José María Laso Prieto

Crisis y vigencia del marxismo


En Utopias-Nuestra Bandera nº 168. Madrid: Partido Comunista de España, (pag173-189) Vol.2.1996. Ponencia de José María Laso en el II Encuentro Hispano-Cubano desarollado en la Universidad Central de las Villas (Sta. Clara, Cuba) en enero de 1996.

Texto preparado para su edición digital por Alejandro Plaza.


 
I.- Introducción.

            Los procesos de crisis del denominado modelo de “socialismo real”,que culminaron con la desintegración del bloque de Estados socialistas de Europa central y oriental han suscitado con fuerza el tema de la existencia de una crisis global del marxismo que conduciría a su obsolescencia definitiva como teoría del desarrollo social.. En realidad, el tema de una eventual crisis del marxismo no es nuevo ya que puede remontarse hasta los propios orígenes del marxismo como teoría revolucionaria. Ello suscitó la afirmación irónica de Lenin de que la vitalidad y vigencia del marxismo encontraba su mejor confirmación en el hecho de que sucesivas generaciones de profesores se habían dedicado a refutar el marxismo o a darlo por muerto o fracasado. Así se produjeron sucesivas batallas contra la denominada “hidra marxista”.Este fenómeno ha quedado muy bien caracterizado por el sociólogo Armes Mishra – en su obra El Estado del bienestar en crisis, Pensamiento y cambio social – cuando dice: «El marxismo quizás sea la aventura política e intelectual más fascinante de nuestro tiempo. Política revolucionaria, religión secular, fantasía utópica, teoría social, análisis duro y teórico del capitalismo, filosofía de la historia, socialismo científico y otras muchas cosas más a la vez, ha estado amenazando al capitalismo por más de un siglo. En más de una ocasión sus contrincantes “burgueses” han estado convencidos de que al fin descansaba en el cementerio de la historia de las ideas. En todas las ocasiones ha regresado de la muerte para burlarse de la ciencia social “burguesa” y para cuestionar sus vanas pretensiones. La buena suerte ha sonreído al marxismo cuando la buena fortuna del capitalismo palidecía. No es de extrañar, por lo tanto, que en la década de los 70, cuando la economía capitalista se enfrentaba a grandes problemas la sombra del marxismo volviera a ocupar un puesto importante.» [1]

            En ese sentido, el fenómeno que se había venido denominando durante muchas décadas “crisis del marxismo” – también, en algunos casos,”fracasado” u “obsolescencia” del marxismo – había constituido, fundamentalmente, una batalla ideológica promovida por los enemigos del marxismo para neutralizar su operatividad revolucionaria. De ahí su rechazo académico durante más de un siglo y las numerosas obras publicadas con la finalidad de refutar al marxismo o considerarlo obsoleto. No obstante, a todo lo largo de los siglos XIX y XX, el marxismo siguió mostrando su operatividad tanto en el plano de la metodología y la investigación científica como en el de la elaboración y aplicación de la teoría revolucionaria. Para confirmar esta opinión bastará con citar el reconocimiento que numerosos científicos – de muy diversos campos de la investigación contemporánea – han realizado de la ayuda que el método marxista les proporcionó en sus tareas y trabajos. A su vez, en el plano de la praxis política, el marxismo demostró una fecundidad sin precedentes en la historia de las ideas y teorías políticas. Los mayores movimientos de masas de nuestro tiempo fueron suscitados por el marxismo. Bajo su inspiración surgieron, se desarrollaron y adquirieron operatividad suficiente para cambiar la historia de diversos países.

            Aunque no en las condiciones previstas inicialmente por Marx y  Engels, como consecuencia de la directa aplicación de estrategias marxistas, se realizaron revoluciones sociales como las que tuvieron lugar en Rusia, China, Vietnam, etc. La estrategia revolucionaria de Lenin, tan didácticamente expuesta en trabajos como Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática y las Tesis de abril, no constituía una desviación de los principios revolucionarios del marxismo sino su aplicación creadora a unas determinadas condiciones concretas. La tesis de la posibilidad de ruptura del eslabón más débil de la cadena imperialista – basada en la profundización que Lenin realizó en los análisis marxistas del capitalismo monopolista – se confirmó plenamente con el desarrollo de la revolución soviética de octubre de 1917.Contrariamente al proceso de “exportación de la revolución”, que se realizó en la década del 40 en los países de Europa central y oriental ocupados por el ejército soviético, en los territorios dominados por el Imperio Zarista tuvieron lugar auténticos procesos revolucionarios que no contradecían las premisas objetivas y subjetivas que los clásicos del marxismo habían considerado indispensables para su éxito inicial y consolidación posterior. No obstante, tanto los clásicos del marxismo como el propio Lenin habían considerado siempre que esa consolidación, y la ulterior construcción del socialismo, sólo se podría realizar satisfactoriamente si el proceso revolucionario tenía carácter internacional y se desarrollaban revoluciones socialistas en diversos países europeos. Precisamente fue el fracaso de tales procesos revolucionarios –especialmente en Alemania – en gran parte consecuencia del respaldo que los dirigentes socialdemócratas proporcionaron a sus respectivas burguesías, y la necesidad de que por ello se tuviese que intentar la edificación del socialismo en un solo país aislado y atrasado, uno de los factores más relevantes que determinaron la ulterior deformación del régimen soviético.

            Las estrategias revolucionarias, aplicables a los países occidentales de capitalismo avanzado, también se inspiran en el marxismo. Tanto en las tesis originales de Marx y Engels, como en la posterior concepción de Gramsci –titulada Guerra de movimientos y guerra de posiciones, utilizando una metáfora bélica –basada en los conceptos de bloque histórico, hegemonía, etc. La relevancia que las estrategias revolucionarias tienen en el marxismo plantea sin embargo la posibilidad de considerar que el marxismo, como método de análisis de la realidad social a transformar y como proyecto emancipador de clase, e, incluso, del género humano globalmente considerado, haya quedado gravemente afectado por el fracaso – al menos temporal – del experimento socialista que de 1917 a 1991 se realizó en la URSS. Tal tesis podría encontrar un fundamento en la posición de quienes sostienen que sin las consecuencias que se derivaron de la revolución soviética de 1917, concretadas en la creación de un sistema de Estados socialistas – cualquiera que sea el grado de su deformación burocrática – Marx no hubiese pasado de ser uno de tantos reformadores sociales que se han dado a lo largo de la historia del género humano. De ahí que, no obstante haber sido la tesis de la crisis del marxismo un tema recurrente desde que Marx y Engels lo desarrollaron, es también cierto que la crisis y hundimiento posterior de los regimenes sociales que habían adoptado el modelo del denominado “socialismo real” constituye un viraje histórico suficiente para considerar la existencia real de una crisis global del marxismo.

II. El marxismo y las consecuencias históricas de la revolución soviética

            En el lustro transcurrido desde la desintegración de la URSS, y del sistema de estados socialistas que en Europa central y oriental se habían nucleado bajo su hegemonía, se han publicado numerosos trabajos, del más diversificado significado político, tratando de explicar la causas de tal proceso de crisis y las consecuencias teóricas que de ella podrían derivarse respecto a la vigencia del  marxismo. En ese sentido ha sido, quizás, el filósofo y sociólogo polaco Adam Schaff quien más ha profundizado en análisis de dicha temática. En una síntesis periodística de su posición, publicada con el título de La venganza póstuma de Marx en el diario español El País, Schaff sostenía que la causa fundamental del hundimiento del sistema de países socialistas de Europa central y oriental había sido que en su implantación y desarrollo no se habían respetado las condiciones objetivas y subjetivas que Marx había considerado indispensables para la edificación de sociedades socialistas. De ahí el título del artículo, ya que en cierto  modo, Marx se había vengado póstumamente de esa falta de respeto. Tal metáfora suponía sostener de hecho que el hundimiento del modelo de “socialismo real” lejos de refutar las tesis del marxismo constituía su más plena verificación en una práctica histórica determinada. Empero Adam Schaff no limitaba a Marx la necesaria referencia teórica, acerca de las condiciones necesarias para la eficiente edificación de una sociedad socialista. Precisando el problema, a juicio de Schaff: «La constitución del proletariado como clase dominante significa la fundación de un nuevo tipo de Estado basado en unos principios jurídicos-políticos nuevos y específicos suyos, lo que no esta en contradicción con que este Estado nuevo pueda si es necesario emplear la violencia para aplastar la resistencia de las viejas clases dominantes. Precisamente en esto era en lo que pensaba Engels cuando decía que la república democrática es una forma específica de dictadura del proletariado; en esto pensaba Gramsci, alguien a quien todavía no se ha valorado lo suficiente en su calidad de teórico marxista, cuando subraya la contraposición entre el concepto de hegemonía político-moral del proletariado y el concepto de la hegemonía administrativa, es decir, realizada a través de la pura violencia, no apoyada en ningún consenso social. Es evidente sin mas que una “dictadura del proletariado” así concebida no excluye la posibilidad del pluralismo, tanto en el terreno político(partidos) como en el ideológico; y esto es lo que tenía Engels presente cuando decía que la republica democrática sería la forma específica de la dictadura del proletariado. Por su parte, la “dictadura de la burguesía” en el marco del estado burgués no excluye, cuando adopta la forma de una república así, el pluralismo. La fórmula de Lenin, según la cual la dictadura del proletariado suponía un ejercicio del poder no limitado por ningún principio jurídico, respondía a las condiciones de la sangrienta lucha con la contrarrevolución y era expresión de “terror rojo”, es decir, era la expresión de una formula acuñada in extremis. Lenin era sobre todo un práctico de la revolución y ésta no fue la única vez que dio una configuración de definición general a una formulación muy determinada, coherente con las necesidades inmediatas de la lucha y la situación relacionada con ella.» [2]

            Para conseguir precisar debidamente, si el proceso de deformación sufrido por el desarrollo ulterior de la revolución Soviética suscitaba, o no, una crisis del marxismo, Adam Schaff intenta resolver también algunas de las confusiones originadas por las distintas interpretaciones que se han realizado del concepto de dictadura del proletariado .Y así argumenta: «como ya señalamos en las consideraciones anteriores, no puede haber ninguna duda en lo relativo a que Marx y Engels defendían la necesidad de una dictadura del proletariado, como periodo de transición; y que Marx consideraba esta tesis como su aportación original a la teoría de la lucha de clases; pero también está fuera de duda de que Marx y Engels conferían a esta tesis un carácter distinto  al que posteriormente le dio Lenin, particularmente en algunas formulaciones extremadamente exageradas del periodo de la guerra civil, y en particular un contenido distinto al que adquirió el concepto en el periodo de Stalin. Por consiguiente, puesto que en ambos casos se entienden cosas distintas bajo los mismos términos (pensemos en la definición engelsiana de dictadura del proletariado como república democrática y en la fórmula leniniana de un poder no limitado por ningún principio jurídico; pensemos también en la distinción de Gramsci entre la dictadura del proletariado como coerción administrativa y como hegemonía política y moral) existe el peligro de una equiparación como fruto de un malentendido semántico. Por eso parece oportuno y justificado abandonar una designación actualmente equívoca y centrarse en la especificación de las nuevas intenciones» [3]

            Estas precisiones de Schaff, acerca de la deformación que sufrió el concepto – y ,sobre todo, la práctica – de la dictadura del proletariado, no pretende rechazar la revolución Soviética ya desde su fase inicial. Se refieren, a la etapa que se inicia con la victoria de Stalin sobre Trotsky y  la vieja guardia bolchevique, y, sobre todo, al intento de implantar el socialismo manu militari a pesar de que entonces no se daban las condiciones objetivas que el marxismo consideraba indispensables para construir una sociedad socialista. Respecto a la justificación de la revolución de octubre de 1917,la posición de Schaff  es muy rotunda: «La Revolución de Octubre fue una revolución socialista adecuada a las condiciones y circunstancias sociopolíticas de la Rusia zarista de 1917. Y, además, a una combinación muy particular de las mismas, porque, como es bien sabido, Lenin no excluyó otro modelo posible de revolución socialista rusa: el de una evolución política hacia el socialismo sobre la base de un pluralismo político al menos entre la izquierda» [4]

            Globalmente Adam Schaff llega a la conclusión – a través del análisis concreto de los procesos de deformación que el socialismo sufrió en los países de Europa central y oriental donde se impuso el modelo del denominado “socialismo real”, de que la práctica histórica había confirmado la certera previsión de Gramsci sobre la imposibilidad de construir una sociedad socialista sin haber logrado previamente el consenso ampliamente mayoritario de la población del país concernido. Consenso que sólo puede lograrse actuando en el campo de la cultura, para conseguir e implantar la hegemonía cultural y moral del nuevo bloque histórico emergente. La aportación específica de Gramsci en el campo de la previsión científica para la transformación social, la sitúa muy bien Adam Schaff, al precisar: «mientras que Marx subrayaba la importancia de las condiciones objetivas de la revolución, Gramsci desarrollo en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso como teoría subjetiva de la revolución socialista.».

            Este tema de las condiciones necesarias para la revolución socialista – tanto las objetivas como las subjetivas – Adam Schaff lo considera como extraordinariamente relevante para dilucidar si el destino final de los Estados socialistas, surgidos como consecuencia de los defectos inmediatos, o posteriores, de la revolución soviética, confirman o ponen en cuestión la teoría marxista. Como consecuencia de su preocupación por tal problemática, Schaff la plantea  tanto en forma  general como en su especificidad concreta en el proceso histórico que él denomina “el caso polaco”.En el plano general, precisa: «La realización del socialismo, como forma de sociedad superior, no es, pues, cosa puramente dependiente de la voluntad, no puede reducirse –simplemente – a los píos deseos de los hombres. La esencia de la cosa debe cifrarse en la tesis marxista de que para la victoria del socialismo no solamente es del todo punto necesario que los hombres que llevan a cabo la revolución socialista quieran tal victoria, sino que puedan asimismo alcanzarla en las correspondientes condiciones concretas. La conciencia de que el triunfo de la revolución (en el sentido amplio de realización de relaciones interpersonales cualitativamente nuevas en la sociedad, no en el restringido de derrocamiento de la burguesía) no depende exclusivamente de la voluntad de quienes luchan por él, sino también de los elementos necesarios para la configuración de una nueva sociedad, diferencia – entre otras cosas –  la aproximación científica del marxismo a los problemas del socialismo de las ensoñaciones de los socialistas utópicos y de los anarquistas. La conclusión a deducir de todo ello será, sin duda, en cuanto altamente sobria y racional, una ducha fría para la impetuosidad de determinados exaltados extremistas: el socialismo en modo alguno puede – ni debe – ser realizado ad limitum, sino sólo allí donde se dan las condiciones necesarias. Allí, en fin, donde las circunstancias económicas y sociales estén maduras  para ello. Sobre estas circunstancias y condiciones – prosigue Schaff – Marx se manifestó en muchas formas. En La ideología alemana encontramos por ejemplo, un paso que por su pregnancia y laconismo puede ser considerado como una aportación clásica al tema. Marx escribía entonces así: «Esta alienación sólo puede ser superada, como es lógico, en base a dos supuestos prácticos. Para que se convierta en un poder “insoportable”,esto es, en un poder contra el que hay que alzarse, tiene que hacer de la masa de la humanidad una masa absolutamente “desposeída” y, al mismo tiempo, en contradicción con un mundo  presente de riqueza y cultura, cosas ambas que presupones un gran aumento de la fuerza productiva, un alto grado evolutivo de la misma; por otra parte, este desarrollo de las fuerzas productivas… es un   presupuesto práctico de todo punto necesario precisamente porque sin él sólo se generalizaría la escasez, de modo pues, que con la necesidad tendría que dar comienzo de nuevo la lucha por lo necesario y otra vez comenzaría toda la mierda anterior….El comunismo sólo es empíricamente posible “de una vez” y simultáneamente como obra de los pueblos dominantes» [5]

            Recapitulando su tesis sobre las posiciones de Marx acerca de las condiciones necesarias para edificar una sociedad socialista, Schaff sostiene: «Marx respondió a esta cuestión en la forma más general en el año 1847 cuando formuló en La ideología alemana las condiciones para una revolución socialista, condiciones que hoy se evocan de muy mala gana y que raramente se citan, pero que fueron expresadas por él muy categóricamente:

1ª-un nivel de desarrollo económico lo suficientemente elevado como para poder acceder en el plazo más breve al bienestar general de la población;

2ª- una clase obrera suficientemente desarrollada como para ser soporte de la transformación social.

3ª- una difusión internacional de la revolución socialista “en todo el mundo”,(lo que para Marx equivalía al grupo de países entonces altamente desarrollados) capaz de impedir que una oleada nacionalista anegase al socialismo. Por consiguiente Marx era muy restrictivo al señalar la posibilidad de una revolución socialista, que para él no podía ser en modo alguno una función de voluntarismo revolucionario y advertía consecuentemente que la ausencia de estas condiciones objetivas produciría el retorno de “la vieja porquería”.La ausencia de  libertad del individuo, la limitación, cuando no la supresión de sus derechos básicos, todo esto son sin duda aspectos del “retorno” de aquel pasado maloliente» [6]

            Pasando de los planteamientos generales al ejemplo concreto que suponía el denominado “caso polaco” – muy ilustrativo de los procesos desarrollados en los Estados socialistas de Europa central y oriental – Schaff recuerda que en el intento de edificar el socialismo en Polonia se cometieron los siguientes errores que él califica de “pecados”:

-Pecado primero y original: fue el intento de  implantar el socialismo en un país que no poseía las condiciones objetivas y subjetivas para ello.

-Pecado segundo: fue el intento de edificar el socialismo sin atenerse a las condiciones de la psicología social.

-Pecado tercero: fueron todas las acciones que llevaron a la alienación del partido, fuerza dirigente indispensable en el sistema socialista. 

            Según Adam Schaff, «No se pueden comprender los acontecimientos polacos –Schaff escribió este texto en 1982 – el repentino resquebrajamiento de todo el sistema, el estallido del odio, la desaparición del escenario político de un partido de tres millones de miembros (Gierek cuya política contribuyó decisivamente  a destruir el partido y convertirlo en algo similar al Bloque Cooperación (organismo creado en 1928, bajo la dictadura de Pilsudski, que agrupaba a quienes estaban dispuestos a colaborar con el régimen militar semifascista. Es símbolo de ausencia de ideales y de colaboracionismo servil ) decía con orgullo “tres millones de comunistas”; la aparición de un anticomunismo militante, la anarquía social, etc.,si no se comienza por el principio, por el pecado original que fue imponer por la fuerza (presencia del Ejército Rojo en las tierras polacas liberadas de los nazis) el sistema socialista en una sociedad sin condiciones objetivas  para ello y decididamente adversas a tal política. Se trataba de un país que poseía antes de la guerra un 75% de población rural y cuya clase obrera sumaba el 12% de los habitantes; un país en el cual los nazis habían asesinado a seis millones de los treinta y seis millones de habitantes, aniquilando casi totalmente a la clase trabajadora. Era un país que por su composición social ( predominio de campesinos, su profundo catolicismo, su patriotismo históricamente contra Rusia, como potencia opresora, y el anticomunismo de amplios grupos sociales tenía una actitud de repulsión respecto a los cambios socialistas, los cuales eran innegablemente un regalo Ruso. El asunto estaba muy claro, el referéndum de 1946 que debía decidir sobre el régimen político dio una respuesta rotundamente negativa; por el país paso una ola de progroms. No era una continuación del antisemitismo nazi, sino una venganza contra los judíos a quienes se identificaba con el nuevo régimen; estalló una verdadera guerra civil, conocida en los manuales de historia como “lucha con las bandas reaccionarias” que duró hasta 1947 y estaba dirigida por el gobierno exiliado en Londres. Había pues sobradas pruebas de que la población de Polonia no daba su consentimiento (el “consenso” que exigía Gramsci como condición de la revolución socialista) para cambiar el sistema y, más aún que era enemiga del cambio». Y Schaff prosigue: 

            «Era una perogrullada afirmar que la realización de cambios revolucionarios socialistas cuando faltan las condiciones objetivas y subjetivas para ello, constituye una empresa decididamente antimarxista, aún cuando la emprenden partidos comunistas que invocan el marxismo-leninismo. Para comprenderlo, basta recordar que Marx era severamente restrictivo con respecto a las condiciones objetivas necesarias para el éxito de la revolución socialista y lo expresó muy categóricamente: si no se tiene en cuenta las condiciones objetivas “la vieja mierda”( die alte scheisse) volverá en nueva forma. Esta idea la repitió en numerosas ocasiones, con particular claridad en “ideología alemana” de 1847,vale decir, en una obra de su periodo maduro pero que fue publicada apenas en 1932,razón por la cual era desconocida de Lenin y toda la pléyade de marxistas revolucionarios. En este y otros trabajos Marx menciona las siguientes condiciones para la revolución socialista:

1-     Un nivel de desarrollo económico que permite proceder de inmediato a la distribución de la prosperidad (la igualdad en la miseria no es socialismo)

2-     Un nivel de desarrollo cultural de la clase obrera que le permita dirigir una industria moderna.

3-     La victoria simultanea del socialismo en los países más importantes. 

Mientras Marx subraya las condiciones objetivas de la revolución, Gramsci desarrolló en un periodo posterior, aprovechando la experiencia de la revolución soviética, la teoría del consenso, como teoría de las condiciones subjetivas de la revolución socialista. Sin el acuerdo de la sociedad no se puede hacer con éxito la revolución ni mucho menos verificar la dictadura del proletariado como hegemonía moral y política (y no como imposición violenta).Este consenso debe lograrse mediante el trabajo ideológico, de ahí el importantísimo papel que atribuye Gramsci a la intelectualidad en su teoría de la revolución socialista.» [7]

            Según Adam Schaff, esas condiciones tan adversas para intentar la edificación del socialismo en Polonia fueron advertidas, a su debido tiempo, por un destacado dirigente y teórico del partido Comunista Polaco. Se trata de Alfred Lampe, que falleció en Moscú en 1943.Antes de su muerte tenía preparadas las notas de un ensayo sobre el futuro de Polonia luego conocido como el Testamento político de Alfred Lampe. El documento comienza con una evaluación pesimista de la situación social y económica de Polonia al final de la guerra y llega a la conclusión de que Polonia no se le plantea una revolución socialista sino un gobierno pluralista de unidad nacional que debería dirigir la reconstrucción democrática del país destruido. En ese sentido, los puntos más significativos del documento Lampe son los apartados b) y c) de su punto 3:

b) El camino de la revolución social no es el que se le abre a Polonia. Las enormes destrucciones causadas por los alemanes en la economía y la población imponen no una guerra civil sino la mancomunidad de los esfuerzos…para la reconstrucción del país. El camino de Rusia en 1917 no es el camino de Polonia en 1943.

c) Polonia necesita un camino de desarrollo propio, sin copiar modelos del Este o del Oeste. Hay que proteger a Polonia contra los ataques de la especulación, contra los intentos de imponerle desde fuera un régimen político (fascismo) o económico (dominio del capital extranjero) o de desatar una guerra civil por intereses ajenos. La primera condición del resurgimiento nacional es la libertad de establecer caminos de desarrollo propios.

            Lampe se mostró también contrario a cualquier injerencia en los asuntos internos polacos. Así en la página 3 de su Documento decía: «Cualquier injerencia externa debe generar en Polonia enormes resistencias y luchas, lo cual haría una injerencia permanente. Ante lo exiguo del apoyo con el que se puede contar, tal estado de cosas sería sumamente, indeseable tanto para la URSS como para el desarrollo progresista normal de Polonia» [8]

            No habiendo tomado en consideración las advertencias de Lampe según Schaff, en parte por rezones estratégicas que impulsaban a la URSS a asegurar a través del corredor polaco sus comunicaciones con la zona de Alemania que ocupaba el Ejército soviético, y en parte por la resistencia de los comunistas polacos a no aprovechar la coyuntura favorable para implantar el socialismo, se actuó de tal forma que se desató una guerra civil en la que perecieron más de diez mil militares comunistas y una cifra superior de miembros de las denominadas “bandas” anticomunistas. Los preliminares de esta dura confrontación de describen muy bien en la novela histórica Cenizas y diamantes,de Jerzy Andrzejewski [9] , magistralmente llevada al cine por Andrzey Wajda.

            Aunque el caso de Polonia reviste peculiaridades propias muy acentuadas, en otros aspectos tiene también rasgos comunes con los demás países de Europa central y oriental a donde se “exportó la revolución” aprovechando la ocupación por los ejércitos soviéticos que les habían liberado del dominio nazi. Tampoco se pudo aplicar adecuadamente el modelo de “democracia popular” que, según la concepción de Dimitrov, debería haber constituido un régimen socialista basado en el pluripartidismo. De hecho, por decisión de Stalin, tales regímenes de  democracia Popular fueron vaciados de todo contenido diferencial respecto al régimen soviético. En definitiva, en los casos de los regímenes socialistas de los países de Europa central y oriental, no se puede estimar que se había aplicado el marxismo, tal y como lo concibieron Marx y Engels. De ahí que sea posible considerar que – como lo hace Adam Sachff – tales procesos históricos lejos de poner en cuestión el marxismo confirma sus previsiones.

            En todo caso, antes de dar por finalizado este tema del intento de construcción del socialismo en condiciones inadecuadas, debemos volver al planteamiento que los clásicos del marxismo hacían sobre el carácter nacional o internacional de los procesos revolucionarios. Aunque el tema se aborda en el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels. En algunas ediciones este trabajo – que antecedió al Manifiesto comunista – se denomina Catecismo comunista por la forma de preguntas y respuestas que reviste. Según la nota que la Editorial Progreso incluyó en 1978, en una edición conjunta con el texto de El Manifiesto, se dice: «El trabajo de Federico Engels Principios del Comunismo es un proyecto previo de programa de la Liga de los comunistas. El II congreso de la Liga (de 8-XII-1847) encargó a Marx y Engels que redactaran el programa en forma de manifiesto. Al escribir el Manifiesto del Partido comunista los fundadores del Marxismo se valieron de varias tesis enunciadas en Principios del comunismo. En su pregunta XIX, se plantea «¿Es posible esta revolución en un solo país? La respuesta es no. La gran industria, al crear el mercado mundial, ha unido ya tan estrechamente todos los pueblos del globo terrestre, sobre todo los pueblos civilizados, que cada uno depende de lo que ocurre en la tierra del otro. Además, ha nivelado en todos los países civilizados el desarrollo social a tal punto que en todos estos países la burguesía y el proletariado se ha erigido en las dos clases decisivas de la sociedad y la lucha entre ellas se ha convertido en la principal lucha de nuestros días. Por consiguiente, la revolución comunista no será una revolución puramente nacional, sino que se producirá simultáneamente en todos los países civilizados, es decir, al menos en Inglaterra, en América, en Francia y en Alemania. Ella se desarrollará en cada uno de estos países más rápidamente o más lentamente, dependiendo del grado en que esté en cada  uno de ellos más desarrollada la industria, en que se hayan acumulado más riquezas y se disponga de mayores fuerzas productivas. Por eso será más lenta y difícil en Alemania y más rápida y fácil en Inglaterra. Ejercerá igualmente una influencia considerable en los demás países del  mundo, modificará de raíz y acelerará extraordinariamente su anterior marcha del desarrollo. Es una revolución universal y tendrá, por eso, un ámbito universal» [10]

            Lenin no desconocía la necesidad del carácter internacional de los procesos de edificación del socialismo. Con la ruptura del eslabón más débil de la cadena imperialista en el imperio Zarista, consideraba que se abría un proceso revolucionario internacional que llevaría la clase obrera al poder en diversos países. De ahí la responsabilidad de los dirigentes socialdemócratas que violando las resoluciones del congreso de Basilea (1912) de la internacional socialista se unieron a sus respectivas burguesías durante la contienda bélica mundial (1914-1918) y en la crisis revolucionaria de posguerra contribuyeron decisivamente al mantenimiento del sistema capitalista en Alemania, Austria, Hungría, Polonia, Francia, Gran Bretaña, etc. Al quedar así aislado y cercado el joven estado soviético condicionó negativamente no sólo al proceso revolucionario iniciado por la Revolución Soviética sino, sobre todo, al proceso de edificación del socialismo en Rusia y demás naciones integradas coercitivamente en el Imperio Zarista .En su informe ante el IV congreso de la Internacional comunista (5 de diciembre de 1922), titulado Cinco años de la revolución rusa y perspectivas de la revolución mundial, Lenin aborda con realismo algunos de los problemas derivados del aislamiento y cerco internacional que intentaba asfixiar al poder soviético : «Es indudable que hemos cometido y cometeremos muchas torpezas…¿Por qué cometemos torpezas? La razón es sencilla: 1º, porque somos un país atrasado. 2º, porque la instrucción en nuestro país es mínima. 3º, porque no recibimos ayuda de fuera. Ni uno solo de los países civilizados nos ayuda. Por el contrario, todos actúan en contra nuestra. Y 4º, por culpa de nuestro aparato estatal. Hemos heredado el viejo aparato estatal y esta ha sido nuestra desgracia. Es muy frecuente que este aparato trabaje contra nosotros. Ocurrió que en 1917, después de que tomamos el poder, los funcionarios del Estado comenzaron a sabotearnos. Entonces nos asustamos mucho y les rogamos: «Por favor, vuelvan a sus puestos».Todos volvieron y ésta ha sido nuestra desgracia. Hoy poseemos una enorme masa de funcionarios, pero no disponemos de elementos con suficiente instrucción para poder dirigirlos de verdad. En la práctica sucede que aquí, en la cúspide, donde tenemos el poder del Estado en nuestras manos, el aparato, más o menos, funciona; pero en los puestos inferiores disponen ellos a su manera, de tal forma que muy a menudo contrarrestan nuestras medidas. En las altas esferas tenemos no se exactamente cuantos, pero creo que, en todo caso, solo varios miles, a lo sumo unas docenas de miles los funcionarios que hemos heredado del régimen zarista y de la sociedad burguesa y que trabajan contra nosotros unas veces consciente y otras veces inconscientemente.» [11]

            Fracasada la Revolución en Occidente, Lenin se planteó muchas veces la posibilidad de que – de no producirse una reanudación del proceso revolucionario en los países capitalistas avanzados – el régimen soviético fuese aplastado militarmente o acabase deformado por lo que denominaba «atraso y barbarie semi-asiática de Rusia».Consideraba que el régimen soviético había podido sobrevivir a la agresión imperialista debido a que “tales bandidos” lucharon entre sí hasta fines de 1918. ¿Había otra tregua semejante? Es un tema que, entre otros, aborda en uno de sus últimos trabajos. El titulado Más vale poco pero bueno. En él decía que «El rasgo general de nuestra vida consiste ahora en lo siguiente: hemos destruido la industria capitalista, hemos tratado de arrasar las instituciones medievales, la propiedad agraria de los terratenientes, y sobre esta base hemos creado a los pequeños campesinos que siguen al proletariado, porque tiene confianza en su labor revolucionaria. Sin embargo, no nos será fácil mantenernos con esta sola confianza hasta el triunfo de la revolución en los países más desarrollados….Así que, en estos momentos nos hallamos ante la siguiente cuestión: ¿Podremos mantenernos con la producción de nuestros pequeños y muy pequeños campesinos, en nuestro estado ruinoso, hasta el momento en que los países capitalistas de Europa Occidental lleven a término su desarrollo hacia el socialismo? Pero ellos llevan a término su desarrollo hacia el socialismo de un modo distinto al que esperamos…No lo llevan a término por un proceso gradual de “maduración” del socialismo en ellos, sino mediante la explotación de unos Estados por otros, mediante la explotación del primer estado entre los vencidos en la guerra imperialista, unida a la explotación de todo el Oriente. Por otra parte, el oriente de ha incorporado de manera definitiva al movimiento revolucionario, gracias precisamente a esta primera guerra  imperialista… ¿Podemos librarnos de la próxima colisión con estos Estados imperialistas? ¿Podemos esperar que las contradicciones internas y los conflictos entre los estados imperialistas prósperos del occidente y los Estados imperialistas prósperos del Oriente nos darán por  segunda vez una tregua, igual que nos la dieron la primera vez, cuando la cruzada de la contrarrevolución de Europa occidental, encaminada a apoyar la contrarrevolución rusa, fracasó a causa de las contradicciones existentes entre los contrarrevolucionarios del occidente y del oriente, en el campo de los explotadores orientales y lo explotadores occidentales, en el campo de Japón y los EE.UU ?» [12]

            Evidentemente estos análisis de Lenin estaban muy alejados del proyecto de Stalin, basado en la tesis de la construcción del socialismo en un solo país, que acabó deformando al Estado socialista.

III. La vigencia del marxismo y el materialismo histórico.

            Después de haber examinado el proceso que, metafóricamente, puede calificarse del intento Leninista de “atajar” la vía hacia el socialismo y de considerar que estuvo acertado en la fase inicial pero que quedó condicionado negativamente por su aislamiento ulterior derivado del fracaso de los proceso revolucionarios en los países capitalistas avanzados – todo ello perfectamente compatible con la metodología y los principios del marxismo – es también necesario considerar el marxismo como teoría revolucionaria del desarrollo social. De ello de puede deducir asimismo el tema de su vigencia o caducidad. En ese sentido, respecto a una consideración filosófica del marxismo, es significativa la posición de Jean-Paul Sartre en la parte dedicada a Cuestiones de Método , capítulo “Marxismo y Existencialismo”,de su célebre obra Critica de la Razón dialéctica. Tras expresar su adhesión a la teoría del materialismo histórico, no obstante mantener su concepción filosófica existencialista ( por mantener el proyecto existencial como el fundamento del saber antropológico), Sastre considera al marxismo como la filosofía de nuestra época y que por ello sólo puede ser superada con la época misma. Es decir, con la superación del capitalismo. O, en sus propias palabras, Así, incluso en un pasaje en que critica que , al asumir el marxismo plenamente la función de filosofía practica – fenómeno lógico, al haber nacido el marxismo de la lucha social – le falta una comprensión adecuada de la problemática humana, dice «No hay duda de que esta anemia práctica, se convertirá en una anemia del hombre marxista – es decir de nosotros hombres del siglo XX, en tanto que el marco insuperable del saber es el marxismo y en tanto que ese marxismo ilumina nuestra praxis individual y colectiva, luego nos determina en nuestra existencia» [13] . O, cuando refiriéndose también al marxismo precisa: «De hecho, hay filosofías. O más bien – porque nunca se encontrará más de una que esté viva- en ciertas circunstancias , muy definidas, una filosofía de constituye para dar su expresión al movimiento general de la sociedad; y mientras vive, ella es la que sirve de medio cultural a los contemporáneos» [14]

            Tampoco Henri Lefebre consideraba posible la superación del marxismo. A su juicio, el proyecto de superar el marxismo no tiene ni mucho sentido ni mucho porvenir, porque el marxismo es la concepción del mundo que se supera a si misma. Se supera, no en lo superficial de este término – con una revisión incesante y apresurada de los principios y métodos – sino en el sentido válido, profundizándose y enriqueciéndose. Por ello, se plantea también ¿Cómo superar una concepción del mundo que incluye en si misma una teoría de la superación que expresamente se pretende cambiante por ser una teoría del cambio y que, si se transforma, se transformará según la ley interna de su devenir? O, en las propias palabras de Lefebvre, en la síntesis de esta posición que realiza en su obra “El marxismo”: «El Marxismo, constituido por el movimiento de un pensamiento sintético, unificador, jamás se ha detenido e inmovilizado en su desarrollo. Se presenta de este modo como un conocimiento racional del mundo que se ahonda sin cesar, superándose a si mismo. Este enriquecimiento no se ha interrumpido hasta nuestros días. Prosigue y proseguirá todavía. Como una ciencia, el marxismo se desarrolla sin destruir por eso sus principios. Difiere en eso de las filosofías clásicas. Sin embargo, como veremos, es al mismo tiempo que una ciencia (la sociología científica, la economía racionalmente estudiada, etc) una filosofía (una teoría del conocimiento, de la razón, del método racional, etc.).Unifica en si mismo esos dos elementos hasta entonces separados, aislados, incompletos, del pensamiento humano: la ciencia y la filosofía. Considerado en toda su amplitud, como concepción del mundo, el marxismo se denomina materialismo dialéctico. Sintetiza y unifica, en efecto, dos elementos que Marx  halló separados y aislados en la filosofía y la ciencia de su tiempo: materialismo filosófico, ciencia ya avanzada de la naturaleza, por una parte; y ,por  otra, esbozo de una ciencia de la realidad humana, dialéctica de Hegel, es decir, teoría de las contradicciones». [15]

            Otro tema que se plantea, al abordar la problemática de la crisis y vigencia del marxismo, es el de su cientificidad. Como es sabido, los clásicos del marxismo denominaron a su teoría socialismo científico. Según la concepción dogmática del Diamat la cientificidad del marxismo sería equivalente a la de las ciencias naturales aunque reconociendo que esta se realizaba a través de la acción humana. Ello supone ya, por principio no el estatuto epistemológico de las ciencias naturales sino el de las ciencias sociales. Sin embargo, estudiando las concepciones de Marx y Engels se evidencia que la denominación de “socialismo científico” era para contraponerla a la de “socialismo utópico”.Se trataba de diferenciar una teoría que pretendía conocer rigurosamente la realidad social a transformar, frente a los reformadores sociales que les precedieron, y que, además se basaban, generalmente en grandes ideas abstractas (expresadas siempre con mayúsculas) como la libertad, la igualdad, la justicia, la fraternidad, etc. Empero, Marx y Engels, no obstante la crítica científica que realizaron del socialismo utópico, siempre valoraron algunas de sus grandes instituciones, aunque también precisaron que sus doctrinas sociales eran incapaces de aglutinar una fuerza social transformadora. Ni siquiera lo pretendían, ya que basándose en tales grandes ideales se dirigían no a una clase social determinada sino al conjunto de la sociedad. Para los elaboradores del socialismo utópico , el problema social no radicaba en una contraposición de intereses, que por su carácter antagónico revestía la forma de lucha de clases, sino en la ignorancia – tanto por los explotadores como por los explotados –de una concepción justa de la sociedad. Para disipar esta ignorancia bastaría la realización del ideal colectivista a través del ejemplo que proporcionaría un determinado modelo de comuna, falansterio, etc. La perspectiva de Marx y Engels fue diametralmente opuesta. Compartiendo con los grandes socialistas utópicos la indignación moral contra la explotación, la opresión y el dominio de clase, no basaron su teoría en los grandes ideales éticos expresados con mayúsculas sino en el estudio y conocimiento de la estructura social a transformar. Sobre la base de tal estudio, los clásicos del marxismo pretendieron aportar al proceso autoemancipatorio del proletariado las siguientes contribuciones: 1) Una concepción del mundo racional: el materialismo filosófico no mecanicista. 2) Un método de análisis de la realidad: la dialéctica materialista. 3) Una teoría del desarrollo social: la concepción materialista de la historia (materialismo histórico) y la función de la lucha de clases como motor de la historia. 4) Una concepción de la especificidad de la misión del proletariado en la lucha de clases y en el desarrollo histórico (teoría de la clase universal).5) La enunciación de las leyes que rigen el origen y desarrollo del capitalismo, así como las leyes de la acumulación y la concentración del capital.6) La teoría de la Plusvalía, como fundamento del desenmascaramiento de la explotación capitalista. 7) El principio universal del internacionalismo proletario.8) El descubrimiento de las causas económicas del colonialismo y la opresión nacional.9) La formulación de las premisas generales (causas objetivas y subjetivas) para el tránsito del capitalismo al socialismo. Por su parte Lenin aportó, entre otras, la relevante contribución del estudio del capital monopolista y las teorías del imperialismo y del desarrollo desigual de la economía de los distintos Estados capitalistas.

            Actualmente, a pesar de la insistencia, en una supuesta crisis del marxismo, la mayoría de tales contribuciones siguen vigentes. Y, especialmente, la fundamental que constituye el Materialismo histórico y el desarrollo y elaboración más plena, que la de sus antecesores, de la teoría de la lucha de clases. Por el contrario, en la necesaria adecuación del marxismo al transito de siglo y de milenio, quizás haya que revisar el concepto de clase universal, la relación base-superestructura del concepto de modo de producción, etc. Así como superar algunos elementos utópicos y no dialécticos que ha arrastrado el marxismo del socialismo utópico. Para situar debidamente tales cuestiones, es útil conocer algunas de las puntualizaciones que ha realizado el profesor Gustavo Bueno después de la crisis del modelo de “socialismo real”.Así, en una entrevista titulada El marxismo es el último horizonte de la racionalidad”, Gustavo Bueno respondió así, entre otras, a dos preguntas de Ramón Cotarelo:

1)      ¿No cree que la crisis del marxismo se ha resuelto con su definitivo descrédito? R: Descrédito, no. El marxismo es un acontecimiento de tal magnitud en la historia que no tiene sentido hablar de descrédito. Es como hablar del descrédito de Aristóteles. El marxismo es el último horizonte de la racionalidad. Hoy mismo sigue siendo como una prueba, un test, para ver quién esta anticuado. Es como Julian Marias que está anticuado porque es premarxista que es lo mismo que ser prekantiano. Otra cosa son los filósofos socialdemócratas como Javier Muguerza y su grupo que quieren vincular la ilustración con la socialdemocracia actual saltándose a  Marx y a Krause. Entre la ilustración y nosotros esta Marx.

2)      P.Popper acaba de hacer unas declaraciones diciendo que el marxismo está muerto porque no acepta la crítica. R: A Popper le he llamado por escrito un ejemplo de cretinismo político en especial por su teoría de la democracia. Es un ejemplo de los valores que prevalecen hoy.” [16]

            El mismo profesor Bueno, en un amplio artículo publicado en el diario El independiente el 21 Enero de 1990 (en el apartado final de dicho artículo titulado con el epígrafe El revés del marxismo) realizaba una especie de balance de la vigencia global del marxismo y de los aspectos de la teoría marxista que deben ser revisados para que recupere su plena operatividad. Escribía entonces Gustavo Bueno: «A mi juicio, para entender lo que pasa en el Este, y lo que puede pasar, la idea de “perestroika” no es suficiente. Es necesario dar la vuelta del revés a la propia doctrina marxista ¿Por donde? Principalmente por aquellos lugares donde esta doctrina confluye con el “humanismo occidental”, los lugares donde habitan los principios del “monismo armonista”, teológico o metafísico. Pues son estos principios aquellos que inspiran la formulación de la ley natural del desarrollo “humanista” y son estos mismos principios los que hicieron posible el plan (el “plan” orientado precisamente a conseguir el resultado final del que Marx, violentando su propia concepción de la dialéctica, habló en su Crítica al programa de Gotha).Para entender lo que esta pasando en el Este, acaso sea necesario comenzar por prescindir de todos los componentes utópicos que el marxismo haya podido arrastrar. Pero no se trata, en modo alguno, por ello de seguir que es posible retrotraer los planteamientos a situaciones que definen la época premarxista. ¿Cómo tirar por la borda el último bastión del racionalismo que el occidente ha producido bajo la figura del materialismo histórico? Es imposible, entre otras cosas, porque una gran masa de las ideas marxistas sigue actuando de hecho no ya sólo en los países del Este, sino también en los países del Oeste, y no sólo en aquellos en los que gobiernan las socialdemocracias sino también en aquellos que se regulan por la más pura planificación capitalista (que utiliza, por cierto, a través, por ejemplo, de las matrices de Leontieff, categorías tomadas del mismo El Capital.

            La “vuelta del revés” la entendemos como una marcha hacia delante del marxismo, si es que el materialismo histórico puede desprenderse de los componentes utópicos (monistas, armonistas) que comparte con el humanismo y puede dar cabida al caos impredecible pero determinista a la vez, que la multiplicidad y heterogeneidad de los sistemas y subsistemas culturales, étnicos, políticos, económicos, etc. que están bullendo en nuestro planeta, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur, está abriendo en el final del milenio. El agotamiento de los proyectos universales ligados al sistema del llamado “socialismo real” no autoriza al humanismo occidental a considerarse como una alternativa capaz de tomar el relevo .Pues lo que pasa en el Este no es algo que pueda ser entendido (y menos controlado) desde los principios ideológicos del humanismo democrático-metafísico vigente en occidente. Pues lo que está pasando en el Este puede ser algo demasiado semejante a lo que esta pasando en el Oeste, desde su misma constitución (incluyendo “el fenómeno nazi”, que no cayó, del cielo, sino que germinó de las mismas entrañas de Occidente”)» [17]

            Por cierto que un tratadista de temas marxistas tan alejado – por su inspiración Althusseriana – de las posiciones de Gustavo Bueno coincide con él en la necesidad de superar algunos aspectos utópicos del marxismo. Así en el libro ¿Crisis del marxismo? producto de un debate organizado en Barcelona del 29 de Septiembre al 1 de Octubre de 1978 por la revista El viejo topo, decía : «En este campo se introducen los elementos que hemos mencionado, por un lado ciertos elementos idealistas de tradición marxista (y no hay que asombrarse de la presencia de aspectos idealistas en el propio marxismo, es un hecho inevitable como, por ejemplo, la concepción de la desaparición absoluta de toda ideología o de toda forma de división del trabajo que puede encontrarse en ciertas obras de Marx. Son estos aspectos idealistas o utópicos que Marx ha heredado de las ideologías socialistas anteriores y que han seguido jugando un papel en el marxismo maduro.» [18]

            Una cuestión que ya no tenemos tiempo de abordar en profundidad – por falta de tiempo y espacio – es la de una posible revisión del concepto marxista de clase universal. Fenómeno como el de la denominada “aristocracia obrera”, el revisionismo, el oportunismo y el chovinismo en importantes sectores del movimiento obrero, el apoyo de masas con que siguieron contando los dirigentes obreros socialdemócratas cuando traicionaron la causa revolucionaria en el proceso histórico abierto con la revolución soviética, y en ocasiones posteriores, contribuyendo a poner en cuestión tal concepto y ello podrá resultar un tema muy interesante para un debate monográfico ulterior.



[1] Armes Mishra, El Estado del Bienestar en crisis. Pensamiento y cambio social, ediciones del centro de publicaciones del ministerio de trabajo y de seguridad social. Madrid ,1992. Pagina inicial del capítulo 3.La alternativa marxista: la izquierda de siempre.

[2] Adam Schaff, El comunismo en la encrucijada. Editorial Crítica. Barcelona , 1983. Pg 140 y 141

[3] Op.cit. pag. 151

[4] Op,cit,pgs 39 y 40

[5] Op,cit.pg 48 y 49

[6] Op,cit.pg 132 y 133

[7] Op.cit.pg 183

[8] Op.cit,pg 184 y 185

[9] Jerzy Andrzejewski, Cenizas y diamantes.Editorial Bruguera. Barcelona 1985.

[10] Federico Engels, Principios del comunismo. Editado conjuntamente con el Manifiesto del partido comunista. Editorial Progreso. Moscú 1978. Pag. 82

[11] V.I.Lenin, Problemas de la edificación del socialismo y el comunismo en la URSS. Editorial Progreso, Moscú , 1978, pp. 13-14

[12] Op,cit. pp. 65-66

[13] Jean Paul Sartre, Crítica de la Razón dialéctica.Tomo I, Edit Losada, Buenos aires, 1963. Página 153

[14] Op,cit,pag 15

[15] Henri Lefevbre El marxismo… EUBEDA. Editorial Universitaria de Buenos aires, Buenos aires, 1971. pp 21

[16] Ramón Cotarelo conversa con Gustavo Bueno, El marxismo es el último horizonte de la racionalidad .Diario 16 . Madrid, 21 de Abril de 1922. pp. 4

[17] Gustavo Bueno. ¿Qué pasa en el Este? Artículo publicado en el diario El independiente.Madrid, 21 de Enero de 1990. pp. 1 y 7

[18] Etienne Balibar y otros, ¿Crisis del marxismo?.Ediciones 2001.Barcelona. 1978. pp. 97