José Manuel Agüera
« Globalización económica»
5-4-2001
Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad
de León . Consejero de Cajastur y del Grupo Duro Felguera,
además de ostentar la Cátedra Jean Monet de la
Unión Europea.
En
primer lugar, quisiera decir que la globalización es un
término relativamente difícil de aprehender. Hay,
sobre todo en el contenido de esta palabra, aspectos muy variados,
múltiples, de carácter económico, de carácter
político, de carácter cultural, etc. Seguramente
que un debate sobre lo que implica la tendencia a imponer unos
estándares culturales determinados nos llevaría
bastante tiempo. Yo voy a referirme sobre todo a los aspectos
económicos y políticos del término, lo cual
no quiere decir que se agote la dimensión que tiene la
globalización, pero al menos de esa manera podemos abordar
los aspectos que yo juzgo más interesantes y que puedo
trabajar con un poco más de nivel y de profundidad.
La globalización, al ser enunciada así, parece
que implica un fenómeno que abarca al mundo entero por
igual; y ese es quizás el primer aspecto que esconde una
realidad extraordinariamente importante. Porque, en efecto la
globalización, en términos económicos, seria
la imposición de un modelo de carácter económico
fundamentalmente anclado en lo que, desde Maes, se conoce como
la tríada, es decir: Estados Unidos, Europa, y Japón.
Estos representan lo fundamental de esa globalización.
Representan, por ejemplo, más del 70 % del comercio mundial,
y retienen el 83'7 % del ingreso mundial. Es decir, que aproximadamente
un 20 % de la población mundial vive con el 83'7 % del
ingreso mundial y el 80 % restante accede solo al 17'3 % del ingreso
mundial. Es una globalización muy desigual. Ahí
esta comprendido todo el fenómeno de atraso económico,
de pobreza, de hambrunas, de enfermedades, etc. que padece ese
80 % de la población mundial que solo tiene acceso al 17'3
% del ingreso mundial. Para empezar, habría que decir globalización,
pero menos. Hay un dominio de los mercados mundiales y, lo que
es más significativo, de la renta que producen, por parte
de poderes económicos situados fundamentalmente en esa
tríada que representan Estados Unidos, Europa, y Japón
(a los que se añaden Canadá y algunos otros países
más, pero muy pocos).
La segunda cuestión que hay que poner
de manifiesto cuando se habla de globalización, es que hay
sobre todo una globalización financiera. ¿Que quiere
eso decir? Querría decirlo en pocas palabras y simultáneamente
ser lo suficientemente claro. El sistema financiero era tradicionalmente
un instrumento de apoyo a la inversión productiva, hacia
de gran eje transvasador del ahorro a la inversión. Esa era
su función fundamentalmente. La respuesta de muchos estudiantes
de Económicas seguiría siendo esta. Pero lo cierto
es que en los últimos veinte años el sistema financiero
se ha autonomizado, ha empezado a tener vida propia al margen del
sistema productivo. Este es un fenómenos extraordinariamente
importante. De tal manera que muchas actividades, crecientemente
las actividades financieras, tienen objetivos financieros directos,
no productivos. Por ejemplo se compra y se vende dinero, pero no
para llevarlo de Frankfurt a Sydney e invertirlo allí, sino
para ganar más dinero y así sucesivamente. Cada día
se intercambian en el mundo aproximadamente 1 billón 300.000
millones de dólares. Esta es una cifra brutal, sobre todo
si tenemos en cuenta que esto representa 60 veces el comercio de
bienes y servicios cada día. Hay un intercambio de productos
financieros 60 veces mayor diariamente que los intercambios de productos
que sirven para alimentarse, para vestirse, para disponer de bienes
de consumo duradero, etc. El sistema financiero en escala mundial
se ha autonomizado respecto del sistema productivo y tiene objetivos
puramente financieros. Esto no había sucedido nunca antes,
y representa una transformación muy importante del carácter
que tiene el fenómeno de mundialización de la economía.
Esto implica también que esa cifra que se mueve diariamente,
en tiempo real las veinticuatro horas del día, representa
aproximadamente cinco veces más que las reservas de divisas
de los bancos centrales de los países más industrializados
del mundo. Lo cual quiere decir que un movimiento especulativo de
esos flujos financieros en un momento dado, si va a fondo, no puede
ser contrarrestado por ningún país en concreto, ni
siquiera por los Estados Unidos de América. Eso sitúa
las cosas en un nivel importante, y pone de manifiesto la debilidad
que los estados tienen frente a este tipo de movimientos y la aparición
de un fenómeno que puede poner de rodillas a cualquier poder
político, incluso internacional, en un momento determinado.
Por otra parte, el fenómeno de la globalización tiene
también una incidencia muy significativa en los procesos
productivos, en la economía productiva (por oposición
a la economía financiera). Tiene una incidencia muy importante
porque desde los años '20, y sobre todo a partir de la II
Guerra Mundial (por razones que aquí no desarrollaremos en
profundidad), en prácticamente toda las ramas de actividad
ha ido apareciendo un oligopolio: el control de los mercados por
un grupo cada vez mas reducido de grupos. Esto es llevado al límite,
por ejemplo, en la rama de actividad de la aeronáutica comercial,
donde en escala mundial solo existen dos empresas: Boeing (EE.UU.)
y Airbus (Europa). A escala mundial, la competencia se ha reducido
a esos dos colosos, y no hay perspectiva de que pudiera aparecer
un tercero. Una de las cosas que la economía neoclásica
defiende con más ardor es que la competencia tiene una válvula
de escape fundamental, que es la no existencia de barreras de entrada
a los mercados. Pero para entrar en el mercado de la aeronáutica
no basta con ser grande y fuerte, hay que tener muchas raíces
de muchos tipos. Antes de que hubiera dos empresas había
tres, dos estadounidenses y una europea. Las dos estadounidenses
tenían sus campos relativamente delimitados, convivían
bastante bien. Pero la tercera, que era McDonell-Douglas, dependía
en gran medida de los contratos del Ministerio de Defensa de los
EE.UU. Un contrato para fabricar x aviones da trabajo para unos
años, es un mercado absolutamente cautivo, en el que no hay
ninguna posibilidad de tener dificultades. La adjudicación
de unos contratos, en un momento en que habían vencido otros,
fue otorgada por el Pentágono a Boeing (por razones que podemos
sospechar, pero que no conocemos a fondo), y automáticamente
McDonell-Douglas entró en quiebra, y fue adquirida por Boeing,
reduciendo así el mercado mundial de la aeronáutica
comercial a solo dos empresas. Esto es un ejemplo; podríamos
poner muchos. En el mercado del automóvil hay once, en el
aluminio hay tres, en la farmacia hay siete u ocho que controlan
el 85-90 % del mercado mundial, en el neumático hay cinco,
etc. El conjunto de la economía productiva ha entrado en
una dinámica de concentración y centralización
del capital tan profunda, que en escala mundial aparecen cada vez
menos grupos, y cada vez más poderosos. Lo cual significa
que, en escala mundial, un grupo cada vez más reducido de
personas tiene un control cada vez más exhaustivo sobre el
movimiento económico. En ese grupo lógicamente, como
ya decía al principio, esta fundamentalmente la tríada
(EE.UU., Europa, y Japón) con alguna salpicadura de capitales
procedentes del sur, pero que tienen siempre un papel subordinado.
Quizás convenga decir aquí, antes de entrar en otra
dirección del análisis, que eso no significa que la
economía mundial sea una balsa de aceite gobernada por esos
grupos gigantescos, y por esos manipuladores de las finanzas internacionales,
porque la resultante es una economía que tiene problemas
de inestabilidad muy profundos. Sin duda hay esa fosa, que comentábamos
al principio, entre los países del sur y la tríada.
Una fosa en el ingreso que es indiscutible, que determina el hambre,
el atraso, las muertes por enfermedad, todo ese fenómeno
que afecta tan duramente a África, a Centroamérica
(y a una buena parte del resto de América latina), a una
gran parte de Asia, etc. Solo debemos pensar en el fenómeno
que supone que en Asia, antes de que acabe la primera década
de este siglo, va a haber aproximadamente de 2.500 a 3.000 millones
de personas viviendo en ciudades, que no están en absoluto
previstas para esa masa de gente. Se calcula que en China a diario
se mueven 60 millones de personas continuamente, buscando horizontes
nuevos. Son fenómenos que realmente implican gravísimos
problemas de todo tipo, y una vida muy problemática a quien
tenga que vivirla así. Podríamos pensar que esta es
la resultante de esa correlación de fuerzas desfavorable
al sur, y que la economía del norte es una economía
saneada, no sujeta a sobresaltos. Pero nada de esto es cierto. Cuando
EE.UU. vive la década del crecimiento, cuando se dice que
ya no va a haber ciclos, cuando algunas proyecciones llevan el índice
de la bolsa de Nueva York hasta 100.000 puntos (lo cual supondría
multiplicar el índice actual por más de diez), si
despejamos la hojarasca ¿qué se ve realmente?. Pues
vemos que en EE.UU., en este momento, hay un déficit comercial
que supera el 5 % del P.I.B., y que implica aproximadamente unos
450.000 millones de dólares. En EE.UU. el ahorro se hace
por momentos negativo, es decir, que los estadounidenses están
consumiendo más de lo que producen. Eso ha pasado en 1998,
y ha pasado en el 2000; pero en todo momento el ahorro está
bordeando el nivel cero. A veces es negativo, y a veces es positivo,
pero bordeando el nivel cero, lo cual es una caso absolutamente
particular entre todas las economías industriales. Eso implica
que si uno compra más de lo que vende en el extranjero, y
si uno no ahorra, se hace necesaria una financiación. Esa
financiación está exigiendo la participación
del resto del mundo. Su fuente fundamental es el superávit
japonés. Normalmente los norteamericanos se quejan de que
los japoneses les venden demasiado, y demasiado barato. Lo cierto
es que hay acuerdo secretos entre EE.UU. y Japón para mantener
el superávit japonés, que en definitiva sostiene el
déficit norteamericano. Además, los norteamericanos
se encuentran en una situación particular, ya que emiten
moneda para financiar ese déficit. Eso solo lo pueden hacer
ellos; pagar con papel sus excesos solo lo pueden hacer los americanos,
porque el dólar tiene una apreciación general. Ningún
país que tuviera ese déficit comercial y esa tasa
de ahorro podría tener una moneda como el dólar, lo
cual nos invita a pensar que esa moneda está sostenida sobre
bases no estrictamente económicas, sino también políticas
y militares lógicamente.
Si miramos a Japón, vemos que hay una década perdida,
la década de los '90. Desde 1989 Japón entró
en una situación de bajísimo crecimiento, que le ha
llevado a la recesión en alguno de estos años, en
el año 1998 en concreto, así como en el año
2000. Japón esta pasando pues una época muy mala.
Europa quizás sea la zona donde hay un equilibrio mayor.
Todo esto esta conviviendo con procesos que, después de un
periodo de crecimiento muy fuerte, significan sobre todo políticas
que tienden a empeorar las condiciones de vida y trabajo también
en el norte. Una serie de condiciones se han modificado, y en lugar
de estar mejorando en el norte, hay bastantes signos que revelan
que están empeorando. Por ejemplo, en EE.UU. se habla de
pleno empleo, lo cual es una pura ilusión estadística.
Lo que ha ocurrido en EE.UU. es que el mercado de fuerza de trabajo
ha sido sometido a una sacudida espectacular en los últimos
veinte años, y no es que los americanos creen quince o veinte
millones de empleos sobre los que existían, sino que hay
un proceso de creación-destrucción de empleo que da
una suma algebraica positiva neta de más empleos, pero muchísimo
más precarios, con un menor sueldo, y en peores condiciones.
Para decirlo claramente, los puestos de trabajo destruidos en EE.UU.
en los últimos veinte años eran puestos de trabajo
de carácter indefinido y de dieciocho o veinte dólares
la hora, mientras que los puestos de trabajo creados son muy precarios,
de carácter muy temporal, y que no rebasan los cinco o siete
dólares la hora, lo cual implica un proceso de readecuación
claramente perjudicial para el conjunto de los trabajadores. Todo
esto a veces nos lleva, en mi opinión, a una cierta posición
antiamericana, en la que, siendo los estadounidenses la cabeza más
claramente visible de este proceso de globalización al que
nos hemos referido, parecería que ellos serían la
bestia.
Yo querría, a partir de ahora, no ver solo la dinámica
en la que los "globalizadores" nos sitúan, sino
ver por qué se produce ese proceso, y cuáles son nuestras
responsabilidades y deficiencias como actores de este panorama político,
económico, y social, que nos impiden establecer alternativas
a ese proceso tan sumariamente descrito. La globalización
económica es, como todo en esta vida, un problema de correlación
de fuerzas. Por eso, en ultimo término, la globalización
es un problema fundamentalmente político. Porque, en términos
políticos, en mi opinión, la globalización
es el resultado, en primer lugar, de la derrota de las fuerzas populares,
de las fuerzas democráticas y progresistas, básicamente
como consecuencia del fiasco del socialismo real. Analizar el por
qué representa una exigencia de nuestra propia responsabilidad.
La dinámica que está implantando las relaciones de
producción capitalistas en escala mundial en condiciones
cada vez más desfavorables para las fuerzas democráticas
y progresistas, es la resultante de su propia fuerza y de su propia
capacidad, pero también de la incapacidad y de los errores
de las fuerzas democráticas y progresistas. Esta derrota
tiene además, a mi juicio, una consecuencia bastante grave,
porque es una derrota que no se ha digerido y frente a la que no
se ha desarrollado la critica suficiente para salir de ese cerco,
y poder reconstruir una teoría y una política que
planteen alternativas a ese proceso de mundialización.
En segundo lugar, tiene una gran importancia la integración
de los sindicatos en el engranaje del sistema económico,
y su incapacidad para reaccionar ante lo que podríamos llamar
un cambio de paradigma. El salto político desde el estado
social de derecho hacia una configuración neoliberal de los
estados, o lo que es lo mismo, desde el pacto demócrata-cristiano
y sindical en el que se desarrolló la economía mundial
después de la Guerra (que configuró la política
desde entonces), hasta la ruptura del mismo por una derecha reconfigurada
que propicia una nueva rebelión de los ricos. Los sindicatos
están desde entonces a la defensiva, en el mejor de los casos,
al menos los grandes sindicatos.
En tercer lugar, y como síntesis de las anteriores, nos encontramos
con la incapacidad de las fuerzas progresistas para reconstruir
una teoría y una política suficientes para enfrentarse
a una nueva situación. No nos referimos a una teoría
entendida como una nueva cosmovisión, ni una política
que se considere de nuevo como la única justa y adecuada,
sino una teoría y una política propias de esas fuerzas,
contradictorias con las de los adversarios, y que puede y debe construirse
en la dinámica y en la acción. Porque ¿qué
es la globalización? Como decía antes, es el proceso
de extensión en escala mundial de las relaciones capitalistas
de producción. Estamos pues en un sistema económico
de carácter capitalista, y la substancia de ese sistema sigue
siendo la misma: explotadores y explotados. Lo que ocurre es que,
en estos últimos setenta años, se han producido cambios
muy importantes, que no pueden dejar de tenerse en cuenta. Este
es uno de los problemas que nos está impidiendo avanzar en
este tema. Evidentemente, los capitalistas pasan las fronteras nacionales,
y tratan de instalarse en escala mundial. Van consiguiéndolo
cada vez más profundamente. Ya lo decíamos al principio.
Cada vez las grandes multinacionales tienen una raíz nacional
más desdibujada, y desde luego sus intereses se hacen cada
vez más planetarios. Por ejemplo, cuando General Motors concibe
su estrategia no esta pensando en Ohio, esta pensando en que tiene
una división europea, una división asiática,
una división latinoamericana, y que la dinámica que
va a imprimir a su estrategia económica es una dinámica
planetaria. La economía mundial es así un dominio
de los capitalistas, que cada vez son menos y cada vez más
grandes, que proceden fundamentalmente de EE.UU., Europa, y Japón,
y que incorporan como apéndice a las clases dirigentes del
Tercer Mundo. Los estados sociales de derecho que mejoraron las
condiciones de vida y trabajo en la tríada, integraron a
los sindicatos en el sistema, y también a fracciones muy
importantes de las clases populares. En los últimos veinticinco
años, después de la crisis del final de los sesenta,
cuando se produjo la nueva rebelión de los ricos, también
se desarrolló una nueva oleada de desarrollo tecnológico
que tiene consecuencias muy importantes.
Las consecuencias directamente productivas de ese desarrollo tecnológico
son la mundialización de las comunicaciones y las telecomunicaciones.
Hace solo veinticinco años eran dificilísimo dirigir
un negocio desde Frankfurt teniendo intereses en Asia, por ejemplo,
o en América latina. Hoy en día, la revolución
de las comunicaciones y las telecomunicaciones permite trabajar
en tiempo real, en escala mundial, conectando todas las actividades
de la empresa, y pudiendo tomar decisiones en tiempo real. La dinámica
del proceso tecnológico permite también una fragmentación
del proceso productivo, que contribuye lógicamente a articular
en escala planetaria el proceso de producción. Esta fragmentación
del proceso productivo permite producir partes del producto final
en diversos países, en muchos, a veces, decidiendo el ensamblaje
allí donde resulta más conveniente, desde el punto
de vista de los mercados de venta. Pero, esa articulación
constituye una dinámica adicional de carácter mundial
y planetario. Se inaugura con este proceso la utilización
a escala mundial de la fuerza de trabajo. Pensad por ejemplo que
General Electric, la primera compañía del mundo por
capitalización bursátil, tras la caída de Microsoft
y de otro par de empresas de la nueva economía, mantiene
conectados en tiempo real a 22.000 ingenieros que diseñan
el producto, controlan la calidad, y dirigen la producción,
en tiempo real y en escala mundial. Eso trastoca las concepciones
que teníamos sobre la dinámica de las fuerzas en el
ámbito de un Estado, o en el ámbito de una región.
Eso ya funciona así. Por ejemplo, Swiss Air, la compañía
aérea suiza, decidió trasladar todas sus operaciones
de administración y manejo de la compañía a
la India. Desde la India dirigen la compañía, siendo
una compañía suiza que vuela fundamentalmente con
centro en Suiza. Gran parte de los ordenadores del mundo en estos
momentos se reparan desde Bangalore (India). Y por ejemplo (por
no aburriros con más ejemplos), los avisos que se dan en
el aeropuerto de Frankfurt se hacen desde California. Es un proceso
como veis, de una extraordinaria amplitud, y de una extraordinaria
profundidad.
Las consecuencias se traducen en la vida diaria, y estos meses han
sido muy claros: alimentación, salud, concepción del
trabajo, reconfiguración de la empresa (como una empresa
red), el proceso de urbanización (con todas las tragedias
humanas que conlleva), y además la rebelión de los
ricos. Porque, desde hace una temporada ya larga, los ricos no quieren
pagar impuestos. Como le dice el presidente de BMW al ministro de
Hacienda alemán: "BMW no va a pagar ni un marco más
de impuestos". ¿Por qué? Pues porque, en la medida
en que el mundo se abre como estamos exponiendo, uno puede situar
los beneficios de la compañía donde le parezca mejor,
y puede situar su sede central en las Islas Vírgenes, por
ejemplo, donde no preguntan de dónde viene el dinero, y donde
no hay que pagar ningún impuesto. Puede uno perfectamente
lucir pérdidas en Alemania, y beneficios en las Islas Vírgenes.
Esta es una ingeniería financiera muy fácil de hacer
a estas alturas, en la que no vamos a entrar.
Todo este proceso, lógicamente, tiene consecuencias sobre
el poder, un poder mucho más abstracto, más inaprensible,
mundial, que se reúne en el llamado Consenso de Washington.
Este es una formación que hizo el profesor Williamson,
sobre el hecho de que las decisiones se están tomando en
base a unas políticas económicas y sociales determinadas,
en las que habría una coincidencia (por eso lo llaman el
Consenso de Washington) en la que se reúnen todos los poderes
del mundo: el Tesoro de los EE.UU., las empresas multinacionales,
los gobiernos de la tríada, los organismos internacionales,
así como las elites políticas del Tercer Mundo.
Esto es muy importante. Las elites económicas y políticas
del Tercer Mundo están asociadas a eso, de tal manera que
muchas veces cuando se habla del Tercer Mundo y de la condonación
de la deuda, no se tiene en cuenta este proceso. Las catorce familias
que controlan Guatemala, por ejemplo, están absolutamente
conectadas. En Guatemala no hay carreteras, no hay ferrocarriles,
no hay hospitales, no hay escuelas porque esas catorce familias
no los necesitan para nada. No necesitan carreteras porque viajan
en helicóptero, no necesitan hospitales porque se curan
en Houston, no necesitan universidades porque mandan a sus hijos
a Harvard o a Cambridge. Esa asociación de las elites del
Tercer Mundo es muy importante. El último ejemplo de cómo
funciona el Consenso de Washington, y por qué caminos estamos
avanzando, es un ejemplo muy gráfico y muy claro. En la
O.C.D.E., la Organización para la Cooperación y
el Desarrollo Económico, que reúne al 20 % del mundo,
a los veintinueve países más desarrollados del mundo,
se estaba negociando un acuerdo, el Acuerdo Multilateral de Inversiones
(más conocido como A.M.I.), cuya síntesis era que
habría posibilidades de que las empresas inversoras demandasen
a los Estados, y ninguna de que estos demandasen a las empresas
inversoras. La cosa llegaba tan lejos que, una empresa que no
fuese autorizada a instalarse, por ejemplo en España, o
en cualquier otro país, podía demandar al gobierno
de ese país en base a los beneficios que habría
dejado de percibir por no instalarse. Afortunadamente, un grupo
canadiense captó en la red intercambios de información
sobre el A.M.I., lo puso a circular, y automáticamente
hubo una respuesta general. El gobierno francés se retiró
del proyecto, y como consecuencia quedó paralizado. Pero
es ahí, en esa dinámica en la que están las
cosas.
En esta situación, uno de los problemas de no tener teoría
ni política, es que la composición de los antagonistas
en el sistema se ha modificado, y ni siquiera nos hemos damos
por enterados. Por un lado, los capitalistas, tal y como hemos
visto, se han mundializado y su jerarquía es muy distinta
de la que era, de tal manera que los capitalistas nacionales (no
mundializados) están claramente subordinados a los que
establecen sus estrategias a escala mundial. Segmentos enteros
de la producción están absolutamente mundializados,
tal y como habíamos visto antes, al hablar de la hipertrofia
financiera. Mientras tanto en las filas antagónicas, en
las nuestras, solo hay actividad mundializada muy reciente y muy
fragmentaria. Los sindicatos, por ejemplo, siguen siendo nacionales,
actuando como si el único espacio de referencia fueran
los estados nacionales; y a veces ni eso. De tal manera que, por
ejemplo, hará unos dos años en el convenio de Ford
Valencia hubo una situación limite, en la que el presidente
de la compañía desde EE.UU. dirigió un video
a los trabajadores, conminándoles a que si no firmaban
las condiciones que la empresa les ofrecía trasladarían
la producción a otros países de Europa. En ese proceso,
los sindicatos españoles que estaban negociando ese convenio,
no obtuvieron ningún apoyo de sindicatos de otros países
donde está instalada la Ford. A veces, ni siquiera el espacio
nacional es suficiente. En el último convenio de Aceralia,
no hubo posibilidad de hacer una propuesta que unificase las condiciones
de vida y trabajo de los trabajadores a escala nacional.
Es más, ni siquiera tenemos conciencia
de que la vieja definición de la clase obrera y del movimiento
obrero, es cada vez más inservible para definir el mundo
de los explotados, de las clases populares, de las clases que están
en contra de este proceso, para identificar sus intereses, y como
consecuencia es imposible establecer estrategias. Por ejemplo, pensad
que en estos momentos crece, de manera bastante importante y por
todas partes, el trabajador autónomo, un trabajador que no
puede ser incluido en las filas de los sindicatos, ni de cualesquiera
otra organización social. A veces, se vende la idea del trabajador
autónomo como aquel individuo que pone en marcha una empresa,
y se convierte en empresario, etc. Este es el ejemplo porcentualmente
más escaso de este grupo social. Porque la mayoría
son, por ejemplo, soldadores que antes trabajaban por un salario
y con un contrato de trabajo, y ahora venden su fuerza de trabajo
a través de un contrato de servicios que no les liga en absoluto
a la empresa para la que trabajan. De tal manera que ellos tienen
que pagar la seguridad social y todas las otras cargas sociales,
y no tienen ningún derecho (lógicamente, al actuar
vía contrato de servicios) para exigirle al patrón
ninguna otra posibilidad, más allá de ese contrato
de servicios que se firma. El crecimiento de los trabajadores autónomos
es uno de los elementos clave, pero hay muchos más. Por ejemplo,
en estos momentos, están al margen de cualquier propuesta
de organización la mayor parte de los trabajadores que tienen
contratos por tiempo reducido, con horarios variables (teniendo
que asistir al puesto de trabajo sin saber a que hora van a empezar
a trabajar), etc. Todos esos trabajadores están al margen
de la organización, de cualquier planteamiento de alternativas.
Y, por otra parte, deberían de empezar a considerarse como
miembros de este proceso un conjunto de personas que antes estaban
claramente situados en el campo adversario. Por ejemplo, ELF Aquitain
es una empresa de petróleo francesa, que decidió comprar
una empresa belga que se llama Autotanfil. En el momento del anuncio
de la compra, el presidente de ELF Aquitain, anunció que
iba a despedir a diez mil trabajadores. Como consecuencia, se produjo
una movilización de los sindicatos contra eso. Pero surgió
una sorpresa. ELF Aquitain tiene en Tarles, en el sur de Francia,
una sociedad que es fundamentalmente de investigación y desarrollo,
en la cual todos los trabajadores son ingenieros licenciados. Cuando
se dieron cuenta de que ellos también estaban afectados por
el proceso de disminución de la plantilla, contactaron con
los sindicatos, y ellos fueron los que ganaron la huelga, porque
automáticamente pararon el funcionamiento informático
de la compañía, elaboraron una página web para
informar de la huelga, y colapsaron la compañía. Obligaron
a la empresa a negociar.
Eso implica una configuración absolutamente nueva de las
clases populares, de las clases alternativas, de quienes pueden
ofrecer una alternativa a este proceso. Y ello obliga a replantearse
muy abiertamente esa configuración, que creo que excede con
bastante a lo que era tradicionalmente el movimiento obrero, los
trabajadores de cuello azul, etc. Crecientemente, los trabajadores
de cuello blanco son asalariados, y por lo tanto, contar con esa
facción e integrarla resulta absolutamente fundamental, cosa
que salvo esos casos aislados no se ha conseguido hasta hoy. Por
eso pienso, como vemos en esta última parte de la exposición,
que la mundialización tiene unas consecuencias más
políticas que económicas puesto que, a pesar de todo,
la fuerza económica de las corporaciones transnacionales
es mucho menor de la que uno se imagina cuando da esas cifras espectaculares.
Todos los cambios que la globalización ha supuesto son cambios
políticos, como la desregulación, la imposición
de políticas económicas como las privatizaciones,
o esa política (que dice que no tiene alternativa) basada
fundamentalmente en los equilibrios financieros y que no se ocupa
de los equilibrios reales, el proceso de configuración mundial
de unos medios de comunicación crecientemente concentrados
que configuran el pensamiento (eso que Ignacio Ramonet llamó
el "pensamiento único", y que en mi opinión
acierta más Emmanuel Etoo cuando lo llama el "pensamiento
cero"), etc. Ese conjunto de cuestiones, consecuencias del
proceso de globalización económica, tienen claramente
una raíz política, y nos remiten, como decía
antes, a una determinada correlación de fuerzas, que es lo
que yo creo que cambiar.
Mientras tanto, está cambiando a nuestros ojos el papel del
estado, pero no en el sentido que pensábamos hace veinte
años (y que gran parte de las fuerzas políticas progresistas
sigue manejando como un fantasma), no en el sentido de que el Estado
se va reducir de tamaño, no en el sentido de que el Estado
va a tener menos capacidad de intervención. Eso no se constata
en ninguna parte. El Estado sigue siendo en los países industriales
el 45 % aproximadamente del producto interior bruto, maneja el 45
% del P.I.B., y no hay visos de que eso se vaya a cambiar (aunque
hay diferencias claras, pues por ejemplo en Dinamarca esa cifra
sube hasta el 62 %, y en EE.UU. y el Reino Unido está ligeramente
por debajo del 40 %). No es ese el camino. El camino es un cambio
en el papel del estado, que trata de hacerlo virar desde un estado
social, un estado que arbitra la redistribución de la renta,
y que financia un conjunto de elementos que son en definitiva salario
indirecto (como son la salud, la educación gratuita y generalizada,
las infraestructuras de comunicaciones, las infraestructuras de
agua, electricidad, etc. que constituyen conjuntos de bienestar
muy claramente percibidos), hacia otro manejo del estado que por
el contrario tienda a ir abandonando este aspecto redistribuidor,
y este aspecto de carácter social, para sostener cada vez
más abiertamente la inversión, para sostener los intereses
de esos grupos que son cada vez mayores y que controlan cada vez
fracciones cada vez más importantes de la economía
nacional y mundial. En estos momentos en España, el estado
español, en sus presupuestos anuales está concediendo
exenciones de impuestos y subvenciones que pueden alcanzar los tres
billones de pesetas, una cifra muy próxima a los niveles
más altos de déficit público que hemos tenido.
Hubiera bastado eliminar esas exenciones y subvenciones para equilibrar
las cuentas públicas. Y esa es la dinámica que siguen
las cosas, creo yo, en escala mundial. Después, como consecuencia
de eso lógicamente, todos los aspectos de reforma y desarrollo
social empiezan a tener arena en los cojinetes en la mayor parte
de los países que habían alcanzado ese nivel, que
son los países industriales (porque en el resto del mundo
las cosas, como ya dije al principio, no dan para más).
Además, estamos trabajando en medio de una gravísima
desinformación. Cuando en el mundo entero se apela a la competencia,
y a la actuación del mercado como emisor de señales
que representa la fijación de los precios, descubrimos que
el 60 % de las exportaciones estadounidenses circulan, no por los
mercados, sino por las redes internas de las grandes compañías.
De tal manera que, fijando precios intra firma funcionan al margen
de los mercados, y pueden (como hacia BMW) fijar sus beneficios
en el lugar del mundo que quieran y manejar los precios de los mercados
mundiales hasta un nivel muy alto, porque el 60 % es mucho. En Japón
esa cifra es menor, pero en Europa estamos muy próximos al
50 %.
En esta situación, ¿cuáles son las esperanzas
de alternativas significativas, de cambios? La contradicción
que opone los intereses de quienes organizan hoy la globalización
a escala mundial y el resto del mundo, el resto de las personas,
el resto de los grupos sociales, vuelve a generar, sin ninguna duda,
respuestas. No hay teoría, no hay política, pero si
hay respuestas, aunque sean fragmentarias. Ha habido, todos lo sabéis,
una confrontación en Seattle, donde los grupos que ponen
en cuestión el proceso, tal y como se esta produciendo, impidieron
el éxito de una cumbre mundial de la Organización
Mundial de Comercio, que es la abanderada de los procesos de liberalización
y de desregulación que se están planteando. Después
de Seattle vino Washington, donde también se opusieron esos
grupos al fenómeno del Fondo Monetario Internacional y del
Banco Mundial como representantes de aquel consenso de Washington
y como promotores de las políticas que están en cuestión.
Después vino Praga, Niza, Davos... todo confrontaciones.
Pero finalmente, en el mes de Febrero, se celebró la cumbre
de Porto Alegre que fue el primer intento de configurar un esbozo
de alternativa. Ya no se fue a desmontar la cumbre, sino que fue
un intento de mirar hacia dentro, de criticar nuestros propios comportamientos,
de buscar alternativas, etc. Porto Alegre fue elegida como sede
del Movimiento social mundial porque es un paradigma de lo que se
puede hacer cuando se trabaja con otros parámetros, con otros
planteamientos en política. Porto Alegre lleva diez años
gobernada por una coalición de izquierdas que ha implantado,
por primera vez en el mundo, el establecimiento del presupuesto
municipal con carácter participativo. Allí, hay un
sistema de asambleas que asignan el gasto, una vez que los ingresos
están fijados. Parece que Porto Alegre presenta un aspecto
muy interesante, y parece una alternativa a cómo hacer las
cosas, aunque sea en un microcosmos. Por eso podemos decir que Porto
Alegre es el primer intento de plantear una alternativa significativa
a esta dinámica que hemos señalado y analizado.
Para mí hay, sin embargo, un motivo de esperanza que nadie
comparte conmigo, que son los sindicatos de EE.UU. Los sindicatos
de los EE.UU. que, en primer lugar, están siendo los soportes
materiales y físicos de todo este proceso de confrontaciones
de Seattle, de Washington, etc. porque sin su aporte esas protestas
masivas no hubieran sido posibles. Esta es una primera cosa importante.
A mi juicio, los sindicatos americanos son importantísimos.
Durante 50 años fueron la punta de lanza del anticomunismo
en la guerra fría. Como consecuencia, fueron instrumentos
del poder y fueron realmente lo contrario de lo que uno se imagina
que debe hacer un sindicato. Eso es absolutamente verdad. Además,
desgraciadamente no solo siguieron las pautas que les marcaba el
poder, sino que entraron en relación con la mafia, y todo
ello transformó su papel. Pero la caída del Muro de
Berlín tuvo numerosas consecuencias, y también las
tuvo en este sentido. Por primera vez, en 1994, la dirección
que los dirigentes anteriores proponían como sucesora de
la saliente, salió derrotada. Bueno, hay muchas contradicciones,
eso son cosas inevitables. El primer resultado de ese cambio fue
probablemente la huelga más ejemplar que se ha realizado
en el mundo en los últimos treinta años, aunque para
mucha gente paso desapercibida. Precisamente el sindicato más
penetrado por la mafia, el sindicato de camioneros, organizó
una huelga en la US Postal, la empresa que transporta en los EE.UU.
prácticamente el 80 % del correo que hay allí, desde
la cartería a los paquetes. En esa compañía,
como en casi todas, crecía espectacularmente el número
de trabajadores precarios. Entonces, propusieron una tabla reivindicativa,
en la que colocaron en primer lugar el transformar en trabajadores
fijos a todos los trabajadores precarios; y ganaron. Después
de eso ha habido contradicciones, pero indudablemente se ha iniciado
un proceso, absolutamente desconocido en los 50 años anteriores,
por el cual algunos de los departamentos más interesantes
de la universidad americana han empezado a trabajar con los sindicatos,
hay relaciones crecientes en ese sentido. Sin duda, ese cambio que
a mi se me antoja importante aunque sea pequeño, puede ser
el origen de un replanteamiento de organizaciones sindicales de
carácter mundial, que hoy resultan imprescindibles si se
quiere ser interlocutor de esos gigantes que controlan la economía
mundial.
Por ultimo decir que, en ese sentido, son también muy
importantes procesos como los que estamos viviendo en la construcción
de la Unión Europea, que desgraciadamente marchan en una
dirección inadecuada, pero que con planteamientos diferentes
es una entidad que puede servir de contrapeso en la negociación
con esos gigantes, mientras avanzamos en la búsqueda de
una alternativa. Hay que tener en cuenta que la Unión Europea
representa el 27 % del P.I.B. mundial y casi el 25% del comercio
mundial. Estos son pequeños esbozos, pequeñas posibilidades,
pequeños pasos que se podrían dar. Pero, desde luego,
si no recuperamos una teoría y una política claras,
difícilmente se puede hacer frente a este proceso que,
volviendo al principio, determina hoy por hoy una correlación
de fuerzas claramente desfavorable a las fuerzas populares y progresistas.
Muchas gracias.