Para el programa «Portero de noche», de Radio Nacional de
España, se me pide que elabore un texto en el que exponga
las razones que existen para realizar viajes no derivados
de la actividad profesional. Es decir, los que generalmente
se denominan viajes turísticos. Como soy un gran viajero,
que he recorrido ya buena parte del mundo, voy a exponer las
razones que me han impulsado a llevar a cabo tantos viajes.
Considero que mis razones pueden ser también válidas para
otras personas. En primer lugar, considero que las razones
que me impulsaron a viajar fueron múltiples. Es difícil viajar
por una sola razón. En mi caso, una de las causas ha sido
convertir en realidad los sueños suscitados por mis lecturas
de adolescente. Así ,cuando leí Miguel Strogoff, de
Julio Verne, soñé viajar por Siberia. Objetivo que conseguí
en 1981, cuando viajé en el Transiberiano desde Moscú a las
puertas de Vladivostock. Al leer de niño Las tribulaciones
de un chino en China, también de Julio Verne, decidí viajar
a China y así lo hice en 1980, 1985 y 1988, de tal forma que
he recorrido China de norte a sur, de oeste a este y en diagonal.
Al leer las memorias de Marco Polo, decidí igualmente ver
los países recorridos por el célebre mercader y así en 1984
viajé a Samarcanda y Bujará y en 1988 recorrí la denominada
«Ruta de la Seda».
La lectura en mi juventud de la obra Sinuhé el egipcio,
del escritor Mika Waltari, me hizo soñar con un viaje a Egipto
en el que navegase por el río Nilo. Sueño que realicé en 1986.
La lectura del libro Un mundo, de Wendell Wilkie me
impresionó por sus brillantes descripciones de los paisajes
del Turquestán chino (actual Sinkiang) y acabé por recorrerlo
en 1988. Las lecturas de las novelas de Emilio Salgari también
me han impulsado a viajar. De la lectura de la novela Al
sur del Atlas, se derivó el viaje que hice a Marruecos
en 1990. De la lectura de los libros de Salgari sobre Sandokán,
el mar de la Sonda, etc., se derivó el viaje que hice en 1987
a las islas de Sumatra, Java, Balí y Célebes. Su novela La
perla negra, me hace tener pendiente un viaje a Ceilán
(Sri-Lanka) e India del Sur, que realizaré próximamente. Como
consecuencia de la lectura muy activa de los relatos indostánicos
de Rudyard Kipling, realicé en 1989 un viaje a la India, Cachemira
y Nepal. La lectura, en mi adolescencia, de la obra El
coronel Lawrence, rey sin corona de la Arabia, de Lowel
Thomas, y posteriormente de Rebelión en el desierto
y Los siete pilares de la sabiduría, del propio Lawrence
de Arabia, me llevarán próximamente a viajar a Siria y Jordania,
para contemplar la fabulosa Damasco y las célebres ruinas
de las ciudades de Petra y Palmira que constituían verdaderos
florones de la «Ruta de la Seda». Con la lectura de la novela
Horizontes perdidos, de James Hilton, tengo pendiente
un viaje al Tibet. Así podría seguir también con otras lecturas
que me impulsaron a viajar a Cuba, Alaska, Brasil, Argentina,
Chile, Japón, Thailandia, Singapur, Hong-Kong, Uzbekistán,
Kazastán, India, Nepal, Cachemira, Georgia, Armenía, Mongolia,
Marruecos, Túnez, etc.
Aunque aconsejo a otras personas que realicen viajes, para
hacer realidad sus sueños de adolescencia y juventud, no creo
que esa deba ser la única causa que motive para viajar. Otra
razón muy relevante, es la de entrar en contacto con otras
culturas. La cultura personal no debe ser exclusivamente libresca.
Las informaciones y datos que proporcionan los libros, revistas,
periódicos, etc. deben ser complementadas con el contacto
directo que de cada país y la convivencia con sus habitantes.
Es muy formativo observar su vida cotidiana, sus ritos y costumbres,
y las específicas manifestaciones de su peculiar cultura.
En ese sentido, viajar es una de las formas de adquirir cultura
mas enriquecedoras. ¡También mediante los viajes podemos superar
mejor los prejuicios que tenemos respecto a otros pueblos!
Así se puede superar igualmente la excesiva tendencia de los
españoles hacia el eurocentrismo y el occidencentrismo. Asimismo
el viajar nos hace más tolerantes, ya que apreciamos mejor
los méritos respectivos de otras culturas y costumbres, de
otras filosofías y religiones.
El viajar por países exóticos tiene también un componente
de aventura que resulta muy gratificante. Incluso cuando se
sufren auténticas aventuras, como nos sucedió al quedar bloqueados
en el centro de China, durante la denominada «Ruta de la seda»,
y tener que llegar a Pekín en un largo y arduo recorrido por
carreteras y ferrocarriles muy deficientes. 0 el tener que
viajar de Khajurao (India) a Katmandú (Nepal)por larguísimas
y peligrosas carreteras, a causa de una huelga de controladores
aéreos. Con tales aventuras y dificultades, se agudiza el
ingenio y uno se hace más hábil para afrontar cualquier prueba.
Viajar por el Tercer Mundo agudiza igualmente nuestra conciencia
social, haciéndonos comprender mejor que nuestra sociedad
de consumo se asienta sobre la explotación y la miseria de
la mayoría de los pueblos de la Tierra. Por otra parte, la
rapidez de las comunicaciones actuales nos hace comprender
también que el mundo se ha encogido y que todos los pueblos
que lo habitan, no obstante sus diferencias de color, costumbres,
cultura, etc. constituyen una única familia humana, que sobrevivirá
o perecerá junta, según sepa preservar, o no, a nuestro planeta
azul. Todo esto, y mucho más, se puede aprender viajando,
que es una de las formas más gratas e instructivas de vivir.
¡Lástima que por razones económicas y de cultura, no esté
al alcance de todos los humanos!