José María Laso Prieto

«La religión y la lucha de clases en el Iran»

 

Revista Nuestra Bandera (Revista teórica y política del PCE) nº 122. (pág. 58-61),
Enero-Febrero 1984; Madrid

Texto preparado para su edición electrónica por Carlos Glz. Penalva


Portada del Nº 122 de la Revista Teórica y Política del partido COmunista de EspañaUno de los acontecimientos históricos menos conocido y comprendido en España es el de la revolución iraní actualmente en curso. A ello no sólo ha contribuido la lejanía geográfico-cultural, sino también algunos de los rasgos específicos que caracterizan a una revolución social realizada bajo formas islámicas. De hecho, el desconocimiento es anterior al actual proceso revolucionario. Si se exceptúa la etapa del doctor Mossadeq en que el Irán pasó a un primer plano de la actualidad por el conflicto que originó la nacionalización de sus yacimientos petrolíferos — , los medios de comunicación españoles dedicaron más atención a la vida fastuosa del Sha que a la realidad económica, social y política del país. En consecuencia pudo sorprender, a muchos españoles, la combatividad que las masas iraníes demostraron en el proceso de derrocamiento del Sha que culminó en febrero de 1979. También. la violencia que se desencadenó contra los que habían pertenecido al aparato represor de Reza Pahlevi. No obstante, ese odio es perfectamente explicable si se tiene en cuenta la magnitud de la represión que se desencadenó en Irán, a partir del golpe militar que organizado por la CIA puso fin en 1953 al Gobierno nacionalista del doctor Mossadeq. La sintetiza muy bien el poeta Reza Baraheni, al precisar que durante los últimos veintitrés años, millares de hombres y mujeres han sido ejecutados después de un juicio sumarísimo. Se calcula que 300.000 personas han entrado y salido de la cárcel durante los últimos diecinueve años de la SAVAK (temible Policía secreta del Sha); se arresta mensualmente un promedio de 1.500 personas. El 5 de junio de 1963, soldados del Ejército iraní y de la SAVAK, entrenados por los norteamericanos contra sublevaciones, mataron a más de 6.000 personas. Según el Annual Report 1974-75, de Amnistía Internacional, el número de presos políticos oscila entre 25.000 y 100.000. En el prólogo a tal informe, Martín Ennals decía: "El Sha mantiene su imagen benévola a pesar del índice de pena capital más alto del mundo, de un sistema nulo de Tribunales civiles y de una historia de torturas que supera lo imaginable" [1] . Por ello, la matanza de centenares — probablemente superan las dos mil víctimas — de pacíficos manifestantes en Quom, Tabriz, Shiraz, Isfahán, etc., llevada a cabo en la fase final del régimen imperial por ese aparato represivo, no sólo explica el deterioro definitivo de tal imagen, sino también la tempestad de odios que después se suscitó.
Las formas religiosas que han revestido la revolución, iraní han contribuido a crear en España un gran confusionismo sobre el desarrollo de dicha revolución. Se ha tendido a simplificar su contenido, introduciendo en el mismo saco — para emplear una expresión coloquial — a los sectores progresistas y a los integristas de los que aceptan la dirección del imán Jomeini. Incluso el término ayatollah ha adquirido en España un sentido peyorativo y se utiliza como arma arrojadiza en las contiendas políticas. Desconociendo, por supuesto, que Jomeini ha pasado de la condición de ayatollah a la de imán. Sin duda, a ello ha contribuido la espectacularidad que ha revestido la aplicación de algunas concepciones del sector más integrista, de los musulmanes chiitas, radicalmente discriminatorias y vejatorias para la mujer.
 
Lucha de clases bajo banderas religiosas
 
Sólo quien mantenga una concepción dogmática o simplista del marxismo puede considerar que es automáticamente reaccionaria toda lucha política librada bajo formas religiosas. Tan esquemática visión desconoce que, al valorar críticamente el fenómeno religioso Marx y Engels distinguían su doble componente: 1) El de su utilización como estupefaciente, si se preconizaba el conformismo social y la mera evasión hacia un futuro paraíso celeste. 2) su carácter de reflejo del sufrimiento real ante la injusticia social — "de suspiro de la criatura oprimida"- — que puede constituir un poderoso estímulo en la lucha por el progreso social [2] . Desde una perspectiva histórica concreta, Engels valoró, en "Las guerras campesinas en Alemania", la lucha de clases librada bajo banderas religiosas: "A pesar de las experiencias de fecha reciente, la ideología alemana no quiere ver en las luchas que dieron al traste con la Edad Media sino una vehemente disputa teológica. Según nuestros sabios de cátedra, aquellas gentes no habrían reñido por las cosas de este mundo si se hubiesen podido poner de acuerdo sobre las cosas celestiales. Estos ideólogos son bastante crédulos para tomar como buena moneda todas las ilusiones que una época tiene sobre sí misma (...). También en las llamadas guerras religiosas del siglo XVI se trataba, sobre todo, de intereses materiales y de clase muy positivos y estas guerras fueron luchas de clases, lo mismo que más tarde los conflictos interiores de Inglaterra y Francia. El hecho de que estas luchas de clases se realizaran bajo el signo religioso, que los intereses, necesidad y reivindicaciones de las diferentes clases se ocultasen bajo capa religiosa, no cambia en nada su fundamento y se explica fácilmente teniendo en cuenta las circunstancias de la época" [3] .
 

Podría creerse que, con el desarrollo de las ideologías de base científica, no habría posibilidad de nuevas luchas de clases libradas bajo banderas religiosas. Sin embargo, los acontecimientos de Centroamérica —donde una variante del cristianismo está desempeñando una función progresista — y del Irán demuestran que verdaderos fenómenos revolucionarios tienen lugar hoy bajo banderas religiosas. Y es que las formas de una revolución no dependen sólo de su época — en la cronología mundial impuesta por el capitalismo —, sino también de las condiciones sociales imperantes. De esa opinión es Ehsan Tabarj, dirigente del Partido Popular (Tudeh) del Irán, al precisar que "en nuestra época, la ideología religiosa tiene todavía mucha fuerza en Oriente. Una parte del clero alto y medio, a la que no le son indiferentes los destinos del pueblo, participa activamente en la lucha social. Argumenta que, en el pasado, los profetas y jefes religiosos no defendieron los intereses de los faraones, emperadores y reyes, sino que siempre combatieron a los opresores... La experiencia atestigua que, en los países en que la religión es la ideología fundamental, compartida por las masas, la lucha social y de. liberación nacional puede revestir una forma religiosa (...). De hecho, en ciertos países la religión sirve de fundamento ideológico para la lucha de clases y aparece, en algunos casos, como cosmovisión de las fuerzas revolucionarias. No se puede negar que el Islam ha contribuido al desarrollo de un movimiento de masas de millones de creyentes que luchan por librarse del despotismo y de la prepotencia extranjera. Somos testigos del eficaz papel que las fuerzas religiosas juegan en la revolución iraní, así como en los sucesos de la mezquita de Al-Aksa, en la Palestina ocupada, etc. El contenido del desarrollo histórico se ha manifestado así en forma religiosa. Para los marxistas es muy natural que la evolución emancipadora adopte distintas formas en dependencia de las condiciones de tiempo y lugar" [4] .

Empero, por el doble componente ideológico de la religión, Tabari reconoce que no todo transcurre lisa y llanamente: "... la propia ideología religiosa es fuente de muchos problemas. Así, en el período de más encarnizada lucha política, el problema del hedjab (manto cuyo uso es impuesto a las mujeres por el Islam) se convierte en una cuestión fundamental. Con el pretexto de combatir la ideología 'herética', se intenta dirigir las acciones no contra el imperialismo y el capitalismo, sino contra los partidos progresistas y los países socialistas". Es éste un costo que debe pagarse por el hecho de que la principal particularidad de la revolución iraní radica en la función de la ideología islámica. Así, la encarnizada lucha de clases que ha tenido lugar en el seno del movimiento revolucionario iraní se ha presentado como el enfrentamiento entre distintas interpretaciones del Islam. Según tales interpretaciones, se enjuician de forma distinta las principales categorías sociales, como la propiedad, la explotación, la esencia clasista del Estado, etc. La interpretación reaccionaria del Islam, citando los dogmas de su religión, no reconoce límites a la propiedad. Empero, los líderes religiosos progresistas sostienen que la propiedad, producto de la rapiña de los grandes terratenientes y capitalistas, así como la codicia y la usura, están en pugna con el Islam y deben ser eliminadas. En la primera fase de la revolución, Jomeini defendió los intereses de las masas trabajadoras y de los desheredados, basándose en que éstos son los "herederos de Dios en la tierra" y que por ello debe ser suya la revolución y el poder islámico.

 
Crisis de la revolución iraní
 
Durante los dos primeros años de la revolución (1979-81), los seguidores de la línea política de Jomeini, con el apoyo popular consiguieron:
 
  • Retirada del Irán del tratado militar SENTO (dependiente de la OTAN) y adhesión al grupo de países no alineados. Expulsión de más de 50.000 consejeros norteamericanos y británicos incrustados en el Ejército.
  • Nacionalización de la Banca privada, sociedades de seguros y grandes empresas.
  • La promulgación de una Constitución que garantiza la independencia político-económica del país, la devolución a las masas populares de las riquezas expoliadas, la limitación de la esfera de actividad y de las ganancias de las empresas capitalistas, la aplicación de la reforma agraria orientada a liquidar la propiedad latifundista en beneficio de los campesinos sin tierra y de los propietarios de pequeñas parcelas, la libertad de los partidos políticos, etcétera.
Para llegar a este resultado hubo que frustrar los sucesivos complots de Banisadr y Ghotbzadeh — representantes de algunos sectores de la "burguesía intermediaria con el imperialismo" que habían luchado contra el Sha — , que apoyados por la CIA trataban de desviar el curso de la revolución." En apoyo de la línea revolucionaria de Jomeini, contra los sucesivos complots reaccionarios, se distinguió el Partido Popular del Irán (Tudeh), basado en los principios del socialismo científico. Este partido de los comunistas iraníes es la fuerza revolucionaria más antigua del país y sufrió tan feroz represión que cuenta entre sus militantes miles de fusilados y más de 10.000 años de cárcel. Por el contrario, las organizaciones "izquierdistas", incluida la de los Mujaheddines del Pueblo, han beneficiado objetivamente a la contrarrevolución con su aventurerismo. Se equivocaron seriamente al apreciar la esencia de la revolución iraní y el carácter de sus fuerzas motrices. Al exagerar la importancia de las contradicciones secundarias en el seno de las fuerzas populares, cayeron en el sectarismo antirreligioso. Mas grave todavía fue la adopción del terrorismo como medio fundamental de lucha, a pesar de que la experiencia histórica demuestra que éste sólo beneficia a la reacción. Y así ha sido, no sólo por las consecuencias, sino también por los resultados concretos. Mientras no han sufrido atentados los elementos reaccionarios islámicos que se oponen a la línea de Jomeini, han sido aniquilados, en espectaculares acciones terroristas, los principales dirigentes islámicos impulsores de la revolución en un sentido popular y antiimperialista.
 
Otro factor que ha contribuido a la crisis de la revolución es la absurda guerra irano-iraquí. Por ello, el Partido Tudeh, que participó en la defensa de la patria revolucionaria frente a la agresión iraquí, se opuso a convertirla en una guerra de expansión cuando se recobraron los territorios perdidos. De hecho, esta guerra ha debilitado gravemente al frente antiimperialista y antisionista en la región y a la propia revolución iraní. Y no es sorprendente, ya que las pérdidas por cada beligerante ascienden a decenas de miles de muertos y heridos y los daños a varios miles de millones de dólares. Casi dos millones de refugiados iraníes se hallan en situación paupérrima. Ello ha contribuido a engendrar un nacionalismo chauvinista que constituye también un buen caldo de cultivo para los elementos contrarrevolucionarios. Además, las medidas adoptadas para frustrar los complots anti-Jomeini rebasaron el marco de lo necesario. Por presión de los sectores fascistizantes islámicos, las medidas coercitivas afectaron también a parte considerable de los verdaderos revolucionarios. Y entre ellos, muy injustamente, ya que su línea revolucionaria consecuente no ofrece dudas, al Partido Tudeh y a la organización Fedayines del Pueblo (mayoritaria).
 
En definitiva, la contraposición de intereses en un movimiento revolucionario muy heterogéneo social e ideológicamente, la acción desestabilizadora constante del imperialismo, el chauvinismo desencadenado por la guerra contra el Irak, la reacción previsible contra el aventurerismo y el terrorismo "izquierdista", han generado una grave crisis de la revolución iraní en el momento en que se debía profundizar en las conquistas programadas por la Constitución. De los dirigentes jomeinistas, sólo han sobrevivido al terrorismo los de carácter débil y carentes de formación económico-política. Ello ha facilitado que la mafia política, denominada Hojatie, se esté haciendo con el control del aparato estatal, para así desviar, la revolución en un sentido antipopular y proimperialista. Así, no puede sorprender la feroz represión que, desde febrero de 1983, se ha iniciado contra el Partido Tudeh. Tal Partido Popular merece la solidaridad de todos los que, desde genuinas posiciones de izquierda, comprendemos que no son exportables los modelos de desarrollo social y que cada revolución debe tener sus rasgos específicos propios.


[1] Reza Baraheni, "Persia sin máscara (El Irán actual y la represión)". Editorial Argos-Vergara. Barcelona, 1978. Págs. 13 y 14

[2] Marx y Engels, "Sobre la religión". Editorial Cartago. Buenos Aires, 1959. Pág 38

[3] Federico Engels, "Las guerras campesinas en Alemania". Editorial Andes. Buenos Aires, 1970. Págs. 60 y 61.

[4] Ehsan Tabari, "El papel de la religión en nuestra revolución". Editada por: Miembros y simpatizantes del Partido Tudeh del Irán en España. Apartado de Correos número 50.284. Madrid, 1983. Págs. 2, 3 y 4.