José María Laso Prieto

«Gramsci, hoy» [1]

Revista Argumentos nº11 (pág. 46), abril, 1978; Madrid

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Portada revista Argumentos nº 11Como es sabido la vida del fundador del Partido Comunista italiano se extinguió –después de haber afrontado con gran entereza  y dignidad la dura prueba de once años de prisión– el 30 de abril de 1937. Es decir, y ello no puede por menos de ser significativo, en la misma fecha en que se inicia la ofensiva franquista contra Vizcaya con un fuerte apoyo de la aviación fascista italiana. Empero Materiales no ha concebido su volumen dedicado a Gramsci como un homenaje más que sumar a la numerosa hagiografía que hoy prolifera en torno al teórico y hombre de acción italiano. En ese sentido la nota introductoria de su Consejo de redacción es bien explícita. Señala con claridad la existencia de una utilización oportunista del pensamiento de Gramsci que, desde posiciones contrapuestas, intenta instrumentalizarlo para reforzar el contenido teórico de algunas de las estrategias políticas actuales. Tampoco se trata de embalsamar a Gramsci, con todos los honores, siguiendo una tradición iconográfica que poco tiene que ver con el marxismo. El pensamiento de Gramsci está bien vivo y operante, pero no debe ser reducido a una mera fórmula de recambio, renovadora de la teoría marxista, que constituya un recetario plural para solventar los problemas políticos de nuestra época. Por ello coincidimos con la redacción de Materiales en considerar que su volumen «Gramsci, hoy significa para nosotros la lectura y el estudio de la obra de Gramsci, como un clásico que es del pensamiento político revolucionario, en su entorno histórico. Con la idea, eso sí, de que de ese estudio, sin beatería ni instrumentalización, es posible extraer algunas lecciones que puedan ayudarnos de manera positiva en la lucha entre las clases actualmente». Parece interesante centrarse en la aportación desde nuestro país.

En el artículo de Francisco Fernández Buey titulado «Antonio Gramsci y los orígenes del fascismo italiano» se analiza la evolución del pensamiento de Gramsci respecto al fascismo. Se descubre así una faceta poco conocida de la actuación del dirigente italiano –reflejada en sus artículos de 1921-22– en que comparte con el izquierdista Bordiga errores de tipo sectario que facilitaron el ascenso al poder del fascismo. Con ello se rompe la imagen monolítico-positiva de Gramsci como dirigente que no comete errores. Sin embargo, no es menos cierto que Gramsci intuyó el peligro llegando a formular apreciaciones que fueron plenamente confirmadas por el desarrollo histórico posterior del fascismo.

Asimismo profundizó más que cualquier otro militante en el sentido autocrítico.

Joaquín Lleixá en «Hegemonía y Estado en el período de entreguerras. El pensamiento político de Gramsci», aborda temas tan candentes como el de la actualidad de la revolución y las formas de aproximación a la revolución proletaria en Occidente. Es interesante la forma en que se profundiza en la concepción gramsciana del Estado como inseparable de la que Gramsci tenía de la revolución. Se hace así preciso profundizar en el fundamental concepto de hegemonía y estudiar la estrategia política contenida en su célebre trabajo «Guerra de movimientos, guerra de posiciones», para su aplicación en las sociedades desarrolladas de Occidente donde la burguesía ha sedimentado fuertes instituciones en el seno de la «sociedad civil». Resulta también útil, por su claro didactismo, la exposición del concepto de revolución pasiva, que lamentablemente, es muy poco conocida a pesar de que algunos acontecimientos europeos se desarrollan en esa dirección.

El artículo «Gramsci sobre Dante», de Rafael Argullol tiene el mérito de abordar una faceta de la temática gramsciana –la dedicada a la literatura y el arte– muy poco estudiada en España. Y, sin embargo, Gramsci como crítico artístico tenía una capacidad notable que prácticamente no se encuentra en ninguno de los teóricos y críticos literarios materialistas posteriores a Marx y Engels.

Un comentario más amplio que el proporcionado por el espacio disponible para esta recensión, requeriría «De la vigencia de Gramsci: esbozo para la controversia», de Antonio Doménech. En el se utilizan los condicionamientos económicos e ideológicos a que están sometidos los procesos revolucionarios en al formación social capitalista. Y, sobre todo, los destinados a la constitución del sujeto de la Revolución: entendiendo por tal el conjunto de la clase obrera. Para Doménech, Marx no superó el subjetivismo del Manifiesto Comunista –es decir, la tendencia a inferir que la formación de la conciencia de clase del proletariado industrial moderno era cosa mucho más sencilla, rápida y continuada que la de cualquier otra clase explotada inserta en un marco social diferente– hasta llegar, más de una década después, a los borradores de El Capital y formular así el fenómeno de la falsa conciencia social como fortalecedor de la ideología burguesa y, por ello mismo, como obstáculo para la formación de la conciencia de clase del proletariado. Se trata de una aportación fundamental de Marx que no supieron hacer operativa ni el positivismo mecanicista de la estrategia socialdemócrata kaustkiana, ni el eficaz tacticismo stalinista corrompido constantemente por un triunfalismo incapaz de discernir entre las fases de auge y de repliegue del movimiento revolucionario. En estas condiciones tuvo que ser Gramsci quien realizase –como muy acertadamente observa Doménech– una reflexión sobre la derrota de la Revolución en Occidente y una reconsideración de las hipótesis marxianas acerca de las crisis sociales revolucionarias. De ahí la vigencia y operatividad que, generalmente, se atribuye a la estrategia de la ya señalada «guerra de posiciones».

Doménech concluye considerando que la vigencia de la reflexión de Gramsci radica, más que en la operatividad de los conceptos con que trabaja, en su comprensión del marxismo como una «organización crítica del saber» que no se engaña a sí misma ni lleva a engaño a los demás.

Una «Guía para la lectura de Gramsci» completa el volumen facilitando una útil información bibliográfica. Sólo es de lamentar que la selección efectuada, con criterios muy rigurosos de globalidad o aportación relevante, restrinja excesivamente el campo informativo en detrimento de sectores del público que necesiten tomar contacto con el pensamiento de Gramsci a través de obras de introducción. Sin embargo, ello no desmerece la aportación, realmente valiosa, que al conocimiento de la obra de Gramsci ha efectuado la revista Materiales.



[1] MATERIALES, extraordinario n.º 2, Barcelona, febrero, 1978.