José María Laso Prieto

«¿Qué es filosofía?»

En «La Nueva España», 30/09/1995. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (pp. 58-60)

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Las concepciones filosóficas y científicas del profesor Gustavo Bueno tienen cada vez más resonancia en el extranjero, hasta el punto de hacer de él el filósofo español más valorado a escala internacional. Al hito que supuso que se le encargase desarrollar la categoría filosófica de «materia» en la muy prestigiosa Europäische Enzyklopäedie zu Philosophie und Wissenschaften y a la altísima valoración que de sus trabajos realizaba un diccionario filosófico belga, se ha unido la destacada mención que le dedica la Enciclopedia Garzanti di filosofia, una de las mejores obras italianas en su género. Por ello, nos ha parecido adecuado comentar el último libro del profesor emérito de la Universidad de Oviedo. Se trata del titulado ¿Qué es la filosofía?, publicado por la ovetense Editorial Pentalfa. La obra tiene una doble finalidad: 1) Incluir la ponencia titulada «El lugar de la filosofía en la educación», desarrollada recientemente en un congreso. 2) Una especie de «ajuste de cuentas» con el libro que Gustavo Bueno publicó hace ya más de 25 años sobre el lugar de la filosofía en el conjunto del saber. No obstante, la nueva obra del filósofo ovetense intenta, sobre todo, responder a la pregunta «¿Qué es la filosofía?», tal y como se plantea en los debates políticos y administrativos actuales y, especialmente en los problemas suscitados por los diversos proyectos de reforma de los planes de estudio de la enseñanza. En consecuencia, no es un tema limitado a los especialistas, sino que afecta a todos los ciudadanos interesados en el contenido de la educación que se va a proporcionar a las nuevas generaciones. Gustavo Bueno no se da por satisfecho sólo con la respuesta etimológico-psicológica de que la filosofía es el amor al saber (de filo = amor y sofía = saber o sabiduría). Y así, por razones que, resumidas, serían: 1) Filosofía es algo que trasciende el origen etimológico del término. 2) El deseo de saber es de índole práctico-científica o mera curiosidad intelectual. 3) El saber filosófico no es sólo un saber pretérito –de los textos de Platón, Aristóteles, Hegel, Husserl, etcétera–, sino que también es un saber del presente y por el presente. 4) La filosofía es un saber de segundo grado, que presupone otros tantos saberes previos, de «primer grado» (saberes técnicos, políticos, matemáticos, biológicos, etcétera). La filosofía, en sentido estricto, no es «la madre de las ciencias» –como se ha pretendido–, sino que, por el contrario, presupone un estado de las ciencias suficientemente maduro para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida. De ahí que, prácticamente, sea imposible responder a la pregunta ¿qué es la filosofía? si no es en función de otros saberes que constituyen las coordenadas de la educación del hombre y del ciudadano. 

Aplicando tal concepción al campo de la educación, Gustavo Bueno realiza un exhaustivo análisis del enunciado «El lugar de la filosofía en la educación». Con esta finalidad, estudia las diferentes variables y sentidos que de él se deducen y, de las diferentes opciones, elige la denominada «filosofía crítica», pero tomando el término crítica no ya en el sentido característico que le dio Kant (y que es indisociable de su idealismo trascendental), sino en el sentido propio que el término tiene en español, muy anterior a Kant, tal como aparece, por ejemplo, en la obra principal de Feijoo, Teatro crítico universal. Así, Gustavo Bueno considera tal obra, del asturiano de adopción Feijoo, como prototipo, en su tiempo, de lo que entiende por filosofía crítica. Como «parámetros» de esa filosofía crítica, considera a ciertas evidencias racionales, concretas, materiales, dadas en el presente, ante las cuales es preciso tomar partido, y partido positivo, a saber: un conjunto de evidencias científico-positivas y un conjunto de evidencias de naturaleza moral y ética. Para el profesor Bueno, quienes no compartan esas evidencias (por fideísmo, por excepticismo o, simplemente, por ignorancia) no tienen nada que ver con el racionalismo crítico. Así la filosofía crítica no parte de la ignorancia o de la duda universal, cuanto de saberes firmes, históricamente alcanzados. Saberes que tienen que ver con las matemáticas, con muchas partes de la física o la biología, o con la «moral universal»; evidencias que implican la crítica del relativismo cultural y que exigen una validez para todos los hombres y todas las culturas.

Como saber de segundo grado, la filosofía crítica no se asigna a un campo categorial cerrado, como el de las matemáticas o el de la física. Pues, para Gustavo Bueno, el «campo de la filosofía» está dado en función de los otros, de sus analogías o de sus contradicciones. Y a las líneas, más o menos identificables, que las analogías, o las contradicciones entre las ciencias y otros contenidos de la cultura perfilan, G. Bueno las denomina Ideas, con el propósito de conferir un minimun de objetivación positiva a los materiales que desencadenan procesos tan diversos como los englobados bajo el rótulo de «filosofía crítica». Se evitan así las fórmulas que pretenden definir la filosofía a través de conceptos, en el fondo, psicológicos, tales como «filosofía es el amor al saber» o «la investigación de las causas primeras», o «el planteamiento de los interrogantes de la existencia». En su lugar, Gustavo Bueno dice: filosofía es «enfrentamiento con las ideas y con las relaciones sistemáticas entre las mismas».

Empero, existen diversas interpretaciones de la «filosofía crítica». Unas veces se entenderá como tal un espiritualismo ontoteológico «racional » (que considerará poseer no sólo la crítica de la mitología correspondiente, sino también del materialismo o el ateísmo, etcétera); otras veces se entenderá como filosofía crítica el «humanismo hermenéutico»; y otras veces se considerará que el único correlato doctrinal de la filosofía crítica es el agnosticismo o el escepticismo. Para Gustavo Bueno, es evidente que cada una de estas alternativas, autodenominadas acaso críticas, se enfrentan entre sí, y que el lugar que cada una de ellas pueda reclamar en la educación no tiene por qué ser análogo. Ahora bien, al ser todas estas autodenominadas «filosofías críticas» incompatibles entre sí, se hace necesario tomar partido por alguna, aun a riesgo de ser descalificados por «dogmáticos». No obstante, desde el partido asumido, habrá que probar que subsiste la idea de la «filosofía crítica», en sus rasgos más característicos. Por otra parte, al poder estar la educación orientada a muy diversos objetivos se hace necesario concretarlos. Con esa finalidad, Gustavo Bueno analiza rigurosamente los distintos modelos educativos y finalmente propone su propia tesis sobre el lugar de la filosofía en la educación. A su juicio, el haber tomado partido por la filosofía crítica no resuelve del todo el problema, ya que existen distintas variantes de la misma. Tampoco basta el partidismo del mero «amor al saber». Una filosofía que carezca de una doctrina firme, por ejemplo, sobre la libertad, sobre las religiones, sobre la cultura, sobre las ciencias, sobre el Estado, sobre Dios, sobre el hombre, sobre la pena de muerte, etcétera, no puede ser denominada verdadera filosofía. En ese sentido, la posición de Gustavo Bueno está concebida desde las posiciones del llamado materialismo filosófico, que, coherentemente, hace equivalente al racionalismo. Quien quiera tener una idea precisa de la relación filosofía-educación tendrá que leer este libro de Gustavo Bueno, que es a la vez uno de sus más didácticos.