José María Laso Prieto

«Blas de Otero y Ángel González»

En «La Nueva España», 23/10/1997. También en Homenaje a José María Laso:Desde mi atalaya; Tribuna Ciudadana, Oviedo; 1998 (págs. 81-82).

Texto preparado para su edición digital por Iván Martínez y Uriel Bonilla.




Los preparativos para el gran homenaje que Tribuna Ciudadana de Oviedo va a dedicar al poeta Ángel González y a sus compañeros de la generación del 50 han entrado en su recta final. Todo está previsto para su realización los días 7 y 8 de noviembre, bajo el lema «Ángel González en la generación del 50, diálogo con los poetas de la "Experiencia"». Tan magno acontecimiento cultural, en el que participarán treinta poetas y críticos literarios, tanto de su propia generación como de la del 80, me retrotrae en el recuerdo a mis vivencias sobre el gran poeta ovetense. Entre mis muy diversas lecturas en el penal de Burgos –donde me hallaba recluido a causa de mis actividades antifranquistas– recuerdo nítidamente su libro Áspero mundo, que obtuvo el accésit al premio «Adonais» en 1956. Después llegó a mis manos su nuevo libro titulado Grado elemental (1962). De él me impresionó mucho su poema titulado «Elegido por aclamación», que, por su brevedad, reproduzco:

Sí, fue un malentendido.
Gritaron: ¡a las urnas!
y él entendió: ¡a las armas! –dijo luego.
Era pundonoroso y mató mucho.
Con pistolas, con rifles, con decretos.
Cuando envainó la espada dijo, dice:
La democracia es lo perfecto.
El público aplaudió. Sólo callaron,
impasibles, los muertos.
El deseo popular está cumplido.
A partir de esta hora soy –silencio–
el jefe, si queréis. Los disconformes
que levanten el dedo.
Inmóvil mayoría de cadáveres
le dio el mando total del cementerio.

No obstante, la primera impresión que me había producido la lectura de la obra poética inicial de Ángel González fue en la segunda mitad de la década de los sesenta, cuando más profundicé en su conocimiento a través de las palabras de nuestro común amigo Blas de Otero. Yo había conocido ya al gran poeta vasco en 1956, en una tertulia  literaria que se desarrollaba en el Café Mauri, de Bilbao. Después, graves vicisitudes mutuas nos separaron durante algunos años. A partir de 1964, contribuí a organizar otra tertulia literaria en el Café La Concordia de la capital vizcaína. Tal núcleo de actividad cultural se hizo pronto famoso por el relieve de sus participantes: los poetas Blas de Otero, Gabriel Aresti, Sabina de la Cruz, Vidal de Nicolás, etcétera; los pintores Agustín Ibarrola, Ciriaco Párraga y Dionisio Blanco; los escritores Luciano Rincón y Gregorio San Juan; los periodistas Ángel Ortiz Alfau y Antonio G. Pericás; el ensayista Emiliano Serna. También asistían los entonces estudiantes Antonio Masip, Joaquín Leguina, Rodríguez Sahagún (futuro Ministro de Defensa) y Txabi Echevarrieta, que, poco después, fue el primer muerto de ETA. Como la tertulia se desarrollaba el sábado por la tarde, después solíamos cenar juntos. En tan largas sesiones culturales escuché muchas veces a Blas de Otero valorar extraordinariamente no sólo el contenido social de la poesía de Ángel González, sino también su calidad literaria. Ello era muy significativo, si se considera lo parco en palabras que era Blas. Después, a mi llegada a Oviedo –en 1969– mi amigo Juan Benito Argüelles me presentó a Ángel González. Varias veces, salimos de noche y cenamos junto a diversos ovetenses socios de Tribuna Ciudadana. Como culto y agradable conversador, nuestro poeta no es inferior a sus creaciones literarias. Así lo pude comprobar también en sus frecuentes recitales en nuestro ya prestigioso foro cultural. Por ello, no me perdí el acto de su ingreso en la Real Academia de la Lengua y la cena fraternal que esa misma noche compartimos con él un numeroso grupo de asturianos. La presencia en ella del académico don Emilio Alarcos, que tanto ha contribuido a un mejor conocimiento de la obra poética de Blas de Otero y ángel González, refrendaba de la mejor manera el nexo que en mi memoria establezco entre ambos grandes poetas vasco y asturiano. El mismo lazo que establezco en mi doble condición de nacido en Bilbao y ser ovetense de apasionada adscripción posterior.