Asociación Cultural Wenceslao Roces - Archivo Digital José María Laso -

 

José Ovidio Álvarez Rozada

Intervención en la presentación de la
Asociación Universitaria José María Laso

17-11-2004


José Ovidio Álvarez Rozada es estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo y representate de alumnos de la misma facultad desde 2004

Renovación en el decanato de la Facultad de Filosofía de Oviedo

El lunes quince del noviembre de 2004, en una Junta de Facultad grotesca, donde se sorteó minutos antes la mesa electoral, y ocupando el decano saliente de forma ilegal la presidencia de la Junta electoral, el profesor de filosofía antigua y metafísica, Santiago González Escudero, resultaba elegido Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Oviedo, frente a Cipriano Barrio, vicedecano saliente y profesor de filosofía natural. Escudero alcanzó la victoria por diecinueve votos, su oponente obtuvo trece, estando la Junta compuesta por treinta y cuatro miembros, entre los que hubo una abstención y un voto en blanco. Siete de los diecinueve votos que recibió Escudero pertenecían a los representantes de alumnos, que habíamos acordado votar conjuntamente al candidato que saliera vencedor de unas elecciones entre el alumnado, que fueron consideradas por la prensa como un referéndum en toda regla. El voto de los representantes fue por tanto decisivo, porque mantuvimos una unidad de acción duramente criticada por el candidato perdedor, a pesar de los esfuerzos malogrados de los miembros del antiguo equipo decanal para convencernos de lo contrario. Si a esos diecinueve votos se les quitan los siete de los representantes estudiantiles se hace patente que Cipriano Barrio era, aunque con una diferencia de un voto, el candidato preferido por los profesores.

El ya mencionado referéndum fue una promesa electoral de la lista que concurrió a las elecciones a representante de alumnos bajo el nombre de los Melandros, interesadamente ambiguo. Celebradas a finales de mayo de 2004, en estas elecciones se produjo uno de los índices de participación más elevados de la Universidad de Oviedo: cuarenta y ocho votantes. Tras el proceso electoral la otra lista que resultó electa, Guernika F.A.U., se sumó a la iniciativa y finalmente ambas listas se unificaron dando lugar a la actual coordinadora de representantes.

Mediante el referéndum, los representantes delegábamos en el alumnado nuestro voto en la Junta; el candidato a decano que obtuviera la confianza de la mayoría de los alumnos, recibiría en la Junta el apoyo de la totalidad de los representantes que secundábamos la iniciativa. Nos decantamos por este sistema de transmisión del voto del alumnado, en detrimento de otro que reflejase los porcentajes obtenidos por cada candidato, a fin de mantener nuestra capacidad decisoria, para lo cual era una condición sine qua non votar en bloque.

Barrio intentó, por razones evidentemente estratégicas, fracturar nuestra unidad de acción en la Junta: expuso una serie de supuestas objeciones éticas a los representantes, de palabra en las ocasiones en que fuimos a hablar con él a su despacho y en una nota difundida el día en que finalmente se celebró el referéndum, sustanciadas en la similitud de nuestro sistema electoral al estadounidense, que supone la negación de las minorías, en que este mecanismo de elección es contrario al espíritu y la letra de los estatutos de la Universidad de Oviedo y en que la extensión de este procedimiento al colectivo formado por el profesorado, el grupo mayoritario en la Junta, implicaría que la participación de alumnos y personal de administración en la elección del decano fuese meramente presencial.

Dejando al margen que estas objeciones son en todo caso morales o políticas en sentido metafórico, de ninguna manera éticas, pues no se menoscaba la firmeza de sujeto alguno, la comparación con el sistema norteamericano resulta inadecuada, pues aquí se trataba no de configurar una cámara de electores, sino de decidir el sentido del voto de un bloque minoritario, un veinticuatro por ciento en la junta de la facultad, como es el de los representantes de alumnos, que por razones coyunturales tiene una capacidad de decisión a la que sería absurdo renunciar. Por otro lado, con todas las críticas que puedan hacerse a su sistema político, Estados Unidos es una democracia, una democracia realmente existente. Con respecto a la segunda objeción simplemente decir que es absurda, pues los estatutos no prevén que los representantes deleguen su voto en el conjunto del alumnado, eso es una iniciativa nuestra, sino que permiten al representante hacer con su voto lo que considere oportuno. De la última objeción parece desprenderse que entre el profesorado no hay bloques que voten conjuntamente, es totalmente falso, lo que ocurre es que ninguno de esos bloques engloba a la totalidad del profesorado, aunque lo harían si fuera posible; esto nos da la medida de la diferencia entre alumnos y profesores, pues si bien los primeros no dejan de ser un grupo heterogéneo, los representantes también lo somos, tienen intereses comunes en un grado muy superior a los del profesorado, lo que hace de los representantes una suerte de partido de clase (evidentemente en sentido lato). Por otra parte a quienes les corresponde formular objeciones a un proceso totalmente oficioso, como es éste, del que han sido convenientemente informados, es a los alumnos. Es preciso decir que algunos alumnos nos manifestaron sus reticencias hacia el voto en bloque, concretamente tres, pero fue una postura minoritaria.

Como los representantes habíamos apoyado abiertamente a Escudero ante el carácter continuista del otro candidato, por su condición de vicedecano, con un modo de dirigir la facultad oscurantista y limitado a los aspectos puramente administrativos que descuidaba la promoción de actividades propiamente filosóficas, propusimos a ambos candidatos la celebración de un debate público, que finalmente no llegó a realizarse ante la negativa de Barrio, quien lo veía como un apéndice de todo este proceso electoral que juzgaba antiético, con objeto de que los alumnos dispusieran de información de primera mano, no mediada por las consideraciones de sus representantes, con la que formarse un juicio.

El referéndum se celebró finalmente el día diez de noviembre. Votaron nada menos que sesenta y ocho personas, podrían haber sido hasta ochenta, pero quienes lo organizamos no supimos disponer mecanismos adecuados para el voto no presencial y Rosa Cid, profesora de historia, que actuó con absoluto celo como observadora neutral, no dio de paso los votos a distancia; en todo caso es un porcentaje de participación inusitado.

El resultado del referéndum arrojó una holgada victoria para Escudero, la negativa de Barrio a participar en el debate y la difusión del escrito con las críticas al proceso el mismo día de la votación, no cayeron bien entre el alumnado.

Al día siguiente de hacerse públicos los resultados, coincidiendo con la sesión del departamento en que José Antonio Cerezo, profesor de filosofía de la ciencia, era elegido jefe del mismo frente a Valdés Villanueva, profesor de filosofía del lenguaje, también gracias al apoyo de los representantes de alumnos que suman dos votos en este órgano, apareció pegada en las puertas del edificio departamental una nota ignominiosa donde se tachaba de nazis a los representantes y, lo que es aún más inadmisible, a los que acudieron a votar; además responsabilizaba veladamente a Escudero del supuesto desconocimiento de Platón que afecta a los alumnos de la facultad. Esta misiva infame rezumaba un elitismo propio de Oxford y venía firmada por «colectivo de alumnos no representados por los representantes sive impresentables», una pedantería que dentro de lo malo nos permite repasar la equivalencia material, explicada muy por encima en la asignatura de lógica.

Este referéndum constituye un hito, no solo dentro de la Facultad de Filosofía, sino en el conjunto de la Universidad de Oviedo, que esperamos tenga inercia y sea imitado en otras facultades. Es una forma de involucrar al alumnado en la elección del decano, algo hasta ahora totalmente opaco para este colectivo, y concienciarlo del poder efectivo de la representación, al tiempo que se rompe su pasividad, en cierto modo fomentada por las esferas de poder de las facultades.

La participación estudiantil es de capital importancia, pues en los próximos años ha de acometerse la reforma de los planes de estudio universitarios, para homologarlos a los europeos.

Este es a grandes líneas el proceso histórico, si se quiere, que ha llevado a Escudero, aupado por el voto estudiantil, a ocupar el puesto de decano. ¡Nadie olvide que este apoyo circunstancial no es en absoluto un cheque en blanco!

Génesis de esta Asociación Universitaria

Paso ahora a presentar a la Asociación Universitaria José María Laso Prieto.

Inicialmente, los representantes, junto con algunos compañeros de estudios, pensamos en constituir una asociación de estudiantes de filosofía con objeto de fomentar actividades de carácter eminentemente filosófico y dar así algo de vida a una facultad, la de filosofía, que debería ser un referente en lo que a agitación intelectual se refiere, totalmente inerte. Iba a llamarse simplemente AEFUO (Asociación de estudiantes de filosofía de la Universidad de Oviedo), nombre que daba una imagen de neutralidad ajustado a la naturaleza de una asociación concebida como totalmente neutra y abierta a todo aquel que quisiera participar.

Conforme se iban desarrollando los acontecimientos antes referidos, fuimos haciendo explícitas nuestras filias y posiciones filosófico-políticas, hasta un punto en que hablar de neutralidad podría ser visto como de mala fe por parte de quienes nos conocen, especialmente todas aquellas personas con las que tenemos trato habitual. Decidimos entonces dar un sesgo comprometido a la Asociación, poniéndola bajo la advocación de una personalidad que aúna el compromiso político y filosófico, y que además, es todo un gigante intelectual: José María Laso Prieto. Pero elegir el nombre de Laso Prieto, por todo lo que Laso representa, implica rebasar el marco de la Facultad de Filosofía, implica ocuparse no sólo de lo estrictamente filosófico sino también de cuestiones históricas, artísticas, divulgación científica... &c., y esto al margen de que difícilmente podría hacerse filosofía prescindiendo de todos esos materiales de primer grado de los cuales se nutre.

Una asociación es inseparable de quienes la fundan: quienes ponemos en marcha la asociación, mantenemos posiciones cercanas al marxismo y más concretamente al Materialismo filosófico, ello habrá de dejar su impronta. Ahora bien, el funcionamiento de una asociación legalmente constituida está regulado por una legislación, a la que no cabe sustraerse, que le impone a su núcleo directivo procedimientos democráticos para gobernarla.

Quedando todo dicho en cuanto a su génesis, doy paso a la declaración de principios de la Asociación José María Laso Prieto.

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Página web de la Asociación Universitaria José María Laso: http://lasoprieto.filosofia.tk/