José María Laso Prieto

«Un buen consejo: sobre las distintas
razones para realizar viajes»

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla


     Para el programa «Portero de noche», de Radio Nacional de España, se me pide que elabore un texto en el que exponga las razones que existen para realizar viajes no derivados de la actividad profesional. Es decir, los que generalmente se denominan viajes turísticos. Como soy un gran viajero, que he recorrido ya buena parte del mundo, voy a exponer las razones que me han impulsado a llevar a cabo tantos viajes. Considero que mis razones pueden ser también válidas para otras personas. En primer lugar, considero que las razones que me impulsaron a viajar fueron múltiples. Es difícil viajar por una sola razón. En mi caso, una de las causas ha sido convertir en realidad los sueños suscitados por mis lecturas de adolescente. Así ,cuando leí Miguel Strogoff, de Julio Verne, soñé viajar por Siberia. Objetivo que conseguí en 1981, cuando viajé en el Transiberiano desde Moscú a las puertas de Vladivostock. Al leer de niño Las tribulaciones de un chino en China, también de Julio Verne, decidí viajar a China y así lo hice en 1980, 1985 y 1988, de tal forma que he recorrido China de norte a sur, de oeste a este y en diagonal. Al leer las memorias de Marco Polo, decidí igualmente ver los países recorridos por el célebre mercader y así en 1984 viajé a Samarcanda y Bujará y en 1988 recorrí la denominada «Ruta de la Seda».

     La lectura en mi juventud de la obra Sinuhé el egipcio, del escritor Mika Waltari, me hizo soñar con un viaje a Egipto en el que navegase por el río Nilo. Sueño que realicé en 1986. La lectura del libro Un mundo, de Wendell Wilkie me impresionó por sus brillantes descripciones de los paisajes del Turquestán chino (actual Sinkiang) y acabé por recorrerlo en 1988. Las lecturas de las novelas de Emilio Salgari también me han impulsado a viajar. De la lectura de la novela Al sur del Atlas, se derivó el viaje que hice a Marruecos en 1990. De la lectura de los libros de Salgari sobre Sandokán, el mar de la Sonda, etc., se derivó el viaje que hice en 1987 a las islas de Sumatra, Java, Balí y Célebes. Su novela La perla negra, me hace tener pendiente un viaje a Ceilán (Sri-Lanka) e India del Sur, que realizaré próximamente. Como consecuencia de la lectura muy activa de los relatos indostánicos de Rudyard Kipling, realicé en 1989 un viaje a la India, Cachemira y Nepal. La lectura, en mi adolescencia, de la obra El coronel Lawrence, rey sin corona de la Arabia, de Lowel Thomas, y posteriormente de Rebelión en el desierto y Los siete pilares de la sabiduría, del propio Lawrence de Arabia, me llevarán próximamente a viajar a Siria y Jordania, para contemplar la fabulosa Damasco y las célebres ruinas de las ciudades de Petra y Palmira que constituían verdaderos florones de la «Ruta de la Seda». Con la lectura de la novela Horizontes perdidos, de James Hilton, tengo pendiente un viaje al Tibet. Así podría seguir también con otras lecturas que me impulsaron a viajar a Cuba, Alaska, Brasil, Argentina, Chile, Japón, Thailandia, Singapur, Hong-Kong, Uzbekistán, Kazastán, India, Nepal, Cachemira, Georgia, Armenía, Mongolia, Marruecos, Túnez, etc.

     Aunque aconsejo a otras personas que realicen viajes, para hacer realidad sus sueños de adolescencia y juventud, no creo que esa deba ser la única causa que motive para viajar. Otra razón muy relevante, es la de entrar en contacto con otras culturas. La cultura personal no debe ser exclusivamente libresca. Las informaciones y datos que proporcionan los libros, revistas, periódicos, etc. deben ser complementadas con el contacto directo que de cada país y la convivencia con sus habitantes. Es muy formativo observar su vida cotidiana, sus ritos y costumbres, y las específicas manifestaciones de su peculiar cultura. En ese sentido, viajar es una de las formas de adquirir cultura mas enriquecedoras. ¡También mediante los viajes podemos superar mejor los prejuicios que tenemos respecto a otros pueblos! Así se puede superar igualmente la excesiva tendencia de los españoles hacia el eurocentrismo y el occidencentrismo. Asimismo el viajar nos hace más tolerantes, ya que apreciamos mejor los méritos respectivos de otras culturas y costumbres, de otras filosofías y religiones.

     El viajar por países exóticos tiene también un componente de aventura que resulta muy gratificante. Incluso cuando se sufren auténticas aventuras, como nos sucedió al quedar bloqueados en el centro de China, durante la denominada «Ruta de la seda», y tener que llegar a Pekín en un largo y arduo recorrido por carreteras y ferrocarriles muy deficientes. 0 el tener que viajar de Khajurao (India) a Katmandú (Nepal)por larguísimas y peligrosas carreteras, a causa de una huelga de controladores aéreos. Con tales aventuras y dificultades, se agudiza el ingenio y uno se hace más hábil para afrontar cualquier prueba. Viajar por el Tercer Mundo agudiza igualmente nuestra conciencia social, haciéndonos comprender mejor que nuestra sociedad de consumo se asienta sobre la explotación y la miseria de la mayoría de los pueblos de la Tierra. Por otra parte, la rapidez de las comunicaciones actuales nos hace comprender también que el mundo se ha encogido y que todos los pueblos que lo habitan, no obstante sus diferencias de color, costumbres, cultura, etc. constituyen una única familia humana, que sobrevivirá o perecerá junta, según sepa preservar, o no, a nuestro planeta azul. Todo esto, y mucho más, se puede aprender viajando, que es una de las formas más gratas e instructivas de vivir. ¡Lástima que por razones económicas y de cultura, no esté al alcance de todos los humanos!