció el pensamiento en la España desangrada y aherrojada de la década del cuarenta. Lo mismo que la España «del éxodo y del llanto» no se llevó definitivamente la palabra –como reconoció León Felipe en su prólogo a «Belleza Cruel» de Ángela Figuera– tampoco el éxodo, o el exterminio de los mejores cerebros desposeyó indefinidamente a los españoles de la facultad de pensar. 

Sin embargo, el despegue intelectual fue muy lento debido a que, como precisa el autor, «la cultura oficial rompía toda comunicación con la cultura europea de raíz liberal, así como con muy amplios sectores de la filosofía y la ciencia que en aquellos días se hacía en Europa. La obsesión era entonces la defensa de la ortodoxia (religiosa y política), casi siempre muy estrecha y dogmáticamente entendida; a su vez, la imposición de una absoluta unidad y uniformidad ideológica, donde la libertad intelectual, gravemente disminuida, posee muy escasas posibilidades de acción». Elías Díaz escribe sistemáticamente, con objetividad y amplia documentación, como se produjeron los primeros brotes de discrepancia y las iniciales disyuntivas político-culturales. Fue un sector de jóvenes falangistas liberales (Laín Entralgo, Ridruejo, Tovar, García Valdecasas, Javier Conde, Castiella, Garrigues, Maravall, etc.), nucleado en torno a las revistas «Escorial» y «Revista del Instituto de Estudios Políticos», el que proporcionó el fermento para ese despegue inicial. Sin embargo, a partir de 1942, el grupo de «Escorial» perdió su influencia en el campo político y cultural y la tendencia se hizo de nuevo regresiva con la hegemonía que en él logró el grupo integrista constituido por «Acción Española». 

El profesor Elías Díaz describe también, en forma sintética pero muy precisa, las actividades y publicaciones de los intelectuales españoles en el exilio. A través de revistas como «España Peregrina», «Nostra Revista», «Cuadernos Americanos», etc., y de los muchos libros importantes publicados por los exiliados, fue posible reconstruir una actividad que en tan honroso lugar ha colocado la imagen de España en el extranjero. En este mismo capítulo el autor facilita un interesante sumario sobre la vida intelectual, la filosofía y la creación literaria en la España de la inmediata postguerra. Por su mediación el lector puede conocer cómo –en la época de los «exámenes patrióticos» en que los Tribunales académicos aprobaban en masa a los ex combatientes franquistas– un filósofo nada radical, el orteguiano Julián Marías, fue rechazado como doctor al recusar la Universidad Complutense su tesis sobre «La Filosofía de P. Gratry». Según Elías Díaz, Marías representaba entonces la alternativa crítica frente a la estrecha filosofía escolástica oficial. 

Los inicios de la reconstrucción de la razón 

Abarcando el período 1945-51, el profesor Elías Díaz proporciona muy interesantes datos sobre los primeros inicios de la reconstrucción de la razón en España. En 1945, con la definitiva derrota bélica del nazi-fascismo, el régimen de Franco se ve obligado a realizar una operación de mimetismo político y cultural. Tiene que renunciar a las aspiraciones imperiales y a la defensa explícita del totalitarismo. En el campo intelectual, tal fenómeno suscita la polémica católicos aperturistas (procedentes algunos de la ACNP,junto con el sector falangista-liberal de «Escorial») versus católicos integristas (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, revista «Abor», etc.). Es decir, entre los sectores del régimen que Dionisio Ridruejo calificó de «comprensivos» y «excluyentes». La presencia, en la plataforma comprensiva, del grupo «Escorial» exigió y posibilitó el entronque con el pensamiento español anterior a 1936. A ello también contribuyeron meritoriamente, con un limitado pero innegable pluralismo, las revistas «Índice» e «Ínsula». Ambas, asimismo, contribuyeron a la necesaria conexión con los intelectuales exiliados. Al indispensable conocimiento mutuo, exilio-interior, aportaron también destacada contribución las revistas de los exiliados «Las Españas» y «Realidad. Revista de Ideas». 

Desde 1948, en torno al Instituto y a la «Revista de Estudios Políticos», comenzaron a ponerse las bases desde donde emergerá una sociología científica española y los fundamentos de una ciencia política académica. Es la etapa del nuevo Javier Conde, de Juan José Linz, Tierno Galván, Gómez Arboleya, Carlos Ollero, García Pelayo, Lucas Verdú, etc. También la de Aranguren, Sánchez Agesta y Fraga Iribarne. Asimismo la de la polémica entre Laín Entralgo («España como problema») y Calvo Serer («España, sin problema»). Sobre esta célebre controversia, en la que se contraponen dos concepciones de España, proporciona Elías Díaz una rica referencia. Con no menor amplitud y riqueza de datos, describe el autor la etapa (1951-56) de liberalización intelectual que hace crisis en los acontecimientos universitarios de febrero de 1956. Con tal crisis, según precisa bien el profesor Díaz, «la incómoda liberalización intelectual va a ser decididamente postergada y, en cierto modo, sustituida desde el poder por la liberalización económica». Es la hora de los tecnócratas opusdeístas y del pretendido crepúsculo de las ideologías. Sin embargo, los propios resultados del desarrollismo económico -obtenidos a un alto costo social- acentuarían la contradicción entre el liberalismo económico y el involucionismo político. A pesar de la dura reacción del integrismo tradicional, prosigue la evolución liberal de los intelectuales españoles.

A estimular esa evolución democrática contribuye también la creciente combatividad de la clase obrera española que, iniciada en la década del cincuenta, proseguirá su ascenso –no obstante los zig-zags impuestos por la represión– hasta el final del régimen franquista. En tal contexto se produce la reaparición en España del pensamiento marxista, que el autor rastrea desde sus primeros inicios legales: revista «Praxis», dirigida por José Aumente (Córdoba, 1960), «Boletín Informativo del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Salamanca» –que dirige Tierno Galván–, la obra colectiva «Introducción al pensamiento marxista» (1961), etc. Igualmente dedica su atención a proporcionar un adecuado conocimiento de las aportaciones de prestigiosos filósofos marxistas como Manuel Ballestero, Manuel Sacristán, Adolfo Sánchez Vázquez, Gustavo Bueno, etc. En general, todas ellas realizadas en publicaciones legales ya existentes en esta etapa. Empero es de lamentar que -seguramente por las dificultades que supone su localización- Elías Díaz no glose las del pensamiento marxista ilegal, salvo una cita del número 1 de la revista «Realidad». Sin embargo, de 1957 a 1964, se distribuyó clandestinamente en España la revista «Nuestras Ideas» que, no obstante una necesaria vertiente propagandística, mantuvo un aceptable nivel expositivo de la filosofía marxista. Para corroborarlo, basta recordar la amplia crítica no dogmática que en ella se realizó de la filosofía de Ortega y Gasset y en la que participó, entre otros, Jorge Semprún bajo el pseudónimo de «Federico Sánchez». De hecho, «Realidad» fue una continuación de «Nuestras Ideas» cuando, por presión diplomática de Madrid, tuvo que trasladar su lugar de edición de Bruselas a Roma. 

En el espacio disponible no nos es posible dedicar la atención que merecerían otros capítulos sumamente interesantes de la obra de Elías Díaz. Se trata de etapas que, por más próximas, son también más conocidas. No obstante, conviene señalar que, como ampliación a la edición de 1974 -finalizaba en 1973- el autor incluye una sección titulada «El final del franquismo», en la que logra una muy buena síntesis de ese final y de su repercusión en el campo de la cultura. Además, en otra obra no menos interesante («Socialismo en España», Edit. Mezquita, 1982), el profesor Díaz extiende algunos aspectos de esa síntesis hasta 1978. Para conocer nuestra realidad cultural actual, y sus posibilidades de desarrollo futuro, es preciso conocer debidamente la oscura etapa que la precedió. Hay que agradecer a Elías Díaz su importante contribución a tan necesaria tarea.