Renovación en el decanato de la Facultad de Filosofía
de Oviedo
El
lunes quince del noviembre de 2004, en una Junta de Facultad grotesca,
donde se sorteó minutos antes la mesa electoral, y ocupando el decano
saliente de forma ilegal la presidencia de la Junta electoral, el
profesor de filosofía antigua y metafísica, Santiago González Escudero,
resultaba elegido Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad
de Oviedo, frente a Cipriano Barrio, vicedecano saliente y profesor
de filosofía natural. Escudero alcanzó la victoria por diecinueve
votos, su oponente obtuvo trece, estando la Junta compuesta por treinta
y cuatro miembros, entre los que hubo una abstención y un voto en
blanco. Siete de los diecinueve votos que recibió Escudero pertenecían
a los representantes de alumnos, que habíamos acordado votar conjuntamente
al candidato que saliera vencedor de unas elecciones entre el alumnado,
que fueron consideradas por la prensa como un referéndum en toda regla.
El voto de los representantes fue por tanto decisivo, porque mantuvimos
una unidad de acción duramente criticada por el candidato perdedor,
a pesar de los esfuerzos malogrados de los miembros del antiguo equipo
decanal para convencernos de lo contrario. Si a esos diecinueve votos
se les quitan los siete de los representantes estudiantiles se hace
patente que Cipriano Barrio era, aunque con una diferencia de un voto,
el candidato preferido por los profesores.
El ya mencionado referéndum fue una promesa electoral de la lista
que concurrió a las elecciones a representante de alumnos bajo el
nombre de los Melandros, interesadamente ambiguo. Celebradas
a finales de mayo de 2004, en estas elecciones se produjo uno de los
índices de participación más elevados de la Universidad de Oviedo:
cuarenta y ocho votantes. Tras el proceso electoral la otra lista
que resultó electa, Guernika F.A.U., se sumó a la iniciativa
y finalmente ambas listas se unificaron dando lugar a la actual coordinadora
de representantes.
Mediante el referéndum, los representantes delegábamos en el alumnado
nuestro voto en la Junta; el candidato a decano que obtuviera la confianza
de la mayoría de los alumnos, recibiría en la Junta el apoyo de la
totalidad de los representantes que secundábamos la iniciativa. Nos
decantamos por este sistema de transmisión del voto del alumnado,
en detrimento de otro que reflejase los porcentajes obtenidos por
cada candidato, a fin de mantener nuestra capacidad decisoria, para
lo cual era una condición sine qua non votar en bloque.
Barrio intentó, por razones evidentemente estratégicas, fracturar
nuestra unidad de acción en la Junta: expuso una serie de supuestas
objeciones éticas a los representantes, de palabra en las ocasiones
en que fuimos a hablar con él a su despacho y en una nota difundida
el día en que finalmente se celebró el referéndum, sustanciadas en
la similitud de nuestro sistema electoral al estadounidense, que supone
la negación de las minorías, en que este mecanismo de elección es
contrario al espíritu y la letra de los estatutos de la Universidad
de Oviedo y en que la extensión de este procedimiento al colectivo
formado por el profesorado, el grupo mayoritario en la Junta, implicaría
que la participación de alumnos y personal de administración en la
elección del decano fuese meramente presencial.
Dejando al margen que estas objeciones son en todo caso morales o
políticas en sentido metafórico, de ninguna manera éticas, pues no
se menoscaba la firmeza de sujeto alguno, la comparación con el sistema
norteamericano resulta inadecuada, pues aquí se trataba no de configurar
una cámara de electores, sino de decidir el sentido del voto de un
bloque minoritario, un veinticuatro por ciento en la junta de la facultad,
como es el de los representantes de alumnos, que por razones coyunturales
tiene una capacidad de decisión a la que sería absurdo renunciar.
Por otro lado, con todas las críticas que puedan hacerse a su sistema
político, Estados Unidos es una democracia, una democracia realmente
existente. Con respecto a la segunda objeción simplemente decir que
es absurda, pues los estatutos no prevén que los representantes deleguen
su voto en el conjunto del alumnado, eso es una iniciativa nuestra,
sino que permiten al representante hacer con su voto lo que considere
oportuno. De la última objeción parece desprenderse que entre el profesorado
no hay bloques que voten conjuntamente, es totalmente falso, lo que
ocurre es que ninguno de esos bloques engloba a la totalidad del profesorado,
aunque lo harían si fuera posible; esto nos da la medida de la diferencia
entre alumnos y profesores, pues si bien los primeros no dejan de
ser un grupo heterogéneo, los representantes también lo somos, tienen
intereses comunes en un grado muy superior a los del profesorado,
lo que hace de los representantes una suerte de partido de clase (evidentemente
en sentido lato). Por otra parte a quienes les corresponde formular
objeciones a un proceso totalmente oficioso, como es éste, del que
han sido convenientemente informados, es a los alumnos. Es preciso
decir que algunos alumnos nos manifestaron sus reticencias hacia el
voto en bloque, concretamente tres, pero fue una postura minoritaria.
Como los representantes habíamos apoyado abiertamente a Escudero
ante el carácter continuista del otro candidato, por su condición
de vicedecano, con un modo de dirigir la facultad oscurantista y limitado
a los aspectos puramente administrativos que descuidaba la promoción
de actividades propiamente filosóficas, propusimos a ambos candidatos
la celebración de un debate público, que finalmente no llegó a realizarse
ante la negativa de Barrio, quien lo veía como un apéndice de todo
este proceso electoral que juzgaba antiético, con objeto de que los
alumnos dispusieran de información de primera mano, no mediada por
las consideraciones de sus representantes, con la que formarse un
juicio.
El referéndum se celebró finalmente el día diez de noviembre. Votaron
nada menos que sesenta y ocho personas, podrían haber sido hasta ochenta,
pero quienes lo organizamos no supimos disponer mecanismos adecuados
para el voto no presencial y Rosa Cid, profesora de historia, que
actuó con absoluto celo como observadora neutral, no dio de paso los
votos a distancia; en todo caso es un porcentaje de participación
inusitado.
El resultado del referéndum arrojó una holgada victoria para Escudero,
la negativa de Barrio a participar en el debate y la difusión del
escrito con las críticas al proceso el mismo día de la votación, no
cayeron bien entre el alumnado.
Al
día siguiente de hacerse públicos los resultados, coincidiendo con
la sesión del departamento en que José Antonio Cerezo, profesor de
filosofía de la ciencia, era elegido jefe del mismo frente a Valdés
Villanueva, profesor de filosofía del lenguaje, también gracias al
apoyo de los representantes de alumnos que suman dos votos en este
órgano, apareció pegada en las puertas del edificio departamental
una nota ignominiosa donde se tachaba de nazis a los representantes
y, lo que es aún más inadmisible, a los que acudieron a votar; además
responsabilizaba veladamente a Escudero del supuesto desconocimiento
de Platón que afecta a los alumnos de la facultad. Esta misiva infame
rezumaba un elitismo propio de Oxford y venía firmada por «colectivo
de alumnos no representados por los representantes sive impresentables»,
una pedantería que dentro de lo malo nos permite repasar la equivalencia
material, explicada muy por encima en la asignatura de lógica.
Este referéndum constituye un hito, no solo dentro de la Facultad
de Filosofía, sino en el conjunto de la Universidad de Oviedo, que
esperamos tenga inercia y sea imitado en otras facultades. Es una
forma de involucrar al alumnado en la elección del decano, algo hasta
ahora totalmente opaco para este colectivo, y concienciarlo del poder
efectivo de la representación, al tiempo que se rompe su pasividad,
en cierto modo fomentada por las esferas de poder de las facultades.
La participación estudiantil es de capital importancia, pues en los
próximos años ha de acometerse la reforma de los planes de estudio
universitarios, para homologarlos a los europeos.
Este es a grandes líneas el proceso histórico, si se quiere, que
ha llevado a Escudero, aupado por el voto estudiantil, a ocupar el
puesto de decano. ¡Nadie olvide que este apoyo circunstancial no es
en absoluto un cheque en blanco!
Génesis de esta Asociación Universitaria
Paso ahora a presentar a la Asociación Universitaria José María
Laso Prieto.
Inicialmente, los representantes, junto con algunos compañeros de
estudios, pensamos en constituir una asociación de estudiantes de
filosofía con objeto de fomentar actividades de carácter eminentemente
filosófico y dar así algo de vida a una facultad, la de filosofía,
que debería ser un referente en lo que a agitación intelectual se
refiere, totalmente inerte. Iba a llamarse simplemente AEFUO (Asociación
de estudiantes de filosofía de la Universidad de Oviedo), nombre que
daba una imagen de neutralidad ajustado a la naturaleza de una asociación
concebida como totalmente neutra y abierta a todo aquel que quisiera
participar.
Conforme se iban desarrollando los acontecimientos antes referidos,
fuimos haciendo explícitas nuestras filias y posiciones filosófico-políticas,
hasta un punto en que hablar de neutralidad podría ser visto como
de mala fe por parte de quienes nos conocen, especialmente todas aquellas
personas con las que tenemos trato habitual. Decidimos entonces dar
un sesgo comprometido a la Asociación, poniéndola bajo la advocación
de una personalidad que aúna el compromiso político y filosófico,
y que además, es todo un gigante intelectual: José María Laso Prieto.
Pero elegir el nombre de Laso Prieto, por todo lo que Laso representa,
implica rebasar el marco de la Facultad de Filosofía, implica ocuparse
no sólo de lo estrictamente filosófico sino también de cuestiones
históricas, artísticas, divulgación científica... &c., y esto
al margen de que difícilmente podría hacerse filosofía prescindiendo
de todos esos materiales de primer grado de los cuales se nutre.
Una asociación es inseparable de quienes la fundan: quienes ponemos
en marcha la asociación, mantenemos posiciones cercanas al marxismo
y más concretamente al Materialismo filosófico, ello habrá de dejar
su impronta. Ahora bien, el funcionamiento de una asociación legalmente
constituida está regulado por una legislación, a la que no cabe sustraerse,
que le impone a su núcleo directivo procedimientos democráticos para
gobernarla.
Quedando todo dicho en cuanto a su génesis, doy paso a la declaración
de principios de la Asociación José María Laso Prieto.
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Página web de la Asociación Universitaria José
María Laso: http://lasoprieto.filosofia.tk/
