José María Laso Prieto

«Wenceslao Roces:
un profesor asturiano en México»

En «La Nueva España», 06-11-1992.

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Invitado por el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Oviedo –a unas jornadas sobre juristas asturianos en América– desarrollamos recientemente y con este mismo título, una conferencia sobre la vida y obra de este ilustre profesor asturiano. El momento resultó oportuno, ya que el 29 de marzo de 1992 falleció en México Wenceslao Roces a los 95 años de edad. Nacido en Sobrescobio en 1897, Wenceslao Roces estudia Derecho en la Universidad de Oviedo donde obtiene también el premio extraordinario de licenciatura. Tras doctorarse en la Universidad de Madrid, gana una beca de la Junta de Ampliación de Estudios que le permite profundizar en Alemania sus conocimientos jurídicos y adquirir un gran dominio del idioma alemán, que le será muy útil para su posterior labor de traductor de los pensadores alemanes. 

En 1923 obtiene la cátedra de Derecho Romano de la Universidad de Salamanca y funda en la misma el primer Seminario de Derecho. En 1927 traduce del alemán la obra «Instituciones del Derecho Privado», de Rodolfo Sohm, que durante muchos años sirve de texto básico a los estudiantes españoles. A partir de 1929, la situación española obliga a Wenceslao Roces a intervenir en política. Así se solidariza con su colega y amigo Miguel de Unamuno, en su actitud de protesta contra la dictadura del general Primo de Rivera, y es el único compañero que le acompaña hasta Madrid y durante su permanencia de una noche en al capital camino del destierro. Como consecuencia, es expulsado de su cátedra por la dictadura y no la recobra hasta el restablecimiento de la legalidad constitucional. En el plano jurídico, a partir de 1930, colaboró con el Seminario de Derecho Privado del Centro de Estudios Históricos de Madrid. Por la misma época funda y dirige la Editorial Cenit, que es la pionera, en España, en la publicación de literatura marxista y revolucionaria. 

Proclamada la II República española, Wenceslao Roces ingresa en el Partido Comunista de España, donde continuó militando hasta su muerte. Durante décadas fue también miembro del Comité Central del PCE. En 1934, a causa de su apoyo a la insurrección asturiana de octubre, se ve forzado a su primer exilio. Se dirige a la URSS, donde en sus dos años de permanencia llega a dominar la lengua rusa que luego utilizará eficazmente en sus traducciones. Regresa a España, al vencer el Frente Popular en febrero de 1936. Con el inicio de la guerra civil 1936-39, Wenceslao Roces pasa a desempeñar tareas gubernamentales. Así en septiembre de 1936 es nombrado subsecretario de Instrucción Pública. La apertura de la enseñanza secundaria y superior a los trabajadores, la campaña de alfabetización en el Ejército Popular de la República, la difusión del arte y la cultura en los medios populares, fueron algunas de las realizaciones del profesor asturiano en el desempeño de su cargo. Además, según el periodista Fernando Orgambides, «… a la persona de Wenceslao Roces se debe la cuidadosa protección y salvación de los fondos del Museo del Prado, que permanecieron intactos a pesar del cruel enfrentamiento que tenía divida a España». En la fase final de la guerra civil, desempeñó también las funciones de magistrado del Tribunal Supremo de la República española. Al finalizar la contienda, Wenceslao Roces emprende su segundo exilio. De Francia parte para Chile, pero permanece poco tiempo en el país andino. En el trayecto hacia México estuvo algún tiempo en Cuba. Según el escritor Santiago Álvarez, «en La Habana, donde Wenceslao Roces era muy conocido, pronunció algunas conferencias que suscitaron mucho interés. A pesar de las diferencias políticas, el Centro Asturiano le acogió con gran simpatía y le ofreció su tribuna. Yo que he tratado a Roces bastante, en España, en Cuba y, sobre todo, en México, quiero hacer constar que el amor a su tierra asturiana ha sido en él una constante». 

Una ingente labor 

Con su instalación en México, a fines de 1939, Wenceslao Roces inició la etapa más fecunda de su vida. Ello fue posible por la generosa acogida que el presidente Lázaro Cárdenas y el pueblo mexicano ofrecieron a los exiliados españoles. De ello se benefició también el país hermano ya que entre los más de 25.000 exiliados españoles que México acogió, figuraban algunos de los más prestigiosos intelectuales españoles. Así, según la obra «El exilio español en México 1939-82», editada por el Fondo de Cultura Económica, «más de la mitad de los profesores universitarios españoles fue al exilio y la mayoría se instalaron en México». Y valorando la relevancia intelectual y científica de esa aportación, se dice en el libro citado: «En esa situación nos llegó la nueva, vigorosa, espléndida emigración española. Nuestros estudiantes tuvieron maestros de altísimo nivel, profesionales destacados por su preparación y su entrega al medio mexicano». Al instalarse definitivamente en la capital mexicana, Wenceslao Roces reanudó su actividad docente. Fue integrado, con el nivel de catedrático, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), como profesor de Derecho y de Filosofía. A su vez, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia –que en 1951 se convirtió en Facultad de Derecho bajo su impulso y el de otros juristas españoles– Wenceslao Roces ejerció el profesorado de Derecho Romano. En México, antes de la llegada de los exiliados españoles, no existía el doctorado en Derecho. Gracias a su iniciativa se instauró este grado superior de formación académica. Así lo reconoce el profesor mexicano Salvador Reyes, en su capítulo dedicado a los juristas exiliados: «Además de acicatear a sus colegas mexicanos para que elaborasen textos, los profesores españoles introdujeron en la Escuela de Jurisprudencia un sentido más estricto y profesional de la docencia. Hay también un reconocimiento unánime sobre la contribución de los maestros españoles a la creación del doctorado en Derecho…». Valorando la aportación específica del profesor asturiano, dice: «Wenceslao Roces se distinguió en la UNAM por su preparación profesional y jurídica en influyó en la formación política y científica. En 1969, en recompensa de sus valiosos servicios profesionales, Wenceslao Roces fue nombrado profesor emérito de la UNAM. 

A su vez el Gobierno de la República mexicana le otorgó, en reconocimiento a su labor docente, el collar y la banda del águila azteca, máxima condecoración que México otorga a los extranjeros distinguidos que han trabajado empeñosamente, cada cual en su puesto, por la grandeza del país». 

Con su ingente obra de docente y traductor, Wenceslao Roces no dispuso de mucho tiempo para la elaboración de monografías específicas. No obstante, logró publicar varias tan significativas como «Algunas consideraciones sobre el vicio del modernismo en la historia antigua» (1951), «La cultura de nuestro tiempo» (1977), «Los problemas de la Universidad» (1977). Asimismo «Necesidad de actualizar la enseñanza del Derecho Romano. Derecho Romano y marxismo». Esta última fue inicialmente una ponencia presentada en el II Congreso Interamericano de Derecho Romano celebrado en la UNAM en julio de 1972. También llegó a editar innumerables conferencias y artículos sobre diversos temas humanísticos. 

Otra faceta relevante del profesor asturiano fue su labor de traductor. Por ello, en el libro citado, dice el profesor Ortega Medina: «El doctor Wenceslao Roces, se distinguió profesionalmente en los centros culturales mexicanos por dos cosas: por su entrega a los alumnos universitarios y por sus magníficas traducciones del alemán, inglés, francés, ruso y otras lenguas modernas. Traducir ha sido una de las principales actividades de su vida y México le debe versiones impecables de las obras básicas de Marx, Hegel, Engels, Mommsem, Ranke, Gregorovius, Lukács, Cassirer, Buhler, Braudel, Jaeger, Macaulay y otros autores. Enumerar tan sólo las que ha realizado para la editorial Fondo de Cultura Económica sería desplegar un amplio y extraordinario abanico de conocimientos históricos, políticos, filosóficos y sociales que, gracias a él en buena parte, han enriquecido la cultura nacional y nos han familiarizado con el pensamiento esencial –el de ayer y el de hoy– de Occidente».Es también de destacar que su traducción al castellano de «El Capital», de Marx, ha sido la más difundida internacionalmente en lengua española.

En junio de 1977, Wenceslao Roces regresó a Asturias para participar en las primeras elecciones democráticas después de la guerra civil. Participa en representación del PCE, en una candidatura conjunta de izquierda en la que también se integraban Rafael Fernández (por el PSOE) y Atanasio Corte Zapico (por la izquierda demócrata-cristiana) que resultó electa. No obstante, porco después el profesor Roces renunció a su condición de senador. En tal decisión influyó la agudización de una sordera crónica, su edad avanzada, y su prolongado arraigo en la sociedad mexicana. Durante su estancia en Asturias, se celebró un seminario interdisciplinar sobre su vida y obra, en el departamento de Filosofía de la Universidad de Oviedo, que entonces dirigía el profesor Gustavo Bueno. A su regreso a México, el mismo año 1977 Wenceslao Roces reanudó con nuevos bríos sus tareas de traductor y profesor emérito de la UNAM. Así, a todo lo largo de su labor docente en México, dejó bien alto su pabellón de profesor asturiano.