José María Laso Prieto

«Gramsci hoy»

Revista El Basilisco nº2. Mayo-Junio 1978, pag 101. Primera época.Oviedo.

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Con este mismo título la revista MATERIALES ha dedicado a Gramsci un número monográfico que constituye el n2 de sus ediciones extraordinarias. Se suma así la prestigiosa revista teórica editada en Barcelona a la amplia serie de números monográficos, o semimonográficos, que al revolucionario italiano han destinado otras publicaciones: Zona Abierta. El Viejo Topo, Taula de Canvi. etc., siguiendo la pauta que en el ámbito internacional iniciaron Cuaderni Critica marxista. Le Temps Modernes. New Left Review, etc. Asimismo Gramsci hoy  puede también situarse en el contexto de las numerosas celebraciones y homenajes que han conmemorado recientemente el cuarenta aniversario de la muerte de Antonio Gramsci.

Como es sabido, la vida del fundador del Partido Comunista de Italia se extinguió -después de haber afrontado con gran entereza y dignidad la dura prueba de once años de prisión fascista- el 27 de abril de 1937. Es decir, al día siguiente de la destrucción de Guernica por la aviación nazi y coincidiendo con los bombardeos que de otras poblaciones de Euzkadi llevaba a cabo la aeronáutica fascista italiana. Empero Materiales no ha concebido su volumen dedicado a Gramsci como un homenaje más que sumar a la numerosa hagiografía que hoy prolifera en torno al teórico y hombre de acción italiano. En ese sentido la nota introductoria de su Consejo de redacción es bien explícita. Señala con claridad la existencia de una utilización oportunista del pensamiento de Gramsci que, desde posiciones contrapuestas, intenta instrumentalizarlo para reforzar el contenido teórico de algunas de las estrategias políticas actuales. Tampoco se trata de embalsamar bien vivo y operante, pero no debe ser reducido a una mera formula de recambio renovadora de la teoría marxista que constituye un recetario plural para solventar los problemas políticos de nuestra época. Por ello coincidimos con la redacción de Materiales en considerar que su volumen Gramsci hoy significa para nosotros la lectura y el estudio de la obra de Gramsci, como un clásico que es del pensamiento político revolucionario, en su entorno histórico. Con la idea, eso sí, de que de ese estudio, sin beateria ni instrumentalización, es posible extraer algunas lecciones que puedan ayudarnos de manera positiva en la lucha entre las clases actualmente. 

El volumen se inicia con un interesante artículo de Francisco Fernández Buey titulado Antonio Gramsci y los orígenes del fascismo italiano. En él se analiza, con gran rigor, la evolución del pensamiento de Gramsci respecto al fascismo. Se descubre así una faceta poco conocida de la actuación del dirigente italiano -reflejada en sus artículos de 1921/22- en que comparte con el izquierdista Bordiga errores de tipo sectario que facilitaron el ascenso al poder del fascismo. Con ello se rompe la imagen monolítica-positiva de Gramsci como un dirigente político que no comete errores. Sin embargo, no es menos cierto que Gramsci intuyó el peligro llegando a formular apreciaciones que fueron plenamente confirmadas por el desarrollo histórico posterior del fascismo. Muy en contraste, por cierto, con las ingenuidades con que otros dirigentes marxistas italianos abordaron el tema de esa nueva forma de exteriorización terrorista del dominio de la burguesía. Asimismo profundizó más que cualquier otro militante en sentido autocrítico, pues como, acertadamente, señala el profesor Fernández Buey: «Gramsci fue a partir de 1924 el primer crítico de sí mismo al poner como tarea política central la necesidad de estudiar la sociedad capitalista italiana, de superar la ignorancia de la tradición socialista. Y con ello inauguraba uno de los méritos principales del PCI: el haber sabido ser el más conscientemente autocrítico de todos los partidos comunistas respecto a los errores de sectarismo de sus dirigentes (incluido Gramsci) en el período 1921-1922». 

Muy instructivo resulta el articulo Hegemonía y Estado en el período de entreguerras. El pensamiento político de Gramsci, de Joaquín Lleixa. En él se abordan racionalmente tunas tan candentes como el de la actualidad de la revolución y las formas de aproximación a la revolución proletaria en Occidente. Es interesante la forma en que J. Lleixá profundiza en la concepción gramsciana del Estado como inseparable de la concepción que Gramsci tenía de la revolución. Se hace así preciso profundizar en la fundamental aportación gramsciana del concepto de hegemonía y estudiar la estrategia la política contenida en su célebre trabajo Guerra de movimiento, guerra de posiciones, para su aplicación en las sociedades desarrolladas de Occidente donde la burguesía ha sedimentado fuertes instituciones en el seno de la «sociedad civil». Resulta también útil, por su claro didactismo, la exposición de la concepción gramsciana de revolución pasiva que, lamentablemente, es muy poco conocida a pesar de que algunos acontecimientos europeos se desarrollan en esa dirección.

El artículo Gramsci sobre Dante, de Rafael Argullol tiene el mérito de abordar una faceta de la temática gramsciana -la dedicada a la literatura y el arte- muy poco estudiada en España. Y, sin embargo, como bien señala Argullol, Gramsci como crítico artístico tenía una capacidad notable que prácticamente no se encuentra en ninguno de los teóricos y críticos literarios materialistas posteriores a Marx y Engels. Un comentario más amplio, que el proporcionado por el espacio disponible para esta recensión, requeriría el interesantísimo trabajo De la vigencia de Gramsci; esbozo para la controversia, de Antoni Domenech. En él se analizan, con gran lucidez, los condicionamientos económicos e ideológicos a que están sometidos los procesos revolucionarios en la formación social capitalista. Y, sobre todo, los destinados a la constitución del sujeto de la Revolución: entendiendo por tal el conjunto de la clase obrera. Para Domenech, Marx no superó el subjetivismo del Manifiesto Comunista, -es decir, la tendencia a inferir que la formación de la conciencia de clase del proletariado industrial moderno era cosa mucho más sencilla, rápida y continuada que la de cualquier otra clase explotada inserta en un marco social diferente- hasta llegar, más de una década después, a los borradores de El Capital y formular así el fenómeno de la falsa conciencia social como fortalecedor de la ideología burguesa y, por ello mismo, como obstáculo para la formación de la conciencia de clase del proletariado. Se trata de una aportación fundamental de Marx que no supieron hacer operativa ni el positivismo mecanicista de la estrategia socialdemócrata kaustkiana ni el eficaz tactismo stalinista corrompido constantemente por un triunfalismo incapaz de discernir entre las fases de auge y de repliegue del movimiento revolucionario. En estas condiciones tuvo que ser Gramsci quien realizase -como muy acertadamente observa Domenech- una reflexión sobre la derrota de la Revolución en Occidente y una reconsideración de las hipótesis marxianas acerca de las crisis sociales revolucionarias. 

De ahí la vigencia y operatividad que, generalmente se le atribuye a la estrategia de la «guerra de posiciones» gramsciana que – como subraya Doménech agudamente – está pensada…«en el marco de un ciclo bajo de vida del capital y no puede hacerse – y no se hace - por lo tanto, ilusiones gradualistas o irresponsablemente optimistas respecto a las vías al socialismo por ella guiada». Extremando, quizá, la nota pesimista Doménech finaliza su análisis clarificador, aseverando que nuestra época dista mucho de ser análoga a la que le tocó en suerte a Gramsci y por ello estima – con las debidas matizaciones - «que la crisis civilizadora, básica y superestructural a la vez, del capitalismo imperialista de nuestros días no abre tampoco vía revolucionaria alguna: esta vez, sin embargo, la paradoja es mucho más cruda y no tiene que ver primordialmente con el mantenimiento de las instituciones generadoras de consenso en Occidente – a pesar de la crisis económica -, sino con la reforzada conservación del aparato militar de los estado imperialistas – a pesar de la «crisis orgánica»-.» De ahí también que concluya considerando que la vigencia de la reflexión de Gramsci radique, más que en la operatividad de los conceptos con los que trabaja en su comprensión del marxismo como una «organización crítica del saber» que no se engaña a si misma ni lleva a engaño a los demás. Así parece coincidir con la actitud desesperanzada del profesor Jacobo Muñoz, al concluir su intervención en el XIV Congreso de Filósofos Jóvenes, que si bien puede ser calificada de lúcidamente realista, no está exenta del riesgo de automarginación elitista de los procesos sociales.

Los artículos Gramsci y el P.C.I.; dos concepciones a la hegemonía, de Máximo L. Salvatori; La nueva estrategia que se abre paso en los QUADERNI; de Valentin Gerratana, Después de la derrota de la revolución en Occidente de Leonard Paggi y Gramsci y Togliatti: novedad y continuidad, de Bagio Giovanni, constituyen la sección italiana del volumen. Se trata de trabajos sumamente interesantes que, desde distintas perspectivas, se proyectan sobre el centro de lo que constituye en este momento un vivo debate acerca de la operatividad del pensamiento de Gramsci. Esperamos poder analizar sin limitaciones de espacio en un trabajo ulterior destinado al estudio del III Convengo de estudios gramscianos celebrado recientemente en Florencia. Una Guía para la lectura de Gramsci completa el volumen facilitando una útil información bibliográfica. Solo es de lamentar que la selección efectuada, con criterios muy rigurosos de globalidad o aportación relevante, restrinja excesivamente el campo informativo en detrimento de sectores del público que necesiten tomar contactos con el pensamiento de Gramsci a través de obras de introducción. Sin embargo ello no desmerece la aportación realmente valiosa, que al conocimiento de la obra de Gramsci ha efectuado la revista Materiales.