
Comunismo y compromiso
intelectual: Wenceslao Roces
5. Wenceslao Roces y el exilio
Por Benjamín Rivaya
---------------------------------------------------------------------------------
Publicado en Papeles de la FIM, nº 14,
2000, Madrid, Fundación de Investigaciones
Marxistas
Cedido para su edición digital por Benjamín
Rivaya.
------------------------------------INDICE----------------------------------
El exilio que
se abre en 1.939 es el más impresionante de los que se producen
en nuestro país. Huyeron cientos de miles de españoles. Entre
ellos, los intelectuales que abandonaron España fueron tantos
que en el interior, dejando a un lado la insustituibilidad de
muchos, resultó sumamente difícil y se necesitaron muchos años
para reconstruir los cuadros investigadores y docentes. América
Latina fue el destino de gran número de ellos y, en concreto,
México acogió a bastantes de los exiliados.
Allí se establecería una importante comunidad de refugiados
asturianos; también otra de comunistas españoles. Roces, que pertenecía a ambas, tras descartar
la URSS como destino,
llegó a México después de pasar por Francia, por Chile y por
Cuba, y tras impartir cursos de Derecho y de
Historia Antigua en las Universidades de Santiago de Chile y
de La Habana, entre 1.940 y 1.942.
A lo largo de los primeros años, la esperanza de una pronta
solución fue la constante, y no únicamente en Wenceslao Roces.
“Todos los años íbamos el primero de enero a ver amanecer el
año de la vuelta a España”, recordaría más tarde, y nunca llegaba.
Así, con el correr del tiempo, la plena integración en la sociedad
mexicana se hacía inevitable. Hemos “aprendido a ser mexicanos
sin dejar de ser españoles”, declararía mucho después el propio
Roces, para quien vale la teoría del transtierro
que formuló José Gaos.
En su nueva patria,
Wenceslao Roces seguirá dedicándose a la actividad política,
vinculado al Partido Comunista de España, dedicación que no
sólo caracterizó parte de su etapa española sino que va a ser
definitoria del resto de su vida. Véanse algunos hitos de su
pensamiento y el papel de intelectual comunista que asumió.
En 1.943 informa al Pleno del PCE de la situación internacional,
destacando la lucha del ejército soviético contra el nazismo,
y de la española, advirtiendo contra la colaboración del franquismo
con el Eje y, erróneamente, contra una posible restauración
monárquica en España.
Evidentemente, el papel que Roces asigna al intelectual se caracterizó
por el compromiso. A su juicio, éstos eran sus deberes:
“1. Ocupar el
puesto que nos corresponde dentro de la lucha general del pueblo
español por la reconquista de nuestra patria.
2. Laborar
individual y colectivamente por el cultivo, la defensa y el
desarrollo de la cultura de España, asfixiada bajo el franquismo.
3. Vigilar
y desenmascarar los intentos de expansión pseudocultural falangista
bajo la etiqueta de una “hispanidad” dirigida desde el Instituto
Iberoamericano de Berlín.
4. Cumplir
los sagrados deberes de solidaridad con los presos y las víctimas
del terror franquista.
5. Estrechar
los vínculos que nos unen a los hombres y los organismo intelectuales
de otros paises, en la gran causa común de la lucha mundial
contra el nazifascismo y del engrandecimiento de la cultura
de la humanidad”.
Relacionado
con lo anterior, en 1.948 pronuncia una conferencia de especial
interés, organizada por la Delegación del PCE en México, sobre
el concepto de cultura. En ella alerta contra una idea distorsionada
de ese concepto, idea que sirve para hacer presentable aquello
que no puede “presentarse a cara descubierta” y defiende una
cultura de clase que no esté separada de la política, una cultura
comunista “heredera de las mejores tradiciones culturales”. En 1.954 pronunciará otra conferencia,
esta vez organizada por la UNAM, con el título El marxismo,
humanismo de nuestra época, y en ella expone en síntesis
su concepción del socialismo científico, un método para el conocimiento
y para la transformación de la sociedad: “El marxismo nos entrega
un método de investigación, pero no un sistema ni un conjunto
de verdades inapelables. Hace a los hombres conscientes de su
fuerza y conscientes de las leyes del mundo, para que, con arreglo
a ellas, estén en condiciones de dominarlo”. Frente al inmovilismo,
advierte que el marxismo ha de ser capaz de cambiar, que sólo
han de mantenerse sus grandes principios. Además, arremete contra
las corrientes de pensamiento que se van imponiendo: contra
el relativismo que niega los conceptos de lo verdadero y lo
falso, contra la filosofía del lenguaje que reduce los problemas
reales a cuestiones semánticas, contra la filosofía bohemia
existencialista, contra el neotomismo, contra el raciovitalismo
elitista de Ortega. En fin, el marxismo -dice- es “el verdadero
humanismo de nuestro tiempo”.
También
importa destacar un artículo que Wenceslao Roces publicó a fines
de los cincuenta, “Algunas consideraciones sobre el vicio del
modernismo en la historia antigua”.
Como casi siempre, aunque ahora viera la luz, se trataba de
un trabajo que había elaborado con fines docentes pero que,
por sostener una tesis historicista fuerte, resultaba de especial
atractivo. En concreto, mantenía que los conceptos tenían un
ámbito de aplicación limitado, de tal manera que utilizar categorías
del tiempo presente para referirse a realidades del pasado,
sólo conseguía distorsionar éste. Así “se mata la verdadera
esencia de la historia, al descuajar violentamente los hechos
de las condiciones históricas objetivas en que se produjeron,
para verlos a través del prisma de las ideas, los intereses
o las instituciones propias de otro mundo histórico, de otro
tipo fundamentalmente distinto de sociedad”.
La historicidad de los conceptos, sin embargo, no impedía que
el devenir se sometiera a leyes objetivas. En el fondo, Roces
impugnaba cualquier tipo de historiografía idealista que entendiera
que su misión era la de describir un desarrollo “incoherente,
disperso y fortuito, subjetivo y caprichoso”. Cuando se cuplieron los cien años de El
Capital, Roces volvió a dejar constancia de que lo fundamental
del marxismo había sido la formulación de las leyes científicas
que rigen la historia.
Más
adelante, cuando los comunistas celebraron el centenario del
nacimiento de Lenin, en 1.970, Roces lo homenajeó con un artículo
en el que, aun dentro de la ortodoxia, se mostró crítico con
aquellos socialistas que sólo seguían una “dieta marxista”.
Precisamente porque esta doctrina era sobre todo crítica, debía
someterse ella misma a un enjuiciamiento racional. Sólo entonces,
superado éste, debía asumirse. “Estudiar marxismo, pero también
premarxismo, panamarxismo y hasta antimarxismo. Con los ojos
bien abiertos. Y si, en el debate libre y en la brega de las
ideas, es el primero, por sus quilates científicos, el que prevalece,
a trabajar por él y con él. Pero, como ciudadanos, y no como
súbditos”.
Para
cuando publicó esos artículo, Roces ya formaba parte del Comité
Central del partido. Había sido elegido en el quinto congreso,
en noviembre de 1.954, cuando ya se había iniciado el período
de desestalinización. Precisamente fue Roces quien, tras la
muerte de Stalin y el conocimiento de la barbarie, presentó
su dimisión y exigió responsabilidades políticas: “Yo pienso
-escribió al Buró político- que el pavoroso cuadro de hechos
denunciados en el XX Congreso y con posterioridad a él -de aceptarse
en su realidad total o parcial-, entraña responsabilidades que
trascienden con mucho de las personales de un dirigente, por
alto que éste estuviera. Me parece que es incurrir en una interpretación
muy poco objetiva de la historia el empeñarse en explicar, negativamente,
todos los males de una época como la obra de un espíritu satánico,
ni más ni menos como antes se explicaba, positivamente, por
la acción milagrosa de un semidios. A mi me parece que es indecoroso
y que nada tiene que ver con el marxismo ese escamoteo de las
responsabilidades propias por parte de todo el equipo dirigente,
colaborante y encubridor. Y temo que semejantes actitudes no
ofrecen la mejor garantía de que los métodos vayan a cambiar”. Parece que la intervención de Dolores
Ibarruri, sin embargo, le hizo repensar su actitud y reintegrarse
en el partido.
Pero
al margen de la militancia política, la necesidad de subsistencia
de la familia Roces produjo dos de las relaciones laborales
más fructíferas que podían imaginarse para el ámbito cultural
hispánico, las de Wenceslao Roces con el Fondo
de Cultura Económica y con la editorial Grijalbo. Ya en 1.943 aparecieron dos libros publicados
por el Fondo, el de Heckscher y el de Humboldt, y al
siguiente la Historia crítica de la teoría de la plusvalía
(1.945), de Marx, “complemento indispensable” de El Capital, con lo que Roces continuaba la obra que
había iniciado en España, y que por fin culminaría precisamente
con la edición completa de El Capital (1.947), también
en el Fondo. Poco después también comenzarían a aparecer
libros de los clásicos del socialismo, traducidos por Roces,
en Grijalbo. Fue esta editorial la que publicó algunas obras
de la Academia de Ciencias de la URSS, traducidas también por
él: El materialismo histórico (de Konstantinov, 1.956),
Historia de la URSS (1.958), Manual de Economía Política
(1.965). Hasta fines de los años ochenta seguirán apareciendo
nuevas traducciones hechas por Roces de obras marxistas.
Instalado
ya en el país hermano y gozando del general reconocimiento por
su labor, Wenceslao Roces acometerá otros trabajos de traducción
que requieren al menos ser apuntados, pues no sólo se ocupó
con Marx sino también con el historicismo y, sobre todo, con
el neokantismo. Al poco de llegar colaboraría con Eugenio Imaz,
que se había propuesto traducir a la lengua castellana la completa
bibliografía de Dilthey.
Casi todo el trabajo recayó en Imaz, pero también colaboraron
José Gaos y Wenceslao Roces, quien tradujo junto con los otros
dos españoles De Leibniz a Goethe (1.945), y Vida
y poesía (1.945) él sólo. Además, amén de su perfecto conocimiento
del alemán, haber sido discípulo y traductor de Stammler le
autorizaba para seguir vertiendo al castellano a otros neokantianos.
Así, durante años fueron viendo la luz las ediciones de algunas
obras fundamentales de Cassirer. Más o menos en la década de
los cincuenta se publicaron los cuatro volúmenes de El problema
del conocimiento en la filosofía y la ciencia modernas (1.948,
1.953, 1.956 y 1.957), Kant, vida y doctrina (1.968)
y Las ciencias de la cultura (1.951), con lo que el filósofo
de Marburgo aparecía en nuestra lengua. A su vez, traduciría a un iusfilósofo
neokantiano de otro signo, a Gustav Radbruch (Introducción
a la filosofía del Derecho, 1.948).
En el ámbito docente, en 1.948 será contratado por
la Universidad Nacional Autónoma de México como profesor de
Derecho Romano y de Historia de Roma. Ya en 1.954
la UNAM lo contratará como profesor a tiempo completo de la
Facultad de Filosofía y Letras, encargándose de la Historia
de Grecia y de la Historia de Roma, y así hasta la
década de los ochenta, después de haber sido nombrado en 1.969
profesor emérito de aquella Universidad. También sería docente
de la Facultad de Derecho. Además, al igual que había hecho
en Salamanca con la disciplina de Derecho Romano, Roces
fundó y dirigió un prestigioso seminario de Historia Antigua
y dirigió otro de Historia y Filosofía de la Antiguedad,
a la vez que desarrolló numerosos cursos monográficos sobre
Historiografía y Filosofía marxista.
Según Carillo, México fue "el centro más importante
de la emigración republicana": Santiago CARRILLO, Memorias,
Barcelona, Planeta, 1.973 (752 p.), p. 353.
Jorge Belármino FERNANDEZ TOMAS, Los asturianos en el
origen del exilio en México. 1.939, Oviedo, Principado
de Asturias, 1.987 (237 p.), p. 109-112.
Vid. Eduardo COMIN COLOMER, La República en el exilio,
cit., p. 207. También Gregorio MORAN, Miseria y grandeza
del PCE, Barcelona, Planeta, 1.986 (648 p.), p. 222:
"El grupo de México, más asentado económica e intelectualmente,
tenía en Wenceslao Roces y Adolfo Sánchez Vázquez, sus máximas
figuras. Lo formaban pintores [...], escritores [...] e
ilustres personajes de los más variados campos". Para
un acercamiento a la interesante figura de Adolfo Sánchez
Vázquez, Ana LUCAS, "Adolfo Sánchez Vázquez: vida y
obra", en Adolfo SANCHEZ VAZQUEZ, Escritos de política
y filosofía, Madrid, FIM y Ayuso, 1.987 (263 p.).
Un posible destino del comunista asturiano hubiera sido
la Unión Soviética, pero pudiera ser que tuviera problemas
con el régimen de Stalin: "la policía conocía bien
sus visitas a Bujarin": vid. Manuel TAGUEÑA, Testimonio
de dos guerras, México, Ediciones Oasis, 1.974 (670
p.), p. 341; Víctor ALBA, El Partido Comunista en España,
cit., p. 264.
Su estancia en La Habana sin duda fue fructífera. Por los
datos que obran en su archivo (microfilmado por doña Teresa
Rodríguez de Lecea para el Archivo Histórico Nacional
de España), sabemos que allí pronunció diversas conferencias.
Cuatro de ellas se publicarían con el título de El camino
de la riqueza. Hechos y doctrinas. Cuatro conferencias pronunciadas
en la Institución Hispano-Cubana de Cultura, de la Habana,
en enero-febrero de 1.941, La Habana, 1.941 (¿91 p.?).
También pronunciaría en La Habana otra conferencia en la
Hermandad Asturiana de Cuba, en febrero del mismo año, sobre
la historia de Asturias, en tono épico: Asturias, tierra
de Libertad (74 p.).
El dato de su estancia en Santiago de Chile y en la Habana
aparece en "Dr. Wenceslao Roces Suárez" y en "Wenceslao
Roces Suárez", dos cronologías inéditas de la vida
de nuestro protagonista, una elaborada con motivo de un
homenaje que le tributó el Instituto Superior de Traductores,
en 1.989, y que me facilitó el Fondo de Cultura Económica,
y la otra que obra en el Archivo de Indianos. Centro
de documentación y estudios sobre la emigración americana,
en Colombres (Asturias). La fuente de los datos biográficos
relativos al exilio de WR, salvo que se indique otra cosa,
pertenecen a estas cronologías.
Ascensión H. de LEON-PORTILLA, España desde México,
cit., p. 359 y 352.
José GAOS, "La adaptación de un español a la sociedad
hispanoamericana", RdO 38, tomo XIII, mayo de 1.966
(p. 168-178), donde señala que fueron factores muy diversos
los que dieron como resultado "la falta de una auténtica
impresión de destierro en los refugiados adaptados;
la presencia en ellos de una impresión como la de haberse
trasladado de una tierra española a otra, que más bien debiera
llamarse, por ende, impresión de "transtierro".
Es por lo que no mucho después de la arribada a México,
se me ocurrió decir que en México no me sentía desterrado,
sino "trasnterrado", con palabra que ha hecho
fortuna, sin duda por dar expresión justa a una realidad
psicológica colectiva" (p. 178).
WR, Consolidar la victoria, aplastar al enemigo,
México, Ed. España Popular, 1.943 (21 p.).
WR, "La represión franquista contra los intelectuales
y la cultura. Los intelectuales en el exilio al lado del
pueblo español", cit., p. 22.
WR, La Cultura de nuestro tiempo, México DF, España
Popular, 1.948 (31 p.).
WR, El marxismo, humanismo de nuestra época, México,
1.954, inédito (APCE).
El artículo se publicó primero en CA, año XVI, vol. XCVI,
nº 6, 1.957 (p. 86-103), y luego en CSPCyFU 5, 1.958 (p.
77-93). Se cita por su segunda versión.
WR, "Algunas consideraciones sobre el vicio del modernismo
en la historia antigua", cit., p. 89.
WR, "En el centenario de El Capital, CA, 1.967
(p. 170-186). Según Abellán dicho artículo es "de consulta
obligada para conocer su interpretación del marxismo":
José Luis ABELLAN, Historia crítica del pensamiento español.
La crisis contemporánea. III (1.875-1.939), Barcelona,
Círculo de Lectores, 1.993 (539 p.), p. 422-423, n.
WR, "En el centenario de Lenin", CA 4, julio-agosto
de 1.970 (p. 135-148), p. 143 y 145.
Guy HERMET, Los comunistas en España, París, Ruedo
Ibérico, 1.972 (208 p.), p. 53-54; Víctor ALBA, El Partido
comunista en España, cit., p. 285. En el quinto congreso
ingresaron en el órgano de dirección miembros conocidos,
como Federico Sánchez (Jorge Semprún) o Julián Grimau.
Tomado de Gregorio MORAN, Miseria y grandeza del PCE,
cit., p. 298-299.
La esposa de WR, Carmen Dorronsoro, que había estudiado
la carrera de Piano en el Conservatorio de Madrid, también
comenzó a trabajar, en la Biblioteca del Conservatorio Nacional
de Música, de México, llevando a cabo una estimable labor
en la formación de una de las mejores bibliotecas de música
de América Latina. Probablemente fue debido a la profesión
de su esposa que WR tradujera de Max STEINITZER, Beethoven,
México, FCE, 1.943 (138 p.).
En efecto citar la labor que desarrolló el Fondo
aquellos años exige referirse a WR: vid. José GAOS, Filosofía
mexicana de nuestros días, México, Imprenta Universitaria,
1.954 (357 p.). Una sintética historia de la editorial en
Alí CHUMACERO, "Breve historia", en VARIOS, Libro
conmemorativo del 45 aniversario, México, FCE, 1.980
(p. 9-14). Respecto a la participación de los españoles
en aquel proyecto, Max AUB, "Los españoles del Fondo",
en VARIOS, Libro conmemorativo del 45 aniversario,
cit. (p. 189-195). Por cierto que Max Aub viene a distinguir
entre un Roces historiador y otro filósofo. El primero es
el que impulsa la sección de historia de FCE y traduce casi
todo lo que se publica, y el segundo quien participa en
la traducción de algunos filósofos y, sobre todo, de Karl
Marx. Respecto al vínculo de Roces con Grijalbo, que yo
sepa no ha sido analizado.
WR en Carlos MARX, Historia crítica de la teoría de la
plusvalía. I, México, FCE, 1.945 (295 p.), p. IX.
Vid. José Luis ABELLAN, Filosofía española en América
(1.936-1.966), Madrid, Ediciones Guadarrama con Seminarios
y Ediciones, 1.966 (325 p.), p. 32-33.
En la obra de traducir a Cassirer también participaron Eugenio
Imaz (La filosofía de la Ilustración, 1.943) y Eduardo
Nicol (El mito del Estado, 1.947).
Vid. Néstor DE BUEN, "Los exiliados españoles en la
Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma Nacional
de Mexico", en Nicolás SANCHEZ ALBORNOZ (compilador),
El destierro español en América. Un trasvase cultural,
España, Siruela, 1.991 (p. 103-113), p. 107, donde se contiene
una sucinta biografía de WR.
|