José María Laso Prieto

«El problema bosnio: causas y efectos»

Texto preparado para su edición digital por Gretel Sánchez García.


     A nadie con un mínimo de sensibilidad humana le pueden dejar indiferentes las imágenes que nos llegan del genocidio bosnio. Compartimos la indignación general que producen las atrocidades atribuidas a los nacionalistas radicales serbios. Lo que no compartimos es el simplismo de muchas de las explicaciones que se dan, sobre la génesis de tal genocidio, ni las soluciones que se proponen para el problema bosnio, en particular, y yugoslavo, en general. Las explicaciones se centran, casi exclusivamente, en los efectos del conflicto bélico bosnio desconociendo las causas que lo han generado. Las presuntas soluciones se reducen a exigir una intervención militar internacional que en vez de liquidar el conflicto bélico no solo lo extenderla por todos los Balcanes sino que, podría originar la III ª Guerra Mundial. No se olvide que la I ª G.M. tuvo su origen en el chispazo que en Sarajevo sirvió de detonante a un proceso explosivo que presentaba muchos rasgos comunes con el actual. Desde que se constituyo' la segunda Yugoslavia (1943-1991) me he preocupado por sus problemas y los he abordado en un amplio y documentado trabajo publicado en la revista “El Basilisco”, dirigida por el profesor Gustavo Bueno, y en la revista “Dialéctica” de la Universidad de Puebla (México). También he viajado a Yugoslavia, para documentarme sobre el terreno, y participado en Conferencias internacionales sobre el tema. Asimismo he publicado en LA NUEVA ESPAÑA los artículos, acerca del problema bosnio, titulados “La tragedia yugoslava”, “El laberinto bosnio” y “Hacia otro Vietnam”. Desde tal perspectiva, voy a tratar de discernir hoy entre realidades y fantasías, entre manipulaciones informativas y datos objetivos, entre “soluciones” impracticables y posibilidades reales de actuación.

     Los problemas yugoslavo y bosnio son de origen multicausal (diversas causas internas y externas) y existe una multiresponsabilidad en las atrocidades que allí se cometen, aunque el grado de responsabilidad actual difiere mucho. Sin duda, el grado de responsabilidad de los serbios es mucho mayor que el de los otros contendientes. En realidad, el conflicto no es étnico ni, por consiguiente, en sentido estricto existe la denominada “limpieza étnica” sino, en todo caso, una “limpieza religioso-cultural” no por ello menos genocida. Y ello debido a que todos los yugoslavos —salvo las minorías albanesa y húngara— eran eslavos. Los denominados “eslavos del sur”. También los bosnios musulmanes. Estos últimos no son, como en otros países balcánicos, una minoría turca sino eslavos bosnios convertidos a la religión musulmana durante la dominación otomana. Así se puede comprobar también por sus apellidos y rasgos somáticos eslavos. Es la unión de tales eslavos del sur (es lo que significa el termino “Yugoslavia”) la que por dos veces constituyó el Estado yugoslavo. Primero en forma monárquica (1918-41) y después como República federal (1943-1991). Esta última, fundada bajo la dirección de Tito, por su complejidad, se había sintetizado en la fórmula 1-7 (es decir, 1 país, 2 alfabetos, 3 religiones, 4 lenguas, 5 naciones, 6 repúblicas y 7 Estados vecinos). Tal complejidad .sumada a la pérdida del factor aglutinador que representaba la personalidad de Tito, y la reactivación de los nacionalismos internos impulsada por la crisis económica, constituyeron las causas internas que condujeron a la desintegración de Yugoslavia. La causa externa decisiva radicó en la actuación alemana, aunque también influyó el ejemplo de la desintegración de la URSS. En realidad, Alemania es la máxima responsable de la actual guerra balcánica. Así lo demostró fehacientemente el profesor Antonio Remiro en su conferencia en el Club de Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA. Los más rigurosos expertos internacionales coinciden en que el prematuro reconocimiento alemán, de la independencia de Croacia y Eslovenia, desencadenó el conflicto bélico e impidió la eventual función mediadora de la Comunidad Europea. Ha sido también Alemania la que ha armado al Ejército croata y la que impulsa solapadamente su actual ofensiva contra la Krajina serbia. Todo ello como consecuencia de un plan de expansión germanicé en Europa central y oriental.

     Si ya fue irresponsable el reconocimiento de la independencia de Eslovenia y Croacia —forzado por Alemania— mucho más lo fue el de Bosnia que no constituía una nacionalidad auténtica. En Bosnia se reproduce, en un grado todavía mayor, la complejidad de Yugoslavia. En su territorio estaban enrevesadamente entremezclados bosnios-croatas, bosnios-serbios y bosnios-musulmanes, ninguno de los cuales era mayoritario. A los bosnios-musulmanes, las Constituciones de la segunda Yugoslavia les había asimilado a una nacionalidad. Sólo el consenso de estos tres núcleos eslavos habría permitido una Bosnia independiente. Y éste no se dio antes de su artificial independencia. De ahí la inevitabilidad de una previsible guerra civil, entre bosnios, con sus secuelas de “limpieza étnica” o similar. Otra causa, de la visceralidad de la guerra actual, radica en el masivo genocidio que los croatas “ustachis” —del Estado fascista croata creado por los nazis— llevaron a cabo durante la ocupación alemana. Casi un millón de serbios fueron asesinados entre 1941 y 1945. La desmesurada magnitud de este genocidio es reconocida, con oscilaciones en las cifras; aunque se coincide —Francisco Veiga y otros— “en que después de la Alemania nazi, la Croacia “ustachi” fue la segunda potencia del Eje en cuanto al volumen de crímenes de guerra”. Destacamentos de caballería musulmana bosnia colaboraron también con nazis y “ustachis” en tales matanzas. A su vez los “chetniks” (guerrilleros monárquicos serbios que por su visceral anti-comunismo acabaron colaborando con los nazis) también realizaron masacres a menor escala. Esas matanzas —y sobre todo el genocidio masivo de que fueron victimas los serbios-— han pesado mucho en la actuación de los serbios de Croacia y Bosnia; en el conflicto bélico actual. Ello va radicalizar la resistencia serbia ante la nueva ofensiva croata.

     Quizás lo más preocupante, desde la perspectiva española, es el ardor guerrero que el conflicto bélico ha producido en muchos notorios “pacifistas”. Con gran simplismo tratan de provocar una intervención militar unilateral contundente contra los serbios. Las “limpiezas étnicas” de croatas y bosnios-musulmanes no cuentan, aunque haya que reconocer que son de menor magnitud que las serbias. Empero el problema no es sólo ético sino de realismo objetivo. El problema bosnio no tiene más solución que la diplomática y política. Cualquier intervención militar de la OTAN, ONU, etc., no sólo dejaría sin resolver el conflicto sino que lo extendería a todos los Balcanes. Se convertiría en un nuevo Vietnam, o Afganistán, que duraría décadas y acabaría involucrando a Albania, Macedonia, Grecia, Turquía, Bulgaria y, lo que es mucho más peligroso, a la propia Rusia. Esto lo saben los Estados Mayores de los ejércitos de la OTAN y es lo que les hace tan reticentes a una intervención militar seria. No olvidan que 35 divisiones alemanas y 12 italianas fueron incapaces de dominar a los partisanos de Tito —en su mayor porcentaje serbios— y acabaron derrotadas. No es la inexistencia de petróleo en Bosnia, como se dice con gran simplismo, la que disuade la intervención sino la imposibilidad de una “solución” militar que no suponga miles de muertes para los ejércitos extranjeros que intervengan. ¿Quiere ello decir que nada se puede hacer desde el exterior? No Se puede reforzar la presión diplomática, política y económica sobre los contendientes. También incrementar los embargos, bloqueos, represalias, económicas, etc. Y si no, que proporcionen mejor solución los Estados europeos que forzaron la desintegración de Yugoslavia: Alemania, el Vaticano, etc.