Asociación Cultural Wenceslao Roces

 

 

Wenceslao Roces

Comunismo y compromiso intelectual: Wenceslao Roces

4. Wenceslao Roces y la Guerra Civil

Por Benjamín Rivaya

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Publicado en Papeles de la FIM, nº 14,

2000, Madrid, Fundación de Investigaciones Marxistas

Cedido para su edición digital por Benjamín Rivaya.

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Sublevados los militares, Roces participa activamente en la defensa de la República. Su primera misión fue la de viajar a la capital francesa para gestionar el apoyo del país vecino a la causa republicana[1]. Estando en París, recibe la noticia de que se le nombra Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, siendo ministro el también comunista Jesús Hernández (GDM, 10-IX-36)[2]. Christopher H. Cobb ha descrito al Roces Subsecretario: un intelectual preeminente de la vida cultural de aquel tiempo, enormemente preparado, serio, eficaz, pero con imagen autoritaria e intransigente[3]. Comunista estricto, no gustaba de mostrarse como catedrático. “En el fondo era menos duro de lo que tenía que aparentar”, diría quien entonces fue su secretario[4]. Respecto al papel que le tocó jugar al comunista asturiano no cabe duda de su protagonismo en la dirección del nuevo Ministerio[5]. Tanto en Madrid como en Valencia[6], la labor gubernamental en materia cultural y de educación ha sido valorada positivamente[7]. El mismo Roces relata la lucha que entablaron contra el analfabetismo, la creación de Institutos para obreros y, sobre todo, las gestiones que se llevaron a cabo para preservar el tesoro artístico del museo del Prado[8]. En efecto, las más fundamentales labores que emprendió el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes fueron las de la enseñanza y la preservación del tesoro artístico nacional.

En cuanto a la educación, fueron muy diversos los organismos que se crearon desde el Ministerio para extender la cultura y luchar contra el analfabetismo: los Institutos para Obreros, las Milicias de la Cultura, Cultura Popular, los Clubs de Educación en el Ejército o las Brigadas Volantes de Lucha contra el Analfabetismo[9]. Nada menos que José Castillejo afirmaría que un “ministro comunista de educación” parecía “haber tenido más confianza en la iniciativa local que los republicanos intelectuales”, al haber adoptado medidas de descentralización administrativa”. Y refiriéndose a los logros concretos: “A miles de niños se les ha puesto en unas condiciones semejantes a las del hogar, han sido alimentados y educados; los maestros han despertado a un espíritu de sacrificio que ha penetrado tanto en las escuelas como en las familias; y se han abierto nuevas escuelas elementales [...] La cultura popular ha sido difundida y ansiosamente asimilada en cursos especiales o lecciones en hospitales, cuarteles e incluso trincheras”[10]. “La España leal era como una inmensa escuela”, diría más tarde Mª Teresa León[11]. Por lo que se refiere al ámbito universitario, se trató de renovar los planes de estudios, las categorías del profesorado e, incluso, las denominaciones (en concreto, la Facultad de Derecho pasó a denominarse, seguro que por influjo de Roces, Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Económicas), amén de comenzarse la inevitable labor de depuración ideológica[12]. En el mismo sentido, no es extraño que Roces aprovechara su cargo para modificar partidas presupuestarias: suprimió la de gastos de representación de los Rectores y dedicó el dinero a la de lucha contra el analfabetismo[13]. Los muchos logros alcanzados, sin embargo, tuvieron su reverso en las críticas de sectarismo que los comunistas recibieron por la forma de desempeñar su labor. Téngase en cuenta que dentro del bando republicano había diversos proyectos educativos y culturales[14], y que parece que el Ministerio impuso el del PCE, sobre todo frente a los otros de tendencia troskista y anarquista[15].

En cuanto el trabajo para proteger el tesoro artístico (y bibliográfico[16]) español, la voluntad del Ministerio también resultó determinante. Respecto a la participación de Roces en esta fundamental labor, como es natural casi no se han conservado noticias fehacientes[17], pero es seguro que fue uno de los impulsores. Aunque no citen su nombre, es fácil deducirlo de los recuerdos de Mª Teresa León y Rafael Alberti[18]. Nada más comenzar la guerra se creó, con el fin de velar por muy diversas realidades de valor histórico y artístico, la Junta de Incautación del Tesoro Artístico, junta que dirigió José Renau, compañero de Roces en el Ministerio y, como él, miembro de la Alianza de Intelectuales Antifascistas[19]. Fue el equipo del Ministerio, por tanto, junto con los hombres de la Alianza, quien se ocupó de todo, y Roces era una figura clave tanto de aquél como de ésta[20]. Sépase que había sido uno de los firmantes del manifiesto fundacional de la Alianza, donde se levantaba la voz contra “ese monstruoso estallido del fascismo”[21]. Si bien allí se aglutinaban intelectuales de diverso signo, el predominio del componente comunista era evidente. En un documento del PCE de aquellas fechas, se apunta a Wenceslao Roces como secretario político, mientras que Mª Teresa León y Rafael Alberti se ocupaban con las secciones de “Agit-Prop” y de “Literatura” respectivamente[22], aunque luego pasaran a ocupar otros cargos[23]. Fue ese núcleo comunista el que asumió el deber de defender el patrimonio artístico español.

En conclusión, la labor del Ministerio de Intrucción y, principalmente, la del Subsecretario, fue altamente estimable tanto en lo educativo como en lo artístico, si bien en este segundo aspecto resultó fundamental. Hoy podemos afirmar que, junto al de otros, su trabajo hizo posible que se conservaran piezas artísticas y bibliográficas de singular valor, sobre todo del Museo del Prado y de la Biblioteca Nacional. En este sentido, las acusaciones de sectarismo ceden ante la importancia de los proyectos llevados a cabo y la de los logros obtenidos. En fin, “cierta tendencia al cacicato” -en palabras de Mainer-, pero tiempos “felices en las realizaciones concretas”[24].

Durante los tres años, el profesor de Derecho Romano se dedicó, siempre en la dirección que marcaba el Partido Comunista, a combatir en la guerra de ideas que también fue aquélla[25]. Por fin, cuando las tropas nacionalistas sitiaban Barcelona, y se dió aviso a los no combatientes para que se retiraran cerca de la frontera con Francia, Roces se presentó en el puesto de la zona militar donde estaba Enrique Líster y pidió que se le admitiese para la defensa: “Vengo a ponerme a vuestras órdenes por si me necesitais”, dijo. “Lo que menos necesitamos aquí son profesores de Derecho Romano”, fue la respuesta de Líster. Tras el consuelo que le ofreció Santiago Alvarez[26], Roces debió de decidir retroceder cerca de Francia.

Por su parte los sublevados, en 1.937, ya habían privado a Roces de su condición de catedrático. Los motivos de la sanción fueron fijados en el pliego de cargos: “Hallarse en el territorio del Gobierno de Valencia, poniendo toda su actividad al servicio de éste en cargos públicos como la Subsecretaría del Ministerio de Instrucción y en funciones privadas como alocuciones radiofónicas, etc. Comunista”[27]. Posteriormente, en 1.946, el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo abriría diligencias para juzgar sus responsabilidades, decretándose su busca y captura. Por motivos evidentes, al año siguiente se ordenará el archivo de las diligencias[28].



    [1] La comisión que se trasladó a Francia estuvo formada por republicanos de diversa procedencia: Dolores Ibarruri, Marcelino Domingo, José Salmerón, Wenceslao Roces, Antonio Lara y Luis Recaséns: vid. Dolores Ibarruri, Memorias de Dolores Ibarruri, Pasionaria: la lucha y la vida, Barcelona, Planeta, 1.985 (763 p.), p. 301. El último citado, Recaséns, tenía algunos rasgos en común con Roces. Era el más importante filósofo del Derecho español de la época y, como él, había estudiado con Stammler. Cuando llegó la República se convirtió en seguidor de Miguel Maura, y colaboró con diversos gobiernos. Una vez que estalló la guerra, tras este viaje a París, se exiliaría en México, pasando a trabajar en la UNAM. Años más tarde, perdida la contienda, de nuevo coincidirían allí los dos intelectuales. Hay que suponer, sin embargo, que no mantuvieron relación; Recaséns era un radical anticomunista.

    [2] Además de por Hernández y por Roces, el equipo del Ministerio estuvo formado por César García Lombardía, Director General de Primera Enseñanza, y por José Renau Berenguer, Director General de Bellas Artes.

    [3] Christopher H. COBB, Los milicianos de la cultura, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1.995 (214 p.), p. 34, 37, 43 y 52.

    [4] Emili Gómez Nadal, en Christopher H. COBB, "El Ministerio de Instrucción Pública y la FETE", en VARIOS, Valencia, capital cultural de la República (1.936-1.937). Antologia de textos y documents, Valencia, Generalitat Valenciana, 1.986 (p. 19-42), p. 39.

    [5] Hay quien afirma el papel rector de Roces, mientras que otros lo reparten entre el Ministro y el Subsecretario. Vid. Mª Fernanda MANCEBO, La Universidad de Valencia en guerra. La FUE (1.936-1.939), Valencia, Ayuntamiento y Universidad de Valencia, 1.988 (265 p.), p. 110-111; Irene FALCON, Asalto a los cielos, cit., p. 396.

    [6] Ante el curso de los acontecimientos, en los últimos días de 1.936 Julián Besteiro pidió a Roces que saliera de Madrid: Guillermo CABANELLAS, La guerra de los mil días. II. Nacimiento, vida y muerte de la II República española, Buenos Aires, Heliasta, 1.975 (2 vols, 1.361 p.), p. 1.061. A partir de entonces seguiría trabajando en Valencia.

    [7] Salvo por la historiografía franquista, evidentemente. Vid. Miguel de CASTRO MARCOS, El Ministerio de Instrucción Pública bajo la dominación roja. Notas de un espectador imparcial, Madrid, Librería Enrique Prieto, 1.939 (236 p.), p. 94.

    [8] Vid. Ascensión H. de LEON-PORTILLA, España desde México, cit., p. 357-358.

    [9] Vid. Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, "La asistencia cultural de la República en guerra", en VARIOS, Valencia, capital cultural de la República (1.936-1.937). Antologia de textos i documents, Valencia, Generalitat Valenciana, 1.986 (p. 43-84); Matilde Vázquez, "La reforma educativa en la zona republicana durante la guerra civil", RE 240, sept.-oct. de 1.975 (p. 60-72); Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, "La política de creación de escuelas en la España republicana (1.936-1.939)", en Escolarización y Sociedad en la España contemporánea, 1.808-1.970. II Coloquio de Historia de la Educación, Valencia, Ed. Sección Científica de Historia de la Educación de la Sociedad española de Pedagogía y Dpto. de Educación Comparada e Historia de la Educación de la Universidad de Valencia, 1.983 (p. 107-122); Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, "Labor de alfabetización y culturización elemental en la España republicana (1.936-1.939)" y Serge SALAÜN, "L'Ecole primaire de la République en guerre (1.936-1.939)", ambos en VARIOS, L'Enseignement primaire en Espagne et en Amérique latine du XVIIIº siècle a nos jours - Politiques éducatives et Réalités scolaires-. Actes du colloque de Tours (29-30 novembre 1.985), Tours, Université de Tours, 1.986 (p. 323-343 y 345-363 resp.).

    [10] José CASTILLEJO, Guerra de ideas en España, cit., p. 133. Parece que el mismo juicio era el de Angel Ossorio: "hacemos, en suma, una valoración del pensamiento tan grande o mayor que la de nuestra defensa armada. Y es que sabemos muy bien que a la larga, el destino de los pueblos no lo trazan los explosivos, sino el cerebro. Por eso se publican en España magníficas revistas; por eso en las fábricas y en los regimientos se editan periódicos; por eso hay bibliotecas en las trincheras; por eso se ha dado la gloriosa paradoja de que la guerra está sirviendo para aminorar el analfabetismo, pues se cuentan por miles los hombres que en el campo de batalla han aprendido a leer y a escribir"; cit. por Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, "Labor de alfabetización y culturización elemental en la España republicana (1.936-1.939)", cit., p. 323.

    [11] Mª Teresa LEON, La historia tiene la palabra (Noticia sobre el salvamento del tesoro artístico) (Prólogo, selección de apéndice y notas de Gonzalo Santonja), Madrid, Hispamerca, 1.977 (122 p.), p. 30.

    [12] Vid. Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, Educación y cultura en la guerra civil (España, 1.936-39), Valencia, NAU llibres, 1.984 (311 p.), p. 39; Mª Fernanda MANCEBO, La Universidad de Valencia en guerra..., cit., p. 79.

    [13] Christopher H. COBB, Los milicianos de la cultura, Bilbao, Universidad de País Vasco, 1.995 (214 p.), p. 41.

    [14] Manuel TUÑON DE LARA, "El proyecto cultural de la II República", en C. GARITAONANDIA, J.L. DE LA GRANDA y S. DE PABLO (eds.), Comunicación, cultura y política durante la República y la guerra civil. Tomo II. España (1.931-1.939), Bilbao, Universidad del País Vasco, 1.990 (p. 331-336), p. 335.

    [15] Vid. Alejandro TIANA FERRER, Educación libertaria y revolución social (España, 1.936-1.939), Madrid, UNED, 1.987 (312 p.), p. 47-48 y 169; Christopher H. COBB, Los milicianos de la cultura, cit., p. 39, 44-45, 83 y 122; Juan Manuel FERNANDEZ SORIA, "La asistencia cultural de la República en guerra", cit., p. 50. Debido a ese partidismo, a veces las críticas a WR suben de tono: José ALVAREZ LOPERA, La política de bienes culturales del gobierno republicano durante la guerra civil española. Vol. I, Madrid, Ministerio de Cultura, 1.982 (2 vols.), p. 36. Las diversas opciones políticas también propiciaron enfrentamientos personales, por ejemplo entre Roces y León Felipe, según la información que proporciona la primera mujer de Octavio Paz : vid. Elena GARRO, Memorias de España. 1.937, México, siglo veintiuno, 1.992 (159 p.), p. 119.

    [16] Vid. Juan María FERNANDEZ SORIA, "Política de bibliotecas en la República durante la guerra civil", PC 1, octubre de 1.988 (p. 101-116).

    [17] Desde luego, no ha quedado constancia en el Archivo del Museo del Prado, conforme a la información que amablemente me ha proporcionado doña Rocío Arnáez, conservadora del Museo.

    [18] Así se desprende de las memorias de Alberti, en las que si bien no se cita a Wenceslao Roces, se consigna el trabajo que llevaron a cabo tanto el mismo Rafael Alberti como Mª Teresa León: "[...] el Museo del Prado cerró sus puertas al público a partir de los primeros bombardeos de Madrid por la aviación franquista, cuyas bombas lo habían alcanzado, cayendo precisamente algunas en la sala Velázquez, aunque la gran mayoría de las obras ya habían sido evacuadas a los sótanos, no muy profundos, del museo, que comenzó a ser la gran preocupación del Gobierno, de todo el Madrid intelectual y artístico que amaba y se enorgullecía de poseer una de las pinacotecas más ricas y asombrosas del mundo. También para la Alianza de Intelectuales Antifascistas, de la que yo era secretario con José Bergamín, el inmenso peligro que corría el museo era su mayor, su más permanente desvelo"; en Rafael ALBERTI, La arboleda perdida. Libros III y IV de memorias, Barcelona, Seix Barral, 1.987 (379 p.), p. 77-78. También Mª Teresa LEON, La historia tiene la palabra, cit., y Memorias de la melancolía, Barcelona, Laía, 1.977 (356 p.).

    [19] En relación con la conservación del patrimonio, véase cómo había un trabajo conjunto entre la Alianza y el Ministerio o, por citar nombres propios, entre Mª Teresa León y Rafael Alberti y Renau y Roces: José ALVAREZ LOPERA, La política de bienes culturales del gobierno republicano durante la guerra civil española. Vol. I, cit., p. 26-47; y Vol. II, p. 11. (Se trata de la obra donde más extensamente se investiga la actuación del gobierno republicano en orden a conservar el patrimonio artístico).

    [20] Téngase en cuenta que por aquel entonces Roces presidía las reuniones de la Alianza: vid. Javier FIGUERO, Memoria de una locura, Barcelona, Planeta, 1.986, p. 109.

    [21] Vid. el documento fundacional con la relación de firmantes en Manuel AZNAR SOLER, Pensamiento literario y compromiso antifascista de la inteligencia española republicana. II, cit., p. 357-358. En el apéndice donde se encuentra ese documento se transcriben otros muchos entre cuyos firmantes está WR.

    [22] AHN, SGC, Carp. 85.

    [23] La presidencia la ocupó primero Ricardo Baeza, un periodista azañista, y luego el peculiar Bergamín, quienes trabajaron para que el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas se celebrara en España. Por fin sería en Valencia, y Wenceslao Roces estaría allí representando a España, junto con Machado, Bergamín, Imaz, Altolaguirre y otros: vid. Rafael ABELLA, La vida cotidiana durante la guerra civil. La España republicana, Barcelona, Planeta, 1.975 (478 p.), p. 316. En relación con la Alianza y el Congreso, vid. Manuel AZNAR SOLER, Pensamiento literario y compromiso antifascista..., cit., p. 108-158.

    [24] José Carlos MAINER, La Edad de Plata (1.902-1.939), Madrid, Cátedra, 1.983 (466 p.), p. 336. Vid. también Miguel Angel GAMONAL TORRES, Arte y política en la guerra civil española. El caso republicano, Granada, Diputación Provincial de Granada, 1.987 (406 p.), p. 23; Christopher H. COBB, Los milicianos de la cultura, cit., p. 44.

    [25] Durante todo el tiempo que duró, WR se desplazaría de un lugar a otro pronunciando charlas. Vid. AHN, SGC, Bal. 110. Por otra parte, a Roces se le acusó de participar en la disolución del POUM y en la justificación de la muerte de Nin. Tras el asesinato de éste, apareció un libro firmado por un tal Max Rieger, titulado Espionaje en España, y prologado por José Bergamín, libro en el que se decía demostrar que Nin era un agente al servicio de Franco. Pudiera ser que Roces ayudara a prepararlo. Desde luego no está demostrado, si bien es cierto que WR nunca se defendió contra la acusación. En cualquier caso sí es cierto que la imputación proviene de un libro de Jesús Hernández y, por lo que sé, de ahí la han tomado los demás. A este respecto, téngase en cuenta que Jesús Hernández, ministro de Educación con el que colaboró Roces como subsecretario, abandonó el comunismo y pasó a enfrentarse abiertamente con él, lo que hace que sus acusaciones no sean del todo fiables: Jesús HERNANDEZ, Yo fuí un ministro de Stalin, Madrid, G. Del Toro Editor, 1.974 (339 p.), p. 183; Eduardo COMIN COLOMER, Historia secreta de la Segunda República, cit., p. 589; Víctor ALBA, El Partido Comunista en España, cit., p. 224; Burnett BOLLOTEN, La guerra civil española. Revolución y contrarrevolución (trad. por Belén Urrutia), Madrid, Alianza, 1.989 (1.243 p.), p. 792-793; Andrés TRAPIELLO, Las armas y las letras. Literatura y guerra civil (1.936-1.939), Barcelona, Planeta, 1.994, p. 264-265 (sin citar la fuente de la información).

    [26] Santiago Alvarez, Memorias II. La guerra civil 1.936/1.939. Yo fuí comisario político del Ejército Popular, La Coruña, Ediciós do Castro, 1.993 (507 p.), p. 470.

    [27] Vid. AGA, EyC, Caja 31.025, y AUS, Caja 1.340/24.

    [28] Vid. AHN, SGC, Exp. 17.155. Lo único que se deducía de aquellas diligencias era que WR no había pertenecido a la masonería. Es curioso que Comín Colomer, en cambio, afirme que era masón: vid. Eduardo COMIN COLOMER, La República en el exilio, cit., p. 446.


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