[La
tercera intervención en la ceremonia de presentación de la Asociación
de estudiantes José María Laso Prieto, tuvo por objeto] dar cuenta
del material proporcionado a los asistentes en el momento de iniciarse
el acto: un extracto del Prólogo que Gustavo Bueno Martínez escribiera
para el reciente libro de memorias que Don José María, presidente
honorífico de nuestra Asociación, redactó a petición de diversas amistades,
incluida la del prologuista, que no podían dejar pasar la urgente
pertinencia de su publicación. Y ello, principalmente, por dos motivos:
de un lado, el hecho de que los setenta y ocho años vividos ejemplarmente
por Laso se aproximen, en palabras suyas, a la «expectativa de vida
media en España»; del otro, la necesidad de que los ciudadanos, y
concretamente los españoles, «tomen conciencia» de los acontecimientos
sucedidos durante la dictadura franquista (acontecimientos entre los
cuales han de ocupar un destacado lugar las detenciones y varias torturas
que nuestro autor resistió con fortaleza, firmeza y generosidad espinosianas:
pues no sólo se trataba de salvaguardar, en la medida de lo posible,
la propia integridad física sino de procurar también que la existencia
de los demás no corriera peligro, algo que conseguía al no delatar
a sus compañeros del Partido).
El libro al que aquí nos referimos lleva como título De Bilbao
a Oviedo pasando por el penal de Burgos. Publicado por la editorial
Pentalfa, vio la luz en el año 2002, contando con una buena acogida
por parte de los infatigables lectores. No podemos negar, como es
obvio, el apoyo y la decisiva labor que el Partido Comunista de Asturias,
la Fundación Horacio Fernández Inguanzo, la Fundación Gustavo Bueno,
el Ayuntamiento de Gijón y el Ayuntamiento de Oviedo tuvieron a la
hora de fomentar su difusión.
José María Laso ha reivindicado en numerosas ocasiones la función
aleccionadora de la Historia. Desde el enfoque del Materialismo Filosófico,
orientado al análisis gnoseológico de las ciencias históricas, sólo
a partir de la presencia de personas que poseen experiencias propias
y que relatan hechos pretéritos a las clases de edad más jóvenes,
puede empezar a construirse el concepto de Historia (es decir, a partir
de la estructura del llamado «presente anómalo»). La importancia del
estudio de la Historia no reside en el interés subjetivo por el pasado,
más o menos ocioso, que algunas personas (formando élite ilustrada)
puedan tener, sino que es la previa presencia de los escalones de
las clases de edades «más entradas en años» y en la medida en que
mantengan, sobre todo lingüísticamente, relaciones «simétricas, transitivas
y reflexivas» con las clases de edades más jóvenes, lo que se nos
muestra como condición necesaria para que la Historia adquiera posteriormente
un interés objetivo. Resulta comprensible, entonces, el entusiasmo
mostrado por los miembros de la asociación estudiantil en el momento
de su constitución: contamos con la presencia de José María Laso,
hombre bueno y entrañable, portador de un maletín, sin fondo, lleno
de erudición y datos históricos para compartir.
De
sobra es sabido por todos que la ideología de Laso es solidaria del
Materialismo Histórico. Desde las coordenadas del Marxismo-Leninismo
los hechos históricos se concatenan unos con otros determinando el
futuro; en todo caso, desde nuestra perspectiva, la determinación
del futuro fisicalista denota exclusivamente el conjunto de reliquias
aún desconocido. Asumiendo tan arraigada tesis y teniendo conocimiento
de las vivencias de José María Laso, poder trabajar con él resulta
un honor (aunque se empecine en considerar que el honor es suyo).
Partiendo del presente y con la vista siempre clavada en él (¿podría
ser de otra forma?) los integrantes de la Asociación pretendemos desarrollar
nuestras actividades.
A la hora de recomendar las Memorias de Laso no se trata tanto de
recuperar la memoria histórica, composición de términos harto
metafísica, pues la memoria se asienta en los cerebros particulares
de los individuos, mientras que la Historia tiene que ver fundamentalmente
con el entendimiento, como de animar a las personas interesadas a
la lectura de un libro donde se vierte una visión, obviamente partidista,
de los hechos ocurridos durante el régimen franquista. El lector que
visite las páginas del libro podrá disfrutar de interesantes anécdotas
descritas por el autor. Y no por su mera condición de anécdotas dejan
de arrojar luz. Así, por ejemplo, cuando el Coronel Eymar, juez instructor
del Tribunal Militar Especial, observa la reacción de Laso al fijarse
en el sello de un auto de procesamiento, que llevaba la inscripción
del Tribunal de Espionaje y Comunismo, el Coronel le comenta:
No puede predicarse del hacer, buen hacer de Laso, aquello que Lenin
dijera del oportunismo socialdemócrata, que situándose bajo la exitosa
égida del abuso del término libertad (no olvidemos que «...bajo la
bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras
(...) y se ha despojado a los trabajadores») acababa por ser como
el tonel vacío de la fábula de Krylov: al rodar vacío, como vacías
están las soflamas de tantos reputados «intelectuales», levantaba
un ruido ensordecedor.
Concluyendo, José María Laso Prieto: luchador comunista, polemista
sólo tóxico para sectarios, Gramsciano sin intermitencias, filósofo...
Laso histórico.
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Página web de la Asociación Universitaria José
María Laso: http://lasoprieto.filosofia.tk/
