José María Laso Prieto

«Las flechas del tiempo»

En «La Voz de Asturias», 28/01/1989. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 20-22).


Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Como consecuencia de lo efímero de la vida, el fluir del tiempo siempre preocupó a los seres humanos. A veces tratando de recobrarlo, como Proust por medio de su célebre magdalena. Otras, tratando de medirlo objetivamente, mediante cronómetros cada vez más exactos. La reciente proyección en TVE de la película Los pasajeros del tiempo ha reactualizado la fantasía del relato de H. G. Wells La máquina del tiempo. Como es sabido, el personaje de Wells podía desplazarse con su máquina a voluntad a un tiempo pasado o futuro. Sin embargo, ya en un plano científico, ha sido el astrofísico británico Stephen Hawking el que ha tratado con más rigor el tema en su Historia del tiempo (del big-bang a los agujeros negros) publicada en Editorial Crítica del Grupo Editorial Grijalbo. Y no es algo que pueda interesar sólo a minorías con vocación científica, sino también al gran público, como lo demuestra la multitudinaria asistenta que obtuvo la conferencia que sobre el tema desarrolló Hawking en Barcelona. Incluso Felipe González trató de utilizar el éxito del libro –con poco éxito para sus finalidades políticas– con su tesis del «desplazamiento al rojo», en la que homologaba las prácticas sindicales con los efectos de la fuga de las galaxias. Siendo tal fuga una consecuencia de la expansión del Universo, el tema conecta directamente con la concepción científica del tiempo que vamos a tratar de hacer asequible a los lectores de La Voz de Asturias.

Se ha calificado a Hawking «del segundo Einstein» y ello es injusto, pues supone desconocer las aportaciones de físicos de la talla de Bohr, Planck, Helsemberg, Landau, etcétera. Empero hay que reconocer a Hawking una gran curiosidad intelectual, inquietud filosófica y, sobre todo, capacidad de divulgación. Aplicando esa capacidad consigue demostrar el cambio radical que la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica han introducido en nuestra concepción del Universo. Ha sido superada la idea de un tiempo absoluto, con la que se podía afirmar inequívocamente la posibilidad de medir el intervalo de tiempo entre dos sucesos sin ambigüedad, y que dicho intervalo sería el mismo para todos los que lo midieran, con tal de que usaran un buen reloj. Al depender el tiempo de la posición en el espacio y de la velocidad de los observadores, cada uno de éstos tiene su propia medida de tiempo. Ello tendrá importantes consecuencias cuando se pueda viajar a muy altas velocidades. Otro tema es el de la dirección del tiempo y así se suscitan preguntas como ¿cuál es la diferencia entre el pasado y el futuro? ¿por qué recordamos el pasado pero no el futuro? En principio, las leyes de la física no distinguen entre pasado y futuro ya que las partículas materiales son intercambiables en dirección y giro. No obstante existe una gran diferencia en la vida ordinaria entre las direcciones hacia delante y hacia atrás en el tiempo. Así, por ejemplo, si una copa se cae de una mesa rompiéndose en el suelo, y ello se registra en una película, se puede discernir si la película es proyectada hacia delante o hacia atrás. Si lo hiciese hacia atrás, se vería que en el suelo los trozos se reúnen de pronto entre sí y saltan para formar de nuevo la copa sobre la mesa. La causa de que en la realidad no observemos nunca tal proceso regresivo se debe a que lo impide la segunda ley de la termodinámica. Esta ley enuncia que el desorden o entropía aumenta siempre con el tiempo. Un vaso intacto sobre la mesa es un estado de alto orden, pero un vaso roto en el suelo es un estado desordenado. Se puede por eso pasar del vaso situado sobre la mesa, en el pasado, al vaso roto en el suelo, en el futuro; pero no al revés. El aumento del desorden, o entropía, con el tiempo es un ejemplo de lo que se conoce como una flecha del tiempo.

 Algo que proporciona una dirección al tiempo y distingue el pasado del futuro. Existen, al menos, tres flechas del tiempo diferentes: 1) La flecha del tiempo termodinámica, que señala la dirección del tiempo en la que aumenta la entropía y el desorden. 2) La flecha del tiempo psicológica, que expresa la dirección en la que nosotros sentimos que el tiempo pasa; es la dirección del tiempo en la que recordamos el pasado pero no el futuro. 3) La flecha cosmológica, que define la dirección del tiempo en la que el Universo se expande, en lugar de contraerse. Esa expansión es la que ha sido comprobada, como alejamiento de las galaxias, al observar el desplazamiento hacia el rojo del espectro de la luz procedente de diversas galaxias. La flecha psicológica viene determinada por la termodinámica y ambas señalan siempre la misma dirección. Asimismo ambas se relacionan [con] la flecha cosmológica, aunque esta última puede no señalar la misma dirección que las anteriores. Hawking sostiene –y lo argumenta adecuadamente– que sólo cuando las tres flechas señalan la misma dirección las condiciones son idóneas para el desarrollo de seres inteligentes que puedan preguntar ¿por qué aumenta el desorden en la misma dirección del tiempo en la que el Universo se expande, en lugar de contraerse? Ello nos conduce a cuestiones tan relevantes como la muerte térmica del Universo o las consecuencias de su eventual contracción, que abordaremos después.

 

La Voz de Asturias, 28/01/1989