«De
la "filosofía del marxismo" a "filosofía
de Marx"[1]»
En Utopias-Nuestra Bandera
nº 166. Madrid: Partido
Comunista de España, octubre-diciembre de 1995, pp. 195-197
Texto preparado para su edición digital por Uriel
Bonilla.
Con
este mismo título ha aparecido al público un muy
interesante y útil libro del profesor Damián Pretel.
La edición ha corrido a cargo de Publicaciones para el
Debate, de Barcelona, entidad editorial impulsada por la Asociación
de Amigos de la Filosofía. Damián Pretel Martínez
nació en Granada en 1930. Durante la guerra civil española
formó parte del grupo de niños que se enviaron
a la URSS para preservarles de los horrores de la contienda.
Cursó la carrera de filosofía en la Universidad
Lomonosov de Moscú y realizó los cursos de postgrado
en el Departamento de Historia de la Filosofía, pero
se doctoró en la Universidad de La Habana. En la capital
soviética fue investigador del Instituto de Economía
Mundial de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias
de la URSS. También fue profesor de Filosofía
en el Instituto de Ciencias Sociales. En la Universidad de La
Habana Pretel trabajó como profesor en la Facultad de
Ciencias Políticas y alcanzó el grado de catedrático.
También realizó tareas como investigador en el
Departamento de Filosofía de la Academia de Ciencias
de Cuba. Actualmente es profesor de la Universidad de Granada.
Ha publicado múltiples trabajos de filosofía en
Moscú, La Habana, México, Praga, Madrid, Barcelona
y Oviedo. Entre sus últimos trabajos, es de destacar
el publicado –bajo el título de «La filosofía
española en la Rusia de ayer y de hoy»– en
el número 14 (segunda época) de la revista ovetense
El Basilisco, que dirige el profesor Gustavo Bueno.
El
libro del profesor Pretel pretende, como su propio título
indica, realizar un retorno a la auténtica filosofía
de Marx para diferenciarla nítida y rigurosamente de
lo que se ha venido denominando «filosofía del
marxismo». El proyecto es muy ambicioso, pero también
muy necesario. Ya mucho antes de que el modelo del denominado
«socialismo real» hiciese crisis, se habían
podido comprobar las nefastas consecuencias negativas que para
el desarrollo de la filosofía soviéticas habían
tenido las diferentes etapas de dogmatismo político que
habían imperado en la URSS. El sentido peyorativo que
había adquirido el término Diamat, con
el que habitualmente se denominaba a la filosofía soviética,
era en ese sentido muy significativo. Y más todavía
si se considera que la simplificación y la dogmatización
de la filosofía marxista actual no se limitaba al ámbito
de los países del bloque socialista, sino que incluía
asimismo las posiciones de algunos marxistas occidentales. Así
tuve ocasión de comprobarlo también en la Universidad
Central de las Villas, de Santa Clara (Cuba), donde, en octubre
de 1994, se realizó un curso postgradual universitario,
organizado conjuntamente por los departamentos de Filosofía
de las Universidades de Oviedo y la de Cuba citada, sobre el
tema «El materialismo filosófico ante los desafíos
actuales». Las posiciones de algunos de los profesores
participantes –especialmente las de los latinoamericanos
no cubanos– estaban claramente influidas por el Diamat.
Su menor incidencia sobre los profesores cubanos (muchos de
ellos ya críticos manifiestos del Diamat) puede
explicarse por el impacto que entre los filósofos cubanos
ha tenido la obra del profesor soviético Evald Ilienkov.
Muy justamente, Damián Pretel le excluye del grupo de
los dogmáticos y llega a considerarle como «el
mejor filósofo marxista de los años cincuenta-setenta».
De hecho, Ilienkov se hallaba en las antípodas del también
soviético F. V. Konstantivov, a quien en su día
Manuel Sacristán calificó de «provecto teólogo»
por su obra sobre el materialismo histórico.
La
obra que reseñamos abarca cuatro grandes bloques temáticos:
a) «La historia de la filosofía y el método
de pensamiento y de conocimiento»; b) «Filosofía
como método»; c) «Categorías y leyes
de la dialéctica»; d) «La práctica,
principios de una teoría». Así se incluyen
las principales cuestiones filosóficas que interesan
desde una perspectiva marxista. En su crítica de las
posiciones dogmáticas el autor distingue entre dogmatismo
(correspondiente a la etapa de Stalin) y neodogmatismo.
Este último fenómeno dogmático es el que
corresponde al período de dirección de Bréznev.
En principio constituye una difícil tarea, tanto el localizar
las raíces filosóficas de las posiciones políticas
dogmáticas como el esclarecer las consecuencias filosóficas
negativas de posiciones políticas previas. Damián
Pretel logra resolver muy operativamente esa doble tarea y en
ello estriba el mayor interés y utilidad de su libro.
Desde el punto de vista crítico, no obstante las demostradas
cualidades pedagógicas del autor, se le podría
reprochar el alto grado de concentración teórica
que el libro alcanza, pudiendo su lectura resultar ardua para
un no profesional de la filosofía. Quizás hubiese
sido preferible que el profesor Pretel ilustrase sus tesis con
un mayor número de ejemplos, extraídos de los
campos político, social, económico, cultural,
etc. Sin incurrir en el exceso de ejemplología
que caracteriza a algunos manuales de marxismo, no le hubiese
sido difícil a Damián Pretel conseguirlo, ya que
demuestra poseer no sólo un amplio y profundo conocimiento
de la obra de los clásicos del marxismo, sino también
del contexto histórico en que ésta se desarrolló.
Resulta
muy difícil, dentro del espacio limitado de una reseña,
dar cuenta de toda la riqueza teórica marxista que nos
proporciona el libro de Pretel. A título de ejemplo,
nos limitaremos a señalar algunos puntos. Así,
al tratar de la relación de las categorías dialécticas
de lo general y lo singular, dice: «[...]
Lo general existe sólo a través de lo singular,
pero lo segundo no se puede deducir en abstracto de lo primero,
según la pretensión del dogmatismo. El estudio
de lo general no debe realizarse única y exclusivamente
en el plano de la teoría, sino también en el de
la práctica, a través del dominio de lo singular,
individual, personal, etc. [...]. Así es como se enriquecen,
se cambian y se sustituyen unas leyes por otras. Así
es como, por ejemplo, se ha enriquecido y desarrollado la teoría
de la revolución social formulada por el marxismo. Así
es como Lenin demostró que, en las condiciones de la
Primera Guerra Mundial, la revolución socialista podía
irrumpir, en primer lugar, no en los países capitalistas
desarrollados, sino en un país tan atrasado como Rusia.
Así es como, en general, todas las revoluciones verdaderas
han sido y serán, por así decirlo, heterodoxas.
Ninguna se hará con la mirada vuelta hacia atrás,
sino puesta en el presente y en el futuro. Nada tiene pues de
extraño que aquí y ahora las transformaciones
revolucionarias en los países capitalistas desarrollados
tengan que abrirse camino por la vía democrática
que, en líneas generales, ya había sido prevista
por Marx y Engels, y más tarde por Lenin». Asimismo,
al estudiar la relación entre las categorías de
lo necesario y lo casual, Pretel precisa que el
análisis de los procesos sociales debe tener en cuenta
la unidad de lo necesario y lo casual –omitida por el
dogmatismo– para evitar errores subjetivistas. Es lo que
hizo Marx al analizar la experiencia de la Comuna de París.
Así, en una carta a Kugelman, decía: «Sería
muy cómodo hacer la historia universal si la lucha se
puede emprender sólo en condiciones infaliblemente favorables.
De otra parte, la historia tendría un carácter
muy místico si las “casualidades” no desempeñasen
ningún papel. Como es natural, las casualidades forman
parte del curso general del desarrollo y son compensadas por
otras casualidades. Pero la aceleración o el desarrollo
dependen en grado considerable de estas “casualidades”,
entre las que figura el carácter de los hombres que encabezan
el movimiento al iniciarse éste».
Otro tema, no menos interesante, profundizado por el profesor
Pretel, es el de las leyes de la dialéctica. Reaccionando
contra el hecho de que Stalin las hubiese reducido a la condición
de rasgos, las define como «el reflejo de las concatenaciones
internas, necesarias y esenciales, que determinan la tendencia
del desarrollo de los objetos y de los fenómenos de la
realidad objetiva, así como del pensamiento, del conocimiento
y de la práctica de los hombres». Tal definición,
para Pretel, supera todo mecanicismo, debido a que: a) no parte
de la negación de la casualidad; b) reconoce la acción
del sujeto sobre el objeto; c) no fetichiza la acción de
las leyes, que no se manifiestan de una manera automática,
sino, todo lo contrario, como leyes-tendencia que se abren paso
a través de obstáculos producidos por la acción
de otras leyes, de contradicciones, etc. Es decir, en función
de las condiciones concretas. De ello surge una pregunta.
En el capitalismo, por ejemplo, ¿también lo es la
de la explotación del hombre por el hombre? Pretel contesta
sin ambages: toda ley es siempre una ley-tendencia. La
ley de dicha explotación lo es también y ello se
debe a que, en la ley, la necesidad nunca se manifiesta de manera
pura. Además la ley no niega la casualidad, no suprime
la acción del conjunto de las interconexiones y tampoco
niega la actividad más o menos consciente de las masas,
etc. Por ello, en el ejemplo de la explotación humana,
Pretel precisa que esa ley se cumple en colisión con la
lucha de los trabajadores por liberarse de la explotación
capitalista. O sea, que se cumple, pero no de una manera pura
y automática. No menos esclarecedor es el planteamiento
que el autor realiza seguidamente: «Pero ¿y en el
socialismo? ¿la planificación de la economía
y del progreso social no conduce a que las leyes-tendencia actúen
simplemente como leyes? El dogmatismo y el neo-dogmatismo han
dado a esta pregunta una respuesta afirmativa, pero, con la planificación,
la espontaneidad de las leyes sólo se mitiga, pero no desaparece,
ni puede desaparecer, ya que el socialismo es también un
proceso histórico natural. Así, de la dialéctica
materialista se desprende que los hombres no pueden suprimir las
leyes objetivas, aunque sean capaces de conocerlas y aplicarlas
conscientemente. Lo único que pueden cambiar es la forma
en que las leyes se realizan. Marx presta a esta cuestión
una atención especial». En definitiva, el libro de
Damián Pretel tiene no sólo utilidad teórica,
sino también práctica. De práctica política.
[1] Damián Pretel: De
la «filosofía del marxismo» a la filosofía
de Marx. Barcelona: Publicaciones para el Debate, 1995.

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