José María Laso Prieto

«Una larga controversia: Darwin y el darwinismo[1]»


En Utopias-Nuestra Bandera nº 156/157. Madrid: Partido Comunista de España, agosto-noviembre de 1993, pp. 192-196

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Así se titula un libro recientemente publicado en España y cuyo conocimiento consideramos sería muy útil para los lectores de NUESTRA BANDERA[2]. Con la perspectiva histórica que proporciona su constante reafirmación científica, a lo largo de más de un siglo, el darwinismo se convirtió en uno de los factores más relevantes para el conocimiento, tanto de la función de la vida en la Naturaleza como de la posición del hombre en el Universo. Por ello es habitual situar a Darwin junto a Galileo, Newton, Marx, Einstein y Freud, como una de las personalidades que más han contribuido a revolucionar nuestras concepciones sobre el origen y, el destino humano. Esa revolución gnoseológica liberó a la humanidad de la dependencia a que las diversas teologías le sometían respecto de supuestos seres divinos, haciéndola plenamente protagonista y responsable de su destino. Como afirmaba el gran biólogo británico Julian Huxley, en su obra Vivimos una revolución: «Importa también observar que el progreso biológico no necesita un agente especial. En otros términos, no exige la intervención de un propósito divino consciente ni el funcionamiento de una misteriosa fuerza vital, de un élan vital; como muchos otros hechos de la evolución, es el resultado automático de las fuerzas ciegas de la reproducción, la variación y la supervivencia diferencial. La gran generalización de Newton acerca de la gravitación hizo posible y, en realidad, necesario apartar la idea de un Dios dedicado a guiar el curso de los astros; la generalización igualmente grande de Darwin acerca de la selección natural hizo posible y necesario apartar la idea de un Dios que guía el curso evolutivo de la vida. Finalmente, las generalizaciones de la psicología moderna y de la religión comparada hacen posible y necesario apartar la idea de un Dios que guía el curso evolutivo de la especie humana, por medio de la inspiración u otra forma de dirección sobrenatural. La culminación presente de los mil millones de años de progreso biológico es la especie humana, con todos sus defectos y equivocaciones. Por ello, el producto más elevado y rico del proceso cósmico –o de lo que conocemos– es la desarrollada personalidad humana»[3]. 

     Por su parte, Engels, en su exposición de los tres grandes descubrimientos que habían dado un impulso gigantesco a nuestros conocimientos acerca de la concatenación de los procesos naturales, subrayaba la aportación del darwinismo a la superación de la vieja metafísica, y a la elaboración de una concepción dialéctica del mundo en estos términos: «Finalmente, el tercero es la prueba, desarrollada primeramente por Darwin de un modo completo, de que los productos orgánicos de la naturaleza que hoy existen en torno nuestro, incluidos los hombres son el resultado de un largo proceso de evolución, que arranca de unos cuantos gérmenes primitivamente unicelulares, los cuales, a su vez, proceden del protoplasma o albúmina formada por vía química»[4]. Engels llega incluso a equiparar la aportación de Darwin a las ciencias naturales con las de Marx a las ciencias sociales. Así, en el prólogo a la traducción inglesa del Manifiesto Comunista, decía: «A esta idea –que es la elaboración por Marx de la concepción materialista de la historia–, que, en mi opinión, está llamada a inaugurar en la ciencia histórica el mismo progreso que la teoría de Darwin llevó a las ciencias naturales, nos habíamos ido acercando ya ambos poco a poco, varios años antes de 1845»[5]. 

     No se puede afirmar que el darwinismo fuese desconocido en España durante la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del XX. Su considerable impacto en los medios culturales y científicos españoles queda ampliamente demostrado en la obra Darwin en España, de Thomas F. Glick[6]. Sin embargo, como consecuencia de la implantación de la dictadura franquista y de hegemonía ideológica que en su régimen ejerció el nacional-catolicismo, todo rastro de darwinismo fue violentamente erradicado, tanto de la enseñanza con de las publicaciones españolas. Durante la guerra civil y la inmediata posguerra, las obras de Darwin perecieron por el fuego en diversos «autos de fe», o fueron sepultados en «el infierno» constituido en los sótanos de algunas bibliotecas públicas. En la enseñanza, el darwinismo fue sustituido por el más burdo creacionismo y finalismo. Hubo que esperar hasta fines de la década de los cincuenta para que el darwinismo reapareciese abiertamente en las librerías españolas. Y, en ese sentido, son significativas las fechas de 1958 y 1959 en que se concreta el centenario del darwinismo. Como es sabido, en 1858 Darwin y Wallace presentaron ante la Linnean Society unas monografías en las que se exponía por primera vez la teoría de que la evolución se verifica por selección natural, y en 1859 Darwin publicó su célebre obra El origen de las especies[7]. De entre las obras publicadas en España, durante la década de los cincuenta, sobre darwinismo y evolucionismo, destacan las del gran biólogo marxista Faustino Cordón. Su labor efectuada en la consideración evolucionista de los animales puede dividirse en dos etapas: en la primera, desarrollada sobre el pensamiento darwinista, aborda el estudio de la naturaleza de las especies animales por la definición de sus medios peculiares, de la evolución conjunta de las especies y sus medios, de la especiacion animal, de la complementariedad de conductas y estructuras somáticas de las distintas especies animales, etc. Los resultados de esta investigación quedaron plasmados en 23 volúmenes, publicados en la Biblioteca YBIS de Ciencias Biológicas. En la segunda etapa, con el apoyo del estudio de Pavlov y su escuela, el doctor Cordón centra primero su atención en la naturaleza del organismo animal y el funcionamiento del sistema nervioso como unidad superior en contraposición a la actividad de las neuronas; y después, en el origen del primer animal y la evolución de la actividad digestiva, con el apoyo del estudio experimental de la secreción gástrica. Con el estudio de la alimentación humana, Faustino Cordón abre perspectivas muy operativas para comprender a los seres vivos, y por la «lógica de las cosas» llega hasta las últimas consecuencias, que no son otras que la ordenación de las ciencias biológicas. Es lo que se puede deducir del primer volumen, y del proyecto de otros tres, de su obra fundamental, La alimentación, base de la biología evolucionista». En el campo de la metodología de las ciencias, el doctor Cordón logra, con su monografía La biología evolucionista y la dialéctica, una buena síntesis en la exposición de las aportaciones que el materialismo y la dialéctica han realizado a tan importante faceta de la investigación científica[8] 

 

Un libro muy pedagógico 

     De la obra que reseñamos –«Una larga controversia: Darwin y el darwinismo, de Ernst Mayr– se pueden destacar tanto la amplitud y profundidad de su contenido temático como su eficiente forma pedagógica. Para darse una idea de esa amplitud, nada mejor que exponer, aunque de forma abreviada, el índice temático del libro: I. ¿Quién es Darwin?; II. Enfrentándose a los creacionistas: la primera revolución darwiniana; III. Cómo se originan las especies; IV. Oposición ideológica a las cinco teorías de Darwin; V. La lucha contra los físicos y filósofos; VI. El camino de Darwin hacia la teoría de la selección natural; VII. ¿Qué es el darwinismo?; VIII. Una visión dura de la herencia blanda: el neodarwinismo; IX. Los genetistas y los naturalistas llegan a un consenso; X. Nuevas fronteras de la biología evolutiva. Un rico glosario y una amplia bibliografía completan tan útil libro. 

     Contra lo que es habitual en muchos libros sobre el darwinismo, que se centran unilateralmente o en sus consecuencias ideológicas –filosóficas, religiosas, etc.– o en sus oposiciones de concepción y método frente a otras interpretaciones evolucionistas, la obra que enjuiciamos aborda eficazmente ambas facetas del darwinismo. En ese sentido, la perspectiva del autor es historicista. Cromo señala en el prefacio de su libro, Ernst Mayr estima que «para comprender la historia de un problema científico no sólo debe considerarse el estado de los conocimientos factuales, sino también el Zeitgeist de la época. Cualquier interpretación que haga un observador de sus observaciones o experimentos depende sobre todo de ese marco conceptual. Durante muchos años, uno de los objetivos principales de mis estudios históricos ha sido descubrir los conceptos –o, a veces, más ampliamente todavía, ideologías– sobre las que se basó la labor teórica de ciertas figuras históricas»[9]. Así, partiendo del dato demostrado de que ya en 1838 Darwin había adoptado la concepción de la selección natural, se dan, empero, diversas posiciones sobre las consecuencias que ello tuvo sobre sus anteriores concepciones religiosas. En la bibliografía sobre Darwin hay una extrema variedad de opiniones, que van desde la conclusión de que Darwin era ya un agnóstico en 1837, cuando comenzó a escribir sus «Cuadernos de notas», hasta la idea de que aún era teísta en 1859 –cuando publicó El origen de las especies–. y que sólo al final de su vida se convirtió en un agnóstico. La causa de la variedad de interpretaciones sobre la auténtica posición religiosa de Darwin debe buscarse en la propia ambigüedad de sus textos en esa época. Basándose en recientes análisis de tales textos, Mayr sostiene que tal ambigüedad se debería no sólo a las contradicciones interiores de Darwin, sino también al temor de que una abierta expresión de sus opiniones religiosas pondría en peligro su matrimonio, a causa de la firme ortodoxia cristiana de su esposa. En ese sentido, Emma Darwin desempeñaría una función similar a la que Heine atribuye al viejo criado de Kant en las contradicciones religiosas del filósofo alemán. No obstante, para Mayr, «es bastante evidente que antes del final de julio de 1838 Darwin había hecho no pocas anotaciones que eran profundamente materialistas (esto es agnósticas) [...] ni una sola palabra del ambiguo tratamiento de Dios en El origen de las especies puede ser entendida literalmente. En realidad parece que él mismo estaba aun vacilante. El ateísmo le atraía y a la vez le aterrorizaba. Era consciente de la magnitud de la incógnita, y le habría confortado la creencia en un ser supremo. Pero todos los fenómenos de la naturaleza con que se encontraba eran coherentes con una explicación científica clara que no necesitaba de ningún agente sobrenatural»[10]. 

     Las contradicciones religiosas y filosóficas de Darwin tenían también raíces sociales. Así cuando Marx le remitió el primer tomo de El Capital, Darwin se lo devolvió diciendo que cómo sólo era un biólogo no entendía nada de ese tema. Al contestarle, Marx le pidió que consultara los capítulos XII y XIII que se apoyaban en su teoría. Darwin rehusó hacerlo, so pretexto de su estado de salud. La clave de esta actitud la proporciona el biólogo Marcel Prenant, al finalizar su obra Darwin y el darwinismo: «Burgués inglés de 1840, Darwin es un sabio apasionado que, por honestidad científica, evita los trucos verbalistas, pero que, a pesar de su genio, no puede franquear ciertos límites del pensamiento. En el medio en que se hallaba pudo dudar de la religión, del universo inmutable, de la finalidad; pudo concebir al hombre como un ser material. Mas no pudo       poner en duda los derechos eternos de su clase. Y ése es el motivo de que no desarrollara cumplidamente su obra en lo que concierne al hombre»[11]. No menos cierto es que, como se sostiene en el prólogo a la edición argentina de la obra de Darwin, La expresión de las emociones en el hombre y en los animales: «Si en verdad Darwin temió sacar las resultantes científicas de sus principios, su teoría trascendió las limitaciones impuestas. Emil Yarolavsky resume el significado esencial del darvinismo diciendo que destruye la concepción teológica de la naturaleza y desvanece los cuentos de hadas, según los cuales todos los organismos en la naturaleza habían sido creados por el sólo acto de un “creador” invisible e incognoscible. Por ello es que su teoría del origen de las especies fuera atacada por todos los religiosos y reaccionarios del mundo como una concepción de inspiración diabólica»[12]. El libro de Ernst Mayr actualiza brillantemente el tema.


[1] Nota del editor: el autor utiliza también el mismo título del libro de Ernst Mayr para un artículo publicado en el diario La Nueva España el 31 de julio de 1993 y luego recogido por Tribuna Ciudadana en José María Laso: Desde mi atalaya. No estamos ante un resumen o un extracto de esta recensión aunque la use en algunos puntos: el autor siempre ha sabido distinguir el ámbito académico del mundano.

[2] Ernst Mayr: Una larga controversia: Darwin y el darwinismo. Barcelona: Crítica, 1992.

[3] Julian Huxley: Vivimos una revolución. Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1945, pp. 97 y ss.

[4] Federico Engels, Ludwig  Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. Madrid: Ricardo Aguilera, 1969, pp. 69 y 70.

[5] K. Marx y F. Engels: Manifiesto Comunista. Madrid: Ediciones Endymión, 1987, p. 26.

[6] Thomas F. Glick: Darwin in en España . Barcelona: Ediciones Península, 1982.

[7] George S. Carter: Cien años de evolución. Madrid: Taurus, 1959. p. 9.

[8] Faustino Cordón: Introducción al origen y evolución de la vida. Madrid: Taurus, 1958. Otras obras suyas sobre temática darwinista y evolucionista son: La evolución conjunta de los animales y su medio. Barcelona: Anthropos, 1966; La alimentación base de la biología evolucionista. Vol. 1: Origen, naturaleza y evolución del protoplasma. Madrid: Alfaguara, 1978; Conversaciones con Faustino Cordón sobre ideología evolucionista. Barcelona: Anthropos, 1979; Cocinar hizo al hombre. Barcelona: Tusquets, 1979; La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico. Barcelona: Anthropos, 1981; La biología evolucionista y la dialéctica. Madrid: Ayuso-Fundación de Investigaciones Marxistas, 1982.

[9] Ernst Mayr: Una larga controversia: Darwin y el darwinismo. Barcelona: Crítica, 1992, p. 9.

[10] Op. cit., pp. 27 y 28.

[11] Marcel Prenant, Darwin  y el darwinismo. México: Editorial Grijalbo, 1969, p. 157 y siguientes.

[12] Carlos Darwin, La expresión de las emociones en el hombre y en los animales. Buenos Aires: Editorial Intermundo, 1946, pp. 15 y 16.

     De las obras publicadas con motivo del centenario del darwinismo, además de la citada Cien años de evolución de George S. Cartes, y de la de Faustino Cordón, Introducción al origen y evolución de la vida, deben destacarse también: S. A. Barnett y otros, Un siglo después de Darwin. Madrid: Alianza Editorial, 1966, dos tomos; Varios autores: Por Darwin. En el centenario de su muerte, 1882-1982. La Habana: Editorial Científico-Técnica, 1984 y 1985.

     La primera edición de El origen de  las especies por selección natural de Charles Darwin, aparecida bajo el franquismo en la década de los cincuenta, aparecía con una etiqueta de «Ediciones Ibéricas» colocada encima de «Librería Bergua». Madrid, sin indicación de año. Dos tomos. Biblioteca de bolsillo, nº 62.