José María Laso Prieto

«Juan Negrín»

En La Gaceta del Norte, 18 de noviembre de 1985, pág. 32

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


            Faltan pocos meses para que se cumpla el cincuentenario del comienzo de la Guerra Civil Española (1936-1939). Tal efeméride va a suscitar muchas publicaciones conmemorativas. Y no es negativo que así sea, ya que la historia debe conocerse para evitar la repetición de pasados errores. Ya hay perspectiva histórica suficiente para estudiar con objetividad tan trágico acontecimiento. Incluyendo un mejor conocimiento de personajes que desempeñaron un papel en el desenlace del drama. Uno de ellos fue el Dr. Juan Negrín, quien ostentó la presidencia del Gobierno de la República desde mayo de 1937 hasta el final de la contienda. Al igual que Azaña, Negrín fue víctima de calumnias que pretendieron deformar su imagen humana y política. Empero Negrín es una de las personalidades científicas más relevantes de la España del siglo XX y, como estadista, una revelación de la Guerra Civil. Formado en la Universidad de Leipzig, el Dr. Negrín fue director del prestigioso Laboratorio de la Junta de Ampliación de Estudios y catedrático de Fisiología de la Universidad de Madrid. En el desempeño de esas funciones llevó a cabo importantes investigaciones y contribuyó a formar una pléyade de jóvenes científicos. Dos de ellos —Severo Ochoa y Grande Covian— han alcanzado posteriormente las más altas cimas de la ciencia mundial.

            Con tan fuerte vocación, sólo la fuerza de las circunstancias proyectó al Dr. Negrín al campo de la política. El historiador Ramos Oliveira describe así la raíz de su opción política: «Como acontecía a otros españoles eminentes en las artes o en las ciencias, Negrín no pudo sustraerse a la actividad política. En España, como en toda nación en crisis, se ha hecho difícil la compatibilidad del patriotismo con la inhibición de la brega política; y por tratarse de una nación de tan honda desigualdad social, todo español menor de sesenta años que no sea un revolucionario es un inferior. Azaña tampoco hubiese roto una lanza en la lucha política, si la tragedia nacional no le hubiese sacado de la literatura, que era su innata y tiránica vocación. Pero en Negrín la resistencia militar en la vida pública era más obstinada que en otros. En parte porque abominaba la publicidad; a este respecto, su ideal hubiera sido poseer el anillo de Giges y trocarse invisible ante públicos y fotógrafos; y en parte porque no se creía con condiciones para la política. Negrín no era orador, cosa frecuente en el hombre de acción». No obstante, durante la Dictadura de Primo de. Rivera, Negrín se afilió al Partido Socialista y fue diputado (1931, 1933 y 1936) en las Cortes de la República. Con el comienzo de la guerra, desempeña la cartera de Hacienda en el Gobierno de Largo Caballero y al dimitir éste le sucede al frente del Gobierno Republicano. Es entonces cuando se revela su talla de estadista. Según Ramos Olivera, «Al frente del Gobierno Negrín, no sólo encarnaba, con su realismo, el sentimiento popular, sino que respondía, con los atributos de su carácter, a las inusitadas exigencias de la hora. Negrín, hombre de guerra y político improvisado, era una creación de circunstancias poderosas... En 1937 este hombre de ciencia era, por tal coyuntura, sin buscarlo, el director insustituible de la guerra (...) No bastaba ser inteligente, ni culto, ni perspicaz político para dirigir la República en aquella encrucijada. Había que ser, además, hombre de acción, es decir, poseer energía moral bastante para arrostrar con cabeza clara las responsabilidades más intimidantes (...) Negrín frisaba en los 45 años cuan-do estalló la guerra ».

            Negrín dio desde el primer instante sensación de fortaleza y supo compatibilizar la autoridad con la libertad.