Carlos Glez. Penalva y Pablo Infiesta

«El PCE de hoy y mañana »

Mundo Obrero , diciembre de 2006


«Los comunistas españoles, en su XVII Congreso nos reafirmamos en la decisión de la reorganización y reforzamiento del Partido y, en particular, definimos el papel del Partido para esta nueva etapa, la cual tomamos para la actualización de la política aprobada en el momento actual. En su onceavo congreso, el PCE formulaba, en coherencia con la que siempre ha sido su tradición, la estrategia de convergencia política y social de la izquierda transformadora que culminó con la formación de Izquierda Unida como organización anticapitalista, democrática, republicana y por la construcción del socialismo y el comunismo. En el marco de ésta el PCE redefiniría sus funciones. Hoy hemos de replantearnos las funciones de nuestro partido en el marco de la que es nuestra estrategia de convergencia: Izquierda Unida. »

El capitalismo sigue siendo en nuestros días un sistema profundamente irracional, un modo de producción afectado por graves contradicciones que lo hacen, en última instancia, insostenible e inasumible por la clase trabajadora. La explotación, la desigualdad y la injusticia forman parte de la esencia misma del capitalismo: en todo país capitalista existe hoy una clase privilegiada, depositaria del poder económico y político; y una gran masa trabajadora, cada vez más alejada de los centros de decisión política real, y sometida a los nocivos efectos de la precarización laboral constante. A nivel mundial una gran parte de los seres humanos carecen de los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas; no ya la educación, o la sanidad, sino el hambre y la sed. El ansia por el beneficio económico y la lógica del mercado como único referente conducen no sólo a la miseria y explotación de la mayoría de los seres humanos, sino también a la depredación extrema del medio ambiente y el agotamiento de sus recursos, poniendo en peligro la supervivencia no ya de nuestra especie, sino de nuestro hábitat. Asimismo, la estructura del sistema capitalista, exige el férreo sometimiento de la soberanía y autonomía de los países más desfavorecidos a los intereses del imperialismo global; así, la guerra permanente, necesaria para sojuzgar a los países disidentes de los dictados de las grandes potencias, es otra de las atrocidades que van aparejadas al ejercicio del capitalismo imperialista.

La teoría y la práctica del comunismo, para ser racionales y efectivas, deben fundarse en un análisis concienzudo de todos los aspectos de nuestro presente, especialmente aquellos que se vinculan directamente con el modo de producción capitalista y las condiciones para su superación. De otro modo, los comunistas incurriríamos en especulaciones y proyectos utópicos, alejados de la realidad, y condenados al fracaso; igualándonos así a las propuestas irracionalistas que, pretendiendo ser revolucionarias, son en el fondo aliadas de la reacción

El PCE tiene para sí todas las competencias que le son propias a un partido y que, además, debe ejercer. Todas salvo, por decisión propia, la concurrencia electoral y la expresión pública institucional cotidiana. Sin embargo tal situación puede suponer una importante contradicción objetiva dado que es en tal expresión institucional - y en los procesos electorales - donde se desarrollan los acuerdos políticos que la organización toma en cada momento y, también es en ellos donde debe contrastarse su justeza, sus dificultades y, por qué no, sus errores. Tal contradicción no es, de por sí, negativa. El problema surge en el momento en el cual Izquierda Unida se aleja de su proyecto inicial como movimiento político y social capaz de superar la explotación del hombre por el hombre, capaz de la cancelación revolucionaria del capitalismo y la instauración de un sistema socialista.

Sin embargo, en los últimos tiempos, Izquierda Unida no ha venido ejercitando un discurso político capaz de dar cuenta de las problemáticas del presente y que se ha ido traduciendo en una pérdida de influencia electoral y social. Falta de incidencia de la cual el Partido no es ajeno y a la que hemos de contribuir en la medida que nos corresponde.

El marxismo, consecuente con sus propios principios, cambia, desarrolla y crece a la par que lo hace la realidad en la cual se elabora. Se mantienen inalterables su concepción fundamental, sus métodos y sus grandes principios. El marxismo no es un dogma, sino un referente teórico general y un método para la acción. El marxismo no es un ídolo ni un credo. Es un arma de lucha, y una herramienta de trabajo.

En la pasada Asamblea Extraordinaria de Izquierda Unida se consolidó la naturaleza del proyecto inicial a pesar de que no se han logrado salvar, en la práctica, inconcreciones e incoherencias que, sin duda, deben ser corregidas en un futuro inmediato en beneficio del papel político y social de IU, en beneficio del proceso de refortalecimiento del PCE que tiene en IU su proyecto estratégico unitario defendido, históricamente, en la teoría y en la práctica. En este sentido el Partido debe situar en primera línea de nuestro trabajo la recuperación y el relanzamiento de IU como una verdadera alternativa política, anticapitalista y socialista. Tan solo la acción unitaria del PCE podrá imprimir a Izquierda Unida su definición en el proyecto original. Para ello, el Partido debe actuar en el seno de IU con una sola voz, con una sola posición. Para ello, el documento político aprobado en nuestro XVII Congreso señalaba los siguientes objetivos: a) Impulsar y fortalecer Izquierda Unida; b) La participación organizada de los comunistas con su política en el movimiento obrero y en los movimientos sociales, aportando sus propuestas y experiencias a estos y teniendo en cuenta las que emanen de su propia reflexión y práctica social; c) La formación ideológica, en la que el análisis y el conocimiento de los procesos históricos tenga proyección en el trabajo actual y en la perspectiva futura; d) Avanzar en el desarrollo de un partido en el que la mujer, de forma natural, asuma los mismos espacios de responsabilidad que los hombres.

Sin renunciar a los fundamentos del marxismo, los comunistas han de estudiar la realidad contemporánea en toda su dimensión, huyendo de los dogmas, para poder elaborar una teoría y un proyecto capaz de hacer frente a la globalización capitalista. A los temas clásicos, como el análisis del modo de producción, las condiciones sociales de la clase trabajadora, o la lógica del imperialismo, el marxismo incorpora ineludiblemente cuestiones características del presente: la globalización, las nuevas tecnologías, la inmigración, los nacionalismos, el problema de la mujer, la catástrofe ecológica, etc. Desarrollando, también, nuevas respuestas a estos nuevos problemas.

El comunismo del presente y el futuro tiene que ser una construcción colectiva, donde todos los comunistas estemos representados, en aras de la unidad. Un referente capaz de aglutinar a todos los sujetos comprometidos con la transformación del mundo y la construcción de un sistema más justo, más igualitario, mejor

Para ello, toda elaboración teórica asumida, todo planteamiento consensuado y aceptado por los comunistas, debe ser llevado a la práctica sin excusas. De otro modo, nuestra actividad será estéril. Uno de los principios fundamentales del marxismo es la unidad entre teoría y praxis: De nada sirve llenarse la boca de frases grandilocuentes y conceptos elevados, si luego no se llevan a la práctica. O, al menos, se intentan generar las condiciones para que las doctrinas comunistas puedan ser aplicadas. Los comunistas, hoy como siempre, sólo tenemos un camino para lograr, paso a paso, la consecución de la igualdad, la justicia y el fin de la explotación: la integridad, la fidelidad a los principios comunes, y la organización en torno a un Partido Comunista fuerte y unido.