José María Laso Prieto

Un excepcional trabajo sobre Wenceslao Roces

Introducción a Benjamín Rivaya, «Comunismo y compromiso intelectual: Wenceslao Roces» en Papeles de la FIM, nº 14. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas, 2000 (pp. 149-187) [la bibliografía completa fue publicada en el nº 15 de la misma revista].

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Desde que, en la década del cincuenta, tuve la ocasión de conocer la traducción que Wenceslao Roces realizó de «El Capital» de Carlos Marx, he venido siguiendo con atención la vida y obra del profesor Roces. Así he podido saborear las magnificas traducciones que el profesor asturiano realizó no sólo de los clásicos del marxismo, sino también de las principales figuras de la filosofía clásica alemana y de varios filósofos y científicos contemporáneos. Igualmente he conocido muchos de los artículos, ponencias, discursos etc., de Wenceslao Roces, sobre temas políticos, de teoría marxista e, incluso, de Derecho Romano, elaborados utilizando la metodología del materialismo histórico. También he tenido ocasión de conocer múltiples trabajos acerca de la vida y obra del profesor Wenceslao Roces. Incluidos los que se leyeron en el homenaje que le rendimos en Oviedo el 2 de febrero de 1993. Sin embargo, debemos reconocer que el trabajo del profesor Benjamín Rivaya, titulado «Comunismo y compromiso intelectual: Wenceslao Roces.(en el centenario de su nacimiento)», es con mucho el mejor de los publicados hasta ahora. Basta con leer su índice –que aparece al comienzo del trabajo– para comprender que se trata de un profundo trabajo de investigación en el que el profesor Rivaya ha abarcado, con rigor y precisión, todas las facetas de la vida y obra del que en su día fue brillante catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Salamanca. Lo exhaustivo de la bibliografía utilizada, demuestra que Benjamín Rivaya no ha descuidado ninguna de las eventuales fuentes que sobre el tema se le presentaron. No obstante, el profesor Rivaya ha complementado las fuentes escritas con la utilización del testimonio oral. A pesar de los inconvenientes de la distancia, ha tenido amplias conversaciones –sobre Wenceslao Roces–, con el filósofo marxista Adolfo Sánchez Vázquez, los familiares de Roces, y otras personas que conocieron la vida y obra del prestigioso traductor de «El Capital». En definitiva, me siento orgulloso de que haya sido por mi mediación que este excelente trabajo de Benjamín Rivaya tenga la oportunidad de publicarse en una revista de la calidad teórica que tiene «Papeles de la FIM».

Mi propia opinión acerca de Wenceslao Roces, quedó sintetizada en el artículo «Wenceslao Roces: un intelectual comunista» que publiqué en la revista «Mundo Obrero» (Marzo de 1993) y que, por detallar el homenaje realizado en Oviedo, conviene tener en cuenta. Decíamos. «El 2 de febrero se ha celebrado en el Club de Prensa Asturiana de Oviedo, organizado por la Fundación Isidoro Acevedo –equivalente en Asturias a la Fundación de Investigaciones Marxistas– un homenaje público al intelectual comunista Wenceslao Roces En el acto participaron, los filósofos Adolfo Sánchez Vázquez y Gustavo Bueno, el ex-comisario político y escritor Santiago Álvarez, el novelista mexicano Arturo Azuela, el historiador Francisco Erice, y el autor de esta reseña.

Entre el amplio público asistente, estaban representados los sectores más significativos de la actividad cultural en Asturias. Los integrantes de la Mesa-Homenaje desarrollaron diversos aspectos de la vida y obra de tan ejemplar comunista. Todos coincidieron en considerarle como uno de los más destacados asturianos del siglo XX y un ejemplo elocuente de coherencia intelectual y política. El público supo apreciar, y premiar, con numerosos aplausos, tanto la profundidad y el rigor de las intervenciones de los filósofos Gustavo Bueno y Adolfo Sánchez Vázquez, como la brillantez literaria de la intervención de Arturo Azuela. También se valoró la amplitud del conocimiento de la personalidad de Wenceslao Roces que había alcanzado Santiago Álvarez, en momentos críticos de la guerra civil española y del exilio, y las precisiones históricas aportadas por Francisco Erice y José María Laso.

Como la Fundación Isidoro Acevedo, en colaboración con la Fundación de Investigaciones Marxistas, tiene el proyecto de editar un libro en el que se recoja en su integridad el homenaje realizado en Asturias a Wenceslao Roces, vamos a centrarnos en valorar la figura humana y la actuación política y profesional, de tan consecuente comunista. Nacido en Sobrescobio(Asturias) en 1897 y brillante estudiante en la Universidad de Oviedo –donde obtuvo el premio extraordinario de licenciatura– se doctoró en la Universidad de Madrid y amplió estudios en Alemania. Desde 1923 se dedicó a su cátedra de Derecho Romano de Salamanca, obteniendo un gran prestigio profesional por su magistral traducción de “Las Instituciones de Derecho Privado Romano” de Rodolfo Sohm. Y es poco después, al abrirse un brillante porvenir, como docente e investigador, cuando Wenceslao Roces lo sacrifica todo en función de un imperativo ético: la lucha contra la injusticia. La acometida contra su colega Miguel de Unamuno, sancionado con el destierro por su rechazo de la dictadura del general Primo de Rivera. Cuando sus compañeros abandonan a Unamuno, temerosos de perder sus cátedras, el profesor Roces no sólo se solidariza con él sino que le acompaña a Madrid y pasa en su compañía la “noche triste” de la víspera del destierro. Como consecuencia, es destituido de su cátedra y no la recobra hasta la proclamación de la República. A partir de ese momento, y sin abandonar sus actividades intelectuales, se dedica plenamente a la lucha política emancipatoria.

En 1930 funda y dirige la Editorial Cenit, haciendo de ella la pionera de la publicación de textos de los clásicos del marxismo y de la novelística revolucionaria de la época. Todo ello va concienciando políticamente a Wenceslao Roces y, coherentemente, ingresa en el Partido Comunista de España, donde continuó militando hasta su fallecimiento el 29 de Marzo de 1992. Durante décadas, fue también miembro del Comité Central del PCE. En 1934, como consecuencia la insurrección asturiana de Octubre, se vio obligado a un primer exilio. Se dirige a la URSS donde, durante sus dos años de permanencia, logra dominar la lengua rusa, que luego utilizará eficazmente en sus traducciones. Regresó a España al triunfar electoralmente el Frente Popular. Con el inicio de la guerra civil, pasó a desempeñar tareas gubernamentales. Así, en Septiembre de 1936, fue nombrado Subsecretario del Ministerio de instrucción Pública en el Gobierno que presidía Largo Caballero. De hecho lleva el Ministerio, ya que el Ministro –Jesús Hernández– se dedicó, básicamente, a las tareas de dirección del PCE durante la guerra. La apertura de la enseñanza Media y Superior a los trabajadores, la campaña de alfabetización en el Ejército Popular, la cartilla del miliciano, la difusión activa del arte y la cultura en los medios populares, etc. fueron algunas de las realizaciones del profesor asturiano en el desempeño de su cargo». En todo lo demás, le cedemos la palabra a Benjamín Rivaya.