Germán Ojeda
La primavera de Laso
Publicado en el diario La Nueva España (22-12-02)
con motivo de la edición de las memorias de José María
Laso: De Bilbao a Oviedo pasando por el penal de Burgos.
José
María Laso Prieto es, como diría Javier Cercas, un «soldado
de Salamina», un viejo luchador como Miralles resistiendo en
Dijón después de tantas batallas, es decir, un comunista
histórico que quiso ganar primero la guerra y después
hacer la revolución, pero aunque perdió la guerra hizo
su revolución – la revolución cotidiana- enter
Bilbao y Oviedo, ente Asturias y Vizcaya, dos tierras que para la
izquierda son lo mismo, la misma cultura solidaria, la misma identidad,
la misma resistencia compartida: como le oí afirmar al difunto
presidente del PSOE, a Ramón Rubial, los buenos vascos y los
buenos asturianos son iguales, gentes que antes de doblarse parten.
Así es José María Laso, un buen vasco asturiano
que nunca se ha doblado, un caballero de la izquierda plural que todavía
cree–después de más de medio siglo de militancia
intelectual y política – que «otro mundo es posible».
Laso puede proclamar hoy mejor que nunca, antes las altas autoridades
institucionales y académicas, lo mismo que su camarada Pablo
Neruda:«confieso que he vivido». O como también
escribió en sus memorias autobiográficas otro gran protagonista
de la razón popular, Bertrand Russel, «tres pasiones
simples pero abrumadoramente intensas han gobernado mi vida: el ansia
de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad
por el sufrimiento humano»
Amor a la causa, muchos conocimientos y sobre todo humanidad, esa
es la palabra definitiva que identifica a Laso.
Hablando de sus cualidades humanas, y también intelectules
y políticas, todo lo principal ya se dijo en el homenaje que
justamente le dedicó Tribuna Ciudadana hace algo más
de cuatro años. Para el alcalde Gabino de Lorenzo, Laso es
«un hombre bueno que desde su impresionante cultura enciclopédica
resulta, sobre todo, entrañable»; para su compañero
de fatigas en Tribuna, Juan Benito Argüelles, Laso es «el
humanista de la acción»; Gustavo Bueno destaca también
su saber enciclopédico y su «vida sabia»; Lola
Lucio habla del «hombre bueno de la vida laica»; Para
Manuel Herrero, es «un hombre conciliador»; para López
Salina, «un tribuno de la plebe»; para Roberto Sánchez
Ramos, un «camello de libertad», y para todos lo que estuvimos
en su homenaje, Laso es un hombre ejemplar, puro, justo y naturalmente
marxista, pues como dejé escrito entonces, «¿cómo
puede uno vivir en la dialéctica entre José y María
y entre Laso y Prieto sin ser marxista?».
Está todo dicho. Laso es un hombre extraordinario.
También lo son sus memorias. He tenido la oportunidad de leerlas
a trozos y sin encuadernar. En ellas está entera su vida y
milagros, contada con pelos y señales.
Como escribano viejo, Laso, que no ha mentido jamás, lo deja
todo anotado, sus recuerdos del Bilbao, de la guerra, del penal de
Burgos, de sus camaradas, de Asturias, de los asturianos y de Oviedo.
Para nosotros son ante todo las primeras memorias enciclopédicas
sobre estos últimos treinta años de la vida de Asturias.
Memorias llenas de datos, de nombres, de fechas, de acontecimientos;
memorias vividas por Laso en primera línea de combate intelectual
por la democracia; memorias vividas por Laso como un universitario
antifranquista en la Facultad de Derecho de la calle San Francisco
de Oviedo, como intelectual comprometido con el gran foro plural de
la Tribuna Ciudadana, como promotor de la puesta en marcha de la Fundación
Isidoro Acevedo; unas memorias vividas y escritas – quiero destacarlo-
desde la tolerancia, desde el pluralismo, desde el respeto a todas
las ideas y todos los colores que caben en la democracia, tal como
queda constancia en esta misma mesa.
Estas memorias, que se publican precisamente ahora que se discute
sobre la huelga minera del 62 y se conmemoran los veinte años
de Estatuto de autonomía, tienen un especial valor documental
para Asturias, para una región donde se ha vivido una transición
política y económica desde la dictadura a la democracia
y desde el Estado al mercado sin parangón en España.
En efecto, tienen un gran valor documental por sí mismas y
además porque las memorias de estas últimas décadas
extraordinarias de la vida de Asturias están por escribir,
la región no tienen quién le escriba en primera persona.
Por ejemplo, faltan las meorias del propio Gustavo Bueno, faltan las
de otros muchos ilustres asturianos. Laso es por ahora la excepción
que confirma la regla, un memoralista que traza con mano maestra la
vida de la mejor Asturias, de la Asturias trabajadora, de la Asturias
intelectual y de la Asturias democrática que él ha contribuido
a configurar como destacado protagonista.
He aquí, «en la lucha final», puño en alto
y mano tendida, a José María Laso Prieto, este zurdo
memorable amigo de los libros, amigo de los viajes, amigo de Cuba,
amigo de las ideas, de la filosofía, de la historia, de las
palabras e incluso de la oratoria, he aquí al Laso amigo de
sus amigos pero más amigo de la verdad, que ha escrito estas
memorias autobiográficas para dar testimonio de una vida vivida
para servir a la causa de la justicia y de la libertad.
Porque José María Laso siempre ha creido en esa noble
causa, la causa de la primavera de los comunistas, como describió
Neruda hablando de sus camamradas en su confesión póstuma
desde la Isla Negra.
Desde Oviedo, Laso puede decir al final como el poeta que «todo
lucha por cambiar, menos los viejos sistemas... la vida de los viejos
sistemas nació de inmensas telarañas medievales...telarañas
más duras que los hierros de la maquinaria... sin embargo hay
gente que cree en un cambio, que ha practicado el cambio, que ha florecido
el cambio...la primavera es inexorable».
