Homenaje a José María Laso; Tribuna
Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 61)
Escribió
Pavese que el hombre que ha estado en la cárcel regresa a
la cárcel cada vez que muerde un pedazo de pan. El sabor del pan es
una patria extensa y plural en la que se inscriben instantes capitales,
sobre todo para los que pertenecemos a la cultura del pan de posguerra
, tantas veces negro, tantas veces triste pan. Invierto la
situación y la metáfora y propongo que el hombre qué ha estado en
la cárcel sale de la cárcel cada vez que proclama en alta voz lo que
siente, lo que piensa, protegido por la propia identidad que le completa
el interlocutor , inevitablemente anecdótico. Desde Bilbao a Asturias,
pasando por los penales del franquismo, Laso ha dejado un rostro de
comunista inocente, la única forma de comunismo futuro que contará
con referentes como Laso para reconstruirse después de la larga, deconstrucción
del stalinismo de pensamiento, palabra u
omisión. Para contribuir en esa reconstrucción, basada en el papel
de la sociedad civil, Laso se nombró en su día representante de Gramsci
en la Tierra y cuando la palabra comunismo salga del Purgatorio en
la que le metieron los mejores comunistas para evitar el infierno
al que la habían condenado sus aparentes dueños, allí estarán Laso
y Gramsci o Gramsci y Laso, para retomar el discurso de la Razón aplicada
a convertir las necesidades humanas objetivables
en el catálogo de los déficits de la historia.
En cualquier caso y justificada la voluntad de desquite que hay en
los decibelios emitidos por José María, hable de Gramsci o hable del
Cantábrico, por los muchos años de susurros clandestinos y, morses
carcelarios, es tarea de sus amigos aguantar solidariamente, a pie
de barra o de reunión, que Laso imparta doctrina al público a voz
en grito por muy estupefacto que lo detecte, si es que lo detecta.
Porque cuando Laso habla en voz alta, tengo la impresión de que se
siente como recién salido de la cárcel, en ése momento en que está
a solas con su propia libertad, la más excelsa variante de tu propia
libertad, la más excelsa variante de tu propia soledad
