José María Laso Prieto

«Jack London y la privatización del agua»

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla


      El 12 de junio me desplacé a Valladolid para desarrollar en su Centro Cívico una conferencia sobre «La mundialización de la economía y sus consecuencias sociales». Entre tales consecuencias ocupa un lugar destacado la actual ofensiva neoliberal, a escala mundial, contra las conquistas sociales logradas en más de cien años de luchas reivindicativas de los trabajadores. En tal ofensiva, un elemento esencial está constituido por la política de privatizaciones de empresas y servicios públicos estatales y municipales. Coincidiendo con mi conferencia se produjeron graves incidentes en el Ayuntamiento de Valladolid –hasta el punto de que se suspendió el pleno municipal– como consecuencia de que el Grupo municipal del Partido Popular trata de aprovechar su mayoría absoluta en la Corporación para privatizar el servicio municipal del agua. Al parecer, se da en ese sentido, en la ciudad castellana, una situación muy similar a la de Oviedo. Por tratarse de un servicio que afecta a un elemento esencial para la vida humana, ello me hizo recordar una frase famosa del escritor norteamericano Jack London, según la cual, “si los capitalistas pudiesen controlar el aire acabarían privatizándolo y nos lo venderían aplicando tarifas cada vez más elevadas”. Ello me llevó a recordar la polémica que en la prensa de la ciudad californiana de Oakland sostuvo Jack London en 1896. La evocación no me resultó difícil, ya que desde hace tiempo estoy elaborando un amplio trabajo sobre el célebre escritor norteamericano. En dicha polémica, London abordaba críticamente la utilización del agua como un elemento de lucro privado y defendía la municipalización de los servicios de agua.

     Para la mejor comprensión de la posición de London, conviene proporcionar algunos datos sobre su vida y obra. Su vida transcurrió entre 1876 y 1916. En esos 40 años desarrolló tantas actividades que hubieran llenado varias vidas. Aún así tuvo tiempo para publicar más de 50 volúmenes de cuentos, novelas, ensayos y artículos periodísticos. Como conferenciante y periodista, participó en muy diversas polémicas científicas, ideológicas, políticas y sociales. Sus cuentos y novelas le proporcionaron celebridad universal y en los «rankings» que publica la UNESCO, de obras más traducidas a diversos idiomas, siempre figura Jack London entre los diez primeros autores. Sin embargo, el hecho de que algunos de sus más famosos relatos, como «La llamada de la selva», «Colmillo Blanco», «El lobo de mar», «Cuentos de Alaska», «Cuentos de los Mares del Sur», «La expedición del pirata»,etc. se publicasen especialmente por editoriales dedicadas a temas juveniles y de aventuras, hizo que muchos lectores le considerasen como un gran autor pero de temática limitada a tales temas. Esto sucedió especialmente en España, donde la censura impidió durante muchos años la publicación de sus obras políticas y sociales. También se editó tardíamente su gran novela autobiográfica Martín Eden.

     Ahora bien en 1923, en su prólogo a la novela Talón de Hierro de Jack London, Anatole France le había calificado de... «el Carlos Marx norteamericano» y no sólo por su extraordinaria capacidad de divulgación de las ideas marxistas, sino también debido a que, ya en 1907, Jack London había previsto lo que iba a ser el fascismo, incluyendo una provocación similar a la del incendio del Reichstag: la colocación de una bomba en el Congreso de los EE.UU. Al publicarse por primera vez en España El Talón de Hierro, el crítico Juan Eduardo Zúñiga decía en la revista Triunfo: «Coincidiendo con el centenario de Jack London (1876) aparece por primera vez en España una de las más importantes novelas de este escritor, al que se conoce en nuestro país como autor de lecturas juveniles tantas veces incluidas en los catálogos de nuestras editoriales. Pero esta novela, “El Talón de Hierro”, está muy lejos de sus típicas obras de aventuras (…) Eligió un género novelístico que no era el corriente y en el cual se le puede considerar precursor: la literatura futurística de contenido social (…) En esta curiosa novela de anticipación hay profecías que sorprenden, como los vigilantes armados de los bancos, las fuerza parapoliciales, el desmembramiento del Imperio Británico, la proletarización de la pequeña burguesía y de las clase intelectual...». A su vez, Javier Alfaya decía en El País: «The Iron Heel (El Talón de Hierro) es una estremecedora visión del futuro de una Humanidad dominada por el capital monopolista. Había que ser muy perspicaz a principios de nuestro siglo (…) para encontrar en la evolución social los síntomas claros de la contrarrevolución total, del fascismo. London fue capaz de verlo y en ello reside el valor primordial de su libro. El Talón de Hierro es un libro que permanece vivo y merece una atenta lectura». Por ello, al fallecer Jack London, el novelista Upton Sinclair llegó a decir: «Fue un verdadero rey de nuestros narradores de cuentos, la estrella más brillante que pasó por nuestro cielo. Nos trajo la ofrenda más grande de genio y cerebro y es penosa la historia de lo que los EE.UU. le hicieron». A su vez Henri Miller dijo: «No hallo otro escritor norteamericano de igual coraje y de más energía en América».

     Cuando Jack London abordó el tema del servicio de aguas, en la ciudad de Oakland, donde residía, se planteó la lucha entre dos compañías privadas para hacerse con el control del servicio de aguas. London describe así el tema: «La Contra Costa Water Company había aportado el agua necesaria, las instalaciones para distribuirla, y en conclusión lógica, los capitales necesarios para hacerlo funcionar todo. Era evidente que no eran necesarios nuevos capitales para aprovisionar Oakland de agua. Al crearse la Oakland Water Company fue necesario el doble de capital para alimentar de agua a la ciudad. La nueva compañía entonces dobla las canalizaciones de la antigua, revienta todavía más las calles, cava túneles y establece diques en nuestras colinas, para obtener este precioso alimento. Entonces es cuando comienza la guerra comercial, mientras que nuestros conciudadanos se obsequian con el espectáculo y hacen al mismo tiempo sus ahorros. Olvidan que habrá siempre un día siguiente. Con una concurrencia tan hermosa y tan bien instaurada y con una guerra de tarifas que hace estragos pueden producirse tres resultados. Para comenzar, al vender con pérdidas, la compañía con menos capital, menos capacitada para la prueba va a ser derrotada. La otra compañía logra por el contrario gozar de un monopolio y la primera cosa que va a hacer es sacar beneficios. Los habitantes de Oakland que se beneficiaban de tarifas moderadas hicieron ahora su contribución pagando mucho más caro. En segundo lugar, la lucha será tan larga como sea preciso para que la compañía más rica termine comprando a la más pobre. ¿Qué es lo que sigue? La más rica se ha visto obligada a doblar su capital invertido y buscará sobre ese capital un beneficio equivalente al que ella recogerá ulteriormente, lo que llevará a doblar las tarifas. Por otro lado el hecho de que hubiera perdido dinero en el curso del período de competencia le hace todavía aumentar más las tarifas para recuperarse». La tercera, sería un acuerdo de consorcio entre ambas compañías que también llevaría, por idénticas razones, al aumento de las tarifas. De ahí que London proponga como solución la municipalización del servicio de aguas. Por ello fue calificado de «rojo», «dinamitero» y «anarquista» hasta que un alcalde republicano (partido de la derecha de EE.UU.) defendió también la municipalización. Salvadas las distancias cronológicas y geográficas, la lección de Oakland es aplicable a Valladolid y Oviedo, como así lo manifestamos en nuestra conferencia «La mundialización de la economía y sus consecuencias sociales», desarrollada en el Club de Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA de Oviedo el 19 de junio.