José María Laso Prieto

«Republicanos españoles en París»

En «La Nueva España», 23/8/1994. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 41-42).

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


 

Mañana, 24 de agosto, se conmemora el cincuentenario de la liberación de París de la ocupación nazi. De dicha liberación se hicieron gran eco en su día no sólo los grandes medios de comunicación de todo el mundo sino también libros-testimonio como el célebre ¿Arde París?, de Dominique Lapierre y Larry Collings, que sirvió de base para el rodaje de una película con el mismo título y temática. En algunas de las informaciones iniciales sobre la liberación de París, se hizo alusión al relevante papel que habían desempeñado los republicanos españoles en la liberación de la «ciudad luz», tanto en la insurrección interior, de la Resistencia parisiense, como en la entrada de la División Leclerc con sus carros de combate en la capital de Francia. Así, se supo que entre los blindados de la 9.ª Compañía de la II.ª División blindada –que fueron las primeras unidades de la División Leclerc en penetrar en el centro de París– figuraban vehículos blindados y carros de combate con nombres como Belchite, Teruel, Ebro, Guernica, liberación, etcétera, tripulados por republicanos españoles que venían luchando contra los nazis desde 1940. Durante décadas, la censura franquista impidió que esta gesta española fuese difundida en España. Después se fueron publicando libros sobre el tema, primero en Francia y años después, en España. Entre otros destacan: Españoles en los maquis. Verano 1944, del catalán Eduardo Ponds Prades; La España de los maquis, del asturiano Alberto E. Fernández no ha mucho fallecido; Luchando en tierras de Francia (La participación de los españoles en la Resistencia), de Miguel Ángel Sanz; Años 40: los maquis del PCE, de Daniel Arasa; Los guerrilleros españoles en Francia. 1940-1945, de Miguel Ángel; Resistencia Española al Fascismo. Documentos históricos, por Blanco (seudónimo), etcétera. En su trabajo Republicanos españoles en la liberación de París, de Eduardo Ponds Prades, publicado en el número 3 de la revista Tiempo de Historia (febrero 1975), se proporcionan abundantes datos sobre la lucha de los antifascistas españoles en París. Por ello, se debe aprovechar la oportunidad que brinda la conmemoración del cincuentenario de la liberación de París para que, en un diario del relieve que ha adquirido La Nueva España, se rinda merecido tributo de homenaje a los españoles que contribuyeron a impedir, en agosto de 1944, el proyecto hitleriano de destruir a una de las más bellas ciudades europeas.

Los republicanos españoles que desde 1936 a 1939 habían combatido en España al nazi-fascismo internacional, no dieron por finalizada su lucha con la caída de Cataluña. Del medio millón, aproximadamente, que logró llegar a Francia, varios millares participaron después en la resistencia francesa contra los nazis. La experiencia bélica adquirida por los españoles y los miembros de las Brigadas Internacionales de combatientes antifascistas fue decisiva para forjar a las unidades guerrilleras de la Resistencia francesa. La primera señal de combate la dieron tres catalanes: los hermanos Miret Musté y Joan Villate. Pertenecían al Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC); es decir, al equivalente catalán del Partido Comunista de España. Uno de ellos, José Miret, había formado parte del primer gabinete de guerra del Gobierno catalán, en el otoño de 1936. Su llamamiento a la resistencia contra los alemanes lo encabezaba el lema «Derrota-Combate-Revolución». Los tres cayeron en manos de la GESTAPO. El mayor de los Miret fue fusilado en París y el menor fue a parar al campo de exterminio de Mauthausen, donde fue asesinado por los SS, al igual que otros más de trece mil republicanos españoles. A su vez, Villate terminó su odisea fusilado en el temible Fort Montluc. En agosto de 1941, unos carteles redactados en alemán y francés, pegados en los muros de París, daban cuenta del fusilamiento de un mecánico catalán, José Roig, acusado de ser un «reclutado por cuenta del ex general Charles De Gaulle». Otro republicano español, fusilado por los nazis en el verano de 1942, se llamaba Buitrago y fue detenido después de haber recorrido la zona norte de Francia, organizando grupos de sabotaje y tratando de unificar a las fuerzas clandestinas españolas. Para ello, Buitrago se benefició del apoyo de republicanos españoles y de ex brigadistas internacionales empleados en las planas mayores de los destacamentos de la MOI (Mano de Obra Inmigrada) que eran organismos en los que el Gobierno de Vichy trató de encuadrar a los extranjeros considerados peligrosos. A los luchadores clandestinos los rebautizaron como Movimiento Obrero Internacional. José Barón Carreño, «Robert», exiliado y también de extracción marxista, uno de los primeros «instructores militares itinerantes» de la Organización Militar Española que se transformaría en la Agrupación Guerrillera Española a comienzos de 1944– recorrió las zonas norte, centro y sur de Francia, y las costas atlánticas francesas, organizando a los españoles. Barón Carreño cayó en una barricada parisina, en agosto de 1944, combatiendo por su liberación.

La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) reorganizó también sus dispersas fuerzas, aunque su labor, hasta el verano de 1944, se centró sobre todo en tareas de solidaridad. El Comité Nacional Militar de los FTPF (Franco Tiradores y Partisanos Franceses), organización armada vinculada al Partido Comunista Francés, celebró sus primeras entrevistas con los luchadores españoles a finales de 1942 y los auspició el jefe de la región parisina, un ex brigadista polaco, Joseph Epstein (coronel Gilles). Uno de los grupos clandestinos más activos –no franceses– en la región de París fue el que fundaron los judíos sefarditas en el invierno de 1940-41, capitaneados por Abraham Arco y Ray-Azul. Otros dos ex brigadistas, León Pakin y Sevek Kirchembaum, y el polaco Marcel Rayman, colaboraron estrechamente con Arco y Fresco. Rayman con el italiano Fontano y el español Celestino Alfonso, salmantino, fundaron el célebre «Triángulo Mágico», encuadrado en el grupo mandado por el poeta armenio Missak Manouchian, que tantos quebraderos de cabeza ocasionó al mando alemán. Rayman, Fontano y Alfonso fueron los ejecutores, el 29 de septiembre de 1943, del alto dignatario nazi, coronel Von Ritter. Y los que atentaron, el 28 de julio del mismo año, contra la vida del comandante en jefe del Gross París, general Von Schaaumburg. Alfonso y veinte miembros más del grupo Manouchian fueron fusilados por los nazis el 21 de febrero de 1944.

Hasta hoy, y pese a tenaces y minuciosas investigaciones, no ha sido posible evaluar exactamente la contribución de los españoles de París a las dos fases de la liberación de la capital francesa: en la larga lucha contra el ocupante –1940-1944– gracias a la cual se organizarían, estructurarían y foguearían las fuerzas clandestinas que iban a protagonizar la insurrección de agosto de 1944 y los combates que, a lo largo de ocho angustiosas jornadas (19 a 26 de agosto de 1944) culminarían en la liberación de París. Sin embargo, ni un solo historiador (Raymond Aron, Noguéres, Degliame, Tillón, Vigier, Hamon, Frenay o Vistel, entre otros) ha podido pasar por alto la presencia de los españoles en los momentos críticos de la lucha contra los ocupantes. Hasta tal punto fue patente, que uno de ellos (Tillón) habla de la participación de unos 4000 españoles en la liberación de París. En esta cifra están incluidos los españoles de la División Leclerc desembarcados en Normandía.

 

La Nueva España, 23/08/1994