José María Laso Prieto

«Tribuna Ciudadana: la necesaria síntesis»

En «La Nueva España», 09/05/1998.

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


        Muy acertadamente, LA NUEVA ESPAÑA ha venido prestando una gran atención a la crisis suscitada en Tribuna Ciudadana de Oviedo durante su última asamblea general de socios. En su día se publicaron amplias informaciones de redactores de este gran diario regional, algunas cartas al director y, recientemente, sendos artículos dedicados al tema por los señores Ricardo Labra y Lola Lucio. Con este motivo, varios socios de la prestigiosa asociación cultural ovetense me han pedido que también yo publique un artículo sobre dicha crisis. Quizá su solicitud se base en el papel conciliador, y racionalizador, que me he esforzado en desempeñar tanto en la asamblea del 25 de marzo como en su continuación el pasado 27 de abril. Habiendo sido uno de los socios más activos desde su fundación, y su vicepresidente durante casi dos décadas, no puedo rehuir el pronunciarme sobre la citada crisis, aunque personalmente no haya sido objeto de críticas por parte de ninguno de los dos sectores de socios enfrentados. Incluso, ambos sectores participaron en el homenaje que Tribuna Ciudadana me tributó el 24 de abril. Ya desde ahora anticipo que mi posición sigue siendo conciliadora. Nuestra Tribuna sólo podrá superar plenamente su crisis actual si se logra una síntesis integradora de los dos sectores que discrepan sobre la línea cultural de la entidad de la que forman parte. A pesar de la crispación que, a veces, ha caracterizado eldebate, es mucho más lo que los une que lo que les separa.

        Sin embargo, para comprender bien lo sucedido en Tribuna Ciudadana, es necesario realizar también una síntesis – en el sentido de resumen – de la historia del desarrollo de la asociación. El profesor Juan Benito ha sido siempre un activo dinamizador cultural tanto en la Alianza Francesa como en el Club Cultural de Oviedo, en las denominadas «Cenas de El Fontán», en la creación del premio «Tigre Juan», en Tribuna Ciudadana y en otras tareas culturales. De Tribuna Ciudadana no sólo es fundador, sino su auténtico creador. El concibió la idea de fundarla, tomó la iniciativa de ponerla en marcha y durante muchos años fue no sólo su presidente, sino el alma y el motor de la entidad. Empero, no es menos cierto que en su esposa, Lola Lucio, encontró la colaboradora ideal por su entrega, entusiasmo y espíritu de sacrificio por los ideales y objetivos de Tribuna. Por mi parte, que ya había colaborado estrechamente con Juan Benito en las actividades culturales anteriores, me esforcé en proporcionar a los creadores de Tribuna todo mi apoyo, mediante un trabajo incesante, hasta el punto que Juan y Lola siempre reconocieron que entre los tres habíamos constituido durante muchos años el auténtico motor de Tribuna. Sobre todo en la etapa ardua en que no contábamos más que con los ingresos que nos proporcionaban las cuotas de los socios. Fue la etapa romántica en que, sin ninguna remuneración, el trabajo necesario para desarrollar las actividades de Tribuna lo realizamos una reducida minoría de socios integrados en sus sucesivas juntas directivas. Incluso, a veces, sólo una parte minoritaria de las mismas. No obstante, sobre tal publicó en un folleto conmemorativo del XV Aniversario de T. C. Balance que resume muy bien Lola Lucio en su artículo publicado en LA NUEVA ESPAÑA el 6 de mayo.

        Ahora bien, es natural que en dos décadas de actividad T. C. se haya ido renovando tanto en la composición de sus socios como en sus actividades. Es algo que sucede naturalmente en todo organismo vivo. Y de ello proceden las discrepancias que han surgido en el seno de nuestra asociación. Sobre dichas discrepancias se ha sustentado un supuesto enfrentamiento entre dos socios fundadores, o históricos, y los nuevos socios. O entre las anteriores juntas directivas y la actual. Empero, en una asociación democrática todos los socios tienen los mismos derechos y deberes. Nadie, ni los propios socios fundadores, entre los que me encuentro, tiene derecho a patrimonializar Tribuna Ciudadana. Todos somos corresponsables tanto de sus errores como de sus éxitos. Se ha criticado duramente a una parte de la actual junta directiva —concretamente a Manuel Herrero Montoto, José Galán, Ricardo Labra y Adolfo Galán, por un sector muy minoritario de los socios asistentes a la asamblea general –, calificándoles de camarilla que sólo pretendía objetivos personalistas. Incluso se ha cuestionado la honestidad de su actuación. Todo ello me parece muy injusto y hasta insultante. Tanto Juan Benito como yo hemos declarado que nos sentimos corresponsables de las actuaciones de la actual junta directiva. Ello no significa que no se hayan cometido errores, por parte de tales directivos, y así debe reconocerse autocríticamente. Por ejemplo, el no haber tenido en cuenta en el homenaje a Ángel González la estrecha vinculación que une al poeta ovetense con Juan Benito y que reviste la forma de una entrañable amistad. Pero, en su conjunto tal homenaje ha constituido uno de los mayores éxitos de Tribuna Ciudadana, aunque sea opinable la amplitud que se dio al homenaje al incluir a toda la generación del 50. También son opinables los eventuales errores que se pudieron cometer en las formas y contenidos de los ceses de los secretarios técnicos y secretaría de la junta directiva. No obstante, el balance global de la actual junta es positivo y me sienta honrado de pertenecer a ella, como también a todas las anteriores.

        Es cierto que las giras culturales y la edición de algunos libros son anteriores en Tribuna a la composición de la actual junta directiva. Empero, también es cierto que ésta les ha proporcionado mayor amplitud. Constituye una discusión bizantina la librada en. torno a un supuesto riesgo de que T. C. pueda convertirse en una editorial o en una agencia de viajes. Nuestra asociación, además de su tradicional actividad de desarrollar conferencias, mesas redondas; recitales poéticos, etcétera puede, y debe, realizar giras culturales, editar libros e, incluso, realizar sesiones de cine-club, sin caer en su desorbitación unilateral. Mucho más se podría argumentar sobre la crisis de T. C., pero prefiero finalizar haciendo un llamamiento a los socios de T. C. para que, en la próxima asamblea, prevista para el 27 de mayo, prevalezca el civismo y la racionalidad, dejando de lado agravios reales o supuestos de unos y otros. Los intereses globales de Tribuna Ciudadana – y en ello nos va el futuro de la entidad cultural – deben prevalecer sobre las posiciones puntuales o parciales. Ello exige que todos nos esforcemos en lograr una síntesis racional superadora de nuestras eventuales discrepancias. Oviedo e incluso, el conjunto de Asturias, nos lo agradecerán.