José María Laso Prieto

«Mentiras y guerras»

En «La Nueva España», 29-08-2003. Posteriormente en Revista Digital El Catoblepas, Revista Crítica del Presente, nº 20, octubre 2003

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


 Muchas guerras han tenido por justificación la mentira. En la etapa contemporánea, basta con recordar las que utilizó Bismarck para declarar la guerra a Francia o, más recientemente, el supuesto ataque de lanchas torpederas norcoreanas a navíos norteamericanos, en el Golfo de Tonkin, que sirvió para justificar la agresión de EE.UU. contra la República Democrática de Vietnam. La apertura de los Archivos del Gobierno de los Estados Unidos –al cumplirse el plazo de su secreto obligado– ha demostrado que tal ataque fue una mentira utilizada para pretender que USA estaba utilizando el derecho de legítima defensa. Sin embargo el empleo de la mentira, como justificante de una guerra, nunca había revestido la forma sistemática que empleó el célebre trío de las Azores. A ello se debe que Bush y Blair tengan ahora verdaderos problemas con sus respectivas opiniones públicas. Tras una inflación patriótica que elevó la popularidad de Bush hasta casi el 80% de esa opinión, ha caído verticalmente hasta niveles anteriores al de los atentados del 11 de septiembre. Ello hace muy problemática su reelección, a menos que el Partido Demócrata no sea capaz de oponerle un candidato con garra. Tony Blair está en la misma situación, todavía agravada por el extraño caso del suicidio de David Kelly, que denunció a la BBC las mentiras de Blair para justificar la agresión contra el pueblo de Irak. Un político que miente, en los países anglosajones, comete una verdadera ofensa a su opinión pública. Nixon no cayó por haber organizado el espionaje del Watergate sino por haber mentido en el curso de su investigación. No disponemos de espacio para analizar en detalle cada una de tales mentiras belicistas. Sin embargo conviene detenerse en algunas de ellas. Se mintió sobre la existencia segura en Irak de armas de destrucción masiva y acerca de la capacidad de su régimen político de lanzar ataques nucleares y bacteriológicos. Por ello no aparecen, ni aparecerán, tales armas, a pesar de que EE.UU. se las facilitó a Irak durante su guerra contra Irán. Se comprueba así que era cierta la afirmación del Gobierno de Irak de que esas armas las había destruido posteriormente. Tampoco los supuestos laboratorios móviles, descubiertos en Irak, eran destinados a fabricar gases tóxicos o armas bacteriológicas. Se ha comprobado que estaban destinados a fabricar hidrógeno para hinchar globos metereológicos. No se ha descubierto ninguna conexión real entre la red terrorista Al Caeda y el régimen de Sadam Hussein, que eran enemigos irreconciliables. Sí se han descubierto pruebas de la feroz represión del régimen contra kurdos y chiítas, pero ello no podía justificar una guerra internacional contra el Estado de Irak. Fue Churchill el primero que utilizó los gases, en 1920, contra los árabes en Irak y después los fascistas italianos durante la campaña de Abisinia en 1936. Entonces, ni la Sociedad de Naciones condenó tales violaciones de las leyes de la guerra.

En España, el presidente Aznar sigue insistiendo en que en Irak existían armas de destrucción masiva y que acabarán por aparecer. Tales mentiras, justificadoras de la guerra, fueron denunciadas en su día por el embajador de España en Irak, señor Valderrama, quien fue sancionado por la actual ministra de Asuntos Exteriores. Empero ahora, la inefable ministra que tanto hizo para justificar la guerra en el propio Consejo de Seguridad de la ONU, se encuentra con un desafío mayor. El embajador de España ante las Naciones Unidas, Inocencio Arias, que hasta el 31 de julio presidió en representación de España el Consejo de Seguridad de la ONU, criticó el 8 de agosto las reglas del juego y la actitud del más alto organismo internacional y, en especial, el comportamiento de Estados Unidos que, en su opinión, no atacó a Corea del Norte y sí a Irak «porque esta última intervención militar resultaba más barata». Estas polémicas declaraciones del embajador español, realizadas durante un Curso en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, vienen a sumarse a las que hizo el jueves anterior en la también Universidad de verano de El Escorial. Es esta última, Inocencio Arias se refirió a la posibilidad de que las armas de destrucción masiva no aparezcan nunca, lo que, desde su punto de vista, pondría «todo en tela de juicio». Estas palabras levantaron una polvareda política. El Partido Popular, lógicamente, se desmarcó de las afirmaciones del diplomático, calificándolas de «reflexión personal sobre una hipótesis inverosímil». Por el contrario Izquierda Unida y el Partido Socialista, vieron en ellas una clara confirmación de sus tesis. A saber: que la guerra contra Irak, apoyada de lleno por el Gobierno español, había sido «ilegal, injusta e injustificable».

A pesar de la polémica, Inocencio Arias no dudó, en Santander, en incidir en algunas de sus apreciaciones, aunque matizó algunas de ellas que, a todas luces, resultaban demoledoras para la posición mantenida por Aznar en la crisis iraquí. Así, por ejemplo, afirmó que el convencimiento de que había armas de destrucción masiva en Irak no sólo era de España, los EE.UU. y Gran Bretaña sino de «todo el mundo. No recuerdo ningún dirigente que dijese en diciembre o enero que las armas no existían», señaló. Y fue esa convicción, según explicó, la «base» de la intervención militar. De esta forma, la no aparición del arsenal de Sadam «podría poner en tela de juicio el principal argumento de la guerra». Inocencio Arias, que participó en el Curso «España en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas», explicó cómo el máximo órgano de la ONU, que el mismo presidió durante el mes de julio, «no salió bien parado a corto plazo del conflicto de Irak». Según su análisis, Washington no ha atacado Corea del Norte, pese a la puesta en marcha de su peligroso programa nuclear, porque «no tenía el mismo bagaje jurídico que Irak» y porque, según él, «intervenir contra Sadam Hussein era más barato»

Esta nueva posición de Inocencio Arias, ha molestado tanto a su ministra que ésta le ha obligado a regresar a EE.UU. interrumpiendo sus vacaciones veraniegas. A veces, desenmascarar las mentiras cuesta caro. Ello ha forzado, a un editorial del diario El Mundo, a comentar: «El castigo impuesto por la ministra Ana Palacio parece infantil y absurdo. El embajador ha defendido siempre la postura del gobierno respecto a la guerra de Irak, una tarea difícil y agotadora a lo largo de los últimos meses. Parecen imprescindibles unos días de vacaciones tras ese tremendo desgaste. Las aclaraciones del propio Arias no han sido suficientes para apaciguar el enfado de una ministra que no se ha distinguido precisamente por sus aciertos».