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José María Laso Prieto

«El premio Tigre Juan»

en La Voz de Asturias, 21 de diciembre de 1984, p. 3 (Sección Opinión).

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Oviedo siempre se ha distinguido por sus inquietudes literarias. En este momento, la capital asturiana muestra esa vocación tradicional por las Letras en uno de los premios literarios que ha conseguido una importante popularidad entre los escritores es-pañoles: el «Tigre Juan». Sobre esto, el articulista ofrece una breve meditación y un justo elogio. 

HAY actividades culturales que prestigian a Oviedo más allá del ámbito territorial de Asturias. Entre ellas, descuellan Tribuna Ciudadana y el premio literario Tigre Juan. Sobre las actividades de Tribuna Ciudadana volveremos próximamente, en función de que se están gestionando actuaciones muy relevantes. El premio de novela corta Tigre Juan nació en 1978 en el “pub” ovetense del mismo nombre, entonces regentado por Belarmino Alvarez Otero. El autor de la iniciativa, y alma del mismo a lo largo de su desarrollo, fue el catedrático Juan Benito Argüelles. Este premio, que perpetúa la memoria de la más ovetense de las novelas de Ramón Pérez de Ayala, ha ido adquiriendo creciente prestigio durante el último lustro. Sin duda, a ello ha contribuido el que se trata de un premio que ha sabido librarse de los condicionamientos y manipulaciones a que se han visto sometidos otros premios literarios. En ese sentido, una vez más, hemos podido comprobar que su jurado calificador se mantiene firmemente en una línea insobornable de honestidad.

En el Centro Asturiano de Oviedo ha tenido lugar recientemente un doble acto literario: la presentación de la novela ganadora del VI Premio Tigre Juan y el fallo de la VII convocatoria. Es muy meritorio que el Centro Asturiano, transcendiendo de sus actividades tradicionales, cumpla una relevante función de mecenazgo al patrocinar este premio y acogerlo en sus magníficas instalaciones. La presentación del VI premio —Cosas de la transición de José María Rodríguez Méndez— constituyó un acto literario de indudable interés. En él, a través de la intervención de Juan Benito, pudimos conocer detalles del procedimiento objetivo que utiliza el jurado para culminar su tarea. A su vez, Rodríguez Méndez desbordó los límites del mero agradecimiento protocolario para exponer el núcleo fundamental de su filosofía de la vida. De él se deduce un neto pesimismo, adecuadamente equilibrado por un recio vitalismo. En ese sentido, nos recordaba el conocido aforismo gramsciano acerca de la necesidad de compaginar el pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad. En el coloquio hubo también posibilidad de profundizar en la obra de Rodríguez Méndez, desde sus iniciales obras dramáticas —Vagones de madera, Los inocentes de la Moncloa, etc— hasta su interesante novelística actual.

El acto del fallo revistió, en la forma, gran semejanza con el tradicional premio Nadal. Ante el numeroso público que participó en la cena literaria —con una nutrida representación de socios de Tribuna Ciudadana— el jurado fue haciendo públicos los resultados de las sucesivas votaciones. Finalmente, por unanimidad de un colectivo constituido por Emilio Alarcos, Juan Benet, José Agustín Goytisolo, José Luis Mediavilla y Juan Benito Argüelles, le fue otorgado el VII premio a la novela Mataperros, de Antonio Pérez Henares. Pérez Henares simultánea su actividad periodística como redactor jefe del semanario comunista Mundo Obrero, con una prometedora actividad literaria que ha resultado así consagrada brillantemente en Oviedo. Como es obligad, terminamos con la frase ritual: ¡Ha sido convocado el VIII Premio Tigre Juan!

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