José María Laso Prieto

«Actualidad de Luciano Rincón»

En «La Nueva España», 28/09/1993. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 36-38).


Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


La figura del periodista y escritor Luciano Rincón, que tanto prestigio adquirió en la lucha de la oposición democrática contra el franquismo, se ha reactualizado con motivo de su reciente fallecimiento y del proceso de cumplimiento de la profecía que lanzó en su novela Mañana, crónica anticipada. La relevancia que, para los demócratas españoles, tuvo Luciano Rincón la sintetiza muy bien el primer párrafo de una nota, titulada «En la muerte de un demócrata: Luciano Rincón», que en la sección «Galerías» le dedicaba Diario 16: «Luciano Rincón, el mítico “Luis Ramírez” de Ruedo Ibérico –tan emblemático en los tiempos del franquismo para los demócratas como las informaciones nocturnas de Radio París o los comentarios del colega francés Le Monde– ha muerto. Y no es una pérdida pequeña para la democracia. Con 61 años, su memoria histórica inflexible, su entendimiento cuerdo de una realidad perfeccionable y su voluntad de luchar cada día y sin desmayo contra todo tipo de intolerancias, su desgastado corazón no le ha permitido seguir bombeando ese preciado oxígeno llamado “lucha por la libertad” por más tiempo».

En esta brillante síntesis, de una nota necrológica anónima, no se agotan la personalidad, la obra y las ideas de Luciano Rincón. Como yo tuve la dicha de conocerlo personalmente, y de colaborar con él durante largos años, quiero transmitir a los lectores de La Nueva España algunas de las facetas de la personalidad y la obra de Luciano Rincón todavía insuficientemente conocidas. Con el escueto estilo propio de los tribunales militares, en la descripción de los hechos realizada por el consejo de guerra que el 9 de noviembre de 1959 condenó a tres años de prisión a Luciano Rincón, por sus actividades antifranquistas, se decía: «G. El procesado Luciano Rincón Vega, representante en Bilbao de la Nueva Izquierda Universitaria, según se ha expuesto, entabló contacto con José María Laso, dirigente comunista condenado en otra causa, y con el exiliado en Francia Fernando Claudín que pasó a Vizcaya para la organización de la jornada de reconciliación nacional». De este texto se tuvo conocimiento público por el libro El imperio de la ley en España, editado en 1962 por la Comisión Internacional de Juristas de Ginebra, y que constituía una dura crítica contra las irregularidades jurídicas franquistas. En realidad, mi contacto con Luciano Rincón databa de 1956. En la primavera de ese año –en que estaba en pleno desarrollo el movimiento de oposición intelectual y universitaria antifranquista que había eclosionado en febrero de 1956– la dirección del Partido Comunista me designó para realizar un trabajo de coordinación de los intelectuales y universitarios demócratas de Bilbao. Me sirvieron de intermediarios el poeta Blas de Otero y el pintor Ciriaco Párraga. Por su mediación tomé contacto con el núcleo intelectual que se reunía en la tertulia del café Mauri, en la Asociación Artística Vizcaína y en el Instituto de Cultura Hispánica de Bilbao. Allí conocí y traté a Luciano Rincón y también, entre otros, a los pintores Agustín Ibarrola, Marquecho, Ruiz Blanco; a los escultores Lucarini y José Ramón Carreras, al libertario Emiliano Serna, a los ingenieros Julián Viejo –luego condenado junto con Luciano Rincón–, Jesús Leciñana y Mikel Barandiarán, a los poetas Vidal de Nicolás y Gabriel Aresti –este último ahora considerado como el más destacado poeta vasco en euzkera– y a la poetisa Sabina de la Cruz, futura compañera de Blas de Otero. Pronto organizamos recitales de Neruda y César Vallejo, lecturas de intención política de la Antígona de Sófocles, debates sobre las obras de Bardem y Berlanga y otras actividades de oposición cultural democrática. Todo ello obstaculizado por las autoridades culturales y políticas franquistas. En este núcleo intelectual Luciano Rincón destacaba por su brillantez expresiva y su mordacidad. También por actuar de redactor jefe de la revista Gran Vía, que hasta su clausura realizó una buena labor de oposición cultural. Por entonces, Rincón tomo contacto en Madrid con Dionisio Ridruejo y se incorporó a la Nueva Izquierda Universitaria fundada por éste. Ella sería el germen del Frente de Liberación Popular (Felipe) por cuya militancia fue condenado en el consejo de guerra citado. En contraste con otros miembros del núcleo descrito, Rincón no militó nunca en el PCE, pero siempre fue partidario de la unidad con los comunistas en la lucha contra el franquismo. Como consecuencia, ambos fuimos los «firmantes» del denominado «Pacto de Pedernales» –lugar vizcaíno donde se concertó– que establecía la alianza en Vizcaya entre la NIU y el PCE. Con mi detención, en marzo de 1958, y mi prolongada estancia en prisión, no reanudé mi contacto con Rincón hasta mediada la década del 60. Entonces ya había publicado en Ruedo Ibérico de París su memorable Nuestros primeros veinticinco años, en que historiaba a su generación, y su Francisco Franco: historia de un mesianismo, una buena biografía del dictador que le costó una nueva condena de varios años de prisión.

Mañana: crónica anticipada.

Entre condena y condena, Rincón publicó varios libros más con el pseudónimo de «Luis Ramírez» y otros camuflajes. Después realizó una intensa actividad periodística en la prensa vasca. Restablecida la democracia mantuvo una valerosa lucha contra toda forma de terrorismo. Hoy ha cobrado una gran actualidad su novela Mañana, crónica anticipada (novela de política ficción), publicada en París en la década del 60. En forma humorística, muy lograda, su argumento se centra en la destrucción del comunismo y sus consecuencias. El protagonista es un norteamericano que viene a España a descubrir el secreto de cómo había Franco derrotado al comunismo. En su investigación descubre que el comunismo no es una teoría, o una doctrina, sino una enfermedad producida por un virus. Aislado éste, se logra la correspondiente vacuna y ésta se difunde masivamente. En los países del Este por aspersión aérea, y en Occidente mediante vacunación individual. Rincón saca mucho partido humorístico a la individual: al Papa Juan XXIII la curia vaticana le proporciona media dosis, por ser un poco «rojillo», y a algunos rojos recalcitrantes triple dosis. Como consecuencia, en el Este se disuelven los Estados del «socialismo real» Jruschov, entonces secretario general del PCUS, se convierte y profesa de cartujo– y en Occidente se disuelven los partidos comunistas y otras organizaciones de izquierda. Entonces los jerarcas del capitalismo respiran tranquilos: ¡Ya hemos liquidado la pesadilla del comunismo! Sin embargo, al cabo de algún tiempo vuelven a suscitarse huelgas, manifestaciones y otros conflictos sociales. Nadie lo había previsto. De nuevo se reúnen tales jerarcas, preocupados porque ya no disponían del espantajo del comunismo para asegurar la defensa del capitalismo. Por ello deciden inyectar de nuevo a la población mundial con el virus comunista, pero en dosis homeopáticas. Queda así constancia de que la lucha de clases no es una consecuencia del marxismo sino el marxismo una consecuencia de la lucha de clases. Y, actualizando la tesis de Rincón, puede comprobarse que la lucha de clases se ha agudizado después de la desaparición de los Estados «socialistas». Ahora, claro, la iniciativa la tienen los grandes monopolios capitalistas en su ofensiva contra el Estado de bienestar y otras conquistas sociales de los trabajadores. Luego vendrá la contraofensiva. Entre tanto, la nueva dosis homeopática la ha producido el Papa, con sus declaraciones en Riga, al declarar que «El marxismo tuvo un alma de verdad, que le permitió presentarse como fascinante incluso en las sociedades occidentales, ya que respondía a necesidades históricas que eran reales y graves».

 

La Nueva España, 28/09/1993