José María Laso
Prieto
«Biotecnología
y futuro humano»
La Voz de Asturias,
18/12/1985. También en Homenaje a José María
Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana,
Oviedo; 1998 (págs. 11-13).
Texto preparado para su edición digital por
Iván Martínez y Uriel Bonilla.

La
conferencia que, sobre el tema «Impacto médico y social de la
biotecnología», ha desarrollado recientemente en «Tribuna Ciudadana»
de Oviedo el profesor Julio Rodríguez Villanueva, suscita una
cuestión fundamental para nuestra época: las infinitas
posibilidades que la ingeniería genética ofrece para superar
toda una serie de taras y enfermedades humanas, así como para
eliminar el hambre del mundo y asegurar a la Humanidad nuevas fuentes
de energía permanentemente renovables. También suscita
el riesgo de que la especie humana pueda ser manipulada en uno de sus
factores más específicos: su propia estructura genética.
Empero, antes de entrar de lleno en el tema, conviene señalar
que, en la conferencia citada, el profesor R. Villanueva fascinó
al público. Con gran habilidad pedagógica, y un entusiasmo
científico desbordante, nos hizo penetrar en el nuevo universo
que la bioquímica, la biología molecular y la biotecnología
han ido abriendo sucesivamente para el ser humano. El profesor R. Villanueva
forma parte de esa pléyade de asturianos ilustres que residiendo
fuera de nuestra región la prestigian con su obra. Miembro de
numerosos organismos científicos, nacionales e internacionales,
sabe hacer accesible a un auditorio no especializado las más
complejas cuestiones científicas. Por ello, no puede sorprender
que –con la colaboración del profesor Gascón– mantuviese
en vilo, hasta hora muy avanzada, a su auditorio y lograse que el coloquio
alcanzase un alto nivel de interés y calidad.
Una de las preocupaciones, de ambos profesores, es la de que España
pudiera perder el tren de la biotecnología. En tal campo, ya
no caben actitudes como la unamuniana de «ˇQue inventen ellos!». Participar
en la denominada nueva revolución biológica es vital para
España. Y además algo factible, ya que no requiere grandes
inversiones de capital fuera del alcance del Estado español.
Incluso así se podrían recuperar muchos de los investigadores
que se han visto obligados a emigrar por falta de medios.
La convergencia de la Química orgánica con la Biología
y la Genética produjo la Bioquímica. Como rama autónoma
de esta última ha surgido en los últimos años la
Biología molecular, o estudio específico de la macromoléculas.
De ella se ha derivado posteriormente la Biotecnología. Es decir,
la utilización de técnicas nuevas, desarrolladas a partir
de la década de los 70, y especialmente las de ingeniería
genética o de ADN recombinante. Estas técnicas intentan
–entre otras muchas tareas– producir una sustancia considerada anticancerosa,
el
interferon, mediante el cultivo de bacteria modificadas genéticamente,
o modificar organismos vivos para conseguir cultivos resistentes a las
heladas. Según R. Villanueva, a lo largo de la historia, la ciencia
y la tecnología han aportado enormes beneficios a la Humanidad.
En nuestro siglo se ha producido una creciente integración de
la ciencia con la tecnología, haciendo que esta última,
en lugar de desarrollarse de forma empírica, evolucionase sobre
bases científicas. Es lo que sucede con la biotecnología.
Actualmente son EE.UU. y el Japón las naciones que marchan a
la vanguardia de la biotecnología, seguidas, a distancia, por
Gran Bretaña, la República Federal Alemana, Suiza, Francia,
etc. La URSS ha comenzado con retraso, debido al freno que para las
investigaciones biológicas y genéticas supuso el
dogmatismo impuesto por Lysenko bajo la inspiración de Stalin.
No obstante algunos logros útiles –como variedades de trigos
invernales obtenidos siguiendo las técnicas del botánico
Michurin–, tal dogmatismo fue un lastre. Sin embargo, es de esperar
una rápida recuperación de la investigación soviética
en este campo ya que Gorbachov ha impulsado muy fuertes inversiones
en el área de las nuevas tecnologías.
Uno de los campos en que la biología molecular se muestra más
fecunda es el de la investigación del origen del cáncer.
De su éxito puede depender la definitiva superación de
esta enfermedad. Y en ese frente desempeñan una importante función
dos investigadores españoles que trabajan en EE.UU.: los doctores
Eugenio Santos y Mariano Barbacid. En febrero de 1984, el Dr. Santos
logró por primera vez el aislamiento de un oncogene en un tumor
humano. Los oncogenes son los genes que producen el cáncer. El
Dr. Santos valora su descubrimiento «como la confirmación de
que estamos en el buen camino, el de determinar que la mayoría
de los cánceres nos son hereditarios, sino que hay agentes externos
que los originan». El Dr. Santos se va a desplazar a España a
mediados de enero, y «Tribuna ciudadana» de Oviedo va a tratar de que
exponga en nuestra capital los resultados de las transcendentales investigaciones
que llevan a cabo en los laboratorios de biología molecular del
Instituto Nacional del Cáncer en Bethesda (Washington). Así,
la aportación del profesor R. Villanueva encontraría un
complemento natural de interés general.
