José María Laso Prieto

«Choque de civilizaciones»

En «La Nueva España», 23 de noviembre de 2004

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Así se titula la obra del profesor Samuel P Hungtington, que está teniendo similar éxito a la del profesor Francis Fukuyama acerca de «El fin de la Historia». Otra similitud, que también se da entre ambos libros, es el hecho de que fueron precedidos por artículos del mismo título, publicados en la revista norteamericana «Foreign Affairs». El título completo del libro es «El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial». Su motivación es distinta. En el caso de. Fukuyama, se trataba de una reflexión originada por el hecho del hundimiento y desaparición de los estados socialistas radicados en Europa central y oriental. Tales acontecimientos, simbolizados por la demolición del denominado «Muro de Berlín» parecieron confirmar que, con el triunfo del libre mercado y la democracia representativa, se había llegado a un fin de la historia similar al que Hegel había pronosticado después del triunfo de Napoleón en la batalla de Jena. Ello significaba también la desaparición de la lucha de clases. El desarrollo posterior de los acontecimientos, nacionales e internacionales, han desmentido la tesis de Fukuyama. Sigue –en diversos grados– la lucha de clases y no ha finalizado la historia mundial. 

La tesis de Hungtington es la de que, como factor impulsor del desarrollo histórico, el conflicto de civilizaciones ha sustituido a la lucha de clases y que tales conflictos son los que mejor caracterizan nuestra época. Aunque la tesis de Hungtington fue formulada inicialmente antes de los atenta-dos terroristas del 11 de septiembre, adquirieron, con el auge. del terrorismo islámico, mucha mayor resonancia. La política exterior de los EE UU, con sus ofensivas militares contra algunos de los estados incluidos en un supuesto Eje del mal, producen la impresión de que se ha iniciado una cruzada del fundamentalismo cristiano —con el que se identifica Bush— contra el conjunto del mundo islámico. Después de las agresiones contra Afganistán e Irak, ¿seguirán otros ataques contra diversos estados musulmanes? Nadie puede predecirlo, considerando que 'las actuaciones del presidente Bush rebasan cualquier límite racional. 

El libro de Hungtington es mucho más exhaustivo que su artículo inicial. Coincide con los análisis de Spengler, en su célebre obra «La decadencia de Occidente», y; asimismo, con los textos de Toynbee acerca de los ciclos históricos civilizatorios. Hungtington se remonta al origen de las diversas civilizaciones históricas y, después de describirlas con detalle, llega a la conclusión de que la civilización occidental está perdiendo peso numérico demográfico, poderío económico y poderío militar. Todo ello confirma-do con las diversas estadísticas que utiliza. Resultan muy interesantes tanto los datos que utiliza como los argumentos que mane-ja. No obstante, se le podría reprochar el unilateralismo de su tesis. Aunque a lo largo de la historia de la Humanidad se dieron algunos conflictos de civilización de inspiración religiosa, ello no agota la diversidad de factores que han determinado el desarrollo histórico. Indudablemente, las cruzadas de la cristiandad contra los poderes musulmanes, realizadas con el pretexto de recuperar el santo sepulcro de Jesucristo, motivó una serie de guerras, no con ello acabó la historia ni 'fue la única causa conocida de que se iniciasen tales ofensivas cristianas contra el Islam. En su origen, influyeron también factores económicos y comerciales. La expansión inicial musulmana cortó las comunicaciones de la civilización occidental con el Extremo Oriente y el Oriente Medio. Ello supuso que las especias de Oriente —de tanta importancia en la Edad Media— resultasen inasequibles. Esto hizo necesaria una nueva ruta para lograrlas y ello —a la larga— produjo el descubrimiento de América.

El peligro de China

Como complemento de su tesis funda-mental —sobre el choque de civilizaciones—Hungtington introduce, en su exhaustiva obra, numerosas cuestiones muy interesan-tes: una de las más relevantes se deriva del hecho de que el gran desarrollo económico actual de China —en porcentajes de crecimiento está considerado como el más alto del mundo— va a hacer de China el principal adversario de EE UU en la lucha por la hegemonía mundial. Según Hungtington, «Dentro de China, el grupo más importante con una actitud hostil respecto a los Estados Unidos es el Ejército, que, al parecer, presiona constantemente al Gobierno para que adopte una posición más dura con los EE UU. En junio de 1999, cien generales chinos enviaron una carta a Deng quejándose de la postura «pasiva» del Gobierno respecto a los EE UU y de su fracaso a la hora de resistir a los esfuerzos estadounidenses por «chantajear» a China. En otoño de ese año, un documento confidencial del Gobierno chino explicaba en términos generales las razones de los mili-tares para el conflicto con los Estados Unidos: «Dado que China y los EE UU mantienen desde hace mucho tiempo conflictos sobre sus diferentes ideologías, sistemas sociales y políticas exteriores, resultará imposible mejorar sustancial-mente las relaciones chino-estadounidenses». Por su parte, Hungtington concluye: «Puesto que los norteamericanos creen que el Este asiático se convertirá «en el corazón de la economía mundial»... los EE UU no pueden tolerar un adversario poderoso en el este de Asia. Para mediados de los años noventa, los funcionarios y organizaciones chinas presentaban rutinaria-mente a los Estados Unidos como un poder hostil». A la recíproca, los estrategas del Pentágono hace tiempo que han previsto que China es el principal rival futuro de EE UU y vienen elaborando sus planes estratégicos sobre tal base. En con-secuencia, ya antes de los atentados del 11-S tenían planeado intervenir en Afganistán para crear una cuña geográfica entre China y Rusia. Si pudiesen, tratarían de desmembrar China o, por lo menos, de aislarla. El último choque entre EE UU y China, cuando las fuerzas aéreas chinas se apoderaron de un avión sofisticado de los EE UU, después que éste había derribado a un caza chino, demostró que China no se dejó intimidar cuando EE UU exigió su devolución inmediata e intacto. Tardaron más de un mes en devolverlo, y lo hicieron desmontando piezas cargadas en cajones.

La tesis básica de Samuel P. Hungtington, de que el choque de civilizaciones ha sustituido a la lucha de clases, y a los conflictos nacionales, como motor de la Historia, es discutible por su unilateralidad excluyente, pero ello no hace menos interesante un libro que contiene numerosos análisis históricos acertados y planteamientos de problemas reales de gran actualidad.