José María Laso Prieto

«Las comunicaciones y el desarrollo humano»

En «La Nueva España», 22/04/1991. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 22-24).


Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


El hombre, al igual que los demás animales, tenía inicialmente limitada su capacidad de desplazamiento a lo que le permitían sus miembros físicos. Sin embargo, a lo largo de un delatado proceso histórico, dominó espacialmente nuestro planeta y ha iniciado ya su expansión sobre el Cosmos. En ese sentido, los progresos durante las últimas décadas han sido considerables. Todavía, en el siglo XIX, Julio Verne consideraba un «record» que se pudiese dar la vuelta al mundo en 80 días. Hoy puede conseguirse en pocas horas. En el otoño de 1942, Wendell L. Wilkie –que había sido candidato republicano en las elecciones presidenciales de 1940– realizó, por encargo del presidente Roosevelt, una gira por un mundo en guerra. Realizada con un avión de la época, el viaje requirió varias semanas. Como resultado de esa vuelta al mundo, publicó un libro titulado One World.

Es decir, un mundo. Empero sería más apropiado traducirlo por un solo mundo, ya que en inglés la partícula «one» acusa más la idea de unidad que nuestro «un» y la idea del autor era precisamente la de que el mundo en que vivimos constituye una unidad dentro de la multiplicidad de pueblos –y de problemas– que lo integran. Tenía toda la razón Wilkie, cuando en 1943 escribía: «Porque saqué de mi viaje la neta impresión, no de que los demás pueblos están lejos de nosotros, sino de que están cerca. Si alguna vez tuve dudas de que el mundo se ha amenguado y se ha hecho completamente interdependiente, este viaje las desvaneció del todo. En lo sucesivo nuestro pensamiento ha de abarcar toda la extensión del mundo».

Casi medio siglo después ese único mundo está todavía más cercano, no sólo gracias a la mayor celeridad de los medios de desplazamiento sino también a los de comunicación informativa. En ese sentido, vivimos ya en la «aldea global» de McLuhan.

Para llegar al grado de comunicación actual el hombre tuvo que recorrer un largo trecho. Con el descubrimiento del fuego, le fue ya posible desplazarse siguiendo ríos y valles y atravesando montañas. De hecho, requería un área bastante amplia para atender sus necesidades de cazador-recolector. Empero, no se trataba sólo de caminar sino de transportar las grandes piezas de caza, troncos, piedras, etcétera, precisos para atender sus necesidades. En la era glaciar, y comienzos de la interglaciar, la necesidad de superar terrenos o mares helados acució la inventiva humana. Nació así el trineo y algunos tipos rudimentarios de balsas y maderos flotantes. Los primeros trineos se deslizaban silenciosos por los bosques de coníferas de las tierras septentrionales. Se construían vaciando los troncos de los árboles y, además de facilitar el viaje sobre la nieve y los hielos, haciéndolo más rápido y seguro, servían para transportar a los animales cazados.

Pronto el hombre descubrió que también podían utilizarse sobre la hierba, el barro y los terrenos cenagosos. Del trineo derivan, además del esquí, diversos tipos de vehículos deslizantes que se difundieron mucho y no sólo en el Norte. Egipto y Sumeria hicieron un uso especial del trineo transportando materiales de construcción, estatuas colosales y pesos enormes. En Mesopotamia fue adoptado un tipo de trineo arrastrado por bueyes y en Ur, la reina Shubad poseía –en el siglo III a. de J. C. – un gran carro-trineo. Trineos mucho más pequeños se usaban en Egipto para el transporte de trigo.

El siguiente paso se dio con la invención de la rueda, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Probablemente no tuvo un inventor individual sino que constituyó el resultado de largas observaciones e intentos laboriosos de muchas generaciones de hombres que adquirían una conciencia cada vez mayor de su capacidad para construir instrumentos. J. K. Bridges se remite a una leyenda, según la cual la rueda fue inventada por un filósofo chino después de haber contemplado muchos días el movimiento rotatorio de la corola de una flor movida por el viento.

Hoy resulta imposible pensar en un sistema de comunicaciones sin relacionarlo con el uso de la rueda. Desde los utensilios del alfarero hasta el reloj, desde el ferrocarril al avión, el movimiento rotatorio se nos muestra como un elemento fundamental de cualquier forma de actividad humana. La primera rueda conocida históricamente es la de Ur (Mesopotamia), en cuyas ruinas los arqueólogos descubrieron un disco de arcilla perforado en el centro y salpicado, junto a la circunferencia central, de múltiples perforaciones de tamaño reducido. Así la artesanía fue la primera en utilizar la rueda en el trabajo del alfarero.

También en Mesopotamia, en Erech, se encontró el primer testimonio de ruedas adaptadas a trineos. En unas tabletas de barro, de la contaduría de un templo, se puede seguir el proceso de adaptación de las ruedas al trineo.

Asimismo, en Ur se descubrió un bajorrelieve, al que se dio el nombre de «Carro de los felinos», que constituye la representación artística del nuevo medio de transporte. Las primeras ruedas estaban formadas por tres secciones circulares de madera, unidas entre sí por refuerzos metálicos; aún estaban fijados al eje y giraban con él.

La rueda se perfeccionó gradualmente mediante la introducción de los radios, cubos, etcétera, que hacen posibles los carros de guerra y de transporte. Con el tiempo se pasó de la tracción vacuna a la caballar y de las sendas naturales a las carreteras y puentes que permiten franquear los ríos. La Roma consular se coloca a la cabeza con sus grandes vías: Vía Apia, Vía Flaminia, etcétera, y con sus sólidos puentes, de los que han quedado testimonios como «obras de romanos». Gradualmente también del carro primitivo se va pasando a la carroza, la berlina, el landó, el fiacre y la diligencia, que permiten el transporte de pasajeros y mercancías cada vez más rápida y cómodamente.

Con la máquina de vapor se hace posible la locomotora y tras inaugurarse, por el ingenio y la tenacidad de Stephenson, el 16-VIII-1830, la primera línea ferroviaria del mundo –Liverpool-Manchester– el ferrocarril produce un salto cualitativo en las comunicaciones de los cinco continentes. No es menor el que produce el descubrimiento del motor de explosión. En poco tiempo se desarrollan masivamente los automóviles, los autocares, los camiones y la propia aviación de pistón. A éste sigue el motor a reacción, que permite al hombre superar la «barrera del sonido» y que ha hecho que cualquier punto de nuestro planeta sea accesible, para viajeros y mercancías, en pocas horas. Con el desarrollo de cohetes y «misiles» se abre también para el hombre el espacio cósmico, lo mismo que anteriormente se abrieron los mares.

Actuaciones.

La peculiar orografía asturiana, al dificultar las comunicaciones con la Meseta, supone un serio obstáculo para su pleno desarrollo económico. Por razones históricas tampoco su comunicación transversal por el litoral cantábrico es satisfactoria. De ahí la necesidad de una urgente solución a ambos problemas. Solución que requiere la urgente construcción de la autopista del Cantábrico y de la variante ferroviaria de Pajares, etc.

Lamentablemente, el actual Gobierno regional no ha dado pasos efectivos para superar esta situación. Por ello, suscribimos la propuesta de Izquierda Unida de una política de transportes y comunicaciones orientada a la superación de los graves deterioros de las vías de comunicación regionales, y sus infraestructuras, situándolos en los niveles de calidad del resto de España y Europa.

Para ello, deben consolidarse los corredores de tráfico más importantes desde el punto de vista económico y social, persiguiendo las formas más rápidas y fáciles de integración de nuestra región en las grandes corrientes de tráfico nacionales e internacionales. Debe tener una función integradora de la región, vertebrando las distintas comarcas, superando el actual aislamiento de amplias zonas y evitando su despoblamiento, incorporándolas a la actividad económica y a la calidad de vida del resto de la región.

 

Hoja del Lunes, 22/04/1991