José María Laso
Prieto
«La
Escuela de Oviedo, en Cuba»
En «La Nueva España»,
2/1/1995. También
en Homenaje a José María Laso:Desde
mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs.
49-51).
Texto preparado para su edición digital por
Iván Martínez y Uriel Bonilla.
En
los medios filosóficos y científicos se conoce con la
denominación de «Escuela de Oviedo» al grupo de profesores de
Filosofía nucleado en torno a las concepciones filosófico-científicas
del profesor Gustavo Bueno. Como tal escuela, ha participado ya en diversos
congresos, simposios, encuentros, etcétera, filosóficos
y científicos celebrados en España. El pasado octubre
ha trascendido por primera vez el ámbito nacional participando
en una actividad conjunto hispano-cubana. Concretamente, del 24 de octubre
al 4 de noviembre se desarrolló en la ciudad de Santa Clara (Cuba)
un curso postgradual interuniversitario con la doble participación
del departamento de Filosofía de la Universidad Central
de las Villas y de su homólogo de la Universidad de Oviedo. El
tema elegido se titulaba «El materialismo filosófico ante los
desafíos actuales» y sobre él disertaron cinco profesores
del departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, el
autor de esta reseña (también integrante de la Escuela
de Oviedo), otros tantos profesores cubanos, un peruano y un colombiano.
Aunque de tal evento proporcionó una brillante síntesis
del periodista Javier Neira, en una reseña publicada por La
Nueva España, considerando el gran impacto que supuso la
actuación de la Escuela de Oviedo en Cuba, merece la pena dedicarle
un artículo ampliatorio.
La idea inicial
de celebrar tal encuentro filosófico hispano-cubano surgió
con motivo de haber sido invitado por la Universidad de Oviedo el
profesor Pablo Guadarrama –jefe de departamento de Filosofía
de la Universidad Central de las Villas– a desarrollar una conferencia
en Asturias. Se produjo así un fructífero cambio de
impresiones sobre la posibilidad de realizar actividades conjuntas
de ambas universidades. En tal diálogo tuve también
la oportunidad de participar debido a que el profesor Guadarrama se
interesó por la biblioteca de la Fundación Isidoro Acevedo,
que dispone de una amplia sección cubana. Otro factor que resultó
muy favorable para la realización de la actividad conjunta
de ambas universidades fue el hecho afortunado de que el rector de
la Universidad de las Villas, Luis García Cuevas, nació
en Oviedo, aunque salió de muy niño hacia el exilio
en compañía de sus padres. Actualmente goza de gran
prestigio en Cuba, y no sólo por razones políticas
–luchó contra la tiranía de Batista–, sino también
académicas, por su eficiencia científica. Gracias a
su interés se iniciaron intercambios de profesores entre
ambas universidades y se pudo realizar el curso conjunto que reseñamos.
Precisamente con su intervención se inauguró el
citado curso postgradual hispano-cubano. En ella valoró muy
positivamente la colaboración con la Universidad de Oviedo
ya realizada, aunque hizo especial hincapié en el curso conjunto
que se iniciaba, tanto por su rico contenido como por las afinidades
filosófico-ideológicas de los ponentes españoles
y cubanos. Sin embargo, inicialmente se suscitaron algunos perjuicios
sobre el significado del materialismo filosófico de la Escuela
de Oviedo. Y no tanto por parte de los profesores cubanos participantes
como por la de algunos profesores latinoamericanos (peruanos, colombianos
y nicaragüenses) que consideraban que su contenido filosófico
entraba en contradicción con el denominado «materialismo dialéctico»
en su variante del «diamat» soviético. Es decir, de la rígida
escolástica que a partir de Stalin se convirtió en la
doctrina oficial filosófica soviética. En este
sentido me correspondió situar el tema –con la autoridad política
y filosófica que se derivó de mi presentación–,
realizando varias intervenciones en las que caractericé críticamente
en «diamat» y respaldé a la Escuela de Oviedo por el enriquecimiento
que había logrado el materialismo filosófico.
Aunque en la
fase inicial del curso contribuí decisivamente a disipar los
prejuicios que se suscitaron frente a las tesis filosófico-científicas
del profesor Gustavo Bueno, no se me puede atribuir el gran éxito
dialéctico que luego obtuvo la Escuela de Oviedo. Tal éxito
se lo ganaron a pulso sus ponentes –Gustavo Bueno Sánchez,
Alberto Hidalgo, David Alvargonzález, Alfonso Fernández
Tresguerres y José Manuel Fernández Cepedal– con sus
brillantísimas exposiciones. Todos ellos demostraron no sólo
un gran dominio del núcleo fundamental del materialismo filosófico,
sino también una fecunda capacidad de aplicarlo creadoramente
a muy diversos campos de la ciencia y a los desafíos teóricos
e ideológicos actuales. Ello causó un gran impacto entre
los participantes en el curso, todos ellos profesores de las diversas
universidades cubanas y también de las universidades de Lima
(Perú), Barranquilla (Colombia) y León (Nicaragua).
Así nos lo testimoniaron no sólo los participantes en
el curso, sino también otra parte del personal de la Universidad
cubana. Incluso nos enteramos de que, en el tren que une la Universidad
de las Villas a la ciudad de Santa Clara –con más de veinte
minutos de trayecto–, el principal tema de conversación era
por aquellos días la fuerte impresión que había
suscitado la Escuela de Oviedo. Hubo también coincidencia en
valorar muy positivamente la potencia del sistema filosófico
elaborado en Oviedo y su capacidad para aplicarse a campos tan diversos
como son los orígenes del Estado o de la religión. Para
los participantes en el curso supusieron una gran impresión
las aportaciones que se realizaron sobre la relevancia que tenía
el desarrollo de la nueva ciencia de la etología, con independencia
de la crítica que merecían las conclusiones reaccionarias
de algunos de sus investigadores y, sobre todo, de los que están
desarrollando ahora la sociobiología. Asimismo, suscitaron
gran interés las aportaciones que los ponentes realizaron sobre
el tema de las culturas animales, ya que ello permite precisar mejor
su transición hacia las culturas específicamente humanas.
No menor interés generó la teoría del cierre
categorial, como instrumento conceptual operativo para determinar
el grado de cientificidad real de las distintas disciplinar que aspiran
a ser reconocidas como ciencias. Para su debida comprensión,
los participantes tuvieron que salvar el obstáculo que suponía
no conocer previamente los distintos conceptos y categorías
que en los últimos años ha elaborado el profesor Gustavo
Bueno.
Por parte de
los latinoamericanos hubo también ponencias interesantes, como
las realizadas por los profesores cubanos Pablo Guadarrama, Manuel
Martínez Casanova y Marcelo Portar Jiménez, así
como por la del peruano Manuel Góngora y el profesor colombiano
Coley. Aunque realizaron apreciables concesiones a las posiciones
de la Escuela de Oviedo, no por ello debe deducirse que fueron débiles
en los debates. Por el contrario, defendieron convincentemente, y
con gran habilidad dialéctica, sus convicciones filosóficas
y sus posiciones políticas. Es de justicia destacar que uno
de los más activos participantes en los debates –aunque con
una cierta tendencia hacia el eclecticismo– fue el profesor Pablo
Guadarrama, que también actuó como coordinador del curso
junto con el profesor ovetense Gustavo Bueno Sánchez. A ambos
les cabe el mérito de la buena organización del curso
y que se superasen todos los obstáculos que se suscitaron en
su realización. Los doce alumnos de la Universidad de Oviedo
que acompañaron a sus profesores tuvieron un comportamiento
ejemplar en sus asistencia y puntualidad durante el curso, que fue
todo un éxito, tanto para la Escuela de Oviedo como para la
Universidad asturiana.

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