José María Laso Prieto

¿Es una trampa Afganistan?

En Mundo Obrero - Nº 122- Noviembre de 2001

Texto tomado de la Edición Digital de Mundo Obrero


        El tema de Afganistán está de la mayor actualidad, en función de una probable intervención armada terrestre por el Ejército de Estados Unidos. A raíz de la invasión soviética de Diciembre de 1979, Gerardo Iglesias -entonces Secretario General del Partido Comunista de Asturias - me encargó que elaborase, para su conocimiento, un informe sobre Afganistán. Ello me obligó a profundizar en el tema, hasta el punto que describe Gustavo Bueno en el libro del homenaje que en 1998 me rindió Tribuna Ciudadana de Oviedo. En uno de los párrafos de su texto, dice el profesor Bueno: Yo me encuentro entre los sorprendidos al admirar "la memoria prodigiosa" de Laso; pero advirtiendo, al mismo tiempo, que una tal memoria era mucho más que una capacidad mecánica para recordar sucesos intranscendentes o meramente episódicos, porque es la capacidad de analizar, reconstruir y hacer presentes las realidades que siguen presentes en su personalidad.

        Un día, yendo hacia Madrid en un ruidoso Land Rover que yo conducía por entonces, suscitó alguien el asunto de Afganistán, que a la sazón se anunciaba como un problema inminente. Laso, durante más de tres horas, nos ofreció una tan detallada como improvisada exposición del "estado de la cuestión",en donde las líneas maestras de la estructura no flotaban en el vacío de la abstracción, sino que se apoyaban en decenas de nombres propios de ciudades, ríos, dirigentes políticos o religiosos. Otro día, durante la sobremesa... (Del artículo "José Maria Laso", del libro citado, página 14. Ediciones de Tribuna Ciudadana. Oviedo, 1998).

        En mi conocimiento de Afganistán, además de muchos datos adquiridos posteriormente, resulta fundamental un trabajo sobre dicho país, elaborado conjuntamente por Marx y Engels, publicado en la New American Ciclopaedia en 1857. Con el rigor científico que les caracterizó, Marx y Engels demostraron que Afganistán es un país casi inconquistable para una potencia extranjera.

        Es de lamentar que los soviéticos, que editaron, entre otros muchos, ese trabajo de los clásicos del marxismo, no lo tuviesen en cuenta y fracasasen en Afganistán al igual que fracasaron allí tres campañas militares británicas. Por ello, los norteamericanos deberían pensárselo mucho antes de atacar a Afganistán, a menos que se limiten a bombardear el país y a efectuar operaciones de comandos. Estas últimas suponen también fuertes riesgos, como lo demostró el fracaso del comando yanqui que trató de liberar a los rehenes norteamericanos retenidos en la Embajada de Estados Unidos en Teherán.

        Vamos a citar algunos párrafos del famoso trabajo de Marx y Engels que siguen siendo significativos:
Por su posición geográfica y los rasgos característicos de su pueblo, resulta difícil sobrestimar la importancia política de este país en los asuntos del Asia central.

        La forma de gobierno es la monarquía pero la autoridad del rey sobre sus arrojados y revoltosos súbditos es de índole personal y muy insegura.

        Los afganos son un pueblo valiente, enérgico y amante de la libertad; sólo se dedican a la ganadería o a la agricultura y evitan a toda costa los oficios y el comercio, ocupaciones que miran con desdén y dejan en manos de los indios y otros habitantes de las ciudades.

        La guerra es para ellos distracción o descanso de sus monótonas ocupaciones económicas. Se dividen en clanes, sobre los cuales sus diversos jefes ejercen una especie de dominación feudal. Sólo su odio indomable al poder del Estado, y el amor a su independencia personal, les impiden convertirse en una nación poderosa, pero precisamente esta modalidad espontánea y la inconstancia de su conducta los torna en vecinos peligrosos sujetos a las variaciones de su estado de ánimo, fáciles de conducir por los intrigantes políticos que atizan hábilmente sus pasiones.

        En las ciudades administran justicia los cadíes; sin embargo, los afganos recurren pocas veces a las leyes. La venganza de sangre es obligación del clan. No obstante, los afganos tienen fama de generosos y magnánimos mientras no se los provoque, y las leyes de la hospitalidad son sagradas para ellos, hasta el punto de que si un enemigo mortal se convierte en huésped, aunque para ello se haya valido de un ardid, no puede ser objeto de venganza e incluso tiene derecho a exigir de su anfitrión protección contra cualquier otro peligro (aplicable a bin Laden).

        Por su religión, los afganos son musulmanes y pertenecen a la secta de los sunitas pero, ajenos a toda beatería, son frecuentes las uniones matrimoniales entre sunitas y chiitas". (Como se ve, con los talibanes--inicialmente estudiantes de teología musulmana--se acabó con tal tolerancia.).

        Afganistán sólo fue conquistado por Alejando Magno y Gengis Khan. Empero cuando Alejandro, Afganistán no existía como tal país, ya que era una provincia más del Imperio Persa. Su conquista por Gengis Khan, formó parte de su ocupación de casi toda Asia y de una parte de Europa. Su dominio constituyó el imperio terrestre más extenso que ha existido.

        Marx y Engels describen en detalle el catastrófico fracaso de las tres campañas británicas para conquistarlo. De una de ellas, sólo regresó vivo un militar. Marx y Engels describen así su final: "El frío y la nieve tuvieron el mismo efecto que durante la retirada napoleónica de Moscú. Pero en vez de cosacos, que se mantenían a distancia respetuosa, los ingleses eran acosados por encarnizados tiradores afganos, armados de mosquetes de largo alcance y ocupando todas las alturas. El desfiladero de Kurd-Kabul fue la tumba de casi todo el ejército británico y los pocos supervivientes--menos de 200--fueron aniquilados en la entrada del paso de Jagdalak. Un sólo hombre, el doctor Brydo, pudo llegar a Jelalahd para relatar lo sucedido (Federico Engels, "Afganistán." Publicado en el Tomo I de "New American Cyclopaedia" en 1858, páginas del 169 al 178).

        Parangonable es el fracaso de la campaña militar soviética. En su libro "Los Mujahdines. Invasión soviética de Afganistán", de Christophe de Ponfilly, se dice: El Afganistán es un país singular, en el que los hombres se pierden, se confunden con la naturaleza; un país desmesurado, complejo, donde el reportero se ve obligado a llegar al limite de sí mismo: Gran teoría sobre el reportaje de guerra, los civiles, la tierra, la vida cotidiana.
Los sonidos, los olores, el miedo, las moscas, la altitud, la respiración que se sofoca por el esfuerzo, las caravanas que se afanan en las empinadas pendientes que hay que vencer, que hay que conquistar.
Eso es lo que se hace preciso mostrar: el esfuerzo, el desorden anárquico de este pueblo individualista, estos nómadas de la independencia, esos niños, esas mujeres, esos hombres que viven la guerra unidos a esta tierra insumisa que se les parece.

        Y los rusos perdidos sobre este extraño relieve, lanzados como millares de dados en la extensión de estas regiones de sublime magnificencia, yo diría casi absoluta, y por ello tan inhóspitas...