Asociación Cultutal Wenceslao Roces

 

Primeras Jornadas sobre Globalización

 

José Manuel Agüera « Globalización económica» 5-4-2001

Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de León . Consejero de Cajastur y del Grupo Duro Felguera, además de ostentar la Cátedra Jean Monet de la Unión Europea.


José Manuel Agüera y Carlos Glz. PenalvaEn primer lugar, quisiera decir que la globalización es un término relativamente difícil de aprehender. Hay, sobre todo en el contenido de esta palabra, aspectos muy variados, múltiples, de carácter económico, de carácter político, de carácter cultural, etc. Seguramente que un debate sobre lo que implica la tendencia a imponer unos estándares culturales determinados nos llevaría bastante tiempo. Yo voy a referirme sobre todo a los aspectos económicos y políticos del término, lo cual no quiere decir que se agote la dimensión que tiene la globalización, pero al menos de esa manera podemos abordar los aspectos que yo juzgo más interesantes y que puedo trabajar con un poco más de nivel y de profundidad.

La globalización, al ser enunciada así, parece que implica un fenómeno que abarca al mundo entero por igual; y ese es quizás el primer aspecto que esconde una realidad extraordinariamente importante. Porque, en efecto la globalización, en términos económicos, seria la imposición de un modelo de carácter económico fundamentalmente anclado en lo que, desde Maes, se conoce como la tríada, es decir: Estados Unidos, Europa, y Japón. Estos representan lo fundamental de esa globalización. Representan, por ejemplo, más del 70 % del comercio mundial, y retienen el 83'7 % del ingreso mundial. Es decir, que aproximadamente un 20 % de la población mundial vive con el 83'7 % del ingreso mundial y el 80 % restante accede solo al 17'3 % del ingreso mundial. Es una globalización muy desigual. Ahí esta comprendido todo el fenómeno de atraso económico, de pobreza, de hambrunas, de enfermedades, etc. que padece ese 80 % de la población mundial que solo tiene acceso al 17'3 % del ingreso mundial. Para empezar, habría que decir globalización, pero menos. Hay un dominio de los mercados mundiales y, lo que es más significativo, de la renta que producen, por parte de poderes económicos situados fundamentalmente en esa tríada que representan Estados Unidos, Europa, y Japón (a los que se añaden Canadá y algunos otros países más, pero muy pocos).

La segunda cuestión que hay que poner de manifiesto cuando se habla de globalización, es que hay sobre todo una globalización financiera. ¿Que quiere eso decir? Querría decirlo en pocas palabras y simultáneamente ser lo suficientemente claro. El sistema financiero era tradicionalmente un instrumento de apoyo a la inversión productiva, hacia de gran eje transvasador del ahorro a la inversión. Esa era su función fundamentalmente. La respuesta de muchos estudiantes de Económicas seguiría siendo esta. Pero lo cierto es que en los últimos veinte años el sistema financiero se ha autonomizado, ha empezado a tener vida propia al margen del sistema productivo. Este es un fenómenos extraordinariamente importante. De tal manera que muchas actividades, crecientemente las actividades financieras, tienen objetivos financieros directos, no productivos. Por ejemplo se compra y se vende dinero, pero no para llevarlo de Frankfurt a Sydney e invertirlo allí, sino para ganar más dinero y así sucesivamente. Cada día se intercambian en el mundo aproximadamente 1 billón 300.000 millones de dólares. Esta es una cifra brutal, sobre todo si tenemos en cuenta que esto representa 60 veces el comercio de bienes y servicios cada día. Hay un intercambio de productos financieros 60 veces mayor diariamente que los intercambios de productos que sirven para alimentarse, para vestirse, para disponer de bienes de consumo duradero, etc. El sistema financiero en escala mundial se ha autonomizado respecto del sistema productivo y tiene objetivos puramente financieros. Esto no había sucedido nunca antes, y representa una transformación muy importante del carácter que tiene el fenómeno de mundialización de la economía. Esto implica también que esa cifra que se mueve diariamente, en tiempo real las veinticuatro horas del día, representa aproximadamente cinco veces más que las reservas de divisas de los bancos centrales de los países más industrializados del mundo. Lo cual quiere decir que un movimiento especulativo de esos flujos financieros en un momento dado, si va a fondo, no puede ser contrarrestado por ningún país en concreto, ni siquiera por los Estados Unidos de América. Eso sitúa las cosas en un nivel importante, y pone de manifiesto la debilidad que los estados tienen frente a este tipo de movimientos y la aparición de un fenómeno que puede poner de rodillas a cualquier poder político, incluso internacional, en un momento determinado.

Por otra parte, el fenómeno de la globalización tiene también una incidencia muy significativa en los procesos productivos, en la economía productiva (por oposición a la economía financiera). Tiene una incidencia muy importante porque desde los años '20, y sobre todo a partir de la II Guerra Mundial (por razones que aquí no desarrollaremos en profundidad), en prácticamente toda las ramas de actividad ha ido apareciendo un oligopolio: el control de los mercados por un grupo cada vez mas reducido de grupos. Esto es llevado al límite, por ejemplo, en la rama de actividad de la aeronáutica comercial, donde en escala mundial solo existen dos empresas: Boeing (EE.UU.) y Airbus (Europa). A escala mundial, la competencia se ha reducido a esos dos colosos, y no hay perspectiva de que pudiera aparecer un tercero. Una de las cosas que la economía neoclásica defiende con más ardor es que la competencia tiene una válvula de escape fundamental, que es la no existencia de barreras de entrada a los mercados. Pero para entrar en el mercado de la aeronáutica no basta con ser grande y fuerte, hay que tener muchas raíces de muchos tipos. Antes de que hubiera dos empresas había tres, dos estadounidenses y una europea. Las dos estadounidenses tenían sus campos relativamente delimitados, convivían bastante bien. Pero la tercera, que era McDonell-Douglas, dependía en gran medida de los contratos del Ministerio de Defensa de los EE.UU. Un contrato para fabricar x aviones da trabajo para unos años, es un mercado absolutamente cautivo, en el que no hay ninguna posibilidad de tener dificultades. La adjudicación de unos contratos, en un momento en que habían vencido otros, fue otorgada por el Pentágono a Boeing (por razones que podemos sospechar, pero que no conocemos a fondo), y automáticamente McDonell-Douglas entró en quiebra, y fue adquirida por Boeing, reduciendo así el mercado mundial de la aeronáutica comercial a solo dos empresas. Esto es un ejemplo; podríamos poner muchos. En el mercado del automóvil hay once, en el aluminio hay tres, en la farmacia hay siete u ocho que controlan el 85-90 % del mercado mundial, en el neumático hay cinco, etc. El conjunto de la economía productiva ha entrado en una dinámica de concentración y centralización del capital tan profunda, que en escala mundial aparecen cada vez menos grupos, y cada vez más poderosos. Lo cual significa que, en escala mundial, un grupo cada vez más reducido de personas tiene un control cada vez más exhaustivo sobre el movimiento económico. En ese grupo lógicamente, como ya decía al principio, esta fundamentalmente la tríada (EE.UU., Europa, y Japón) con alguna salpicadura de capitales procedentes del sur, pero que tienen siempre un papel subordinado.

Quizás convenga decir aquí, antes de entrar en otra dirección del análisis, que eso no significa que la economía mundial sea una balsa de aceite gobernada por esos grupos gigantescos, y por esos manipuladores de las finanzas internacionales, porque la resultante es una economía que tiene problemas de inestabilidad muy profundos. Sin duda hay esa fosa, que comentábamos al principio, entre los países del sur y la tríada. Una fosa en el ingreso que es indiscutible, que determina el hambre, el atraso, las muertes por enfermedad, todo ese fenómeno que afecta tan duramente a África, a Centroamérica (y a una buena parte del resto de América latina), a una gran parte de Asia, etc. Solo debemos pensar en el fenómeno que supone que en Asia, antes de que acabe la primera década de este siglo, va a haber aproximadamente de 2.500 a 3.000 millones de personas viviendo en ciudades, que no están en absoluto previstas para esa masa de gente. Se calcula que en China a diario se mueven 60 millones de personas continuamente, buscando horizontes nuevos. Son fenómenos que realmente implican gravísimos problemas de todo tipo, y una vida muy problemática a quien tenga que vivirla así. Podríamos pensar que esta es la resultante de esa correlación de fuerzas desfavorable al sur, y que la economía del norte es una economía saneada, no sujeta a sobresaltos. Pero nada de esto es cierto. Cuando EE.UU. vive la década del crecimiento, cuando se dice que ya no va a haber ciclos, cuando algunas proyecciones llevan el índice de la bolsa de Nueva York hasta 100.000 puntos (lo cual supondría multiplicar el índice actual por más de diez), si despejamos la hojarasca ¿qué se ve realmente?. Pues vemos que en EE.UU., en este momento, hay un déficit comercial que supera el 5 % del P.I.B., y que implica aproximadamente unos 450.000 millones de dólares. En EE.UU. el ahorro se hace por momentos negativo, es decir, que los estadounidenses están consumiendo más de lo que producen. Eso ha pasado en 1998, y ha pasado en el 2000; pero en todo momento el ahorro está bordeando el nivel cero. A veces es negativo, y a veces es positivo, pero bordeando el nivel cero, lo cual es una caso absolutamente particular entre todas las economías industriales. Eso implica que si uno compra más de lo que vende en el extranjero, y si uno no ahorra, se hace necesaria una financiación. Esa financiación está exigiendo la participación del resto del mundo. Su fuente fundamental es el superávit japonés. Normalmente los norteamericanos se quejan de que los japoneses les venden demasiado, y demasiado barato. Lo cierto es que hay acuerdo secretos entre EE.UU. y Japón para mantener el superávit japonés, que en definitiva sostiene el déficit norteamericano. Además, los norteamericanos se encuentran en una situación particular, ya que emiten moneda para financiar ese déficit. Eso solo lo pueden hacer ellos; pagar con papel sus excesos solo lo pueden hacer los americanos, porque el dólar tiene una apreciación general. Ningún país que tuviera ese déficit comercial y esa tasa de ahorro podría tener una moneda como el dólar, lo cual nos invita a pensar que esa moneda está sostenida sobre bases no estrictamente económicas, sino también políticas y militares lógicamente.

Si miramos a Japón, vemos que hay una década perdida, la década de los '90. Desde 1989 Japón entró en una situación de bajísimo crecimiento, que le ha llevado a la recesión en alguno de estos años, en el año 1998 en concreto, así como en el año 2000. Japón esta pasando pues una época muy mala. Europa quizás sea la zona donde hay un equilibrio mayor. Todo esto esta conviviendo con procesos que, después de un periodo de crecimiento muy fuerte, significan sobre todo políticas que tienden a empeorar las condiciones de vida y trabajo también en el norte. Una serie de condiciones se han modificado, y en lugar de estar mejorando en el norte, hay bastantes signos que revelan que están empeorando. Por ejemplo, en EE.UU. se habla de pleno empleo, lo cual es una pura ilusión estadística. Lo que ha ocurrido en EE.UU. es que el mercado de fuerza de trabajo ha sido sometido a una sacudida espectacular en los últimos veinte años, y no es que los americanos creen quince o veinte millones de empleos sobre los que existían, sino que hay un proceso de creación-destrucción de empleo que da una suma algebraica positiva neta de más empleos, pero muchísimo más precarios, con un menor sueldo, y en peores condiciones. Para decirlo claramente, los puestos de trabajo destruidos en EE.UU. en los últimos veinte años eran puestos de trabajo de carácter indefinido y de dieciocho o veinte dólares la hora, mientras que los puestos de trabajo creados son muy precarios, de carácter muy temporal, y que no rebasan los cinco o siete dólares la hora, lo cual implica un proceso de readecuación claramente perjudicial para el conjunto de los trabajadores. Todo esto a veces nos lleva, en mi opinión, a una cierta posición antiamericana, en la que, siendo los estadounidenses la cabeza más claramente visible de este proceso de globalización al que nos hemos referido, parecería que ellos serían la bestia.

Yo querría, a partir de ahora, no ver solo la dinámica en la que los "globalizadores" nos sitúan, sino ver por qué se produce ese proceso, y cuáles son nuestras responsabilidades y deficiencias como actores de este panorama político, económico, y social, que nos impiden establecer alternativas a ese proceso tan sumariamente descrito. La globalización económica es, como todo en esta vida, un problema de correlación de fuerzas. Por eso, en ultimo término, la globalización es un problema fundamentalmente político. Porque, en términos políticos, en mi opinión, la globalización es el resultado, en primer lugar, de la derrota de las fuerzas populares, de las fuerzas democráticas y progresistas, básicamente como consecuencia del fiasco del socialismo real. Analizar el por qué representa una exigencia de nuestra propia responsabilidad. La dinámica que está implantando las relaciones de producción capitalistas en escala mundial en condiciones cada vez más desfavorables para las fuerzas democráticas y progresistas, es la resultante de su propia fuerza y de su propia capacidad, pero también de la incapacidad y de los errores de las fuerzas democráticas y progresistas. Esta derrota tiene además, a mi juicio, una consecuencia bastante grave, porque es una derrota que no se ha digerido y frente a la que no se ha desarrollado la critica suficiente para salir de ese cerco, y poder reconstruir una teoría y una política que planteen alternativas a ese proceso de mundialización.

En segundo lugar, tiene una gran importancia la integración de los sindicatos en el engranaje del sistema económico, y su incapacidad para reaccionar ante lo que podríamos llamar un cambio de paradigma. El salto político desde el estado social de derecho hacia una configuración neoliberal de los estados, o lo que es lo mismo, desde el pacto demócrata-cristiano y sindical en el que se desarrolló la economía mundial después de la Guerra (que configuró la política desde entonces), hasta la ruptura del mismo por una derecha reconfigurada que propicia una nueva rebelión de los ricos. Los sindicatos están desde entonces a la defensiva, en el mejor de los casos, al menos los grandes sindicatos.

En tercer lugar, y como síntesis de las anteriores, nos encontramos con la incapacidad de las fuerzas progresistas para reconstruir una teoría y una política suficientes para enfrentarse a una nueva situación. No nos referimos a una teoría entendida como una nueva cosmovisión, ni una política que se considere de nuevo como la única justa y adecuada, sino una teoría y una política propias de esas fuerzas, contradictorias con las de los adversarios, y que puede y debe construirse en la dinámica y en la acción. Porque ¿qué es la globalización? Como decía antes, es el proceso de extensión en escala mundial de las relaciones capitalistas de producción. Estamos pues en un sistema económico de carácter capitalista, y la substancia de ese sistema sigue siendo la misma: explotadores y explotados. Lo que ocurre es que, en estos últimos setenta años, se han producido cambios muy importantes, que no pueden dejar de tenerse en cuenta. Este es uno de los problemas que nos está impidiendo avanzar en este tema. Evidentemente, los capitalistas pasan las fronteras nacionales, y tratan de instalarse en escala mundial. Van consiguiéndolo cada vez más profundamente. Ya lo decíamos al principio. Cada vez las grandes multinacionales tienen una raíz nacional más desdibujada, y desde luego sus intereses se hacen cada vez más planetarios. Por ejemplo, cuando General Motors concibe su estrategia no esta pensando en Ohio, esta pensando en que tiene una división europea, una división asiática, una división latinoamericana, y que la dinámica que va a imprimir a su estrategia económica es una dinámica planetaria. La economía mundial es así un dominio de los capitalistas, que cada vez son menos y cada vez más grandes, que proceden fundamentalmente de EE.UU., Europa, y Japón, y que incorporan como apéndice a las clases dirigentes del Tercer Mundo. Los estados sociales de derecho que mejoraron las condiciones de vida y trabajo en la tríada, integraron a los sindicatos en el sistema, y también a fracciones muy importantes de las clases populares. En los últimos veinticinco años, después de la crisis del final de los sesenta, cuando se produjo la nueva rebelión de los ricos, también se desarrolló una nueva oleada de desarrollo tecnológico que tiene consecuencias muy importantes.

Las consecuencias directamente productivas de ese desarrollo tecnológico son la mundialización de las comunicaciones y las telecomunicaciones. Hace solo veinticinco años eran dificilísimo dirigir un negocio desde Frankfurt teniendo intereses en Asia, por ejemplo, o en América latina. Hoy en día, la revolución de las comunicaciones y las telecomunicaciones permite trabajar en tiempo real, en escala mundial, conectando todas las actividades de la empresa, y pudiendo tomar decisiones en tiempo real. La dinámica del proceso tecnológico permite también una fragmentación del proceso productivo, que contribuye lógicamente a articular en escala planetaria el proceso de producción. Esta fragmentación del proceso productivo permite producir partes del producto final en diversos países, en muchos, a veces, decidiendo el ensamblaje allí donde resulta más conveniente, desde el punto de vista de los mercados de venta. Pero, esa articulación constituye una dinámica adicional de carácter mundial y planetario. Se inaugura con este proceso la utilización a escala mundial de la fuerza de trabajo. Pensad por ejemplo que General Electric, la primera compañía del mundo por capitalización bursátil, tras la caída de Microsoft y de otro par de empresas de la nueva economía, mantiene conectados en tiempo real a 22.000 ingenieros que diseñan el producto, controlan la calidad, y dirigen la producción, en tiempo real y en escala mundial. Eso trastoca las concepciones que teníamos sobre la dinámica de las fuerzas en el ámbito de un Estado, o en el ámbito de una región. Eso ya funciona así. Por ejemplo, Swiss Air, la compañía aérea suiza, decidió trasladar todas sus operaciones de administración y manejo de la compañía a la India. Desde la India dirigen la compañía, siendo una compañía suiza que vuela fundamentalmente con centro en Suiza. Gran parte de los ordenadores del mundo en estos momentos se reparan desde Bangalore (India). Y por ejemplo (por no aburriros con más ejemplos), los avisos que se dan en el aeropuerto de Frankfurt se hacen desde California. Es un proceso como veis, de una extraordinaria amplitud, y de una extraordinaria profundidad.

Las consecuencias se traducen en la vida diaria, y estos meses han sido muy claros: alimentación, salud, concepción del trabajo, reconfiguración de la empresa (como una empresa red), el proceso de urbanización (con todas las tragedias humanas que conlleva), y además la rebelión de los ricos. Porque, desde hace una temporada ya larga, los ricos no quieren pagar impuestos. Como le dice el presidente de BMW al ministro de Hacienda alemán: "BMW no va a pagar ni un marco más de impuestos". ¿Por qué? Pues porque, en la medida en que el mundo se abre como estamos exponiendo, uno puede situar los beneficios de la compañía donde le parezca mejor, y puede situar su sede central en las Islas Vírgenes, por ejemplo, donde no preguntan de dónde viene el dinero, y donde no hay que pagar ningún impuesto. Puede uno perfectamente lucir pérdidas en Alemania, y beneficios en las Islas Vírgenes. Esta es una ingeniería financiera muy fácil de hacer a estas alturas, en la que no vamos a entrar.

Todo este proceso, lógicamente, tiene consecuencias sobre el poder, un poder mucho más abstracto, más inaprensible, mundial, que se reúne en el llamado Consenso de Washington. Este es una formación que hizo el profesor Williamson, sobre el hecho de que las decisiones se están tomando en base a unas políticas económicas y sociales determinadas, en las que habría una coincidencia (por eso lo llaman el Consenso de Washington) en la que se reúnen todos los poderes del mundo: el Tesoro de los EE.UU., las empresas multinacionales, los gobiernos de la tríada, los organismos internacionales, así como las elites políticas del Tercer Mundo. Esto es muy importante. Las elites económicas y políticas del Tercer Mundo están asociadas a eso, de tal manera que muchas veces cuando se habla del Tercer Mundo y de la condonación de la deuda, no se tiene en cuenta este proceso. Las catorce familias que controlan Guatemala, por ejemplo, están absolutamente conectadas. En Guatemala no hay carreteras, no hay ferrocarriles, no hay hospitales, no hay escuelas porque esas catorce familias no los necesitan para nada. No necesitan carreteras porque viajan en helicóptero, no necesitan hospitales porque se curan en Houston, no necesitan universidades porque mandan a sus hijos a Harvard o a Cambridge. Esa asociación de las elites del Tercer Mundo es muy importante. El último ejemplo de cómo funciona el Consenso de Washington, y por qué caminos estamos avanzando, es un ejemplo muy gráfico y muy claro. En la O.C.D.E., la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, que reúne al 20 % del mundo, a los veintinueve países más desarrollados del mundo, se estaba negociando un acuerdo, el Acuerdo Multilateral de Inversiones (más conocido como A.M.I.), cuya síntesis era que habría posibilidades de que las empresas inversoras demandasen a los Estados, y ninguna de que estos demandasen a las empresas inversoras. La cosa llegaba tan lejos que, una empresa que no fuese autorizada a instalarse, por ejemplo en España, o en cualquier otro país, podía demandar al gobierno de ese país en base a los beneficios que habría dejado de percibir por no instalarse. Afortunadamente, un grupo canadiense captó en la red intercambios de información sobre el A.M.I., lo puso a circular, y automáticamente hubo una respuesta general. El gobierno francés se retiró del proyecto, y como consecuencia quedó paralizado. Pero es ahí, en esa dinámica en la que están las cosas.

En esta situación, uno de los problemas de no tener teoría ni política, es que la composición de los antagonistas en el sistema se ha modificado, y ni siquiera nos hemos damos por enterados. Por un lado, los capitalistas, tal y como hemos visto, se han mundializado y su jerarquía es muy distinta de la que era, de tal manera que los capitalistas nacionales (no mundializados) están claramente subordinados a los que establecen sus estrategias a escala mundial. Segmentos enteros de la producción están absolutamente mundializados, tal y como habíamos visto antes, al hablar de la hipertrofia financiera. Mientras tanto en las filas antagónicas, en las nuestras, solo hay actividad mundializada muy reciente y muy fragmentaria. Los sindicatos, por ejemplo, siguen siendo nacionales, actuando como si el único espacio de referencia fueran los estados nacionales; y a veces ni eso. De tal manera que, por ejemplo, hará unos dos años en el convenio de Ford Valencia hubo una situación limite, en la que el presidente de la compañía desde EE.UU. dirigió un video a los trabajadores, conminándoles a que si no firmaban las condiciones que la empresa les ofrecía trasladarían la producción a otros países de Europa. En ese proceso, los sindicatos españoles que estaban negociando ese convenio, no obtuvieron ningún apoyo de sindicatos de otros países donde está instalada la Ford. A veces, ni siquiera el espacio nacional es suficiente. En el último convenio de Aceralia, no hubo posibilidad de hacer una propuesta que unificase las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores a escala nacional.

Es más, ni siquiera tenemos conciencia de que la vieja definición de la clase obrera y del movimiento obrero, es cada vez más inservible para definir el mundo de los explotados, de las clases populares, de las clases que están en contra de este proceso, para identificar sus intereses, y como consecuencia es imposible establecer estrategias. Por ejemplo, pensad que en estos momentos crece, de manera bastante importante y por todas partes, el trabajador autónomo, un trabajador que no puede ser incluido en las filas de los sindicatos, ni de cualesquiera otra organización social. A veces, se vende la idea del trabajador autónomo como aquel individuo que pone en marcha una empresa, y se convierte en empresario, etc. Este es el ejemplo porcentualmente más escaso de este grupo social. Porque la mayoría son, por ejemplo, soldadores que antes trabajaban por un salario y con un contrato de trabajo, y ahora venden su fuerza de trabajo a través de un contrato de servicios que no les liga en absoluto a la empresa para la que trabajan. De tal manera que ellos tienen que pagar la seguridad social y todas las otras cargas sociales, y no tienen ningún derecho (lógicamente, al actuar vía contrato de servicios) para exigirle al patrón ninguna otra posibilidad, más allá de ese contrato de servicios que se firma. El crecimiento de los trabajadores autónomos es uno de los elementos clave, pero hay muchos más. Por ejemplo, en estos momentos, están al margen de cualquier propuesta de organización la mayor parte de los trabajadores que tienen contratos por tiempo reducido, con horarios variables (teniendo que asistir al puesto de trabajo sin saber a que hora van a empezar a trabajar), etc. Todos esos trabajadores están al margen de la organización, de cualquier planteamiento de alternativas. Y, por otra parte, deberían de empezar a considerarse como miembros de este proceso un conjunto de personas que antes estaban claramente situados en el campo adversario. Por ejemplo, ELF Aquitain es una empresa de petróleo francesa, que decidió comprar una empresa belga que se llama Autotanfil. En el momento del anuncio de la compra, el presidente de ELF Aquitain, anunció que iba a despedir a diez mil trabajadores. Como consecuencia, se produjo una movilización de los sindicatos contra eso. Pero surgió una sorpresa. ELF Aquitain tiene en Tarles, en el sur de Francia, una sociedad que es fundamentalmente de investigación y desarrollo, en la cual todos los trabajadores son ingenieros licenciados. Cuando se dieron cuenta de que ellos también estaban afectados por el proceso de disminución de la plantilla, contactaron con los sindicatos, y ellos fueron los que ganaron la huelga, porque automáticamente pararon el funcionamiento informático de la compañía, elaboraron una página web para informar de la huelga, y colapsaron la compañía. Obligaron a la empresa a negociar.

Eso implica una configuración absolutamente nueva de las clases populares, de las clases alternativas, de quienes pueden ofrecer una alternativa a este proceso. Y ello obliga a replantearse muy abiertamente esa configuración, que creo que excede con bastante a lo que era tradicionalmente el movimiento obrero, los trabajadores de cuello azul, etc. Crecientemente, los trabajadores de cuello blanco son asalariados, y por lo tanto, contar con esa facción e integrarla resulta absolutamente fundamental, cosa que salvo esos casos aislados no se ha conseguido hasta hoy. Por eso pienso, como vemos en esta última parte de la exposición, que la mundialización tiene unas consecuencias más políticas que económicas puesto que, a pesar de todo, la fuerza económica de las corporaciones transnacionales es mucho menor de la que uno se imagina cuando da esas cifras espectaculares. Todos los cambios que la globalización ha supuesto son cambios políticos, como la desregulación, la imposición de políticas económicas como las privatizaciones, o esa política (que dice que no tiene alternativa) basada fundamentalmente en los equilibrios financieros y que no se ocupa de los equilibrios reales, el proceso de configuración mundial de unos medios de comunicación crecientemente concentrados que configuran el pensamiento (eso que Ignacio Ramonet llamó el "pensamiento único", y que en mi opinión acierta más Emmanuel Etoo cuando lo llama el "pensamiento cero"), etc. Ese conjunto de cuestiones, consecuencias del proceso de globalización económica, tienen claramente una raíz política, y nos remiten, como decía antes, a una determinada correlación de fuerzas, que es lo que yo creo que cambiar.

Mientras tanto, está cambiando a nuestros ojos el papel del estado, pero no en el sentido que pensábamos hace veinte años (y que gran parte de las fuerzas políticas progresistas sigue manejando como un fantasma), no en el sentido de que el Estado se va reducir de tamaño, no en el sentido de que el Estado va a tener menos capacidad de intervención. Eso no se constata en ninguna parte. El Estado sigue siendo en los países industriales el 45 % aproximadamente del producto interior bruto, maneja el 45 % del P.I.B., y no hay visos de que eso se vaya a cambiar (aunque hay diferencias claras, pues por ejemplo en Dinamarca esa cifra sube hasta el 62 %, y en EE.UU. y el Reino Unido está ligeramente por debajo del 40 %). No es ese el camino. El camino es un cambio en el papel del estado, que trata de hacerlo virar desde un estado social, un estado que arbitra la redistribución de la renta, y que financia un conjunto de elementos que son en definitiva salario indirecto (como son la salud, la educación gratuita y generalizada, las infraestructuras de comunicaciones, las infraestructuras de agua, electricidad, etc. que constituyen conjuntos de bienestar muy claramente percibidos), hacia otro manejo del estado que por el contrario tienda a ir abandonando este aspecto redistribuidor, y este aspecto de carácter social, para sostener cada vez más abiertamente la inversión, para sostener los intereses de esos grupos que son cada vez mayores y que controlan cada vez fracciones cada vez más importantes de la economía nacional y mundial. En estos momentos en España, el estado español, en sus presupuestos anuales está concediendo exenciones de impuestos y subvenciones que pueden alcanzar los tres billones de pesetas, una cifra muy próxima a los niveles más altos de déficit público que hemos tenido. Hubiera bastado eliminar esas exenciones y subvenciones para equilibrar las cuentas públicas. Y esa es la dinámica que siguen las cosas, creo yo, en escala mundial. Después, como consecuencia de eso lógicamente, todos los aspectos de reforma y desarrollo social empiezan a tener arena en los cojinetes en la mayor parte de los países que habían alcanzado ese nivel, que son los países industriales (porque en el resto del mundo las cosas, como ya dije al principio, no dan para más).

Además, estamos trabajando en medio de una gravísima desinformación. Cuando en el mundo entero se apela a la competencia, y a la actuación del mercado como emisor de señales que representa la fijación de los precios, descubrimos que el 60 % de las exportaciones estadounidenses circulan, no por los mercados, sino por las redes internas de las grandes compañías. De tal manera que, fijando precios intra firma funcionan al margen de los mercados, y pueden (como hacia BMW) fijar sus beneficios en el lugar del mundo que quieran y manejar los precios de los mercados mundiales hasta un nivel muy alto, porque el 60 % es mucho. En Japón esa cifra es menor, pero en Europa estamos muy próximos al 50 %.

En esta situación, ¿cuáles son las esperanzas de alternativas significativas, de cambios? La contradicción que opone los intereses de quienes organizan hoy la globalización a escala mundial y el resto del mundo, el resto de las personas, el resto de los grupos sociales, vuelve a generar, sin ninguna duda, respuestas. No hay teoría, no hay política, pero si hay respuestas, aunque sean fragmentarias. Ha habido, todos lo sabéis, una confrontación en Seattle, donde los grupos que ponen en cuestión el proceso, tal y como se esta produciendo, impidieron el éxito de una cumbre mundial de la Organización Mundial de Comercio, que es la abanderada de los procesos de liberalización y de desregulación que se están planteando. Después de Seattle vino Washington, donde también se opusieron esos grupos al fenómeno del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial como representantes de aquel consenso de Washington y como promotores de las políticas que están en cuestión. Después vino Praga, Niza, Davos... todo confrontaciones. Pero finalmente, en el mes de Febrero, se celebró la cumbre de Porto Alegre que fue el primer intento de configurar un esbozo de alternativa. Ya no se fue a desmontar la cumbre, sino que fue un intento de mirar hacia dentro, de criticar nuestros propios comportamientos, de buscar alternativas, etc. Porto Alegre fue elegida como sede del Movimiento social mundial porque es un paradigma de lo que se puede hacer cuando se trabaja con otros parámetros, con otros planteamientos en política. Porto Alegre lleva diez años gobernada por una coalición de izquierdas que ha implantado, por primera vez en el mundo, el establecimiento del presupuesto municipal con carácter participativo. Allí, hay un sistema de asambleas que asignan el gasto, una vez que los ingresos están fijados. Parece que Porto Alegre presenta un aspecto muy interesante, y parece una alternativa a cómo hacer las cosas, aunque sea en un microcosmos. Por eso podemos decir que Porto Alegre es el primer intento de plantear una alternativa significativa a esta dinámica que hemos señalado y analizado.

Para mí hay, sin embargo, un motivo de esperanza que nadie comparte conmigo, que son los sindicatos de EE.UU. Los sindicatos de los EE.UU. que, en primer lugar, están siendo los soportes materiales y físicos de todo este proceso de confrontaciones de Seattle, de Washington, etc. porque sin su aporte esas protestas masivas no hubieran sido posibles. Esta es una primera cosa importante. A mi juicio, los sindicatos americanos son importantísimos. Durante 50 años fueron la punta de lanza del anticomunismo en la guerra fría. Como consecuencia, fueron instrumentos del poder y fueron realmente lo contrario de lo que uno se imagina que debe hacer un sindicato. Eso es absolutamente verdad. Además, desgraciadamente no solo siguieron las pautas que les marcaba el poder, sino que entraron en relación con la mafia, y todo ello transformó su papel. Pero la caída del Muro de Berlín tuvo numerosas consecuencias, y también las tuvo en este sentido. Por primera vez, en 1994, la dirección que los dirigentes anteriores proponían como sucesora de la saliente, salió derrotada. Bueno, hay muchas contradicciones, eso son cosas inevitables. El primer resultado de ese cambio fue probablemente la huelga más ejemplar que se ha realizado en el mundo en los últimos treinta años, aunque para mucha gente paso desapercibida. Precisamente el sindicato más penetrado por la mafia, el sindicato de camioneros, organizó una huelga en la US Postal, la empresa que transporta en los EE.UU. prácticamente el 80 % del correo que hay allí, desde la cartería a los paquetes. En esa compañía, como en casi todas, crecía espectacularmente el número de trabajadores precarios. Entonces, propusieron una tabla reivindicativa, en la que colocaron en primer lugar el transformar en trabajadores fijos a todos los trabajadores precarios; y ganaron. Después de eso ha habido contradicciones, pero indudablemente se ha iniciado un proceso, absolutamente desconocido en los 50 años anteriores, por el cual algunos de los departamentos más interesantes de la universidad americana han empezado a trabajar con los sindicatos, hay relaciones crecientes en ese sentido. Sin duda, ese cambio que a mi se me antoja importante aunque sea pequeño, puede ser el origen de un replanteamiento de organizaciones sindicales de carácter mundial, que hoy resultan imprescindibles si se quiere ser interlocutor de esos gigantes que controlan la economía mundial.

Por ultimo decir que, en ese sentido, son también muy importantes procesos como los que estamos viviendo en la construcción de la Unión Europea, que desgraciadamente marchan en una dirección inadecuada, pero que con planteamientos diferentes es una entidad que puede servir de contrapeso en la negociación con esos gigantes, mientras avanzamos en la búsqueda de una alternativa. Hay que tener en cuenta que la Unión Europea representa el 27 % del P.I.B. mundial y casi el 25% del comercio mundial. Estos son pequeños esbozos, pequeñas posibilidades, pequeños pasos que se podrían dar. Pero, desde luego, si no recuperamos una teoría y una política claras, difícilmente se puede hacer frente a este proceso que, volviendo al principio, determina hoy por hoy una correlación de fuerzas claramente desfavorable a las fuerzas populares y progresistas. Muchas gracias.