José María Laso Prieto

«Mario Bunge vs. dialectica»

Revista Argumentos nº 53 (pág. 44-45), año IV, 1982; sección Crítica de la Cultura; Madrid[este artículo de José María Laso apareció acompañado de una entrevista a Mario Bunge realizada por Lorenzo y Mariano Arias]

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


Portada del nº 53 de la Revista ArgumentosHasta hace unos meses, la obra de Mario Bunge sólo era conocida en España en muy restringidos círculos científicos y filosóficos. Sin embargo, Mario Bunge ha venido contribuyendo al más riguroso análisis y fundamentación de teorías en el ámbito de las ciencias naturales y sociales desde hace varios años, con gran tenacidad e incansable esfuerzo, de la que es fruto su abundantísima obra teórica, entre la que destaca «La investigación científica (su estrategia y su filosofía)» [1] (1), magno tratado que ha inspirado a muchos investigadores y ha contribuido a la formación de nuevas promociones de científicos. 

Por otra parte, aunque la adscripción de Bunge al enfoque semántico de la ciencia no parece aproximarle excesivamente a las humanidades, hay que situarle en todas las dimensiones de su personalidad. En ese sentido, su perspectiva sistémica de las ciencias, su preocupación por ponerlas al servicio del hombre, su defensa de la libertad intelectual y política, su rechazo de la escuela económica monetarista –en lo que ésta tiene de ideología justificatoria de la explotación y de la dependencia– su inconformismo, y la fina ironía con que éste se manifiesta, proporcionan al profesor Bunge una gran dimensión humanística. Empero, no podemos desconocer tampoco que existe el riesgo de que la personalidad de Bunge sea unilateralizada, por el resonante éxito que el reciente congreso ovetense de Teoría y Metodología de las Ciencias y el premio de la Fundación Príncipe de Asturias han alcanzado. 

La Psicología como ciencia natural. 

Por ello merece la pena recordar aquí algunas de sus intervenciones. En realidad, la ponencia inicial del profesor Bunge redujo su ámbito temático a la consideración de la psicología como ciencia natural. Bunge seleccionó tal tema por considerar que «las relaciones entre la ciencia y la filosofía son particularmente notorias en el caso de la psicología, aunque sólo sea porque ésta se ha apropiado de un tema de la metafísica tradicional: el de la naturaleza de la psique y sus relaciones con el cuerpo» [2] . Además, tres filosofías diversas –idealista, positivista y materialista– han inspirado tres enfoques en psicología que difieren tanto por la ontología subyacente como por sus objetivos y sus métodos: el mentalista, el conductista y el informativista. Para situarlos, Bunge definió previamente el enfoque científico, de toda investigación, y su componente filosófico. Desde su perspectiva semántica, Bunge caracterizó el enfoque –o manera de concebir y tratar cuestiones en un campo cualquiera– con la fórmula: Enfoque (andamiaje general, problemática, metódica, metas). En ella, el andamiaje es un conjunto de hipótesis muy generales, referentes a tal campo, así como del modo de conocerlo; la problemática es el tipo de problemas que se desea tratar; la metódica, el conjunto de métodos o modos de tratar dichos problemas; y las metas, las finalidades últimas de la investigación de dichos problemas con tales métodos. Sobre la base de esa caracterización, se comprende que una investigación, por científica que sea, nunca puede estar desprovista de supuestos filosóficos. Estos están incluidos en el primer componente de todo enfoque, que es el andamiaje general constituido por hipótesis ontológicas acerca de la naturaleza de los objetos a investigar, así como por hipótesis gnoseológicas acerca de la naturaleza y el alcance del conocimiento posible de dichos objetos. Y este andamiaje general, lejos de ser prescindible, es el que gula la búsqueda de problemas y la manera de tratarlos así como la fijación de las metas generales de la investigación. 

Desde tal perspectiva semántica, el profesor Bunge estableció sucesivamente las limitaciones científicas de los enfoques conductista, mentalista e informativista para llegar a la conclusión de que sólo el enfoque psicobiológico es plenamente científico, pues conjunta tanto con la psicología tradicional como con la neurociencia. De hecho, las hipótesis típicamente psicológicas, que encierran variables físicas, químicas, microfisiológicas, conducturales y psicológicas, poseen una estructura formal sólo compatible con el monismo materialista, que sirve de base al enfoque neuro-psicológico, y además se ven confirmadas por la biología evolucionista actual.

En el coloquio correspondiente, Gustavo Bueno -aun valorando debidamente el esfuerzo de síntesis realizado por Bunge- expresó su preocupación por la tendencia al reduccionismo que suponía. Del hecho ontológico de que la mente no procede del Espíritu Santo, no cree que se pueda pasar al argumento fuerte de Bunge. Existe el riesgo de que la neurociencia –propugnada por el profesor Bunge– resulte reduccionista y acabe por liquidar a la psicología al convertirla en una reliquia arqueológica. En un sentido contrapuesto, Bueno planteó sus reservas acerca de la teoría bungiana de los «psicones», al considerar a éstos como conceptos psicológicos y no fisiológicos. El profesor Bueno estimó también, que la oposición que Bunge establece, entre interior y exterior de la mente, no es tan fundamental como la oposición cerca-lejos. ¿Es posible que exista una ciencia que se ocupe de la acción a distancia en los fenómenos? preguntó Bueno. En su respuesta, el profesor Bunge expuso su convicción de que la neuropsicología no conduce a un reduccionismo simple. Manifestó también que no le preocupaba excesivamente una eventual desaparición de la psicología como ciencia. Y ello, por la sencilla razón de que no cree que debamos considerar inmutable la actual división del trabajo entre las diferentes ciencias. Así, por ejemplo, cuando, como consecuencia del descubrimiento de los fenómenos electromagéticos, la óptica fue subsumida en la física, no se produjo un empobrecimiento del conocimiento científico sin su enriquecimiento. A su juicio, lo que está sucediendo actualmente en el campo de la psicología, es una consecuencia del dualismo imperante en nuestra cultura. Éste comprende incluso al marxismo. Así lo manifestó Bunge, respondiendo a una interpelación del autor de este trabajo sobre la reflexología de Pavlov, al precisar que no sólo incurren en dualismo los investigadores soviéticos de la psicología sino que también se daba ese enfoque en Marx y Engels. Para Bunge, el materialismo dialéctico es igualmente dualista, pues separa la infraestructura de la superestructura de la sociedad. 

Juicio global sobre las concepciones de Mario Bunge 

No es fácil, dentro de los límites de espacio en que se desarrolla este trabajo, formular un juicio global sobre las concepciones de Mario Bunge. En síntesis, forzosamente esquemática, podría considerarse que en ellas coexisten posiciones próximas a un materialismo mecanicista con una concepción epistemológica general caracterizada por una dialéctica peculiar. Es evidente que la tendencia de Mario Bunge a un cierto reduccionismo, la amplitud con que califica de «dualistas» a las posiciones ontológicas y gnoseológicas que difieren de las suyas, su tendencia a comprimir en formalizaciones simples todos los campos del conocimiento –y la propia función de la ciencia– le aproximan a tal materialismo. Sin embargo, no es menos obvio que sus concepciones poco tienen que ver con el materialismo vulgar de Vogt, Büchner, Moleschott, tec. Se aproximarían más –salvadas las naturales diferencias históricas– al materialismo histórico-natural de científicos como Haeckel y Boltzmann. En todo caso, su filosofía de la ciencia –que él denomina Epistemología– es mucho más sofisticada y sutil, teniendo por base un amplio y sólido conocimiento de diversos sistemas filosóficos y distintas ciencias positivas.

En el plano de la dialéctica, la posición de Bunge sería vergonzante, en el mismo sentido que Engels calificaba de ateos vergonzantes a determinados agnósticos. Tanto en sus declaraciones a la prensa, como en sus intervenciones en el congreso ovetense, así como en su obra «Materialismo y Ciencia» [3] , el profesor Bunge mantuvo posiciones formalmente críticas respecto a la dialéctica. Sin embargo, la utilización, que constantemente realiza, de conceptos como los de «emergencia», «nivel», «procesos evolutivos», «sistémica», «dinamicismo», etc., conduce a que, algunas veces, sus posiciones sólo difieran de las dialécticas semánticamente. Subsiste empero la crítica frontal que Bunge realiza al principio dialéctico de la unidad y la lucha de los contrarios. Sus ejemplos sobre el movimiento de los fotones, y la cooperación entre especies, no son afortunados. Al igual que Bujarin, Bunge parece reducir la oposición de los contrarios a un simple antagonismo de fuerzas externas, de esencias no cambiantes, cada una de las cuales es como una fuerza absoluta. Esta perspectiva no tiene en cuenta que los contrarios están relacionados por una conexión interna, que es su unidad, y proporciona del encadenamiento y de la interdependencia universal una noción unilateral y simplificada. Además, los experimentos de C. Davisson, L. A. Germen, V. Fabrikant, A Biberman, N. Sushkin, etc, sobre la difracción de los electrones, los fenómenos del fotoefecto y el efecto Compton, así como el estudio visual de las fluctuaciones estadísticas de los fotones, realizado por S. I. Vavilov y sus discípulos, testimonian que las propiedades corpusculares y ondulatorias son propias, simultáneamente, de los mismos micro-objetos y no son algo complementario que se crea durante la interacción entre los micro-objetos y los instrumentos. Ningún dialéctico niega, por otra parte, que la cooperación complementa contradictoriamente a la lucha en el «mecanismo» evolutivo. Aun así cabe considerar que la antidialéctica formal de Bunge está condicionada por los múltiples riesgos que, en el medio anglosajón donde trabaja, supone definirse doblemente como dialéctico y materialista. Sin embargo, no se puede desconocer tampoco que aunque Bunge asume de hecho, con otra denominación, algunos de los postulados de la dialéctica, ésta no se integra plena y operativamente en su concepción filosófica general y, precisamente, a ello atribuimos la tendencia que en él se observa hacia ciertos reduccionismos y simplificaciones en sus formulaciones científicas y filosóficas. Todo ello, claro está, no resta valor a su contribución al I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias. Sus dos ponencias constituyeron no sólo la expresión muy operativa de una concepción espistemológica sino también un material muy fecundo para su discusión congresual. Y no digamos nada de sus múltiples intervenciones.



[1] Mario Bunge, «La investigación científica (su estrategia y su filosofía)». Ediciones Ariel. Barcelona, 1969.

[2] Mario Bunge, «Epistemología». Editorial Ariel. Barcelona, 1980.

[3] Mario Bunge, «Materialismo y Ciencia». Editorial Ariel. Barcelona, 1981.