.

José María Laso Prieto

«Guerra de guerrillas en Irak»


En La Nueva España, agosto de 2003. Porsteriormente en Revista Digital El Catoblepas, Revista Crítica del Presente, nº 19, septiembre 2003

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla

Cuando se iniciaba la guerra de agresión del Imperio contra Irak, algunos de los partidarios de tal contienda la calificaron de «guerra de liberación del pueblo iraquí». Para ello, se basaban en la suposición de que las fuerzas agresoras serían acogidas como liberadoras por la gran mayoría del pueblo de Irak. Lejos de confirmarse tal triunfalista predicción, sucedió todo lo contrario. Aunque el régimen dictatorial de Sadam Hussein tuviese muchos enemigos, el patriotismo de los iraquíes rechaza una invasión extranjera que adopta el pretexto para justificar la agresión de tratar de liberarlos. Ya no bastaba la grotesca mentira de que Irak disponía de armas de destrucción masiva y que su Gobierno estaba ligado a la organización terrorista Al Caeda, lo que era imposible debido a que el laicismo de Sadam Hussein siempre había sido irreconciliable enemigo de los integristas islámicos. Al final, al descubrirse todos los demás embustes, sólo quedó el pretexto de liberar al pueblo iraquí de una feroz dictadura represiva. Pretexto que, de aplicarse a otras dictaduras semejantes, llevaría a diversas guerras internacionales.

La agresión norteamericana a Irak no fue inicialmente demasiado costosa. La batalla por Bagdad no dio lugar a un nuevo Stalingrado, como habían augurado algunos comentaristas. Por nuestra parte, en el artículo «¿Hacia un nuevo Stalingrado?», ya lo considerábamos muy improbable por las notables diferencias que se daban entre ambas batallas. Después se ha sabido que ni siquiera hubo verdadera batalla de Bagdad, debido a que los generales que mandaba las fuerzas defensoras de la capital iraquí se vendieron al ejército invasor y facilitaron la conquista casi incruenta de la ciudad. Se desvaneció así el mito de la Guardia Republicana iraquí, como unidad de élite, lo mismo que se desvaneció, en la primera Guerra del Golfo, la mentira de que el Ejército iraquí era por su potencia el cuarto ejército de mundo.

Terminada oficialmente la segunda Guerra del Golfo, se ha iniciado una tercera en forma de guerra de guerrillas. Desde que el presidente Bush declaró el final de la guerra en Irak, son ya 56 los soldados norteamericanos que han muerto en ésta nueva guerra, (así como centenares de heridos) y el Alto Mando USA se ha visto obligado a admitir que existe en Irak esa guerra de guerrillas. Sobre tal eventualidad existían ya indicios antes de finalizar la guerra oficial. Así el analista militar Joseph L. Galloway, en su artículo «Guerra de Guerrillas», publicado el 30 de marzo por Tribune Information Services, decía: «El famoso historiador militar británico Sir Basil Liddel Hart escribió “que la diferencia entre una operación militar y una operación quirúrgica es que en una operación militar el paciente no está sujeto”. En Irak el paciente se ha negado a cooperar en la operación. En lugar de ello, los iraquíes han recurrido a la clásica guerra de guerrillas, deduciendo lecciones y tácticas de Mogadiscio, Bosnia, Kosovo, la Unión Soviética e incluso Vietnam. A medida que las divisiones de primera línea del ejército de los EE.UU. se aproximaban a Bagdad las columnas de abastecimiento situadas en su retaguardia tenían que luchar contra todo para seguir avanzando. 

Las fuerzas norteamericanas que bordeaban la autopista 28, una moderna autovía ideal para acelerar el paso de combustible municiones, comida y agua hasta las unidades de van­guardia, circulaban por una carretera congestionada y llena de baches, porque las autopistas pasan cerca de las ciudades. En ella las fuerzas irregulares iraquíes, decididas a ralentizar al invasor, han simulado rendiciones y emboscadas para retirarse luego. Hombres vestidos de civil y con granadas, propulsadas por cohetes y fusiles disimulados bajo sus túnicas, hacían que la ruta de abastecimiento fuese una pesadilla para quienes conducían camiones cargados de combustible y municiones. Todo ello puso de manifiesto que Sadam Hussein planificó una guerra muy diferente a la que esperaba el Pentágono».

Esta interpretación de Joseph L. Galloway, de la guerra de guerrillas que se desarrollaba en Irak desde el momento inicial de la agresión USA, se ha confirmado plenamente después del fin oficial de la guerra. La media diaria de ataques que sufren las tropas USA asciende al número de catorce. Los árabes siempre han sido muy aptos para la guerra de guerrillas, como se puede comprobar por la historia de sus países. En la etapa contemporánea, basta mencionar la guerra de guerrillas que los árabes realizaron contra los turcos, durante la primera Guerra Mundial, y que tan bien describió el famoso Lawrence de Arabia en sus obras Rebelión en el desierto y Los siete pilares de la sabiduría. Impuesta de nuevo la colonización franco­británica, los árabes de Siria la utilizaron contra los franceses y los de Jordania e Irak contra los británicos. En Irak incluso triunfó en 1941 una insurrección, encabezada por el dirigente nacionalista Rachid Ali el Galiani contra el colonialismo británico. Al desarrollarse durante la segunda Guerra Mundial tal insurrección los rebeldes fueron calificados de pro-nazis, cuando eran sólo nacionalistas árabes. Se defendieron mediante una guerra de guerrillas y la resistencia militar de algunas unidades del ejército iraquí.

Actualmente, la guerra de guerrillas de la Resistencia iraquí cuenta con un amplio respaldo popular. Para comprenderlo basta con recordar las numerosas y multitudinarias manifestaciones contra las fuerzas militares de ocupación extranjeras, que se suceden tanto en las zonas de predominio sunnitas como chiítas. Con un promedio de uno a tres soldados USA muertos diarios, la guerra de guerrillas en Irak ha rebasado ya la cifra de soldados norteamericanos muertos en la primera Guerra del Golfo. La muerte de los dos hijos de Sadam Hussein no ha disminuido la actividad armada de la Resistencia iraquí. Todo induce a suponer que la guerra de guerrillas en Irak va a continuar indefinidamente. Sucede lo mismo en Afganistán, aunque ello tenga menos publicidad que en Irak. Así se confirma la tesis

de Emmanuel Todd, en su interesante libro Después del Imperio, de que actualmente EE.UU. es incapaz de concluir ninguna de las irresponsables contiendas que emprende. El Jefe de Estado Mayor de las fuerzas USA en Irak ya ha declarado «que la guerra no ha terminado». Buena prueba de ello es el ataque contra la Embajada de Jordania que es el de mayor envergadura realizado por la Resistencia iraquí.

.