José María Laso Prieto

«La idea de ciencia
en Gustavo Bueno (y II)
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En «La Nueva España», 29 de junio de 1982

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Gustavo Bueno utiliza el término «gnoseología» para designar la teoría filosófica de la ciencia y precisa, ya inicialmente, que tal teoría no es una ciencia «pues la reflexión sobre la ciencia no es una tarea científica, sino filosófica» [1] . Sin embargo, Bueno no emplea la palabra gnoseología en el sentido —tradicional en el léxico filosófico— de teoría del conocimiento, sino que la conexiona directamente con los argumentos ontológicos que remiten desde la ciencia a la realidad material. Por ello, separa debidamente la gnoseología de la «metodología de las ciencias» en la que cada gremio científico analiza sus propias tecnologías. En realidad, aunque la gnoseología se interesa por la metodología tecnológica de cada ciencia, lo hace como un «material» más para sus análisis. Si se rebasa esa metodología, saliéndose del estricto horizonte de su campo científico, se actúa ya como filósofo de la ciencia y no como científico.

El profesor Bueno precisa que la acepción, en que él utiliza el término gnoseología, es convencional y no es aceptada ni rechazada comúnmente. De hecho, las voces «gnoseología» y «epistemología» se consideran intercambiables. Para evitar equívocos, Bueno descarta el término epistemología, debido a que está ya «ocupado» por escuelas como las de Bachelard [2] , Piaget [3] y Bunge [4] . Desde la perspectiva de tales escuelas, la epistemología de las ciencias se nuclea en torno a los conceptos de «experiencia», de «hecho», de «probabilidad», de «significado», etcétera. Empero la perspectiva de Bueno es otra: supone no sólo el análisis de las ciencias como conocimiento, sino también como formaciones culturales, dotadas de una estructura sintáctica que, precisamente por tenerla, incorporan el propio material objetivo de su devenir y pueden llegar a interferir en los mismos procesos de producción. Esta interferencia se ha acentuado más como consecuencia de la denominada «revolución científico-técnica» que, a juicio de muchos autores, ha convertido ya a la ciencia en una fuerza productiva directa.

En consecuencia, según Bueno, la gnoseología no gira en torno a los «datos» o a los «hechos», etcétera, sino a los «términos» del campo científico ya cristalizado; de las «relaciones» entre estos términos y, sobre todo, de las «operaciones». Gustavo Bueno ilustra su tesis con el ejemplo del microscopio. La epistemología lo concibe como un «instrumento» del conocimiento científico cuya función es «prolongar» la capacidad resolutiva del ojo humano. Para la gnoseología, el microscopio, además de que sea o no «instrumento», es un contenido interno de ciertas ciencias, en el mismo sentido que los signos de la adición o del producto son contenidos formales del álgebra. En ese aspecto, el microscopio es un «operador» o un «relator». Ese interés, por el contenido interno de las ciencias —que incluye su organización sintáctico-lingüística y la del propio material objetivo— exige una disciplina peculiar (la gnoseología) que organice la rica variedad de sus partes. Su antecedente más próximo sería la «lógica material», en la que se comprendía la clasificación de las ciencias.

Gustavo Bueno comprende la gnoseología como disciplina filosófica que, por su naturaleza dialéctica y polémica, es necesario contrastar con las doctrinas alternativas. Así, respecto al problema filosófico central de la gnoseología —el de la conexión entre las ciencias en cuanto «formaciones culturales» y la realidad material de sus campos respectivos— la alternativa coordinante es demarcada por los límites del «descripcionismo» y el «constructivismo». Descripcionismo equivaldría al entendimiento de los contenidos de una ciencia como un reflejo de un material objetivo previamente dado. Tal concepción reconoce la presencia de «interferencias» subjetivas, de prejuicicos, etcétera, pero no los considera esenciales para el cuerpo de la ciencia. Constructivismo sería el entendimiento de los contenidos de una ciencia como algo que, no por accidente, sino esencialmente, está vinculado a las estructuras operatorias, sintácticas, etcétera, que no resuelven en el campo de los «datos», aunque no por ello haya que resolver-las en la «mente» de cada científico, ni siquiera en la «sociedad». El profesor Bueno ilustra, convincentemente, la oposición entre descripcionismo y constructivismo, con una de sus determinaciones históricas: la oposición en las ciencias entre el paradigma de Bacon y el paradigma de Kepler.

El descripcionismo sólo puede desarrollarse presuponiendo ya algún esquema de aquello que se espera describan las ciencias: lo que supone positivamente dado es, a veces, presentado por medio de caracteres fisicalistas. Otras, es presentado como una estructura y, entonces, la ciencia se concibe como «estructuralista» sin renunciar al descripcionismo. Empero la principal objeción que Bueno formula contra éste es que no «describe» la realidad de las ciencias. 0 sea, que no da cuente del verdadero proceder de las ciencias. Según el descripcionismo, las leyes científicas tienen la forma de funciones proposicionales identificables con las proposiciones descriptivas protocolarias. Todo lo que rebase ese horizonte sería un añadido de la mente del científico que la crítica epistemológica debería remover. Para Bueno, lo discutible es que se interpreten como «añadidos subjetivos» componentes que son internamente objetivos de la estructura de una «ley» científica. Y lo son porque, si se removiesen, se derrumbaría la misma forma de la ley pretendidamente descripcionista.

Según Bueno, de estas limitaciones queda preservado el constructivismo. Su componente «creador» de las ciencias procede antes de los mitos arcaicos, y de la filosofía, que de la experiencia empírica. El constructivismo tiende así a aliarse con la historia —incluso a desarrollarse como historia de la ciencia, mientras que el descripcionismo se alía con la psicología. Si ambas alianzas confluyen, toman la forma de una psicología historizante del estilo de la de Jung o de la epistemología de Bachelard. Empero la escuela gnoseológica constructivista más influyente es la basada en la alianza con la historia de la ciencia. Es la escuela de Popper y, en particular, la «teoría de la ciencia» de Khun, Lakatos y Feyerabend. También la idea de ciencia de Bueno subraya el carácter constructivo de la ciencia, frente al positivismo lógico, pues ésta no es una mera acumulación de proposiciones verificables acerca de la realidad. Así Bueno coincide, en parte, con el teoricismo popperiano que distingue entre «verdad» y «sentido». Empero Bueno rechaza la posición de Popper en tanto que ésta reproduce el dualismo metafísico espíritu-naturaleza. En ella, las teorías científicas aparecen como segregaciones arbitrarias del espíritu que se enfrentan con una realidad exterior (naturaleza) para ser eliminadas (falsadas) si la realidad lo exige [5] . Por ello, Bueno considera que el punto central de la gnoseología, que no ha podido superar las escuelas popperianas y pospopperiana, ha sido el de conexión entre el supuesto «mundo autónomo de la ciencia» y el «mundo de la realidad, de los hechos». Aunque la escuela popperiana ha aportado al campo gnoseológico mucho más que el descripcionismo, lo ha hecho desde una perspectiva formalista —con respecto al material de cada ciencia—, colindante con el idealismo mentalista o con un culturalismo historicista.

Gnoseología del Cierre Categorial

Esta no pretende negar los aspectos afirmativos del descripcionismo —la presencia positiva del «material» en las ciencias— ni las partes afirmativas del constructivismo: la realidad de la construcción. La dificultad comienza como el mismo problema de la conexión de estos dos planos —esquemáticamente: hechos y teorías— en tanto esta conexión no es algo previo o posterior a las ciencias, sino su propia realidad. Por ello, el punto de vista de Bueno es el de un constructivismo, pero no formalista sino materialista. Materialista porque la noción de construcción es inseparable de los materiales mismos: los hechos, la propia realidad. No hay de un lado unos hechos y por otro una teoría; ni por una parte unos datos sensoriales, empíricos, y por otra, sobrevolándolos, una construcción racional. La construcción racional, la «razón», no es otra cosa sino la misma reorganización «diamérica» de las percepciones. Es decir, de los preceptos que son los objetos mismos. Materialismo no es así sólo empirismo, reconocimiento de la positividad de los hechos en la construcción científica. Es, a la vez, «materialismo lógico», o sea, una tesis sobre la organización interna lógica de los propios hechos en círculos diferentes, círculos reales, categorías.

Según Bueno, la tesis del materialismo lógico, categorial cobra un significado efectivo cuando se supone que el campo de los hechos científicos no es virgen, intacto, previo a toda organización lógica, nouménico, sino un campo ya previamente organizado desde el punto de vista lógico. La tesis del materialismo lógico se mueve en muy distintos niveles filosóficos —en tanto es una tesis ontológico-especial acerca de la estructura del mundo— que fueron demarcados por Gustavo Bueno en sus «Ensayos materialistas» [6] . Empero, para los efectos de la gnoseología del cierre categorial, esa tesis se precisa histórico-etiológicamente en la de los campos previamente organizados lógicamente a escala de la práctica homínida, y particularmente, de la tecnología. Esta «organización lógica» arcaica del mundo podría denominarse «holismo gnoseológico» y es una referencia constante de la teoría del cierre categorial. Según este holísmo, las ciencias no se han constituido como frutos desprendidos de un mítico árbol de la ciencia sino a partir de los oficios artesanos que la división del trabajo social fue engendrando. Delante de cada ciencia hay una tecnología o un «arte» muy desarrollado: la agrimensura precede a la geometría, antes de la química están la cocina y la metalurgia, etcétera. Y esta tesis se extiende a las ciencias humanas. Sin embargo, las ciencias debe entenderse como un proceso de progresiva neutralización de las tecnologías originarias.

Desde esta perspectiva, la «verdad» de los conocimientos científicos no es concebida como la «adecuación» de la conciencia —o del lenguaje formalizado de las ciencias— a los hechos. La verdad, en el sentido gnoseológico, podrá situarse en el mismo ajuste o identidad sintética entre las partes del material que las operaciones —presididas por la lógica— van componiendo en un proceso que se cierra en el seno de cada categoría de la realidad. Así las ciencias constituyen un mecanismo colectivo, o social, de construcción por medio del cual se acotan campos de términos en un sistema de relaciones de modo que se establezca una operatividad cuyos resultados se mantengan siempre dentro del campo de partida. A través de sus diversos cierres cada ciencia explora, y conforma a la vez, un campo categorial y así la razón se transforma, con el mecanismo del cierre, en razón científica, episodio o momento privilegiado de las esferas categoriales racionales. Con esta teoría se puede: 1) Dar cuenta de la unidad interna de cada una de las ciencias. 2) Hallar criterios de separación entre las diferentes ciencias y con otras formaciones no científicas. 3) Dar cuenta de las conexiones entre lo que no es científico y lo que es científico y, en particular, de las transformaciones de las formas acientíficas en científicas y recíprocamente.

Se ha reprochado a Gustavo Bueno haber construido un sistema filosófico cerrado y, en cierto modo, especulativo. No compartimos esa opinión. Ontológicamente se remite a las elaboraciones previas del materialismo filosófico. Gnoseológicamente, no se le puede considerar en una perspectiva premarxista. En todo caso, su gnoseología requiere la prueba de la comprobación de su operatividad por los científicos y, en ese sentido, ya comienza a dar los primeros frutos. En tal dirección seria esencial que Gustavo Bueno publicase su monumental «Lógica de las ciencias humanas», conforme a lo previsto en el proyecto de creación de la Biblioteca Asturiana de Filosofía.



* Continuación de La idea de ciencia en Gustavo Bueno (I) publicado en La Nueva España el 22/6/1982

[1] Gustavo Bueno, «Idea de ciencia desde le teoría del cierre categorial». Ediciones .de le Universidad Menéndez Pelayo. Santander, 1976.

[2] Michel Vedée, «Bachelard o el nuevo idealismo epistemológico». Ediciones Pre-Textos. Valencia, 1977

[3] Jean Piaget, «Psicología y epistemología». Ediciones Ariel. Barcelona. 1971.

[4] Mario Bunge, «Epistemología«. Ediciones Ariel. Barcelona, 1980

[5] Tomás R. Fernández, «Cierre categorial». Articulo en el «Diccionario de Filosofía Contemporánea». Ediciones Sígueme. Salamanca, 1976.

[6] Gustavo Bueno. «Ensayos materialistas». Taurus, ediciones. Madrid. 1972