José María Laso Prieto

«Impresiones de un viaje a Vietnam»

En «La Nueva España»,21/11/1995. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (pp. 60-62).

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Casi coincidiendo con el XX Aniversario del final de su prolongada guerra de liberación, hemos efectuado un viaje al legendario Vietnam. Durante más de una quincena hemos acumulado múltiples impresiones que requerirán un prolongado proceso de sedimentación. En poco tiempo Vietnam ha pasado a un primer plano de la actualidad, y no sólo por la conmemoración del fin de la más destructiva guerra del siglo XX –no se olvide que sobre su territorio se lanzaron más toneladas de explosivos que sobre todos los frentes y retaguardias de la II Guerra Mundial– sino también debido a que su actual reforma económica le ha proporcionado ritmos tan altos de desarrollo que en pocos años se va a convertir en uno de los más poderosos «Tigres» económicos de Asia. Su entrada en la ASEAN (organización de cooperación económica del sudeste asiático), las fuertes inversiones financieras extranjeras y el restablecimiento de relaciones diplomáticas y económicas con los EE.UU. contribuyen a su auge económico. Su numerosa población –alcanzará los 90 millones de habitantes al finalizar el siglo– y su riqueza de materias primas (incluyendo petróleo y valiosos minerales estratégicos) proporcionan una buena base para su espectacular desarrollo actual. El turismo internacional creciente es otro poderoso factor coadyuvante a tal auge. Por todo ello hemos querido proporcionar a los lectores de La Nueva España algunas de nuestras primeras impresiones sobre tan singular país. 

Como no es posible desde España un vuelo directo a Vietnam, estuvimos, tanto a la ida como a la vuelta, dos días en Bangkok. La capital de Tailandia ya no es la ciudad que visitamos en 1980. Ha crecido hasta el punto de que está próxima a alcanzar los 9 millones de habitantes. Por doquier se elevan altos rascacielos que constituyen las torres dominantes de las diversas multinacionales. Una enorme circulación de vehículos produce constantes colapsos circulatorios y obliga a muchos ciudadanos a usar mascarillas de protección. Sus innumerables comercios ofrecen todos los artículos de la sociedad de consumo, incluyendo trajes a la medida que se entregan en 24 horas. 

Nuestro vuelo a Ho Chi Minh (Saigón) estuvo a punto de frustrarse. El despegue del avión resultó frenado bruscamente y tuvimos que cambiar de aeronave. Ello nos permitió percibir una singularidad de su aeropuerto. Junto a las pistas de despegue se juega al golf y una carretera atraviesa el campo. Así el frenazo de nuestro avión ocasionó un gran atasco en tal ruta. Nuestra llegada a Saigón coincidió con la hora de salida del trabajo, caracterizada por la circulación por sus calles de millares de motos Honda. En poco más de dos años, los saigoneses han pasado de la bici a la moto. Y la utilizan no sólo para ir al trabajo sino también para pasear. Al parecer, su principal diversión actual estriba en circular masivamente los días festivos y conversar brevemente, unos con otros, en los «stops» urbanos. La actual ciudad de Ho Chi Minh supera ya los 5 millones de habitantes y su animación es extraordinaria. A ello contribuye el carácter meridional de sus ciudadanos. Por sus amplias avenidas –inspiradas en los bulevares de París– nos dirigimos a su centro urbano que conserva muchos edificios del período colonial francés. También contemplamos las verjas del antiguo palacio presidencial, por las que hace veinte años penetraron los tanques del Ejército Vietnamita de Liberación para liquidar el régimen fantoche impuesto por los EE.UU. Por las calles casi sólo se ven jóvenes. La edad media es bajísima, a causa de haberse casi triplicado la población en las dos décadas de paz. A pesar de tal desafío demográfico se ha logrado elevar bastante el nivel de vida de la población. Como consecuencia, la vida urbana no puede ser más bulliciosa.

A unos kilómetros de Saigón, visitamos los célebres túneles de Cuchi. Se trata de un complejo sistema de túneles, de más de 200 kilómetros de longitud, excavados bajo tierra a tres niveles de profundidad y que fueron utilizados por los guerrilleros para combatir a los norteamericanos. En su interior había hospitales, cocinas de campaña, salas de mapas y de reuniones... y trampas mortales para los enemigos que intentasen penetrar. Desde su interior impresiona más este trabajo de hormigas –que se extendió por toda la zona de guerra– y permitió a los vietnamitas resistir la enorme potencia de fuego de los norteamericanos.

Desde Ho Chi Minh volamos a Danang, a través de las diversas selvas que las tropas de EE.UU. trataron de destruir mediante miles de toneladas de desfoliantes y herbicidas. Ahora muchos de sus ex soldados sufren graves enfermedades causadas por el contacto con tales agentes químicos. Parece una venganza del genio nacional del Vietnam. En Danang estuvo instalada la más potente base militar de los EE.UU. que ahora está en ruinas. Visitamos la famosa Playa de China, luego popularizada por un serial de televisión norteamericano. El guía nos recuerda que en esta playa se bañaban los oficiales norteamericanos en los fines de semana. Después ascendemos a la famosa montaña de Mármol y el calor tropical nos proporciona la mayor sudada de nuestra vida. Por la tarde visitamos el pueblo de pescadores de Hoi Han, uno de los más típicos y bellos del país. Al día siguiente nos dirigimos por carretera a Hue, la antigua capital imperial. La panorámica que observamos, desde lo alto del puerto de Hai Van, es de una impresionante belleza tropical. Por su majestuosidad, también nos impresiona mucho el palacio Imperial y la pagoda de Thien Mu. En la ciudadela de Hue resistieron durante meses los guerrilleros que la conquistaron en la célebre ofensiva del Têt. 

Durante toda una noche, y buena parte de la mañana, viajamos en tren de Hue a Hanoi en el ferrocarril que se denominó Transindochino. La prueba resultó mucho más dura que la del Transiberiano a causa de su mucho menor confortabilidad. Hanoi es la capital de la República Socialista de Vietnam. Dos lagos ocupan el centro de la ciudad, aunque son de distintas dimensiones y formaban parte del río Rojo. Junto a ellos se encuentran la mayor parte de los edificios oficiales y el mausoleo de Ho Chi Minh, gran revolucionario y padre espiritual del Vietnam actual. No podemos contemplar su cuerpo embalsamado por hallarse en obras el edificio. Hanoi es una ciudad mucho más austera que Saigón y el carácter de sus habitantes bastante más serio que el de los saigoneses. Sus actividades artísticas son excelentes y, entre ellas, destacan sus famosas «Marionetas sobre agua». Contemplamos los diques que protegen de inundaciones la cuenca del río Rojo y el gran puente, de 5 kilómetros de largo, que se ha construido en la posguerra además de haber reconstruido los destruidos por la aviación USA. No obstante, los puentes son todavía insuficientes, ya que en el trayecto Hanoi-bahía de Halong tuvimos que atravesar cinco ríos en ferry. Aunque ya habíamos podido ver la bahía de Halong en la película Indochina protagonizada por Catherine Deneuve, su contemplación directa supera todo lo previsible. No en balde está considerada como uno de los paisajes más impresionantes del mundo. Navegamos en una motora por los vericuetos de los verdes peñascos que emergen por doquier en la bahía y quedamos extasiados. En otro sentido, también nos impresiona la ciudad de Haiphong, justamente considerada como el puerto más bombardeado del mundo. En este recorrido nos hace de guía el periodista Le Qung Son, miembro del PCV. Le preguntamos si las reformas económicas no harán perder a su país el carácter socialista. Nos asegura que no, basándose en citas de los clásicos del marxismo sobre la necesidad del mercado en la etapa socialista. Pero este puede ser otro tema para otro artículo sobre el Vietnam actual.