
Comunismo y compromiso
intelectual: Wenceslao Roces
3. Wenceslao Roces y la República
Por Benjamín Rivaya
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Publicado en Papeles de la FIM, nº 14,
2000, Madrid, Fundación de Investigaciones
Marxistas
Cedido para su edición digital por Benjamín
Rivaya.
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3.1. La actividad política
A partir de 1.930, el catedrático
de Romano se ausenta cada vez con más frecuencia de Salamanca. Comienza
solicitando un mes de permiso sin sueldo, y luego dos y tres, para
enlazar unos con otros y así vivir casi permanentemente en Madrid.
En la capital, un hervidero de oposición contra la monarquía, Wenceslao
Roces se dedica a la actividad revolucionaria desde una agrupación
que ese mismo año había ayudado a crear, el GIAR (Grupo Intelectual
de Acción Revolucionaria), junto a Bergamín, García Valdecasas,
Sánchez Román, Dorronsoro, Lacasa y otros. Por fin, solicita
la excedencia voluntaria y el 26 de septiembre del 31 se le concede, con lo que
se ve libre de obligaciones académicas para entregarse con todas
sus fuerza a la nueva causa. Ahora el trabajo de Roces va a tener
un objetivo más inmediato. Se ve claramente con la traducción de
¿Qué es una Constitución?, de Lasalle, que aparece precisamente
en 1.931, después de que se proclamara la República. Roces, que
ya se reconoce abiertamente marxista, muestra cierto escepticismo:
“¿Hemos de creer que un Parlamento, órgano deliberante y palestra
de mil corrientes encontradas de intereses y de opinión, va a tener
la eficacia ejecutiva que no fue capaz de revelar a España el que
ésta creyó su gobierno provisional? Tampoco en este punto a un lector
atento de Lassalle le es dado creer en milagros”.
Parece que desde un principio la postura de Wenceslao Roces respecto
a la República no fue de ningún entusiasmo; al contrario. Aunque
en 1.931 no militara en el Partido Comunista, ya se integraba en
su órbita y consideraba que tanto daba una república burguesa como
la monarquía alfonsina: “el cambio de monarquía a república burguesa
es, simplemente, el cambio de la forma bajo la cual se ejerce el
imperio de la clase gobernante sobre la clase oprimida, a veces
también (...) una mudanza del órgano que ejerce ese predominio,
pero jamás la abolición del predominio mismo, que sólo puede ser
obra de la revolución proletaria”.
En Madrid, Roces se integra
en la órbita del Ateneo,
en la que ya venía trabajando al menos desde los tiempos de El
Estudiante. Como casi siempre,
su labor fue callada, discreta, pero hay que suponer que efectiva.
En la institución madrileña no ocupó puesto directivo alguno, aunque
sí formó parte de la que se llamó “Comisión de los veintiuno”,
encargada de examinar las responsabilidades de la dictadura.
En cualquier caso, desde el Ateneo será desde donde salte, proclamada
ya la República, al Partido Comunista, un partido minoritario que
en 1.931 no llegaba al millar de afiliados.
Parece que fueron varios los ateneistas de izquierdas que primero
apoyaron al PCE y, después, hacia 1.932, ingresaron en su organización. La evolución
de Roces fue desde la lucha contra la dictadura, que se expresó
públicamente en El Estudiante, hasta el compromiso activo
por la opción revolucionaria. A partir de
entonces colaboraría con muy diversas organizaciones vinculadas
al Partido Comunista. Por ejemplo con el Frente Antifascista,
junto con José Antonio Balbontín, Ramón J. Sender, Dolores Ibarruri
o Francisco Galán. También con
la Asociación de Escritores y Artistas Proletarios, donde
se integrarían conocidos intelectuales: Mª Teresa León, Alberti,
Sender, Bergamín, Prado y, entre otros, Wenceslao Roces, y de donde
surgiría “la muy comprometida revista” Octubre:
“Octubre está contra la guerra imperialista, por la defensa
de la Unión Soviética, contra el fascismo, con el proletariado”,
decía bajo el título.
Pero en las dos asociaciones
en las que Roces participó más activamente fueron la de Amigos
de la Unión Soviética y el Socorro Rojo Internacional.
Por lo que se refiere a la primera, hoy sabemos que fue Roces su
mayor impulsor: “el alma de la misma”, le llama Toryho;
el “promotor de todo este movimiento intelectual”, según Arrarás. En efecto,
Wenceslao Roces estuvo entre los que pusieron en marcha el proyecto.
En febrero de 1.933 Julián Besteiro, entre otros muchos, recibió
una carta del comunista, con quien mantenía una buena relación.
Era un manifiesto fundacional de la AAUS. En él se decía que la
Unión Soviética ya tenía quince años de existencia, que se trataba
de un proyecto nuevo que debiera ser conocido por todos y que multitud
de noticias que circulaban sobre el Estado revolucionario eran falsas.
“La “Asociación de Amigos de la U.S.”, situándose por entero al
margen de los partidos y por encima de la tendencias y formaciones
políticas, aspira a reunir a cuantos creen que el mundo no puede
colocarse hoy de espaldas a lo que pasa en Rusia. Nuestra Asociación
no tendrá más programa ni más bandera que decir y ayudar a conocer
la verdad sobre la URSS, combatiendo con las armas de la verdad
la mentira, la calumnia y la deformación”. Roces pedía a Besteiro,
por tanto, que apoyara el proyecto: “Para el desarrollo eficaz de
todas estas actividades, nuestra Asociación necesita contar en toda
España con la adhesión individual o colectiva de representantes
de todas las clases sociales y de todas las tendencias políticas.
No se trata de crear un grupo más, sino de recoger un amplio movimiento
de opinión carente hasta hoy de órgano adecuado y de plasmar el
anhelo de miles y miles de españoles que no pueden considerar ajena
a sus preocupaciones humanas la lucha por la sociedad nueva que
ciento cincuenta millones de hombres están librando en el país de
los Soviets”.
No tengo noticia de la respuesta de Besteiro, pero sí de los firmantes
del escrito, de procedencias de lo más diversas.
La actividad de Roces en la
Asociación tuvo que ser intensa, participando en la elaboración
de multitud de publicaciones que editaba. Cierto día, estando Roces
trabajando en los locales de la AAUS, éstos fueron asaltados por
varios militantes jonsistas. Ataron al intelectual a una silla y
lo amordazaron, destruyeron materiales y huyeron con los ficheros
de la organización. Por cierto que uno de los que con más conocimiento
de causa lo narró, Ramiro Ledesma Ramos en ¿Fascismo en España?,
llamó a Roces “conocido dirigente comunista”.
La otra organización con la
que Wenceslao Roces colaboraría intensamente fue el Socorro Rojo.
El Socorro Rojo Internacional había sido creado en la URSS
en 1.922 con el fin de “ayudar a las víctimas de la represión en
los paises dominados por la reacción”. La nueva organización se
fue implantando en los diversos países, y en España lo hizo en la
segunda mitad de la década de los veinte, si bien fue en 1.932 cuando
se celebró el primer congreso nacional. Se decía “una
organización sin partido”,
pero era evidente que los principales dirigentes, como Roces, se
hallaban vinculados al PCE. También en este caso colaboraría el
comunista asturiano en la labor de propaganda.
Curiosamente, el Socorro Rojo tendría que ayudar poco tiempo
después a Roces y otros revolucionarios.
En octubre de 1.934 estalla
la insurrección en Asturias, y Roces se traslada inmediatamente
a su tierra. “Viví la realidad del heroismo, la combatividad de
los obreros; todo eso me impresionó”, dirá mucho después.
Antes de que fuera derrotado el intento revolucionario, Roces se
trasladó a Madrid, donde trataría de frenar la previsible represión.
Se entrevista con Ossorio, uno de los pocos políticos no comunistas
que le ofrecían confianza, y le pide, puesto que sabe que el levantamiento
obrero será aplastado inevitablemente en breve, que evite la represión.
“Cuando llegaban las tropas
a Asturias y se advertía el inminente fracaso de la revolución -cuenta
Ossorio-, apareció en mi casa un joven catedrático comunista a quien
yo había conocido en el Ateneo y me dijo:
·
Vengo
de Asturias. Aquello está irremisiblemente perdido, pero los mineros
no lo saben porque están incomunicados con el mundo y piensan que
su movimiento ha sido secundado y que toda España está ardiendo.
Hay que sacarles de su error a todo trance y convencerles de que
se rindan entregándose a la Justicia. Para ello es preciso que se
permita, a una comisión de personas de su confianza, atravesar las
líneas de fuego y llegar a conversar con los sublevados. Vengo a
rogar a usted que lo gestione cerca del gobierno.
·
Pero
-le dije- ¿se da usted cuenta del alcance de su petición? ¿Se hace
cargo de que muchos de los que se entreguen serán juzgados por los
Tribunales militares e inexorablemente fusilados?
·
Sí,
sí, demasiado lo comprendo. Pero yo le aseguro a usted que si se
cumplen los fallos de la Justicia, no pasará nada. Lo que nos aterra
es pensar que puede entrar allí una soldadesca desbocada y entregarse
a una matanza frenética. Eso crearía en Asturias una tremenda huella
de odios que no se extinguiría en tres o cuatro generaciones durante
las cuales toda la riqueza, toda la cultura, todas las normas de
convivencia en Asturias se perderían. Las consecuencias de tal represión
serían incalculables.
En sus memorias, Ossorio cuenta
que lo intentó, pero que ya entonces sería demasiado tarde. Bastará poco
tiempo para que incluso el mismo Roces sea encarcelado por participar
en la revolución asturiana.
¿Efectivamente pasó el comunista un año en prisión?
La abundancia de fuentes diversas así lo demuestran: lo reconoce el
mismo Roces, Adolfo Sánchez
Vázquez, su compañero,
y los tribunales franquistas de responsabilidades políticas. Tras la prisión,
al igual que otros comunistas que habían participado en el levantamiento
revolucionario, se exilió en la URSS, donde se dedicaría a afianzar
su conocimiento del ruso (luego traduciría al castellano diversos
libros en esa lengua) y a desarrollar su proyecto más importante,
la traducción al castellano de El Capital.
Después de la victoria del Frente Popular en febrero del 36,
Roces regresará a España.
Pero aunque Roces participó
en todas las luchas sociales de su época y tuvo un papel notable
en muy diversas empresas intelectuales, el recuerdo que de él ha
quedado lo vincula al nombre y la obra de Karl Marx. En concreto,
Roces ha pasado a la historia como el mejor traductor al castellano
de El Capital, aunque las
palabras de Ribas muestran más plenamente su aportación: “es el
marxista español del siglo XX a quien más debe la difusión en castellano
de la obra de Marx y Engels”.
En realidad, durante su vida en España cabe distinguir dos etapas
profesionales e ideológicas claramente deferenciadas. La primera,
la de los veinte, universitaria, cuando Roces se vuelca en la traducción
de obras de Derecho y milita, aun críticamente, en las filas neocríticas
de Stammler. La segunda, la de los treinta, directamente política,
cuando abraza la filosofía marxista e idea el proyecto más ambicioso
de cuantos había habido en España para introducir la literatura
socialista en nuestro suelo.
En ambos períodos, la capacidad de trabajo que desarrolló fue impresionante,
pero una visión de conjunto de su obra no debiera olvidarse del
primero, también relevante.
En cuanto a la introducción
del marxismo en España, comienza el siglo pasado, mas sin que existiera
un proyecto sistemático de traducción.
Por fin, en 1.931 aparece la primera edición completa de El Capital
en castellano, obra de Manuel Pedroso,
y a la que Roces, ya perfecto conocedor del alemán, criticará
duramente desde las páginas de Bolchevismo (Organo teórico del
Partido Comunista de España, se subtitulaba): “hay aberraciones
de traducción para colmar el gusto del más exigente coleccionista
de ellas y que van desde el leve desliz hasta la franca mostruosidad”.
Antes y después de afiliarse, la vinculación de Wenceslao Roces
al Partido Comunista, sus amplios conocimientos y sus muchas relaciones,
lo convertían en la persona adecuada para acometer el proyecto de
traer a Marx a España. Si es con la instauración de la segunda República
cuando la recepción aumenta y se vuelve rigurosa, Roces es quien
la dirige y no sólo, aunque también, porque a través de él se establezcan
contactos “con el Instituto editor en Moscú de las Werke
de Marx y de Engels”.
La traducción de las grandes obras del marxismo era una misión revolucionaria,
un paso más en la construcción de “un orden nuevo”, y Roces acometió
esa labor, necesaria también desde otros puntos de vista.
Un joven amigo de Roces, Rafael
Giménez Siles,
junto con Graco Marsá, con quien coincidió en la Modelo en 1.928,
ese mismo año decidió poner en marcha un proyecto editorial que
estaría llamado a ser uno de los más importantes del tiempo republicano,
el de Cenit, proyecto vinculado
-según algunos- al Partido Comunista.
Tras ciertas tensiones iniciales, también se incorporó al equipo
Wenceslao Roces, y en esa editorial dirigirá una fundamental colección
para la introducción del marxismo en España, la que se llamó Biblioteca
Carlos Marx, en la que aparecerían obras no sólo de Marx sino
de también de Engels, de Lenin o de Rosa de Luxemburgo. Pero también
de la editorial Cenit dependieron los Cursos de Iniciación Marxista,
cuya dirección de la edición española otra vez recayó en Roces.
En ambos casos, las cuidadas ediciones demuestran el rigor con el
que acometió la tarea y la clara pretensión de popularizar el marxismo. En cuanto
a la Biblioteca Carlos Marx, en la contraportada de casi
todos los cuadernos de los Cursos de Iniciación Marxista
constaba la exposición de motivos: “En esta colección se reunirán,
esmeradamente impresos, en traducciones directas e impecables y
magníficamente encuadernados, los libros fundamentales da la teoría
socialista y su aplicación a los problemas del día, la historia,
la doctrina y la polémica de los grandes caudillos del proletariado
internacional, la vida y la obra de los grandes pensadores socialistas
del campo marxista y de sus adversarios más importantes. La Biblioteca
Carlos Marx será una colección de obras de consulta indispensables
para cuantos quieran capacitarse seriamente frente a los problemas
y las luchas sociales de nuestros días”. En cuanto a los Cursos
de Iniciación Marxista, en la penúltima página del primer cuaderno
se advertía que pretendían “llenar las necesidades de los que, deseando
estudiar sistemáticamente el marxismo, no disponen de medios o facilidades
para asistir a una escuela marxista”.
Pero además de dirigir colecciones,
Roces se encargó de traducir las fundamentales obras marxistas. Amén
de otras muchas, hay que destacar El Manifiesto Comunista y
el primer volumen de El Capital.
En cuanto al primero de los citados, Roces se encargó de la traducción,
pero también de prologarlo y de un estudio, impresionante por su erudición,
sobre la historia del “inmortal documento”. En el prólogo advertía
que se trataba de “la partida de nacimiento del socialismo crítico”,
que no pretendía ser “una nueva interpretación del mundo en un plano
contemplativo” sino palanca de transformación, y que sus ideas-eje
seguían valiendo, aunque también contuviera otras circunstanciales
y, por tanto, revisables. Cosa distinta era -dijo- el planteamiento
de los “partidos “socialistas” que se dicen herederos de Marx y de
las doctrinas del Manifiesto”, y que “cifran toda su misión
en salvar lo que no tiene salvación, colaborando con la burguesía
en el Poder y sobreponiendo al interés de clase del proletariado el
interés sagrado de la “nación”, la “sacrosanta riqueza nacional”.
Manuel TUÑON DE LARA, Medio siglo de cultura española (1.885-1.936),
Madrid, Tecnos, 1.984 (304 p.), p. 279-281; Estudios de historia
contemporánea, Barcelona, Hogar del Libro, 1.982 (280 p.), p.
192; José Luis ABELLAN, Historia crítica del pensamiento español.
La crisis contemporánea. III. (1.875-1.939), Madrid, Círculo
de Lectores, 1.989 (539 p.), p. 420-421. Para la evolución de una
parte de la intelectualidad española del entonces, vid. el capítulo
"La radicalización de los intelectuales jóvenes", de Javier
TUSELL y Genoveva G. QUEIPO DE LLANO, Los intelectuales y la
República, Madrid, Nerea, 1.990 (276 p.), p. 67-92.
WR en Ferdinand LASALLE, ¿Qué es una Constitución? (con una
Introducción Histórica de Franz Mehring y Prólogo
de WR), Madrid, Cenit, 1.931 (156 p.), p. 14.
WR, "Prólogo", en Leonardo MORAES, Portugal bajo la
espuela militar. Cinco años de terror blanco, Madrid, SRI, ¿?
(31 p.), p. 1. En este texto Roces hacía una propuesta original,
la creación de una "Unión Federativa de Repúblicas Socialistas
Soviéticas Ibéricas" (p. 3).
El Ateneo entonces era un lugar de encuentro para muchos intelectuales
republicanos, y en él se gestarían multitud de proyectos; entre
otros, el de la República. Incluso se ha llegado a decir que del
Ateneo saldría el nuevo régimen, sin duda porque los miembros del
próximo gobierno republicano se reunían en su sede: Antonio RUIZ
SALVADOR, Ateneo, Dictadura y República, Valencia, Fernando
Torres editor, 1.976 (284 p.), p. 112. No es extraña la condena
que la historiografía franquista, referida al período que va de
1.925 a 1.935, pronunció sobre esta institución: esa década "es
para el Ateneo una lamentable solución de continuidad. La virtud
de la tolerancia se ha extinguido [...] No hay libertad. Hay solamente
libertinaje para el grupo que habría de traer la revolución y entregar
a España al comunismo ruso" [Luis ARAUJO COSTA, Biografía
del Ateneo de Madrid, Madrid, Imp. Samarán, 1.949 (207 p.),
p. 157; Vicente MARRERO, La guerra española y el trust de cerebros,
Madrid, Ediciones Punta Europa, 1.961 (683 p.), p. 102 y 103]. A
juicio de un testigo privilegiado de la actividad del Ateneo en
aquellos años, Angel Ossorio, que lo presidió, tal organismo era
"adorado por los liberales" y "odiado por los reaccionarios".
No extraña que casi todos sus miembros optaran por la República:
"Como es lógico, toda aquella muchedumbre de ateneístas y de
simpatizantes se inclinó hacia la República, que recibió así una
aportación considerable. Cualquier hombre medianamente culto habría
de ver con asco una Monarquía que se entregaba a la dictadura y
una dictadura que, desde el primer instante, daba pruebas de analfabetismo"
[Angel OSSORIO GALLARDO, Mis memorias, Madrid, Tebas, 1.975
(253 p.), p. 101 y 104]. Por ser otro testigo privilegiado, es interesante
el juicio de Emilio Mola, Director General de Seguridad por aquella
época: "Gozaba el Ateneo Científico y Literario de un fuero
de excepción que le permitió ser no sólo foco de toda rebeldía,
sino también parque eventual de armas de los revolucionarios"
[Emilio MOLA VIDAL, Obras Completas, Santander, Librería
Santarén (Valladolid), 1.940 (1.213 p.), p. 637].
El propio WR reconocerá que trabajó muy intensamente "en la
vida política y en la vida intelectual sobre todo a través del Ateneo":
Ascensión H. de LEON-PORTILLA, España desde México, cit.,
p. 355.
La Comisión estuvo formada por relevantes personalidades republicanas:
Manuel Azaña (presidente), Fernando de los Ríos, Indalecio Prieto,
Julián Besteiro, Angel Ossorio, Marcelino Domingo, Felipe Sánchez
Román, Miguel Maura, Luis Vives, Niceto Alcalá Zamora, Gabriel Franco,
Daniel Ríu, Feliz Benítez de Lugo, Manuel Alonso Zapata, Leonardo
Martín Echevarría, Rodrigo de Rodrigo, Enrique Martí Jara, Wenceslao
Roces, Adolfo Posada, Juan Uña y Vicente Gaspar y Antonio Obregón
(secretarios). Desde que fue constituida, en julio del treinta,
hasta fines de ese año trabajó intensamente, recibiendo el testimonio
de los afectados por el régimen de Primo de Rivera y ejerciendo
en algunas ocasiones la acción popular. Vid. Antonio RUIZ SALVADOR,
Ateneo, Dictadura y República, cit., p. 72-76. También se
hace referencia a la Comisión, dentro de una sintética visión de
la labor del Ateneo en aquel tiempo, en Jean BECARUD y Evelyne LOPEZ
CAMPILLO, Los intelectuales españoles durante la II República,
Madrid, Siglo Veintiuno Editores, 1.978 (184 p.), p. 14-18.
Respecto al carácter minoritario del partido: José BULLEJOS, España
en la Segunda República, México, Impresiones Modernas, 1.967
(183 p.), p. 50-54. Parece que tampoco contaba entre sus filas con
intelectuales, según otro militante de la época republicana, Balbontín:
José Antonio BALBONTIN, La España de mi experiencia, cit.,
p. 271.
Entre ellos, además de Roces, Francisco Galán, Jiménez Siles, Joaquín
Arderius, Ricardo Baroja y García Negrete, según José BULLEJOS en
La Comitern en España. Recuerdos de mi vida, México, Impresiones
Modernas, 1.972, p. 156. También Víctor ALBA El Partido Comunista
en España, Barcelona, Planeta, 1.979 (388 p.), p. 116-117, donde
señala las incorporaciones más importantes que entonces consiguió
el PCE: el Partido de Izquierda Revolucionaria y Antiimperialista,
un grupo de socialistas independientes y el núcleo del Ateneo. Otros
vinculan su entrada en el partido al influjo de ciertas editoriales,
Cenit y Europa-América, en "grupos de intelectuales de izquierdas":
Joan ESTRUCH, Historia del PCE (1) (1.920-1.939), Barcelona,
El Viejo Topo, 1.978 (169 p.), p. 70. "Ingresó en el PCE en
el año 1.932, si mal no recuerdo", dice Santiago ALVAREZ, "Wenceslao
Roces. A vuela pluma", Madrid, 1.992 (inédito), p. 1. En cambio,
en una biografía que consta en las diligencias que se le abrirían
tras la guerra por los tribunales franquistas, se hace constar que
ingresó en el PCE en septiembre de 1.934: AHN, SGC, Exp. 17.155.
Por lo que sé, me parece más fiable el dato aportado por Santiago
Alvarez.
Con carácter general, la evolución fue apuntada por Balbontín en
relación con los jóvenes que se reunieron alrededor de El Estudiante,
y hay que suponer que incluía a WR: "La imposibilidad de expresar
libremente nuestro pensamiento, a la luz del día, nos llevó a los
jóvenes intelectuales de aquel grupo [...] a buscar los vericuetos
de la acción revolucionaria"; en José Antonio BALBONTIN, La
España de mi experiencia, cit., p. 187.
Rafael CRUZ, El Partido Comunista de España en la II República,
Madrid, Alianza Editorial, 1.987 (314 p.), p. 167.
La expresión es del propio Alberti: Rafael ALBERTI, La arboleda
perdida. Libros III y IV de memorias, Barcelona, Seix Barral,
1.987 (379 p.), p. 296. Al respecto, vid. Jacinto TORYHO, Del
triunfo a la derrota, Barcelona, Argos Vergara, 1.978 (441 p.),
p. 127-128; Enrique MATORRAS, El comunismo en España, Madrid,
Imp. Aldecoa (Burgos), 1.935 (187 p.), p. 152.
No es extraña la clasificación que por aquel entonces hacía el comunista
Arconada, para quien entre la intelectualidad del momento cabía
distinguir entre una facción fascista y contrarrevolucionaria (Montes,
Bergamín -decía-, Ledesma Ramos, Giménez Caballero, Sánchez Mazas),
otra pequeñoburguesa (Jarnés, Gómez de la Serna, Obregón, Salazar
y Chapela), una más purista (los "acostumbrados a sonoridades
de flauta y a símbolos de pluma") y otra revolucionaria (Arderius,
Sénder, Prados, Alberti, Roces): César M. ARCONADA, "Quince
años de literatura española", Octubre 1, junio-julio
de 1.933 (p. 3-7), p. 7.
Jacinto TORYHO, Del triunfo a la derrota, cit., p. 128-129.
Joaquín ARRARAS, Historia de la segunda República española,
Madrid, Editora Nacional, 1.969 (4 vols.), vol. II, p. 182. Vid.
también Hipólito ESCOLAR SOBRINO, La cultura durante la guerra
civil, Madrid, Alhambra, 1.987 (407 p.), p. 82.
AJB-228-37. Pueden verse también los Estatutos de la Asociación
que se aprobarían en 1.937: Estatutos de la Asociación de Amigos
de la Unión Soviética. Aprobados en la II Conferencia Nacional,
celebrada en Valencia los días 10 y 11 de junio de 1.937, Valencia,
Imprenta Pau (socializada), 1.937 (16 p.).
"Luis Lacasa, arquitecto.- M. Rodríguez Suárez, arquitecto.-
José Mª Dorronsoro, ingeniero.- J. Planelles, médico.- E. Ugarte,
escritor.- R. Díaz-Sarasola, médico.- Angel Garma, médico.- Santiago
Esteban de la Mora, arquitecto.- Pedro de Répide, escritor.- Manuel
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de las Cárdenas, ingeniero.- J. Díaz Fernández, escritor.- Ricardo
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R. del Valle-Inclán, escritor.- Luis Calandre, médico.- Augusto
Barcia, abogado.- Pío Baroja, novelista.- G. Marañón, médico.- María
Martínez Sierra, publicista.- A. Novoa Santos, médico.- Jacinto
Benavente, escritor.- María Rodríguez, viuda de Galán.- Carolina
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Vázquez Humasqué, ingeniero.- Enrique Balenchana, ingeniero.- Juan
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Juan Cristóbal, escultor.- T. Pérez Rubio, pintor.- Juan de la Encina,
crítico de arte.- José Mª López Mezquita, pintor.- José Capuz, escultor.-
Julián Zugazagoitia, periodista.- Luis de Tapia, escritor.- Luis
Salinas, abogado.- Ramón J. Sénder, periodista.- J. Gordón Ordás,
veterinario.- Pío del Río-Ortega, histólogo.- J. Vázquez López,
médico.- J. Costero, catedrático.- R. Salazar Alonso, catedrático.-
Marcelino Pascua, médico.- Luis Vello, periodista.- Clara Campoamor,
abogado.- W. Roces, catedrático.- Luis Jiménez de Asúa, catedrático.-
Cristobal Ruiz, escultor.- Victorio Macho, escultor.- Víctor Masriera.-
Nicanor Piñole, pintor.- Joaquín Arderius, pintor.- R. Giménez-Siles,
editor.- F. Sánchez Román, catedrático.- Sánchez Covisa, catedrático.-
Agustín Viñuales, catedrático.- T. Herenando, catedrático".
Curiosamente, Wenceslao Roces ya era cuñado de José María Dorronsoro,
pues había contraido matrimonio con su hermana, Carmen Dorronsoro,
en noviembre de 1.932, y con ella tendría dos hijos. Por cierto
que Joaquín Arrarás incluye a Carmen Dorronsoro entre los firmantes
del escrito de apoyo a los Amigos de la Unión Soviética:
Joaquín ARRARAS, Historia de la segunda República española,
cit., vol. II, p. 81, n. (La lista de Arrarás incluye a más personas).
Ramiro LEDESMA RAMOS, Escritos Políticos. 1.935-1.936. ¿Fascismo
en España? La Patria Libre. Nuestra Revolución, Madrid, Herederos
de Ramiro Ledesma Ramos, 1.988 (315 p.), p. 82. El suceso debió
de tener cierta relevancia pública, pues de él también se hizo eco
Giménez Caballero: Ernesto GIMENEZ CABALLERO, La nueva catolicidad.
Teoría General sobre el fascismo en Europa: en España (2ª ed.),
Madrid, Ediciones de la Gaceta Literaria, 1.933 (217 p.),
p. 190.
Normas para el funcionamiento del Socorro Rojo de España,
¿Madrid?, Ediciones Socorro Rojo, ¿1.937? (22 p.), p. 5-6.
¿Qué es el Socorro Rojo Internacional? Sus luchas, su organización,
sus formas y métodos de trabajo y de agitación, Sevilla, Ediciones
Socorro Rojo, ¿? (20 p.), p. 5.
Vid. el "Prólogo" a Leonardo MORAES, Portugal bajo
la espuela militar. Cinco años de terror blanco, Madrid, SRI,
¿? (31 p.).
Ascensión H. de LEON-PORTILLA, España desde México, cit.,
p. 356.
Angel OSSORIO Y GALLARDO, La España de mi vida. Autobiografía,
Barcelona, Grijalbo, 1.977 (253 p.), p. 140-143. Con ligeras variaciones,
también en Mis memorias, Madrid, Tebas, 1.975 (238 p.), p.
186-187.
No sé si Roces llegó o no a ser juzgado, pero se iniciaron diligencias
contra él. Algunos de sus antiguos compañeros de la Universidad
de Salamanca (entre ellos, casi con toda seguridad, estaba Unamuno)
remitieron un escrito al Juzgado correspondiente, donde se afirmaba
que Roces era
"- De puntualidad ejemplar.
- De reconocida competencia.
- De apasionado amor al trabajo.
- De vida de recogido aislamiento.
- De temperamento sincero y hondamente afectivo.
- De carácter profundamente moral.
- De intachable conducta y de gran austeridad".
[Archivo de Benjamín Rivaya Riaño].
En la entrevista que transcribe Ascensión H. de León-Portilla, WR
dice que estuvo un año en la cárcel de Oviedo: LEON-PORTILLA, España
desde México, cit., p. 356.
Según Sánchez Vázquez, pasó once meses en prisión: "En homenaje
a un español ejemplar", cit., p. 151.
En una pequeña biografía que circuló por éstos, se decía: "Estuvo
encarcelado durante un año en Noviembre de 1.934"; vid. AHN
(SGC), exp. 389.
Allí se volcó en la traducción al castellano de El Capital:
Irene FALCON, Asalto a los cielos. Mi vida junto a Pasionaria,
Madrid, Temas de Hoy, 1.996 (455 p.), p. 126.
J. ANDRADE, recensión de "Carlos Marx, El Capital (Crítica
de la Economía Política) I Tomo completo. Trad. de Wenceslao
Roces. Editorial Cenit. 1.935. 20 pesetas", en Leviatán
16, agosto de 1.935, p. 58-59; Eduardo COMIN COLOMER, La República
en el exilio, Barcelona, Editorial AHR, 1.957 (705 p.); Marta
BIZCARRONDO, Leviatán y el socialismo de Luis Araquistain,
Verlag Detlev Anvermann, 1.974 (455 p.), P. 82; Jacinto TORYHO,
Del triunfo a la derrota, cit., 1.978, p. 116; Salvador REYES
NEVARES en VARIOS, El exilio español en México, cit., p.
569; José Luis ABELLAN, Historia crítica del pensamiento español.
La crisis contemporánea. III. (1.875-1.939), Madrid, Círculo
de Lectores, 1.989 (539 p.), p. 422-423, n.
Pedro RIBAS, Aproximación a la historia del marxismo español
(1.869-1.939), Madrid, Ediciones Endymion, 1.990 (319 p.), p.
134.
Hay que trazar un paralelismo entre WR y Diego Abad de Santillán,
de quien también se cumplió en 1.997 el centenario de su nacimiento,
pues si el primero introdujo en España la literatura socialista
por medio de las traducciones de los grandes autores marxistas,
Abad de Santillán hizo lo mismo con la literatura anarquista (Bakunin,
Proudhon, Malatesta, Fabri, Ramus, Rocker, etc.). Curiosamente,
también Abad de Santillán traduciría al castellano una obra fundamental
de la filosofía jurídica, la de Ihering, El fin en el Derecho.
En cuanto a la literatura troskista, fue Andreu Nin quien se dedicó
a la traducción, si bien es cierto que también WR traduciría una
obra fundamental de Liev TROTSKI, Mi vida (con un epílogo
de Jaime Pastor Verdú), Madrid, Tebas, 1.978 (634 p.). Probablemente
estos datos bibliográficos corresponden a una reedición, siendo
la primera de principios de los treinta.
Sobre la introducción del marxismo en España por medio de traducciones
y estudios: Pedro RIBAS, "Bibliografía hispánica de Marx (1.869-1.939)"
y "Análisis de la difusión de Marx en España", Anthropos.
Marx en España, 100 años después 33-34, extraord. 4, 1.984 (p.
29-53 y 58-63 resp.) ; La introducción del marxismo en España
(1.869-1.939). Ensayo bibliográfico, Madrid, Ediciones de la
Torre, 1.981 (231 p.); Aproximación a la historia del marxismo
español, cit.
Los comentarios del editor en Manuel AGUILAR MUÑOZ, Una experiencia
editorial, Madrid, Aguilar, 1.972 (2 vols.),vol. II, p. 702-703.
Roces siempre fue considerado un excelente traductor, aunque en
alguna ocasión también fuera criticada su labor: vid. recensión
de "FISCHBACH (Oskar Georg): Derecho Político general y
constitucional comparado (Núms. 152-153 de la "Colección
Labor" en un volumen). Traducción y ampliación de W. Roces,
Barcelona, 1.928", en RCJS 45, año XI, oct.-dic. de 1.928 (p.
583-584).
WR, "Una edición completa del "Capital", Bolchevismo
3, 30 de julio de 1.932 (p. 60-64), p. 61.
Vid. Francisco FERNANDEZ BUEY, "Marxismo en España", Sistema
66, mayo de 1.985 (p. 25-42), p. 33.
WR, "Una edición completa del "Capital", cit., p.
60.
Entre otros ámbitos, el marxismo era desconocido también en el universitario,
y no sólo español sino en el europeo en general: vid. Adolfo SANCHEZ
VAZQUEZ, "Exilio y filosofía", Leviatán 47, primavera
de 1.992 (p. 113-125), p. 116; "En homenaje a un español ejemplar",
cit., p. 152.
Respecto a Giménez Siles ha quedado el testimonio de Azaña (ateneistas
ambos), quien lo calificaba de "joven de turbios antecedentes
políticos", y que parecía no inspirarle mucha confianza: citado
por Antonio RUIZ SALVADOR, Ateneo, Dictadura y República,
cit., p. 116.
Para todo lo relativo a Cenit, Gonzalo SANTONJA, La República
de los libros. El nuevo libro popular de la II República, Barcelona,
Anthropos, 1.989 (191 p.), p. 39-99; también Manuel TUÑON DE LARA,
Medio siglo de cultura española, cit., p. 278-281.
Vid. Víctor ALBA, El Partido Comunista en España, cit., p.
113. En otro sentido, Diego HIDALGO DURAN, ¿Por qué fuí lanzado
del ministerio de la guerra? (Diez meses de actuación ministerial)
, Madrid, Espasa-Calpe, 1.934 (191 p.), p. 19.
Téngase en cuenta que a la altura de 1.934 un joven democristiano
discípulo de Ossorio decía que en España casi no había marxismo.
"La psicología y la ideología de las grandes masas obreras
españolas no son las más aptas para asimilar construcciones científicas
difíciles y complicadas. Teoría del valor, proceso de acumulación
capitalista, formación de la plusvalía, interpretación materialista
de la historia, determinismo, formación de la moral y del Derecho
como una superestructura de la economía... ¡Adónde vamos!".
A su juicio, el comunismo en España era una invención de la derecha
con turbios propósitos: José María SEMPRUN GURREA, "L'Espagne
en face de son destin", Esprit 26, 1-XI-1.934 (p. 332-349),
p. 342. Precisamente un ferviente anticomunista, años después, reconocería
que WR lo que trataba era de "hacer comprensible el galimatías
marxista a cualquier mentalidad": Eduardo COMIN COLOMER, Historia
secreta de la Segunda República, cit., p. 589-590.
Se iniciaron dos de los Cursos, Economía Política e Historia
del movimiento obrero internacional, pero ninguno de los dos
pudo terminarse, ni tampoco iniciarse otros que se habían planeado,
pues la Editorial alemana que los suministraba, debido a la persecución
nazi, dejó de hacerlo.
Sobre ambas obras y su importancia en el contexto español, Pedro
RIBAS, La introducción del marxismo en España..., cit., p.
29-44. Sobre el Manifiesto, Manuel TUÑON DE LARA, Medio
siglo de cultura española, cit., p. 286-287.
WR en Karl MARX y Friedrich ENGELS, El manifiesto comunista,
Madrid, Cenit, 1.932 (502 p.), p. 7-8 y 12.
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