La
aportación italiana
Con la perspectiva histórica que proporcionan los años
transcurridos, estamos en mejores condiciones de valorar
la transcendencia que para el movimiento obrero internacional
ha supuesto la aportación italiana. Aportación que conjunta
en síntesis fecunda movimientos de masas como los Consejos
Obreros de Turín, los arditi del popolo y la resistencia
antifascista, con las elaboraciones teóricas de tres pensadores
marxistas de la magnitud de Labriola, Gramsci y Togliatti.
Salvadas las naturales distancias históricas, el fenómeno
recuerda la fecundidad del Renacimiento italiano que,
en feliz síntesis expresiva de Engels, «... fue una época
que requería titanes y que engendró titanes por la fuerza
del pensamiento, por la pasión y el carácter, por la universalidad
y la erudición». No obstante la fecundidad de las aportaciones
de Labriola y Gramsci, hoy vamos a centrarnos en el pensamiento
de Togliatti y, más particularmente, en su concepto de
«partido nuevo». Y no por un afán de erudición histórica,
sino porque se trata de un concepto que sigue vigente
y puede ser muy operativo para los partidos eurocomunistas
en el plano teórico, así pudimos comprobarlo en el reciente
Congreso Internacional sobre «Vías democráticas al socialismo»
-organizado por la FIM- tanto en la ponencia del dirigente
del PCI Aldo Tortorella como en el coloquio.
Como es sabido, el PCI fue fundado el 21-1-1921, en el
Congreso de Livorno, por un núcleo de militantes socialistas
dirigidos por Gramsci, Togliatti y Bordiga. Los dos primeros
provenían del grupo editor de L'Ordine Nuovo
que pasó pronto de una fase de revista cultural socialista
a la de foro, e instrumento de elaboración, de los Consejos
de Fábrica de Turín. Es decir, del sector más avanzado
del movimiento obrero italiano y en el que mejor se había
realizado la fusión entre intelectuales y trabajadores.
Bordiga, por el contrario, se caracterizó por una actitud
«izquierdista» y ultrasectaria que acabó alejándole definitivamente
del PCI.
Con la implantación del fascismo, Togliatti pasa a ser
un activo dirigente clandestino y, tras el Congreso de
Lyon (1926), en el que son derrotadas las posiciones de
Bordiga, es designado representante del PCI en la sede
moscovita de la III Internacional. Interviene en el VI
y VII plenos de su Comité Ejecutivo y es elegido miembro
del Secretariado. Se inicia así la fase internacional
de la vida política de Togliatti que poco después -con
la detención de Gramsci- tiene que simultanear con la
dirección del PCI. Desencadenada la II Guerra Mundial,
Togliatti se reintegra a Moscú para reanudar su labor
en el Secretariado de la Internacional Comunista.
Tras la caída del fascismo, a la que Togliatti ha contribuido
con el conjunto de su actividad política, se produce el
regreso al país del Secretario General del PCI. A partir
de marzo de 1944, y con su característico dinamismo, Togliatti
se esfuerza por crear un amplio frente unitario que refuerce
la combatividad de la resistencia en las regiones ocupadas
por los nazis. Se crean así las condiciones para la formación
de un Gobierno antifascista unitario en el que participa
junto a Badoglio, Croce y Sforza. En junio de 1944, Togliatti
funda la revista Rinascita y en sus columnas
expone su concepto de Partido Nuevo. Concibe a
éste como un partido popular y de masas, nacional e internacionalista,
que nace bajo el impulso de la victoriosa resistencia
contra el fascismo.
Sus
antecedentes históricos
Ahora bien, el concepto de «Partido Nuevo» no nace como
producto de una aguda intuición política o de una especulación
intelectual. Además de surgir de las exigencias de la
práctica política y social, tiene antecedentes históricos
que no deben soslayarse. En ese sentido es obligada la
referencia al concepto de «partido de nuevo tipo» en el
pensamiento de Lenin. Ya en 1902, en su célebre trabajo
¿Qué hacer?, Lenin desarrolla las premisas organizativas
para un partido de la clase obrera en las condiciones
de la Rusia zarista. En la tarea que asume, para proporcionarle
cohesión ideológica y orgánica, Lenin tiene en cuenta
dos facetas del problema: 1) La inoperatividad revolucionaria
de los partidos socialdemócratas, atribuible no sólo a
sus formas amorfas de organización sino también a que,
al limitarse a la actividad parlamentaria, no dirigían
todas las formas y manifestaciones de la lucha de clases
del proletariado. Era este tipo tradicional de partido
el que había que superar. 2) Las duras condiciones de
clandestinidad que a las organizaciones obreras impone
en Rusia la autocracia zarista. De ahí la necesidad de
constituir un nuevo tipo de partido que «dirigido por
una teoría de vanguardia pueda cumplir la misión de combatiente
de vanguardia». Se trataría de un partido combativo y
centralizado que en su estructura y composición constase
de dos partes: a) un círculo reducido de militantes que
formasen los cuadros de dirección fijos y en el cual debían
entrar, fundamentalmente, revolucionarios profesionales.
b) una extensa red de organizaciones periféricas del Partido
que asegurase los necesarios nexos con las masas.
En 1904 Lenin precisa todavía más su concepto de partido
de nuevo tipo, al definirlo como «la más alta forma de
organización de la clase obrera» y «el destacamento de
vanguardia organizado del proletariado». Considera también
que para asegurar la eficacia de tal partido, en la dirección
de las masas, debe organizarse sobre la base del centralismo,
con unos estatutos únicos, una disciplina igual para todos,
y con un sólo órgano de dirección a la cabeza. Teniendo
en cuenta las condiciones de ilegalidad, las organizaciones
del partido no podrían estructurarse sobre los principios
de la elegibilidad y debían tener un carácter conspirativo.
Empero Lenin consideraba que cuando el Partido fuese legal,
sus organizaciones se estructuraran sobre la base del
centralismo democrático. Este tipo de partido demostró
su operatividad en el proceso histórico que culminó con
la Revolución de Octubre, confirmando la previsión de
Lenin cuando aseguró: «Dadnos una organización de revolucionarios
y removeremos a Rusia en sus cimientos!». Sin embargo,
el problema surge cuando se trata de exportarlo a condiciones
muy distintas de las que reinaban en el imperio zarista.
Así, por ejemplo, en las condiciones de ingreso a la Internacional
Comunista se exigía «... En la época actual de una aguda
guerra civil, el Partido Comunista sólo podrá cumplir
con su deber si se halla organizado del modo más centralizado,
si reina dentro de él una disciplina férrea, rayana en
la disciplina militar, y si el centro del Partido es un
órgano de autoridad dotado de plenos y amplios poderes
y que goce de la confianza general de los militantes del
Partido». Es obvio que a este texto le es aplicable la
autocrítica de Lenin, cuando se lamentaba de «la impronta
excesivamente rusa» que se había dado a la Internacional
Comunista.
El
viraje de Salerno
También en Italia fue muy operativo este tipo de partido
leninista, tanto en la lucha clandestina contra el fascismo
como en la organización de la lucha armada para liberarse
de la ocupación alemana. El peso de la lucha lo llevaron
las brigadas «Garibaldi», organizadas por el PCI, y su
acción fue también decisiva en la insurrección nacional
antes que se produjesen estos frutos, se fue enriqueciendo
en ese país la concepción leninista del partido. En marzo
de 1944, con el denominado «viraje de Salerno», inspirado
por Togliatti, no se pretendió sólo un compromiso, para
superar el problema institucional, sino la afirmación
de une nueva unidad nacional en la que la clase obrera
y sus partidos, estableciendo una colaboración con todas
las fuerzas democráticas, asumieran la función de protagonistas.
De ahí que, ya entonces, Togliatti preconizase adecuar
a esta tarea el
mismo Partido de vanguardia de la clase obrera, aumentar
a sus filas y ligarlo a todos los sectores de la población
trabajadora. Aunque algunos de estos elementos se hallaban
ya implícitos en la concepción del partido elaborada por
Marx y Lenin, resultaban no obstante nuevos para una organización
como el PCI, forzada durante dos décadas a actuar en el
marco cerrado de los pequeños grupos clandestinos y que
sólo había podido aparecer públicamente en los últimos
años, y con las armas en la mano, en la Resistencia y
la guerra de partisanos.
Por otra parte, cuando en 1944 inicia Togliatti la elaboración
de su concepto de «Partido Nuevo», no se podía contar
todavía con la profunda y enriquecedora reflexión que
acerca del partido realizó Gramsci en prisión. No fue
hasta 1947 cuando se pudo iniciar la publicación de sus
Cuadernos de Cárcel y ello no dejó de constituir
una gran audacia de Togliatti, si la situamos en el marco
del marxismo esclerotizado de la época. En consecuencia,
es más de valorar que ya en junio de 1944 -en su artículo
«Qué debe ser el Partido Comunista»- aparezca en germen
la idea del «partido nuevo», como la organización necesaria
para hacer de vanguardia en la lucha del pueblo italiano
por la liberación nacional. Según Togliatti, «... para
lograrlo debe antes que nada tener una fisonomía particular,
que permita que se le reconozca entre todos los demás
y le abra el ánimo de las masas, haciéndoles ver que es
la guía que les hace falta». Se trata todavía sólo de
una breve enunciación de un propósito de profundizar en
una nueva definición del partido -impuesta por las nuevas
tareas que tiene que afrontar el PCI- y que Togliatti
irá realizando en sucesivos trabajos.
Qué
es el «Partido Nuevo»
Un
hito importante en esa dirección; la constituyó el trabajo
de Togliatti «Qué es el "Partido Nuevo"» -Rinascita,
octubre 1944- en el que ya desarrolla en forma sistemática
su concepto. Comienza por precisar que, en lo esencial,
el partido nuevo es un partido de la clase obrera y del
pueblo, que ya no se limita únicamente a la actitud positiva
y constructiva, la cual comenzando desde la célula de
la fábrica y de la aldea, debe llegar hasta el Comité
Central y hasta los hombres en que se ha delegado para
que representen a la clase obrera y al partido en el Gobierno.
Y concreta: «Es claro, por consiguiente, que cuando
hablamos de partido nuevo entendemos un partido que sea
capaz de traducir en su política, en su organización y
en su actividad cotidiana, ese profundo cambio que ha
acontecido en la posición de la clase obrera respecto
a los problemas de la vida nacional. La clase obrera,
habiendo abandonado la actitud de mera oposición y crítica
que mantuvo en el pasado, quiere asumir hoy, junto a las
otras fuerzas consecuentemente democráticas, una función
dirigente en la lucha por la liberación del país y para
la construcción del régimen democrático».
Este tránsito de una concepción del partido conspirativa
y testimonial -necesaria en la larga etapa de clandestinidad-
a la de un partido de combate y de gobierno, tiene también
consecuencias organizativas. Togliatti considera que ese
nuevo partido debe ser «...un partido nacional italiano,
es decir, un partido que plantee y resuelva el problema
de la emancipación de los trabajadores en el cuadro de
nuestra vida y libertad nacionales, haciendo suyas todas
las tradiciones progresistas de la nación». En consecuencia,
partido nuevo es el partido capaz de traducir en actos
esta nueva posición de la clase obrera, que se ha visto
obligada a asumir las funciones de defensora de la causa
nacional frente a una clase dominante que no sólo ha conducido
al país a la catástrofe sino que lo ha traicionado colaborando
con el invasor alemán. Con ello se confirmaba la previsión
de Gramsci al advertir -ante el tribunal fascista que
lo «juzgaba»-: «Vosotros llevaréis Italia a la ruina,
¡y a nosotros nos corresponderá salvarla!».
Sin embargo, es un discurso pronunciado en Florencia el
3 de octubre de 1944, y publicado en L´Unitá bajo
el titulo de «Las tareas de un partido en la situación
actual», donde Togliatti concreta más su concepción del
«partido nuevo». Y lo hace subrayando primero la relevancia
de la tarea: «Nosotros, comunistas italianos, somos
los primeros, entre los comunistas de Europa Occidental,
que nos encontramos frente a la nueva y grave tarea de
crear un partido comunista en condiciones completamente
nuevas y diferentes. Por tanto, camaradas, no se trata
solamente del paso de la clandestinidad a la legalidad
aunque ésta sea una tarea difícil». Togliatti consideraba
que, por difícil e importante que fuese ese paso, se podía
resolver pues era un problema práctico-técnico. Empero,
a su juicio, la cuestión era mucho más profunda: no sólo
en Italia, sino en toda Europa, a la caída del fascismo,
la clase obrera se encontraría sola frente a tareas inéditas.
Y para que se comprendiese mejor la diferencia, Togliatti
recordó lo que el Partido había sido no sólo en la clandestinidad
sino en la legalidad. En síntesis, en la etapa de legalidad,
anterior a la implantación del fascismo, el partido era
fundamentalmente una asociación propagandística que contaba
poco en el ámbito del Estado y que esencialmente desarrollaba
una actividad de crítica y oposición. incluso había en
el partido quienes consideraban que constituía un error
formar parte del Parlamento, aunque fuera en la oposición,
así como participar en los Ayuntamientos y realizar un
trabajo de administración junto a los otros partidos populares.
Las
nuevas tareas históricas
Por consiguiente, Togliatti se plantea, ¿Podemos hoy continuar
en esta posición? Este es el problema fundamental, ya
que si el partido se limitase a una actividad de este
género no estaría a la altura de las tareas que la historia
planteaba a la clase obrera. Y esas tareas no se derivaban
sólo de que Italia se encontrase todavía parcialmente
ocupada por los alemanes y bajo la tiranía fascista, sino
también del fracaso histórico de las clases dominantes
que habían conducido al país a esa catástrofe. Y la única
forma de evitar que esa situación se volviese a repetir
era llevar a cabo una profunda renovación de la vida de
la nación. De ello deducía Togliatti que el partido no
podía ser ya sólo una asociación de propagandistas de
los ideales del comunismo, de una sociedad socialista.
Aunque esta propaganda siguiese siendo necesaria; consideraba
que Italia se encontraba ante un problema mucho más vasto:
la necesidad de una profunda transformación de la vida
política, que hiciese que grupos sociales y políticos
nuevos se pusieran a la cabeza de la tarea de reconstrucción
y renacimiento de la nación. Según Togliatti, esta tarea
de reconstrucción y renacimiento de la nación afectaba
al PCI en tres importantes aspectos:
1)
El carácter
especial, nacional, que adquiría el partido.
2)
La posibilidad
de participar en el Gobierno y su significado.
3)
El carácter
de masas y popular que debía tener el PCI.
I. Carácter nacional del Partido:
Si se parte del hecho histórico de que fueron las clases
dominantes las responsables de la catástrofe nacional
y la ocupación extranjera, mientras que han sido las brigadas
garibaldinas -constituidas por obreros, campesinos e intelectuales-
las que han salvado el honor de la patria, fácilmente
se deduce que ha habido un cambio respecto a la época
en que las viejas clases reaccionarias pretendían ser
las depositarias de la idea de nación Y este cambio, producido
en el problema nacional, determina en Italia una situación
política nueva en la cual la clase obrera reivindicará
el derecho a ser la fuerza dirigente en defensa de los
intereses de todo el pueblo. Y Togliatti precisa: «De
esto debemos saber extraer todas las consecuencias políticas
y organizativas: nosotros, junto a los otros partidos
de vanguardia, formaremos la fuerza que ha de conducir
a la nación entera a la verdadera reconstrucción del país».
II. El significado de la participación del PCI en el gobierno:
Se trataba no sólo de participar en el gobierno de las
zonas liberadas. y de las que sucesivamente se librasen
de la ocupación alemana, sino de participar también en
funciones gubernamentales para reconstruir y renovar el
país. Ello requería un programa que Togliatti desarrolla
en su discurso, y que en síntesis sería:
-Liberar a los hermanos del norte y destruir los residuos
del fascismo.
-Crear los primeros elementos de un régimen democrático
a desarrollar.
-Que todos los problemas populares inmediatos se resuelvan
con un criterio de solidaridad nacional, y según el interés
de la mayoría de los trabajadores.
Según Togliatti, es para luchar por la realización de
este programa que el PCI participa en las tareas gubernamentales.
III. El carácter popular y de masas del Partido:
Debe rebasarse el carácter de asociación propagandística
del Partido, transformándolo en una organización que sea
capaz de proporcionar una respuesta a todos los problemas
que se presentan en la vida de la nación. Ello significa
que el Partido debe ligarse con la masa del pueblo y con
la clase obrera, con los campesinos, con los profesionales,
con los intelectuales, posibilitando así que sus soluciones
lleguen a todas partes a la vez que se trabaja concretamente
para su realización. Esta es la razón por la que Togliatti
consideraba que el PCI debía convertirse en un gran partido
de masas y por lo que se dirige a los militantes que tienden
a mantener el criterio tradicional de «pocos pero buenos»,
diciéndoles: «Os equivocáis. Seréis un grupo dirigente
en la medida que seáis capaces de convertir a nuestro
Partido en un gran Partido de masas, en una gran organización
que tenga en sus filas a todos los elementos que sean
necesarios para establecer contacto con, todas las categorías
del pueblo italiano y para dirigirlas hacia los objetivos
que nos proponemos alcanzar».
A su vez, en la tarea de renovación del Partido, Togliatti
trata de equilibrar democracia interna con cohesión y
disciplina de Partido, al señalar: «El llamamiento
a la democracia interna y la lucha por liquidar sus limitaciones
artificiales es, por tanto, una apelación a una mayor
eficacia política, a una mayor actividad continua del
mayor número de camaradas y, por tanto, al mejor cumplimiento
de todas nuestras tareas. Por eso tiene tal importancia
la acción para renovarnos. Descártense las escorias que
aquí y allá, por obra de camaradas menos expertos, han
salido a la luz y que sólo pueden ser un obstáculo para
la acción renovadora. Así considero yo ciertas posiciones
que se introducen como de contrabando cuando se debaten
las cuestiones de nuestra vida interna y de la circulación
de las ideas en nuestras filas. Tal es, antes que nada,
el fraccionalismo, la violación de los principios disciplinarios
y de esa unidad del Partido que es la base de su fuerza,
y que se mantiene respetando las normas del centralismo
democrático tal como lo definen nuestros estatutos. De
esta naturaleza es el llamamiento para que en nuestro
Partido se organicen tendencias, cosa que no favorecería,
sino que obstaculizaría la circulación de las ideas y
reduciría la vida democrática a formas inadmisibles de
parlamentarismo defectuoso»[i].
Si son relevantes las aportaciones de Togliatti, a la
teoría del policentrismo del movimiento comunista internacional,
y a la tesis del carácter indisociable de los conceptos
de democracia y socialismo, no lo es menos
su concepción del «Partido Nuevo». Aplicándola, el PCI
alcanzó en pocos años la cifra de 2.200.000 militantes
y un peso considerable en las instituciones políticas
y sociales del país.