Pablo Huerga Melcón
Las memorias de Laso,
una lectura necesaria
Publicado en el diario La Nueva España (20-12-02)
con motivo de la publicación de las memorias de José
María Laso. .
1.
Para los que como yo hemos conocido a Laso en la década de
los noventa, tener la oportunidad de leer estas Memorias supone satisfacer
la enorme curiosidad que siempre suscitó entre nosotros. Laso
era ya entonces una figura pública de renombre en Oviedo y
Asturias. Acercarse a su “taller” de la Fundación
Isidoro Acevedo a conversar con él de los diversos acontecimientos
políticos, a usar y abusar de su impresionante biblioteca siempre
estimuló nuestra curiosidad por conocer la vida, la trayectoria
de Laso.
Como profesor de Instituto, siempre he pensado que los alumnos se
guían más y aprenden más de la actitud de sus
profesores, del talante personal, que de los conocimientos que se
transmiten, de hecho si esos conocimientos llegan a calar en su alma,
no se debe más que a la forma de transmitirlos, al entusiasmo
y la abnegación, la convicción y el compromiso.
Esto vale también para la relación que nuestra generación
ha tenido con Laso. Nos interesa saber cómo ha ido conformando
su vida, qué hizo, cómo respondió a las adversidades,
cómo fue para llegar a donde ha llegado, siendo como es. Por
eso, fundamentalmente, por el afán de emulación que
suscita en los educandos la persona del maestro, tratamos de indagar
y buscar en su existencia, su experiencia y su vida, los ejemplos
con los que adquirir patrones de conducta, modos de ser que sean compatibles
con el supremo fin de servir a la sociedad con compromiso, de hacerse
sabios, de salir de la caverna para volver a ella de nuevo con más
experiencia, con más conocimiento, con compromiso y lealtad.
Las Memorias de Laso han satisfecho en gran medida nuestra curiosidad
moral, la búsqueda del ejemplo, y dan cabal idea de lo que
un hombre (como dice Bueno, “he aquí un hombre”)
puede llegar a hacer, de cómo puede responder ante los reveses
de la vida. Su vida es un ejemplo moral del que tenemos mucho que
aprender, y en este sentido, las Memorias de Laso son una obra de
incomparable valor pedagógico.
Muchas de las cosas que nos cuenta, afortunadamente, las conocía
ya por las diversas ocasiones en las que he tenido la oportunidad
de conversar con él. Como ha sido siempre tan accesible, le
pido disculpas por la infinidad de preguntas que le he hecho durante
estos años, muchas, de todo tipo, y aun así, las Memorias
han contestado a otras muchas preguntas que o no se me ocurrió
hacérselas, o no he tenido tiempo aún de planteárselas,
y como tal, al leer su libro, se nos han planteado otras muchas que
espero tener la oportunidad de hacerle. Le animo además a que
culmine pronto su inestimable libro de viajes.
2. La vida de Laso relatada en estas Memorias, sin embargo, no ofrece
más que una leve semblanza de todo lo que ha vivido, impresionante
y terrible, duro y cruel, entrañable y enormemente estimulante.
Basta hacer un viaje con él para descubrir la multitud de anécdotas
y circunstancias que deberían recogerse para estimarlas completas,
aunque completas, como dice Bueno en el Prólogo, no pueden
serlo.
Más bien se asemejan a un mapa con respecto al territorio
representado, con ciertos puntos a través de los cuales
puede seguirse a veces a grandes trazos, otras veces de modo más
exhaustivo la trayectoria de su vida, una realidad totalmente inabarcable.
Que nade intente interpretar o valorar el grado de adecuación
entre las Memorias y la realidad, porque las Memorias mismas son una
reconstrucción desde la realidad, que se multiplica al infinito,
como ucando la cámara mira a la televisión que proyecta
la imagen que la cámara toma de la televisión, etc.
Las Memorias de Laso son la historia del siglo XX desde el punto
de vista de su trayectoria personal. Pero no es la vida de Laso en
el siglo XX, sino la representación del siglo que Laso y millones
de hombres y mujeres como él han contribuido a crear y han
sufrido día a día, golpe a golpe, y muerto a muerto.
El libro transita así desde un punto de vista personal, alzándose
una y otra vez a vista de pájaro hacia hechos y acontecimientos
lejanos, a veces inalcanzables, aunque siempre determinantes de su
vida, para volver luego a ras de tierra, a darnos más detalles.
La historia tiende a construir mapas, las Memorias son recorridos
concretos.
Su niñez, su estancia en el Penal de Burgos, la tortura y
Oviedo, son recuerdos narrados como si nos estuviera guiando a pie
por las avenidas, calles y pasadizos de su propia existencia. Prueba
de ello son esos curiosos comentarios como cuando advierte que del
Penal de Burgos no se hizo una imagen general hasta tiempo después
cuando volvió en los 80. Entró allí, como entramos
nosotros con él, fugazmente, clandestino, acusado y condenado
a vivir a ras de tierra y morder el polvo, a luchar entre la vida
y la muerte. Y de pronto, desde allí mismo, noz alzamos al
cielo para ver a Gagarin en órbita sobre la tierra, etc.
Ha viajado mucho, ha sido agitador y casi siempre responsable de
propaganda, información y formación, y sus Memorias
son también eso, un viaje, una visita guiada por los rincones
de su vida, por los rincones personales, por las heridas abiertas
de la historia de España y del Mundo, cada vez más cercanos,
constantemente copresentes, codeterminantes. Por ello estamos constantemente
elevándonos sobre los acontecimientos para darles una explicación
histórica y teórica, para regresar a ras de tierra e
incardinarlos en el tejido de su biografía.
3. Muchos han dicho de Laso que su vida es un ejemplo de constancia
militante, el ejercicio supremo de una libertad “que él
mismo ha convertido en una vida necesaria” (como dice Gustavo
Bueno, su amigo). También sus Memorias responden a esta militancia.
Las escribe para dar respuesta a todos aquellos que le preguntan y
las escribe con el compromiso de explicar, aclarar y orientar no tanto
a los curiosos como a los ávidos de emulación.
Creo que podrá parecer frívolo decir simplemente que
su vida es admirable, sin embargo lo es, encomiable, y como tal, lo
son también sus Memorias. Insto a todos “los que aspiran
a lo alto”, como dirían los platónicos, a que
lean estas Memorias, exentas de cualquier psicologismo, implacables
en la descripción de acontecimientos que hubieran podido derrumbar
a muchos hombres y de arruinar razonablemente la vida y la esperanza.
A todos los que buscan como ahora mi generación está
buscando, servir honradamente a su país, al mundo en el que
nos ha tocado vivir y a la causa que representan los hombres como
Laso. Un mundo que se aleja a fuerza del olvido, a base de la implacable
práctica de la desmemoria de nuestro esencial pasado.
Agradezco a Laso que haya hecho públicas estas Memorias necesarias
para nuestro país. Y agradezco más profundamente, como
partícipe de mi generación, todo el esfuerzo y el sufrimiento,
el trabajo y el tesón que las gentes como tú padecieron
para que estemos ahora donde estamos. El olvido, el secuestro de nuestra
historia a base no sólo de ocultar bajo montones de basura
mediática nuestro pasado, sino de acartonarlo en libros de
historia hechos a grandes trazos, y vistos desde la abstracción
ominosa de las nubes, donde los individuos se convierten en pequeños
puntos insignificantes (la mirada de los aviones que hoy hacen la
guerra a distancia), requiere de nuevo hacer que resuenen los yunques,
y ya vemos otra vez al militante incansable hacerlos sonar con el
martillo de su pluma, trazando de nuevo los surcos por donde vuelven
a fluir hacia nosotros las profundas aguas de la historia por las
que tu generación navegó y zozobró una y otra
vez, para que esas corrientes sean nuevo oleaje que sacuda nuestras
conciencias, y nos haga de nuevo despertar, aprender, conocer, y saber,
y actuar. Gracias a Laso y a tu generación, y al Partido Comunista
de España.
Quiero felicitar también a la Editorial Pentalfa y a la Fundación
Gustavo Bueno por asumir con tanto entusiasmo la empresa de la edición
de estas Memorias y por hacer una edición tan cuidada e impecable.
Espero que se lea este libro, porque su lectura no sólo es
interesante, entretenida, estimulante, curiosísima, sino porque
considero ante todo que su lectura es necesaria.
Gijón 20 de diciembre de 2002.
Pablo Huerga Melcón
