José María Laso Prieto

«Gustavo Bueno, filósofo»

En «La Nueva España», 7/11/1994. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 45-47).


Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Suele decirse que la proximidad de las personalidades impide captar toda su grandeza, por falta de la adecuada perspectiva. Extremando tal argumento, se ha dicho que nadie es gran hombre para su ayuda de cámara. No es el caso del profesor Gustavo Bueno, que tanto en su faceta de filósofo académico, como en la de filósofo mundano, cuenta en Asturias con un gran reconocimiento y estimación. Buena prueba de ello es su inusitada capacidad de convocatoria, que hace desbordar de público los actos culturales en que participa. Sin embargo, en el conjunto del país, todavía existen personas, publicaciones, etcétera, que se resisten a admitir la realidad de que Gustavo Bueno es el más relevante filósofo español de este final de siglo, así como uno de los primeros en el ámbito mundial. Quizás, esta gran altura filosófica del profesor emérito de la Universidad de Oviedo se perciba mejor desde el distanciamiento extranjero. Ya en 1972, el profesor Alain Guy, de la Universidad de Toulouse, lo ponía de relieve en su trabajo «Le materialisme critique et socialista de Gustavo Bueno», publicado en la obra Pensadores heterodoxos del mundo hispánico, editada por la Universidad de Toulouse. Tras otras elogiosas valoraciones de nuestro filósofo, realizadas desde el extranjero, destaca el gran honor que para él supuso el que se le encargase de la redacción del texto de la categoría filosófica de «materia» para la Europäische Enzyklopäedie zu Philosophie und Wissenschaften, prestigiosa obra enciclopédica editada en Hamburgo. Desgraciadamente estas obras no están al alcance del público español medio. Por ello, resulta muy útil que un diccionario de filosofía belga haya sido recientemente puesto a disposición de todos en lengua castellana. Se trata del libro titulado Los filósofos, incluido en la Colección Flash por Acento Editorial. Resulta una obra muy útil y manejable que, mediante una síntesis rigurosa, pone en manos de estudiantes de bachillerato, universitarios y gran público, una versión muy didáctica de la aportación que al campo de la filosofía han realizado los más significativos y renombrados de sus cultivadores. Desde nuestra perspectiva, lo primero que llama la atención, en este diccionario filosófico, es que de los filósofos españoles actuales sólo incluye a los profesores Gustavo Bueno y José Luis Aranguren.

Es significativo que de Gustavo Bueno diga el texto del diccionario belga: «BUENO, Gustavo (1924): filósofo español, ha enseñado en Salamanca y en Oviedo, de cuya Universidad es catedrático. En estos momentos, su posición es como la de un islote avanzado en el generalmente monótono universo del pensamiento español. Sus obras principales son: El papel de la filosofía en el conjunto del saber (1970), Etnología y utopía (1971), Ensayo sobre las categorías de la economía política (1972), Ensayos materialistas (1972), La metafísica presocrática (1974). Las características de Bueno serían su afán de defender la filosofía académica, su decidida orientación marxista y su pretensión predominante, sistemática y al mismo tiempo polémica. ¿Qué es la etnología? ¿Cuáles son sus límites? ¿Qué es el saber humano y cuáles son sus barreras? En nuestra civilización funcionan mitos, instituciones, formaciones culturales. Medir, situar, aclarar, “triturar” esos hechos, conservar su neutralidad científica sin caer en ideología utilizable, ofrecer datos para otros análisis: he aquí su tarea. Una tarea crítica que va acompañada de una rigurosa elaboración de modelos gnoseológicos del funcionamiento de las ciencias, como es, por ejemplo, del “cierre categorial”. Pensador controvertido, no siempre bien comprendido, es uno de los más originales y profundos del actual paisaje español» (De Los filósofos, Colección Flash, Acento Editorial, Madrid, 1993, página 22. La edición original belga de Marabout, Belgique, 1990).

Sin duda el texto citado constituye una buena síntesis global de la aportación de Gustavo Bueno al conjunto del saber. Sin embargo, no está actualizado respecto a la obra de nuestro filósofo, ya que omite obras tan importantes como son: Idea de ciencia desde la teoría del cierre categorial (1976), El individuo en la historia (1980), El animal divino, ensayo de una filosofía materialista de la religión (1985), Symploké (1987), Cuestiones quodlibetales sobre Dios y la religión (1989), Materia (1990), Nosotros y ellos (1990), Primer ensayo sobre las categorías de las «ciencias políticas» (1991). A ello deben añadirse innumerables artículos filosóficos y científicos publicados en El Basilisco y otras revistas, así como su monumental Teoría del cierre categorial en 15 volúmenes, de los que ya han sido publicados cinco.

Sin detrimento de su dimensión universitaria, Gustavo Bueno ha proporcionado a Oviedo un gran prestigio cultural y no sólo con el considerable peso de su obra académica, sino asimismo con toda una serie de realizaciones concretas en la proyección de la filosofía hacia el exterior de los «campus» universitarios. A él, y al equipo de trabajo que ha nucleado con su labor docente –y que es conocido en el campo de la filosofía con el nombre de «Escuela de Oviedo»– se deben aportaciones culturales y científicas tan relevantes como son la publicación de la revista El Basilisco y la realización en Oviedo y Gijón de los Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias. En su primera etapa, que abarcó una veintena de números, El Basilisco proporcionó a Oviedo el prestigio de ser la ciudad donde se publica la revista filosófico-científica de más calidad de las editadas en castellano. En la segunda etapa –que ya ha alcanzado el número 16– contando con la colaboración primero de la Caja de Ahorros de Asturias y, actualmente, del Ayuntamiento de Oviedo, está acrecentando nuevamente su renombre de gran revista filosófico-científica. Los Congresos de Teoría y Metodología de las Ciencias, también surgieron de la inspiración de Gustavo Bueno, aunque su organización concreta haya estado a cargo de la Sociedad Asturiana de Filosofía (SAF) que preside el profesor Alberto Hidalgo y cuya presidencia honoraria ostenta el profesor Gustavo Bueno. Tales Congresos, que alternan sus sedes entre Oviedo y Gijón, han abordado los temas fundamentales de la ciencia contemporánea con la participación de las más relevantes figuras de la filosofía y de la ciencia nacionales y extranjeras.

La mejor caracterización que se puede hacer del profesor Gustavo Bueno es la que se deriva del perfecto equilibrio que logra entre su perspectiva de filósofo académico y su permanente actuación como filósofo mundano. Y es que, efectivamente, cual un Sócrates de nuestra época, Gustavo Bueno toma frecuentemente partido, con claridad y contundencia, sobre temas que suponen evidentes riesgos, como son los de la degradación de la enseñanza, la burocratización de la Universidad, el economicismo depredador de la industria, la ganadería y al agricultura asturianas, sobre el origen animal de las religiones, el impuesto religioso, contra la OTAN, frente al papanatismo «europeísta», ante la incidencia de posiciones políticas en el campo de la lingüística y los riesgos que de ello se derivan para la lengua castellana, contra la manipulación de los medios de comunicación, etcétera. Como nada humano le es ajeno a Gustavo Bueno, ello le obliga a pronunciarse públicamente. Y para ello no le basta el ágora clásica, sino que ejerce su función crítica desde el vestuario del pozo de una mina, a los focos de la televisión, pasando por toda clase de tribunas y auditorios disponibles. Incluido el andamiaje donde concluye una manifestación obrera. En todos esos foros, Gustavo Bueno define conceptos y categorías, profundiza en el origen de los fenómenos, establece analogías esclarecedoras, desmitifica y racionaliza, oscurece lo que parecía obvio y desentraña lo oculto. Es decir que, como el alegórico basilisco, «tritura» la realidad para conocerla mejor y que el hombre pueda dominarla. Cumple así con su misión de Sócrates de nuestro tiempo.

 

La Nueva España, 07/11/1994