José María Laso Prieto

«Impresiones de un viaje a Turín»

En «La Nueva España»,08/05/1997. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 74-76).

Texto preparado para su edición digital por Iván Martínez y Uriel Bonilla.


Generalmente la histórica y bella ciudad de Turín queda al margen de los circuitos turísticos, debido a su situación excéntrica respecto al núcleo básico de la península italiana. Por ello no pude visitarla en 1996, cuando realicé un amplio viaje por Italia. Mucho lo lamenté, pues Turín no sólo fue la cuna del proceso de la unificación política de Italia, sino también de su industrialización, como consecuencia de la función que en ella desempeñó la célebre empresa automovilística FIAT. De sus fábricas surgieron los famosos Consejos Obreros, de 1919-20, uno de los fenómenos más interesantes del movimiento obrero internacional. Además, en la Universidad de Turín estudiaron Gramsci y Togliatti, y allí, como expresión de la conjunción del movimiento obrero espontáneo con el núcleo teórico universitario, surgió la revista L'Ordine Nuovo, dirigida por Gramsci, que alcanzó después un inusitado prestigio cultural. Como se nos considera especialista en tales temas, esperábamos visitar algún día tales escenarios históricos. La oportunidad se nos presentó recientemente, con motivo de un intercambio de alumnos entre el Instituto de Bachillerato Alfonso II de Oviedo y el Instituto Regina Margherita de Turín. Tales intercambios, que permiten a los alumnos convivir durante unos días participando en la vida familiar de sus compañeros extranjeros, constituyen uno de los mejores medios para lograr un mejor conocimiento mutuo entre los jóvenes europeos. Nos sumamos así a una expedición compuesta por trece alumnos y algunos profesores. El viaje fue por carretera, tanto a la ida como a la vuelta, aunque variando el itinerario. A la ida, por la costa mediterránea, y a la vuelta, atravesando los Alpes por grandes túneles entre los célebres puertos de montaña del Mt. Cenis y del Galibier. 

El programa de estancia en Turín comprendía –para profesores y estudiantes de ambos institutos– una visita a Milán, que realizamos en cómodos trenes. Volvimos a extasiarnos contemplando la impresionante fachada de su catedral. Este «sueño de mármol blanco», como con justicia ha sido calificado, adornado con infinidad de pináculos y estatuas, es uno de los más soberbios ejemplos del estilo gótico. Muy cerca vemos el teatro de La Scala, gran edificio consagrado como el principal centro operístico mundial. Muy próxima se halla una impresionante galería comercial que puede, por su bóveda acristalada, ser considerada como una de las más bellas de Italia. En su interior radican algunas grandes librerías. En una de ellas se anuncia que el escritor Manuel Vázquez Montalbán firmará, a la hora lorquiana de las cinco de la tarde, ejemplares de su libro Pasionaria y los siete enanitos. Lamentablemente, a esa hora debemos emprender por tren el regreso a Turín. Le dejamos por ello una nota de saludo, en la que le recordamos el gran éxito que obtuvo su conferencia en el Club Prensa Asturiana de La Nueva España que organizó Tribuna Ciudadana. 

Fuera del programa de intercambio, ya que era un día dedicado a la convivencia en familia de los alumnos, realizamos los adultos de la expedición un viaje a Venecia. Era el Martes de Carnaval y encontramos la bellísima ciudad adriática en pleno esplendor de la festividad. No debe olvidarse que Río de Janeiro y Venecia se disputan la primacía mundial de los Carnavales. Aunque estuvimos en Río no coincidimos con sus famosos Carnavales. El clima y la pluralidad étnica les proporcionan un gran atractivo y son preferidos por muchas personas. No obstante, nosotros consideramos superiores los de Venecia. Aunque carecen del bullicio, la vitalidad y el colorido natural de los de Río, son muy superiores en la delicadeza y finura de sus disfraces y en la dignidad y elegancia con que se exhiben. No en balde son producto de una sedimentación cultural de siglos. En contraste también con Río –donde durante los Carnavales se producen centenares de robos y asesinatos–, en Venecia, a pesar de la multitud congregada, no observamos el menor indicio de actividad de la delincuencia. En su conjunto, como espectáculo, fue inolvidable. 

De vuelta a Turín visitamos la nueva fábrica de la empresa FIAT. Su extensión alcanza los tres millones de metros cuadrados y está casi totalmente automatizada y robotizada. Seguimos atentamente el desarrollo de la cadena de montaje, desde las piezas iniciales hasta que el coche queda en condiciones de rodar. Muchos trabajadores son mujeres, ya que éstas tienen mayor sensibilidad en los dedos para operaciones delicadas. El trabajo en la cadena no parece revestir la impresionante monotonía que Charles Chaplin satirizó en su filme Tiempos modernos. Ya no parece tener las negativas consecuencias que Gramsci criticó en sus trabajos «Americanismo y fordismo». Quizá sí las del denominado «Toyotismo». En todo caso, asusta pensar el enorme paro que se va a originar cuando todo esté tan robotizado. Visitamos también la antigua fábrica FIAT, que, por la expansión de la ciudad, ha quedado situada en pleno centro de Turín. Ahora, con el nombre de Lingotto ha quedado convertida en uno de los más grandes centros culturales del mundo. Quizá, el mayor. Utilizando la estructura de la fábrica, construida en 1921 pero remodelada por el gran arquitecto Renzo Piano, su Palacio de Congresos tiene un aforo superior a las 3.500 personas. Un amplio auditorio, salas de conferencias complementarias, etcétera, hacen de Lingotto una auténtica fábrica de ideas. Diversos comercios, hoteles, salas de exposiciones, etcétera, completan un complejo que dispone también de helipuerto y una cúpula exterior totalmente acristalada en la que se han celebrado reuniones de los dirigentes del «G-7», de la OTAN y de la UEO. 

Turín es una gran ciudad señorial, que en muchos aspectos supera a la dinámica Milán. Como capital del Reino del Piamonte –que constituyó la célula inicial del reino unificado de Italia–, la dinastía de Saboya contribuyó a dotarla de señorío urbano. Consecuencia de ello son sus largas y amplias avenidas, y plazas impresionantes por su extensión y por la calidad monumental de los edificios que las encuadran. Una característica singular de Turín es que muchas de sus calles y avenidas son porticadas, hasta totalizar nada menos que trece Kilómetros de pórticos o soportales. No podemos detenernos a describir sus excepcionales plazas. A título de ejemplo, basta citar la plaza San Carlo, conocida como el «salón de Turín». Esta definición se debe al perfecto equilibrio de las dimensiones, a sus proporciones calibradas y a su corte severo y relajante, Se dice que uno de los puntos de arranque ideal para un recorrido del Turín histórico es la plaza Vittorio Veneto, una gran plaza rectangular rodeada de soportales por tres lados que desciende, con un desnivel de siete metros, hasta el río Po, ofreciendo la perspectiva de la plaza de Castello y vía Po una apertura escenográfica de la colina y del puente napoleónico, el primero de mampostería de la ciudad, construido en 1810. El río Po constituye el elemento unificador de la ciudad y el elemento de unión natural entre la ciudad y la colina vecina. La explanada del Po fue también lugar de reunión natural de los obreros de los Consejos y los intelectuales de la revista L´Ordine Nuovo dirigidos por Gramsci. Acompañado del profesor de historia del Instituto Regina Margherita, recorro los «lugares gramscianos», como tal explanada y el edificio de la vieja Facultad de Filosofía y Letras, así como las calles que frecuentaba más el denominado «filósofo de la praxis».

Próximamente, con motivo de conmemorarse el 27 de abril el 60.° aniversario de su muerte, volveremos sobre la temática turinesa de Antonio Gramsci.