José María Laso Prieto

«Causas y efectos del genocidio que sufre el pueblo iraquí»

Publicado en la revista Utopías - Nuestra Bandera nº 183 (pp 139-161) Seción A Debate. Vol. I 2000; Madrid.

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Introducción 

Existen datos fehacientes para considerar que las dos más importantes manipulaciones informativas, desarrolladas en el último tercio del siglo XX, han sido las que tuvieron como objetivo la denominada Guerra del Golfo, que enfrentó a Irak con los EE.UU. y los conflictos bélicos balcánicos que se desencadenaron como consecuencia de la desintegración de la República Federal de Yugoslavia. Sólo a la desorbitada manipulación informativa, desarrollada por el gran capital monopolista que controla los "mass-media", puede deberse que la opinión pública mundial no haya reaccionado, con una indignación masiva, contra el genocidio que está sufriendo el pueblo iraquí desde hace casi ya una década. 

Tal genocidio, no sólo es impresionante desde el punto de vista cualitativo sino que su faceta cuantitativa está adquiriendo ya proporciones monstruosas. A causa de dicha manipulación, la opinión pública internacional no es todavía consciente de que, como resultado del embargo impuesto al pueblo iraquí - según fuentes fidedignas de organizaciones filiales de la ONU - han perecido ya en Irak más de millón y medio de personas, de las cuales la inmensa mayoría está constituida por niños menores de diez años. Es decir, una cifra de víctimas muy superior a la ocasionada en Centroamérica por la catástrofe del huracán Mitch. Por otra parte, contrariamente a lo que sucede en las catástrofes naturales, no se trata de cifras definitivas de muertos sino de cifras parciales que tienden a multiplicarse. Así, según datos provenientes de organismos de la ONU, cada mes que transcurre, mientras continua el embargo impuesto a Irak, causa un promedio de 6.000 nuevas muertes. Sin perjuicio de profundizar más en el tema, a lo largo de este trabajo, consideramos oportuno recoger algunos de los argumentos y datos que, acerca del genocidio que sufre el pueblo iraquí, se incluyen en el Informe de la Segunda Delegación Española a Irak, editado por el Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. En dicho informe, se precisa que «El grave impacto de las sanciones sobre la población iraquí, ha sido una y otra vez denunciado por Agencias de la ONU, UNICEF, FAO, etcétera y Comisiones Internacionales independientes, incluidas las dos enviadas a Irak por la Campaña por el Levantamiento de las Sanciones a Irak y cuyas conclusiones se presentan en este Informe. Ninguna razón puede justificar la flagrante violación de los derechos humanos que constituye el hecho de someter al conjunto de un pueblo inocente al castigo colectivo de un embargo total, como el que padece Irak desde hace ya cinco años, puesto que en agosto de 1990 se aprobaron las primeras resoluciones de embargo del Estado de Irak. Un solo dato permite conocer mejor la magnitud del sufrimiento que las sanciones imponen al pueblo iraquí. En una combinación mortífera de malnutrición y carencias sanitarias básicas, cada diez minutos muere un niño iraquí como consecuencia directa del embargo. Desde la primera edición de este Informe, otros 52.905 niños murieron en 1994 a causa del embargo, y otros 14.308 entre Enero y Marzo de 1995. Desde que se inició el embargo, 520.000 iraquíes - de ellos 195.000 menores de cinco años - han muerto como consecuencia directa del embargo. 

El destino de aquellos niños que sobrevivan estará definitivamente marcado por la penuria actual. Toda una generación, la nacida bajo el embargo, verá irremisiblemente afectado su desarrollo físico e intelectual como consecuencia de una malnutrición sostenida. El Gobierno iraquí se ha visto obligado a reducir los productos de la cartilla de racionamiento alimenticio en un 36% de su aporte en calorías previo, hasta 1.130 calorías por persona y día, menos de la mitad de la ingesta recomendada por la OMS y la tercera parte de la anterior al embargo. En Octubre de 1994, UNICEF presentó un nuevo Informe en el que se considera que esta medida provocará desnutrición en al menos 3,6 millones de personas y un nuevo incremento de la mortalidad infantil y materna" [1] . Ante este monstruoso genocidio, que continuamente va incrementándose, hay forzosamente que interrogarse por la responsabilidad de quienes lo generan. 

Mediante la manipulación e intoxicación informativa, se ha inculcado en la opinión pública mundial que, en todo caso, la responsabilidad debe ser compartida por ambas partes. Es decir, tanto .por el Gobierno de los EE.UU. como por el de Irak. Sin embargo, tal tesis constituye una falacia. Según se precisa en el Informe de la Segunda Delegación Española a Irak, "En Noviembre de 1993, Irak aceptó la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 715, que prevé un mecanismo de control indefinido de su capacidad militar. Este sistema de vigilancia de 183 centros industriales iraquíes, por medio de cámaras de televisión, visitas regulares y vigilancia aérea y por satélite, es ya provisionalmente operativo desde octubre de 1994, tal y como informó al Consejo de Seguridad de la ONU Rolf Ekeus, presidente de la Comisión de la ONU encargada del desarme iraquí. La presentación del Informe de Ekus abrió el camino para el levantamiento parcial del embargo a Irak. Es decir, a la posibilidad de exportar petróleo para la compra de productos de primera necesidad, tal y como prevé la resolución 687 del alto el fuego, aunque posteriores resoluciones (la 706 y la 712,y la más reciente 986 de Abril de 1995) imponen restricciones, tanto en la cuantía, (el 30% de las ventas se destinaría al pago de indemnizaciones, y una cantidad adicional al pago de las Comisiones de verificación de la ONU) como en el procedimiento (el precio del crudo y de los compradores serían fijados por la ONU) y la distribución de los productos se haría a través de una compañía privada extranjera rechazada por Irak)» [2] .

En la posición sancionadora del Consejo de Seguridad de la ONU, debería pesar la decisión iraquí de reconocer la soberanía de Kuwait y el nuevo trazado de fronteras entre ambos Estados que, fijado en Noviembre dé 1992 por la ONU, fue rechazado incluso por la propia oposición a Saddam Hussein. Si bien Rolf Ekeus afirmaba que Irak ha satisfecho los requerimientos del Consejo de Seguridad de la ONU, en materia de desarme convencional y estratégico, nuclear y químico, en el momento actual el contencioso con las autoridades iraquíes se centra en la clarificación de la determinación iraquí, previa a la guerra, de fabricar armamento bacteriológico. Transcurridos más de ocho años de incesantes búsquedas e inspecciones, por parte de los inspectores de la USCOM sin que se haya logrado descubrir los depósitos de armas de destrucción masiva que se atribuían a Irak, y una vez confirmado - por parte de los propios organismos de la ONU - que tales inspectores se dedicaban fundamentalmente a espiar a las autoridades iraquíes, para pasar tal información a la CIA y al Pentágono, ha desaparecido el pretexto que servía para justificar tanto las continuas agresiones contra el pueblo iraquí como el mantenimiento del actual embargo genocida. Sin embargo, a lo largo de 1999, no sólo se ha mantenido íntegramente el embargo de Irak sino que los EE.UU. han iniciado contra el Estado iraquí una guerra de las denominadas de "baja intensidad" en la que se realizan continuamente bombardeos de supuestas instalaciones militares, con abundantes víctimas civiles (aunque éstas sean consideradas por los agresores como "meros daños colaterales.")

¿Cuál puede ser la causa real de tal obstinación anti-iraquí por parte de la actual Administración norteamericana? Adelantándonos a las conclusiones generales de este trabajo, cabe ya precisar la causa que se expresa en el Informe de la Segunda Delegación Española a Irak y que compartimos plenamente. En el citado Informe, se dice: "Cabe preguntarse cuales son las razones reales por las que los EE.UU. - apoyados por la Gran Bretaña - vetan una y otra vez el levantamiento parcial del embargo a Irak o impide fijar, al menos, un período de prueba del sistema de control de la industria iraquí. Dos son las razones básicas:

 

1)      Responde al compromiso norteamericano con Israel: la necesidad de completar el proceso de paz árabe israelí, en el Oriente Medio, sin el retorno de Irak al escenario político y económico regional, en un esquema de acuerdo que otorga a Israel la ,supremacía político-militar y económica en la zona.

 

2)      Es el resultado de la convergencia de los intereses económicos de los EE.UU. y de las monarquías árabes del Golfo: su oposición común al retorno de Irak al mercado petrolífero manteniendo así una ventajosa situación que beneficia tanto a las petromonarquías como a la industria civil y militar norteamericana engrasada desde el final de la guerra con contratos multimillonarios en la región. Es esta combinación de intereses económicos y políticos la que determina que el esfuerzo solidario por el levantamiento del embargo a Irak no sea solo una exigencia humanitaria derivada del efecto genocida que las sanciones están teniendo sobre la población iraquí. Él fin de las sanciones contra Irak ha de percibirse como un objetivo clave ineludible en la construcción de un orden más justo en Oriente Medio una región que como señala Mahmud Darwish, es el laboratorio de un Nuevo Orden Internacional que comprende la palabra paz como sinónimo de humillación, muerte, dependencia y miseria de los pueblos" [3]

 

Antecedentes históricos.

Él territorio de lo que es actualmente el marco geográfico del Estado iraquí, fue cuna de algunas de las más importantes civilizaciones humanas. Entre los ríos Éufrates y Tigris, se conformó la región denominada Mesopotamia -entre dos ríos- dotada de tal fertilidad que en ella la leyenda ubicó el denominado "Paraíso Terrenal". En esta amplia zona, que podía considerarse privilegiada por la abundancia de agua, tierras fértiles y población laboriosa, florecieron grandes civilizaciones como las de Nínive, Ur, Sumeria, Asiria, Babilonia, etc. que se disputaron bélicamente tan feraz territorio, hasta el punto de convertirlo en lo que bien se puede considerar como el corazón de la nación árabe. El arabista Arturo de Sienes, en su interesante obra titulada "Irak, el creciente fértil", nos proporciona la clave de la simbiosis que se produjo entre árabes y mesopotámicos. Así que al precisar que "Las inconfundibles diferencias entre el árabe y el persa, en sus relaciones con el elemento marítimo, quedan claras. El árabe, de siempre, se ha sentido atraído por el motor de la vida que es el agua, elemento que se condiciona directamente a la dura vida habitual del beduino y al inflexible y tenaz desierto. Así se explican las migraciones de las tribus árabes del sur hacia las costas del norte influenciadas por el instinto de conservación y por la búsqueda del líquido elemento. Esto explica la atención árabe hacia el Arabistán durante la primera fase de su historia. La presencia de los árabes en aquellos territorios data de etapas anteriores al comienzo de nuestra era, logrando estabilidad política, económica y administrativa, tal y como la conocemos en la actualidad, cuando conquistaron aquella región en el año 640 después de J.C., durante el Califato de Omar lbn-Khatab. Puede afirmarse, pues, que al margen de las crisis políticas de la región ésta formaba parte del Imperio Árabe en el que no existían fronteras entre sus provincias. El. Arabistán era entonces un conjunto integrado, dotado de unidad política, religiosa, cultural y administrativa, durante el reinado de los cuatro Califas rachidies, Abu Bakr, Omar, Othmánn y Alí.

El Arabistán mantuvo su indiscutible arabidad hasta el fin del Califato Abásida. Con la llegada de los mongoles, en 1258, que conquistaron el país y destruyeron el Imperio Abásida, el Arabistán, como los demás territorios vecinos, cayó en un período de decadencia, convirtiéndose en punto de mira de las ambiciones expansionistas de Gengis Khan, Tamerlán y otros conquistadores mongoles. Superada la invasión bárbara, e islamizados los mongoles, en el año 1436 la dinastía árabe de los Muchachiiya consiguió reconquistar el Arabistán" [4] . 

Volviendo a la propia historia de Irak, a partir de los califas rachidies, la dinastía de los Abásidas fundó la ciudad de Bagdad en el año 762 de nuestra era y fijó en ella su capital. 

El califato árabe de Bagdad, alcanzó su máximo esplendor bajo el reinado de Harun al Rashid (786-809) y posteriormente de su hijo Mamún (813-833). Bagdad era entonces el centro cultural, político y comercial del mundo islámico. Es decir, por entonces, de todo el mundo. En el año 1546, la expansión del imperio Otomano se extendió a Basora, con el objetivo de debilitarla alianza luso-persa, que en aquella época dominaba en la zona del Golfo Pérsico. 

Desde aquella época, y hasta el siglo XIX, todo el mundo musulmán estaba sometido a la Sublime Puerta, o lo que es lo mismo, a Turquía. Sólo se exceptuaban de esta regla general, los países situados al este de Irak, que eran Persia, Turquestán y la India, en conflicto constante entre sí y a punto de caer en las garras del imperialismo británico; y los países del Magreb; es decir Marruecos, Argelia y Túnez, bajo la creciente influencia de Inglaterra Francia y España a la que se sumó el resto del imperialismo europeo [5] .

Al igual que el conjunto del Oriente Medio, el territorio iraquí estuvo dominado por el Imperio Otomano hasta la Primera Guerra Mundial. Al unirse Turquía a la coalición de Estados que dirigía la Alemania del Káiser los británicos incitaron a los árabes a luchar contra los turcos con esta finalidad, su famoso agente secreto el coronel Láwrence les prometió la independencia si luchaban contra los otomanos. El personaje citado, después conocido como Láwrence de Arabia, prometió a los árabes su independencia, en la forma de un gran Estado árabe que abarcaría a casi todo el Oriente Medio. Tales promesas fueron flagrantemente traicionadas y, mediante los Acuerdos Sykes-Picot, franceses y británicos se repartieron el nuevo botín colonial. Bajo la forma de mandato de la Sociedad de Naciones, Francia se hizo cargo de Siria y el Líbano, alegando unos supuestos derechos histórico-culturales que se remontaban a las Cruzadas y que entonces tenían por objetivo liberar al Santo Sepulcro sito en Jerusalén. A Gran Bretaña, en tal reparto colonialista, le correspondieron los nuevos Estados árabes de Irak y Transjordania, creados artificialmente mediante fronteras trazadas con regla y cartabón. Se fragmentó así todavía más la nación árabe, creando Estados artificiales y satélites del colonialismo. Formalmente independiente, desde Noviembre de 1920, los británicos dominaban y explotaban Irak mediante la monarquía hachemita que habían impuesto por descender su heredero de Hussein, jerife de la Meca y dirigente de la rebelión contra los turcos incitada por Lawrence.

La excesiva presencia e influencia británica en Irak, suscitó la creciente oposición del nacionalismo árabe, que ya se había insurreccionado en Irak - en 1941- bajo la dirección de Rachid Alí el Galiani. Sin embargo, al tener lugar esta rebelión nacionalista en plena Segunda Guerra Mundial, los británicos pudieron fácilmente descalificarla acusándola de colaboracionismo con los nazis. La insurrección fue finalmente aplastada por tropas británicas que recuperaron el territorio iraquí., El Ejército británico ocupó también Siria y el Líbano que estaban entonces controladas por tropas al servicio del Gobierno colaboracionista de Vichy. Con el triunfo final de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, volvió a restablecerse en Oriente Medio el régimen colonial franco-británico. Sin embargo, la agitación nacionalista árabe obligó pronto a los franceses a abandonar el Oriente Próximo. 

En Irak, totalmente subordinado al imperialismo británico a través del joven rey Feysal, del regente Abdullah y del primer ministro Nuri Said, todos ellos veteranos colaboradores del colonialismo británico, la situación era semicolonial. Por ello, las tensiones nacionalistas estallaron finalmente el 14 de Julio de 1958. La monarquía hachemita fue derrocada ese día por un alzamiento cívico-militar que también acabó con la vida de los principales agentes británicos en Irak. El alzamiento fue promovido por una amplia coalición de la que formaron parte militares nacionalistas, nasseristas, baasistas (del Partido BAAS o Partido Socialista Árabe) y comunistas. Como consecuencia de este proceso revolucionario, Irak quedó constituida en República, con el general Kassen como primer presidente. Un año más tarde sufrió Kassen un atentado en el que resultó herido. En 1961 fue sofocado militarmente un levantamiento kurdo que careció de objetivo definido. Los kurdos, presionados por su dirigente Muley Mustafá el Barzani, vuelto de su exilio en la URSS, habían apoyado el alzamiento de Kassen. Kassen, en reciprocidad, apoyó la propuesta para la creación de un nuevo Estado, el Kurdistán, que reuniría a la población kurda dispersa por Turquía, Irán, Irak, Siria y la URSS.

Después, el 25 de Junio de 1961, Kassen exigió la anexión del Emirato de Kuwait que había formado siempre parte de la provincia otomana de Basora. El Emir de Kuwait aprovechó su tratado con los británicos para pedir ayuda a Gran Bretaña que envió tropas, tanques y aviación para apoyar al Emir. Ello suscitó la protesta de Irak, la URSS y otros países. Kuwait consiguió ingresar en la Liga Arabe, pese a la oposición del general Kassen, pero amenazó con retirarse de la Liga si no se anulaba la admisión del Emirato de Kuwait. El 12 de Septiembre de 1961, comenzaron a llegar a Kuwait tropas árabes para reemplazar a las tropas británicas que abandonaron el Emirato el 10 de Octubre. No por ello Irak renunció a su reivindicación sobre el territorio de Kuwait. En Febrero de 1963, el general Kassen, derrocador de la monarquía hachemita, fue a su vez derrocado, y ejecutado, por un movimiento revolucionario que instauró un régimen político baasista. El Gobierno del Bath, o BAAS, duró sólo hasta Noviembre de 1963, en que se hizo con la presidencia de la República Iraquí el general Abdul Salam Mohammed Aref. Fue nombrado primer ministro el general Yahya, quién dimitió el 14 de Noviembre de 1964, aunque a petición de Aref, formó nuevo Gobierno con un programa destinado a resolver el problema kurdo y fomentar la unión con la República Árabe Unida (RAU). En Abril de 1966, el general Aref pereció en un accidente de helicóptero y fue sustituido por su hermano Rahmán que, en el mes de Junio, logró un acuerdo con el dirigente kurdo Barzani para una solución autonomista, en el seno del Estado iraquí, del problema político que suscitaba la existencia de la importante minoría étnica kurda. El 17 de Julio de 1968 el régimen político del general Aref fue derrocado por un golpe militar incruento que supuso la vuelta al poder del Partido BAAS, que desde entonces ha mantenido su dominio del aparato estatal iraquí.

El Partido BAAS fue fundado el 7 de de Abril 1947 por el sirio Michel Aflak y se definió como un partido árabe socialista que tenía por finalidad la emancipación de la nación árabe de cualquier dominación colonialista o imperialista. Para el Partido BAAS, existe una única nación árabe no obstante el hecho de que ha sido fragmentada por el colonialismo en diversos Estados. Actualmente, el Partido BAAS gobierna tanto en Siria como en Irak, aunque los dirigentes de los respectivos partidos se hayan enfrentado por discrepancias políticas en diferentes etapas. Aunque se define como socialista, según su programa, el Partido BAAS combatió con frecuencia a los comunistas, y no sólo por razones políticas, sino también de principio, la que se opone -según dicho programa - a diversos aspectos de la filosofía marxista, concretamente a su posición sobre el nacionalismo, y a su teoría del materialismo histórico, es decir, a su interpretación materialista de la historia." [6]  

Aunque la denominación "Revolución de 1968" pueda producir otra impresión, fue dirigida inicialmente por el ala derecha del Partido BAAS. Sin embargo, poco después ya fue considerada como una revolución progresista. El 17 de Julio de 1968 fue designado presidente de la República el general Ahmed Hassan Bake, que representaba al ala militar del Partido BAAS. A finales de 1968, se iniciaron detenciones masivas de diversos sectores de la Oposición: comunistas, socialistas, baasistas de izquierda, nacionalistas árabes independientes, etc. En Abril de 1970, se reabrió el problema kurdo ya que ésta importante minoría étnica estimó que no se había hecho realidad el espíritu de los acuerdos concertados con el Gobierno iraquí y que, de hecho, su representatividad en el Gobierno de coalición iraquí era ficticia. Por su parte, el Partido Comunista de Irak lanzó una fuerte requisitoria contra la pretendida liberalización del régimen baasista y rompió toda colaboración con él. A su vez el Partido BASS, médula política del régimen gobernante, temía planteados toda una serie de problemas a partir de su propia división interna entre el sector civil del partido, más progresista y flexible, y el sector militar del mismo partido, memos propicio a la liberalización de los estamentos gubernamentales. También respecto al problema de la autonomía de la población kurda, se daba la misma división en el Partido BAAS. En estas pugnas internas de los baasistas, Saddam Hussein representaba a la sección civil del BAAS y, gracias a ella, fue ascendiendo en la jerarquía del Partido y del Estado. Éste ascenso se aceleró a partir de 1973, a causa del fracaso del intento de golpe de Estado del coronel Nazen Kasser, jefe de la policía secreta, que se había hecho impopular por su rigor represivo contra la oposición. Después del fusilamiento del coronel Kassar, el Gobierno iraquí procedió a urgentes reformas en la composición del Consejo Revolucionario y estableció un "Pacto de Acción Nacional" con el Partido Comunista, que así pasaba por primera vez a la actividad legal desde su fundación en 1934. Sin embargo, con posterioridad, se produjo la ruptura de tal pacto y desde entonces el Partido Comunista del Irak se ha negado a realizar ninguna colaboración con el régimen político hegemonízado por el Partido BAAS. 

Al pasar el general Al Bakr a desempeñar la presidencia de la República, Saddam Hussein alcanzó la vicepresidencia del Gobierno, a la vez que la Secretaría General del Partido BAAS. Él 16 de Julio de 1979 sucedió en la presidencia de la República al general Al Bakr y desde entonces dirige tanto la política nacional como la internacional de Irak. En Tarek Azíz, de religión cristiana maronita, ha encontrado Saddam Husseín un colaborador muy eficaz. Hay que reconocer que la demonización actual de Saddam Husseín -por parte del Gobierno y de los medios de comumicación de los EE.UU.- es muy reciente. EE.UU. y sus aliados, apoyaron fuertemente a Irak en la guerra contra Irán para que el Estado Iraquí sirviese de muro contra la expansión de la revolución chiíta jomeinista.

 

La guerra iraco-iraní.

Existen diversas interpretaciones sobre las causas que dieron lugar al prolongado conflicto bélico entre los Estados de Irak e Irán. Las diferencias sobre la delimitación de fronteras, entre ambos Estados del Oriente Medio, se remontan hasta la fecha de la propia independencia de Irak. El Gobierno iraquí siempre consideró como insuficiente el acceso otorgado a su Estado en la ribera del Golfo Pérsico. Tampoco estimaba justa la delimitación del estuario del Chatt el Arab - que constituye la desembocadura conjunta de los ríos Éufrates y Tígrís - realizada en aplicación de las normas del Derecho Internacional.

No obstante, en la década del 60, el Gobierno iraquí entró en negociaciones con el iraní para resolver el litigio fronterizo y, en los denominados "Acuerdos de Argel", prácticamente congeló sus reivindicaciones fronterizas. Fue una concesión realizada al Gobierno del Sha, para que éste le apoyase en su campaña contra los kurdos iraquíes. Con el derrocamiento del Sha, y el .debilitamiento del Ejército iraní como consecuencia de la revolución jomeinista, el Gobierno iraquí consideró qué había surgido una oportunidad para resolver el litigio fronterizo manu militari. Tras denunciar los Acuerdos de Argel, pero sin previa declaración de hostilidades, el 23 de Septiembre de 1980, las tropas iraquíes penetraron en el territorio de Irán. En su ofensiva Irak contó con el apoyo diplomático de la gran mayoría del mundo árabe, con, las notables excepciones de su vecina Siria - también gobernada por el Partido BAAS - y de Libia, cuyos Gobiernos expresaron su apoyo al Irán dirigido por Jomeini. Jordania fue el más activo aliado de Irak, al que sirvió de segura ruta de tránsito para los pertrechos bélicos y los avituallamientos alimenticios gracias al puerto de Akaba. Además las bases aéreas jordanas acogieron a una parte de, la aviación iraquí, proporcionándole una retaguardia alejada de los ataques aéreos iraníes. Los Emiratos del Golfo y la rabia Saudita proporcionaron a Irak su ayuda financiera. Así, en Abril de 1981, la Arabia Saudita concedió a Irak un préstamo de 6.000 millones de dólares y Kuwait otro de 2.000 millones. Los Estados conservadores del Golfo Pérsico apoyaron al Gobierno de Bagdad no por solidaridad ideológica con éste - al contrario, el Partido BAAS, que detenta el poder en Irak, se autocalifica de "socialista" y había sido hasta poco antes de la guerra un acerbo crítico de las familias reinantes en la región del Golfo - sino por temor del expansionismo proselitista de la denominada "Revolución Islámica" postulada por el Irán dirigido por Jomeini: era, en definitiva, el temor a correr la misma suerte que el Trono del Psvo Real había sufrido en Teherán en 1979, si sus propias masas llegaban a contagiarse de los principios revolucionarios chiitas. Girando su política, el presidente Saddam Hussein dejo de considerar como "regímenes feudales" a sus vecinos meridionales y, en cambio, comenzó a potenciar la solidaridad interárabe como el eje de su política exterior. Solidaridad entendida no solo frente al enemigo común israelí, sino - como novedad- frente a los persas, a los que se redescubría cono multiseculares enemigos de la nación árabe e, incluso, como opresores de una parte de la misma: la provincia suroccidental del Irán llamada Juzestán, pero a la que en el ámbito árabe se denomina "Arabistán" por estar poblada en gran parte por árabes.

Este acercamiento a los gobiernos árabes conservadores, estrechos aliados de los EE.UU. en la región del Golfo, se prolongo en un visible deshielo de las anteriormente frías relaciones con la superpotencia norteamericana. Proceso éste que se vio favorecido por coincidir en el tiempo con la fase más aguda del enfrentamiento entre Washington y Teherán por el secuestro en esta última ciudad de medio centenar de diplomáticos estadounidenses. Paralelamente, en esta etapa, Irak aflojo de modo notable sus anteriormente estrechos vínculos con la otra superpotencia, la Unión Soviética, aunque sin llegar a renunciar de modo formal el tratado de Amistad con ella. En este contexto bélico y de gran movilidad diplomática, tuvo lugar un hecho inesperado que supuso un duro golpe para la credibilidad defensiva de Irak: el fulminante ataque de la aviación israelí contra un reactor nuclear que se hallaba en construcción en las cercanías de Bagdad, (7 de junio de 1981) el reactor de tipo OSTRAK, que estaba siendo montado bajo dirección francesa, resultó totalmente destruido. Los atacantes regresaron a Israel sin sufrir ninguna baja por parte de la defensa aérea iraquí. Según el Gobierno israelí, el objetivo aniquilado estaba destinado a construir armas nucleares. Saddam Hussein consiguió después que Arabia Saudita anunciase que financiaría la construcción de otro reactor nuclear. Francia, por su parte, hizo público que volvería á asumir la parte técnica en la obra, aunque con controles más estrictos para prevenir su eventual utilización con fines militares. 

Respecto a la responsabilidad en el comienzo de las hostilidades, las acusaciones han sido recíprocas. Tareq Aziz publicó varios artículos de prensa - después editados en un libro titulado "El conflicto iraco-iraní: Polémica e interrogantes [7] ."- En tales artículos y libro, Tarea Aziz responsabiliza del comienzo de la guerra a las autoridades iraníes, aunque sus argumentos resultan poco convincentes. En cuanto a la revolución chiita, la actitud iraquí fue de un cierto recelo inicial por temor a la influencia que podría ejercer sobre sus propios chiítas, calificados de "parientes pobres de la sociedad y del poder" a pesar de ser más numerosos que los sunnitas irakíes. Poco a poco se fue superponiendo a esta reticencia -no admitida de modo oficial- la tradicional rivalidad entre los dos países, e, incluso, más aún, el milenario enfrentamiento entre árabes (Irak) y persas (Irán). Las acusaciones mutuas fueron aumentando de tono gradualmente y menudearon las escaramuzas fronterizas a lo largo de 1980. Así se llegó hasta la denuncia de los Acuerdos de Argel, de 1975, respecto al Chatt el Arab. El Gobierno iraquí volvió a considerar como exclusivamente suyas las aguas de este importante estuario, en cuya ribera se asienta su puerto principal, Basora, pero en el que también se encuentran los principales puertos iraníes de Jhorransar y Abadán, ambos en la orilla izquierda. Esta denuncia fue formulada el 17 de Septiembre de 1980. Seis días más tarde, sin previa declaración de guerra, las tropas iraquíes cruzaron la frontera y penetraron en territorio iraní. Cogido desprevenido, el Ejército iraní retrocedió varios kilómetros en las distintas zonas en que se produjo el ataque. 

Después, repuesto ya de la sorpresa inicial, consiguió paralizar el avance iraquí. La única conquista iraquí importante, tres meses después del comienzo de las hostilidades, fue el puerto de Jhorranshar. En cambio, por ambas partes, las destrucciones fueron cuantiosas. Al penetrar en territorio iraní el Ejército iraquí comenzó un bombardeo masivo de las vitales instalaciones petrolíferas de Irán. Tras ocupar una franja de territorio iraní, con algunas ciudades importantes, los iraquíes pusieron cerco a Abadán y destruyeron su refinería que, durante muchos años había sido la mayor del mundo; dañaron la gran terminal de crudos de la isla de Jara, hasta conseguir dejarla fuera de servicio, inutilizando prácticamente la acería de Ahwatz, y causaron otros daños en objetivos económicos de gran importancia. Alrededor de millón y medio de personas huyeron o perdieron sus hogares en la zona del frente. Poco después se pasó a una fase de guerra de posiciones y de desgaste, la cual se prolongó durante un año, como sí cada bando tratara de agotar la reserva de armas y de municiones del contrarió. Tras un año, de guerra, las tropas iraquíes iniciaron una contraofensiva en Septiembre de 1981, que duró hasta el mes de Diciembre siguiente, en la cual consiguieron levantar el cerco de Abadán y recuperar, entre otras, la ciudad de Bostán. 

Empero iba a resultar más decisiva la iniciativa bélica de Irán que iniciada el 22 de Marzo de 1982, en apenas dos meses, expulsó a, las tropas iraquíes de su territorio. La reacción del Gobierno iraquí -fue decretar un alto el fuego unilateral, seguido entre 20 y el 29 de Marzo, por las pocas tropas propias que conservaba en el territorio iraní. Sin embargo, los cañones no permanecieron mucho tiempo en silencio: el 14 .de Julio de 1982, 800.000 soldados iraníes penetraron en territorio Iraquí en una ofensiva cuyo objetivo era conquistar el puerto de Basora. Para el Gobierno iraní, se trataba ahora, de exigir al país que había adoptado la iniciativa de la agresión en 1980 que pagara las indemnizaciones de guerra pertinentes, al mismo tiempo que demandaba la destitución y el procesamiento del "traidor al Islam y renegado Saddam Hussein", condiciones ambas que debían ser cumplidas para detener el avance iraní. 

Durante esta etapa, toda la política iraquí estuvo subordinada a la guerra contra irán. Una guerra en la que las operaciones de ambos beligerantes se equilibraron en diversos períodos y que después se estabilizó en una fase crítica para Irak, con su capital, Bagdad, amenazada y también su principal puerto: Basora. En Octubre de 1982, las tropas iraníes abrieron un nuevo frente en territorio de Irak, mientras que la rabia Saudita emitió un comunicado pidiendo a ambos contendientes que pusiesen fin a la guerra, mientras que Sudan anunció el envío de tropas a Irak para combatir contra Irán. En Noviembre del mismo año, Irak reanudó sus bombardeos contra la retaguardia iraní. Poco después el Alto Mando de Irak anunció el hundimiento de cinco petroleros extranjeros en la terminal de la isla de Jarq. 

Por su parte, la Cruz Roja Internacional denunció prácticas inhumanas con los prisioneros de guerra por ambos contendientes. En Julio de 1983 se produjo la primera penetración iraní por la parte septentrional de Irak, en una amplía ofensiva, Irak solicitó ayuda de Turquía para poder continuar su guerra contra Irán. En un mensaje de Saddam Hussein al presidente turco, se insistía en la necesidad de salvaguardar el oleoducto que va desde el norte del Irak hasta el Mediterráneo turco, y el Gobierno de Ankara advirtió al de Teherán que no aceptaría que el oleoducto fuese cortado, ese oleoducto resultaba vital para Irak, al negarse Siria al paso de los crudos iraquíes y haberse recrudecido la Guerra en el Golfo, hasta el punto de hacerse muy difícil el tránsito de crudos para ambos beligerantes. En Noviembre de 1983, una nueva ofensiva iraní, en el Kurdistán iraquí, volvió a causar al Ejército de Irak importantes pérdidas. Por su parte, el semanario alemán "Der Spiegel" aseguraba que la guerra entre Irak e Irán era uno de los mayores negocios, para los fabricantes de armas del mundo, de los últimos decenios. 

La guerra continuó a lo largo de 1983, en similares condiciones y con victorias parciales de ambos contendientes, aunque con un desgaste superior de Irak, que vio la guerra en su propio territorio después de sus ofensivas victoriosas de los primeros meses de la guerra. El Gobierno iraquí, a su vez, denunció que Iran intentaba provocar la caída de Saddam Hussein, por considerarle, los jomeinistas, dirigente de un régimen ateo, que adoctrinaba a sus prisioneros de guerra para convertirlos en enemigos de la revolución islámica iraní. En Febrero de 1984 la aviación de Irán bombardeó ciudades iraquíes por primera vez en dieciocho meses y lanzó una nueva ofensiva para aislar a Bagdad del sur del país. Sin embargo, Irak mantuvo una superioridad técnica sobre Irán, reflejada sustancialmente en la aviación, para la que contaba con los suministros recibidos de la URSS, incluyendo cohetes con un radio de acción de 800 kilómetros, y de Francia, que suministró a Irak gran parte de su material aéreo. Pese a ello, el Gobierno iraní anunció el 21 de Febrero que sus tropas habían alcanzado la importante posición de Chatt el Arab -punto de encuentro de los ríos Tigris y Éufrates- tras haber abierto un nuevo frente en la provincia de Basara. Con la nueva ofensiva iraní quedó abierto un frente de 500 kilómetros, desde Basora a la zona de Kut y Badra. Por su parte, Irak tras bombardear una vez más la terminal petrolífera de Jarq, con lo que pretendía provocar un colapso de las exportaciones petrolíferas iraníes, a la vez que intentó en vano recuperar los islotes petrolíferos de Mayub ocupados por Irán. 

En marzo de 1983, EE.UU acusó a Irak de haber utilizado armas químicas para hacer frente a la última ofensiva iraní. Acusación basada, entre otros datos, en que soldados iraníes habían sido tratados de dolencias producidas por armas químicas en los hospitales de Estocolmo y Viena, mientras que los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) -Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Quatar, Emiratos Árabes Unidos y Omán- apoyaban la petición iraquí de una Cumbre árabe en Bagdad. En tal reunión de la Liga Árabe, que se desarrolló el 14 de Marzo, Irak pretendió que los países árabes presionaran a los occidentales para que suspendieran su comercio con Irán. Por su parte, el presidente de Siria, que apoyaba todas las acciones contra Irak, denunció las iniciativas de los países del Golfo, de las que manifestó que estaban destinadas a prolongar la guerra evitando la victoria de Irán. En Junio del mismo año comenzó una tregua en los bombardeos a objetivos civiles y los ministros de Asuntos Exteriores (CCG) finalizaron una nueva reunión con una condena moderada del régimen iraní. Y pese al intento de concertar acuerdos para respetar los intereses de los países neutrales, unos días más tarde Irak anunció la destrucción de cinco buques petrolíferos que navegaban en convoy hacia el puerto iraní de Bandar Jomeini. Por su parte, el Gobierno de Teherán confirmó que en los últimos bombardeos había resultado muy dañada la terminal petrolífera de Jarq, punto vital para la exportación del crudo iraní. En Agosto, Irak firmó un nuevo acuerdo con Turquía para la construcción de un nuevo oleoducto con una capacidad de bombeo de más de un millón de barriles diarios. Oleoducto que enlazaría los yacimientos de Kírkuk con el puerto turco de Yurmatalík. 

Por otra parte, la guerra iraco-iraní ha sido el centro de numerosos problemas en la zona del Golfo Pérsico. Del recrudecimiento de los enfrentamientos entre los países árabes, de la agresión a los navíos de terceros países neutrales y de la ruina progresiva de ambos contendientes. La propia continuidad del conflicto bélico amenazaba con su extensión. Así, en Mayo de 1984, Irán atacó a un buque kuwaití en el Golfo Pérsico y buques de varias nacionalidades fueron alcanzados por proyectiles de ambos beligerantes. A su vez, Egipto acusó a Irán de minar las aguas del canal de Suez, en una operación contra países neutrales, que ocasionaba numerosos daños y creaba el riesgo de bloqueo del canal mientras tanto, la guerra inacabable con Irán siguió condicionando la política iraquí tanto en el interior como en las relaciones internacionales. Al mismo tiempo que en los frentes bélicos, la contienda era impulsada por Irán mediante su apoyo a la población chiita irakí para que ésta rompiese sus lazos con el Gobierno iraquí y apoyase a las tropas iraníes a pesar de los llamamientos de Jomeini para unirse a la revolución chiíta, ésta permaneció fiel al Gobierno iraquí. Sólo los seguidores de la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica de Irak, que agrupa a los núcleos clandestinos de inspiración religiosa apoyaron a Irán en la guerra. En Diciembre de 1985, Saddam Hussein se trasladó a Moscú en una visita sorpresa, la primera desde su llegada al poder en 1979, y se entrevistó con los dirigentes soviéticos. Su objetivo debió ser doble: de un lado, aumentar el suministro de armamentos por parte de la URSS y, de otro, que la Unión Soviética mediara para poner fin a la guerra. 

El 6 de Marzo de 1985, comenzó la fase de la contienda denominada "guerra de las ciudades" con el bombardeo de objetivos civiles por ambos beligerantes. Simultáneamente se inició una nueva ofensiva iraní en la zona de las marismas y ciénagas del frente meridional. Un mes más tarde, fracasó una misión de conciliación realizada por Javier Pérez de Cuellar, Secretario General de la ONU. En esta fase del conflicto, la mayor intransigencia se dio por parte de Irán. En dos ocasiones -durante seis semanas entre Abril y Mayo y dieciséis días de Junio- Irak suspendió sus ataques aéreos sobre las ciudades iraníes, como "gesto de buena voluntad", que pudiese propiciar la apertura de negociaciones. Sin embargo, éstas no llegaron a comenzar. Tras nuevas ofensivas iraníes, entre Julio y Septiembre de 1985, tanto en las marismas meridionales como en el Kurdistán iraquí, y de repetidos ataques iraquíes contra la terminal de la isla de Jarq, en Febrero de 1986 se produjo un salto cualitativo en el conflicto bélico: las tropas iraníes consiguieron cruzar, por primera vez desde el comienzo de la guerra, el Chatt el Arab y ocupar la ciudad de Al Faw (o Fao) único puerto marítimo de Irak y acceso de éste a la terminal petrolífera de Jhor al Amaya. 

En Febrero de 1986, la República Islámica del Irán, celebró el séptimo aniversario de su proclamación, subsiguiente a la huida del Sha Reza Pahleví, realizando una ofensiva de gran alcance psicológico en el frente meridional. En efecto, el hecho de que por primera vez en los seis años largos de guerra, las tropas iraquíes lograran cruzar el Chatt el Arab y desembarcar en la margen derecha (o iraquí) del mismo, puso de relieve el alto grado de organización y capacitación alcanzado por los ejércitos iraníes, relegando al olvido los momentos iniciales del conflicto, en 1980-81, cuando se hallaban desmoralizados, desentrenados y hasta desmovilizados, como consecuencia de las depuraciones llevadas a cabo en Irán entre los militares profesionales sospechosos de lealtad al derrocado Sha o de tibieza en sus convicciones islámicas. Además el cruce del curso fluvial fue llevado a cabo, en parte, con la ayuda de numerosos especialistas navales creando el efecto sorpresa sobre el enemigo. Una vez conquistada Fao, las tropas iraníes acometieron un rápido despliegue bifronte que, en Febrero de 1986, trató de alcanzar la frontera de Irak con Kuwait y, por otro, amenazar al gran puerto fluvial iraquí de Basora. Sin embargo, al mediar el año, las mejores tropas iraquíes impidieron la conquista de Basora y de nuevo el frente se estabilizó. 

En el plano político, durante los años de la guerra iraco-iraní, se evidenció la mayoritaria lealtad de las poblaciones de uno y otro país hacia sus respectivos Estados nacionales. Así ni la minoría árabe que puebla el Juzestán (o Arabistán) , en el suroeste de Irán, se ha rebelado contra el régimen impuesto en Teherán ni la población chiíta de Irak ha hecho causa común con las tropas chiitas de Jomeini. En el primer caso, el régimen iraquí cometió un claro error de cálculo al esperar que los habitantes de Arabistán, árabes de estirpe y lengua y musulmanes sunnitas de religión, iban a recibir como liberadores a los ejércitos de un Irak árabe y controlado por los sunnitas, lo que no fue así en absoluto: la lealtad a un Estado en el que están integrados desde siglos -a pesar que el mismo sea persa no árabe y musulmán chiita y no sunnita- prevaleció sobre cualquier tipo de consideración étnica, o lingüística o religiosa. Hecho de la mayor trascendencia para Irán, ya que Arabistán o Juzestán encierra en su subsuelo lo esencial de las riquezas petrolíferas del país. Algo equivalente ha ocurrido en Irak, por lo que concierne a su población chiita, la cual es ligeramente mayoritaria en el conjunto del país y, sin embargo, ha estado históricamente marginada del poder político y económico por los sunnitas no obstante representar estos menos del 50% del total de ciudadanos iraquíes. Es por ello por lo que la propaganda iraní trató de captar para la causa del fundamentalismo chiita de Jomeini a los chiitas del Irak, intentando establecer con ellos una solidaridad religiosa por encima de las fronteras estatales. Esfuerzos de todo punto infructuosos, ya que los iraquíes cerraron filas, tanto sunnitas como chiítas -árabes unos y otrosfrente al enemigo histórico representado por los persas iraníes. 

Durante todo 1986 las operaciones militares se mantuvieron activas en la forma descrita. En Marzo siguiente, la aviación iraquí bombardeó la terminal petrolífera iraní de Sirri y, en Noviembre, la de Larak. Al estar situadas a una distancia entre 800 y 1.250 kilómetros del territorio iraquí más cercano, Irán consideró que los aviones atacantes habían gozado de facilidades de escala en  bases de Kuwait y de los Emiratos Árabes Unidos. Irán replicó al bombardeo, atacando a su vez, con misiles tierra-tierra, las instalaciones petrolíferas de Kirkuk de las que salen tres cuartas partes de las exportaciones de crudos de Irak. Asimismo aumentó la presión en todos los frentes: en el norte, en el Kurdistán iraquí, apoyando a los kurdos locales en rebelión armada contra el Gobierno de Bagdad; en el centro, recuperando Mehrrán en Julio; y, sobre todo, en el sur, con continuos ataques de sus tropas, los cuales no consiguieron modificar sustancialmente las respectivas posiciones sobre el terreno. El 24 de Diciembre de 1986 Irán desencadenó una nueva gran ofensiva, la "Kerbala 4" con intervención de cientos de miles de hombres. Empero tampoco esta vez logró estrangular a Basora. 

A lo largo de 1987 no hubo modificaciones sustanciales en la situación de los frentes pero se incrementaron las iniciativas políticas y diplomáticas para poner fin a la Guerra del Golfo. Así el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la resolución 598, la cual exigía un inmediato alto el fuego entre Irak e Irán. Irak se mostró dispuesto a aceptarla pero el Gobierno iraní, sin rechazarla formalmente, la calificó de "injusta". Durante el mes de Julio, un avión de pasajeros de la compañía iraní "Irán Air", que surcaba el estrecho de Ormuz, fue derribado por el crucero norteamericano "Vincennes" oficialmente por un error: perecieron todos sus tripulantes, 290 personas en total. Por otra parte, los sucesivos reveses de las tropas iraníes en los campos de batalla, junto con la negativa evolución de su posición diplomática, pesaron en los ánimos del régimen iraní hasta el punto de llevarle a aceptar la resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada un año antes. Sin embargo el Gobierno de Irak puso en duda la sinceridad del cambio de actitud de su enemigo, por lo que los combates continuaron. Por fin, en Agosto de 1988, intensas negociaciones, auspiciadas personalmente por el secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuellar permitieron a éste anunciar oficialmente en Nueva York un acuerdo de alto el fuego. Se produjo una tregua de hecho en los frentes, desde el día 8, y el día 20 de Agosto de 1988, con la llegada a dichos frentes de 350 observadores militares de la ONU entró formalmente en vigor un armisticio. La primera Guerra del Golfo había concluido. 

El régimen político iraquí, hegemonizado por el Partido BAAS, quien iniciara la Guerra del Golfo al invadir Irán en Septiembre de 1980, logró sobrevivir a la devastadora contienda; a pesar de no haber alcanzado ninguno de los objetivos que pudieran motivarle a desencadenarla -ganancias territoriales, control del estuario de Chatt el Arab, derrocamiento del régimen chiíta de Jomeíní- Además de la gran sangría humana, ambos contendientes se hallaban en 1988 exagües en muchos otros aspectos, incluidos los de tipo financiero, armentístico y hasta político. Así que cuando el Gobierno iraní aceptó finalmente la resolución 598 del Consejo de Seguridad de la ONU, el Gobierno iraquí vio en la decisión de su enemigo una gran oportunidad de salir del callejón sin salida en el que se hallaba sumido. Por ello, cinco días después de la fecha del armisticio comenzaron en Ginebra, también con la participación personal de Pérez de Cuellar, conversaciones bilaterales entre Irak e Irán encaminadas a obtener una paz definitiva. 

 

La Segunda Guerra del Golfo y sus consecuencias.

Por su magnitud, número de tropas que participaron, armas sofisticadas de todo tipo utilizadas, explosivos lanzados contra el territorio y el pueblo iraquí, devastaciones urbanas y de la infraestructura de la sociedad iraquí, etc, la segunda guerra del Golfo excedió mucho a la primera. Sin embargo, por el número de víctimas humanas no fue así debido a que su duración fue mucho más corta. No obstante, este dato es sólo válido si se tienen en cuenta las acciones bélicas específicas ya que de tener en cuenta las víctimas del embargo subsiguiente a la Guerra del Golfo, el número de víctimas humanas sería mucho mayor en la segunda contienda bélica. 

En cuanto a las causas que ocasionaron este segundo conflicto bélico en el Oriente Medio, como de costumbre las versiones de las partes participantes no pueden ser más dispares. Incluso quienes, por razones profesionales, han pretendido alcanzar una cierta objetividad en el análisis, acaban condicionados por el medio en el que actúan. Así, en trabajos monográficos dedicados a describir, o a analizar, la segunda Guerra del Golfo, se dice, entre otras afirmaciones, lo siguiente: "La Guerra del Golfo de 1991 entre Irak y una coalición internacional pondría de relieve el complejo amasijo de intereses que confluyen en el llamado "polvorín del Oriente Medio". Con el fin de las acciones contra Irán en 1988, Irak saldría reforzado de la larga y sangrienta guerra como la principal potencia de la región. A pesar de los anhelos expansionistas de Bagdad y las graves violaciones de los derechos humanos, el régimen laico y de inspiración socialista de Saddam Hussein se beneficiaría de una actitud favorable hacia él de las potencias occidentales, que trataban de aumentar su influencia en este estratégico país, segundo productor de petróleo de la región y freno a los desestabilizadores vientos del nuevo fundamentalismo islámico que soplaban desde Irán. Al mismo tiempo los EE.UU. trataban de debilitar los vínculos existentes entre Irak y la entonces Unión Soviética. La industria armamentística de Occidente contribuiría decisivamente, de manera más o menos encubierta, al fuerte rearme iraquí. 

A comienzos de 1990, la política de Saddam Hussein se iba tornando cada vez más agresiva. En Marzo los funcionarios de aduanas británicos interceptaron un cargamento de detonadores nucleares y componentes de un supercañón destinado a Irak. Creció la evidencia del apoyo de Irak a terroristas palestinos. Saddam amenazó con bombardear a Israel con armas químicas. En Marzo un periodista iraní residente en el Reino Unido fue acusado de espionaje y ejecutado en Irak, ante la indignación generalizada de la opinión pública en el exterior. Esta escalada de tensión desembocaría finalmente en la anexión de Kuwait el 2 de Agosto de 1990. Los EE.UU. mantendrían su política proiraquí hasta este último estallido de las relaciones internacionales. Días antes de la agresión contra Kuwait, el presidente norteamericano George Bush, que después de la guerra calificaría a Saddam como "peor que Hitler", se opuso a las restricciones contra Irak votadas por el Congreso de su país" [8] . 

Sin embargo, en el mismo trabajo monográfico, se proporciona, como antecedentes del conflicto, el siguiente argumento: "El pequeño, pero riquísimo en petróleo, Emirato de Kuwait había sido objeto, ya desde su independencia del Reino Unido en 1961, de las apetencias irredentistas de su vecino noroccidental, la República de Irak. En efecto, en el año citado, apenas un año después del acceso a la soberanía, Kuwait hubo de invocar el recién firmado tratado de defensa con la antigua potencia tutelar para hacer frente a la amenaza de invasión por parte del entonces presidente iraquí el coronel Kassem: el rápido despliegue de tropas británicas impidió que tal amenaza se pusiera en práctica. El régimen iraquí de aquella época consideraba, lo mismo que el actual, que Kuwait no es sino una parte más del territorio patrio, segregada artificialmente por el colonialismo británico con el fin de controlar mejor la región por medio de estados clientes -la politica de "Divide et inpera"-. Cuando se descubrió que esa parcela de suelo iraquí flotaba casi enteramente sobre un mar de petróleo, el interés de Londres y de Washington por la "independencia" de Kuwait alcanzó el nivel de prioridad estratégica. Tal sería someramente, la línea central del discurso de Bagdad al respecto. Ahora bien, si el régimen de Kassen fue fácil de disuadir en 1961, dado su precario potencial militar, el de Saddam Hussein contaba en 1990 con un arsenal cuantitativa y tecnológicamente impresionante -aunque no fuera, ni mucho menos el cuarto ejército de el mundo como llego a decir la propaganda de sus adversarios antes de derrotarloSaddam había podido gastar en armamentos enormes sumas de dinero, gracias a que Irak era un importante exportador de petróleo y la venta no se había detenido durante la larga guerra contra Irán (1980-88). Además, durante ésta, había contado con el generoso apoyo financiero de las acaudaladas monarquías petroleras del Golfo: Arabia Saudita, en primer lugar, pero también, irónicamente, el mismo Kuwait que luego sería su víctima. Tal generosidad, por parte de estos regímenes conservadores hacia el baasaismo iraquí, teóricamente un sistema de socialismo revolucionario, venía motivada por el miedo que sentían ante la eventualidad de una expansión del fundamentalismo islámico del Irán de Jomeini. Por otro lado, y aunque por razones diferentes, tanto Washington como Moscú veían graves peligros en el eco que el verbo fogoso de Jomeini encontraba en crecientes sectores del universo musulmán -no sólo entre los chiítas-. Se entiende así, que Saddam Hussein pudiera elegir entre una amplia gama de proveedores del más sofisticado material militar. Pero una cosa era intentar convertir a Irak en una potencia regional a expensas del Irán jomeinista, y otra, muy diferente, tratar de ser una potencia con influencia económica mundial sumando a su propio petróleo las reservas aún más cuantiosas del minúsculo Kuwait. En este segundo intento no encontró, ciertamente los mismos apoyos que en el primero

En el verano de 1990, el régimen iraquí montó una súbita campaña de descrédito contra Kuwait, acusándolo de haber robado petróleo iraquí - de las bolsas subterráneas a ambos lados de la frontera común - por valor de 2.400.000 dólares, así como de haber violado esa frontera mediante el establecimiento de avanzadillas militares y la perforación de pozos petrolíferos dentro de Irak. En las primeras horas del 2 de Agosto, sin previa declaración de guerra, unos 100.000 hombres el ejército de Irak penetraron en Kuwait, ocupándolo por completo a lo largo del día: los alrededor de 20.000 integrantes de las fuerzas kuwatíes apenas pudieron intentar algún destello de resistencia. Bagdad pretextó que había enviado sus tropas a invitación de unos supuestos insurgentes locales que acababan de derrocar a la familia real, pero jamás hubo una evidencia de ello. Es más, el día 8, Irak se anexionaba formalmentente el territorio kuwaití y el 28 lo convertía "para siempre" en su decimonovena provincia. Salvo unos pocos regímenes árabes, más o menos dependientes de la generosidad financiera de Saddam Hussein, la condena de la invasión fue prácticamente universal. El mismo día en que tuvo lugar, mientras que el Emir de Kuwait y la mayor parte de su numerosa corte se refugiaba en Arabia Saudita, el Consejo de Seguridad (ONU) aprobaba la resolución 660, en la que se exigía la retirada inmediata e incondicional de los iraquíes. Al día siguiente, con una concordancia y rapidez inusuales, Washington y Moscú pidieron a la comunidad internacional que adoptase medidas concretas contra el invasor, y Washington anunció ya el envío de una fuerza naval al Golfo. [9] " Respecto a las versiones occidentales justíficatorías de la guerra contra Irak, promovida por la coalición hegemonízada por los EE.UU., hay que tener en cuenta lo ya señalado en el sentido de que la Guerra del Golfo ha sido -junto a la llevada a cabo para justificar los conflictos bélicos originados por la desintegración de Yugoslavia- la mayor campaña de manipulación e intoxicación informativa de las realizadas en el último tercio del siglo XX. Así en la obra de Míchel Collón "¡Ojo con los medía!" se precisa acerca de tal manipulación: "El balance es consternante. Nos han mentido a todos los niveles". ¿Probaban las fotos satélites que existía una amenaza iraquí a la Arabia Saudí a principios de agosto del 90? Eso fue un bluff. ¿El cuarto ejército del mundo, las amenazas nucleares o químicas írakíes, las fortificaciones infranqueables? Engañifas. ¿La pretendida intransigencia de Irak, su rechazo a toda negociación? Una mentira interesada que escondía sus numerosas ofertas de paz y su retirada de Kuwait. ¿La marea negra del "eco-terrorista Saddam Hussein"? La única cosa segura es que los americanos provocaron al menos cuatro de las cinco mareas negras del Golfo y los medía tenían que saberlo. ¿El cormorán envuelto en gas-oil? Una impostura: eran imágenes de archivo deshonestamente presentadas como actuales. ¿La mayoría de las atrocidades cometidas en Kuwait por tropas iraquíes? Rumores fabricados por los servicios de desinformación de los aliados. Las "torturas" inflingidas a los pilotos aliados prisioneros? Una mentira deliberada para que aumentara la indignación. Incluso el famoso gaseamiento de Halabja suscita serias dudas, puesto que ocultaron todos los elementos que pudieran contradecir la tesis de la responsabilidad irakí. La lista podría ser enorme: prácticamente sobre cada episodio y sobre cada aspecto importante del conflicto hubo una grave manipulación. Aquí encontrareis las pruebas" [10] . 

Por otra parte, la manipulación no sólo se desarrolló por comisión sino también por omisión. Así, entre las informaciones facilitadas en los "mass/medía" occidentales sobre las causas de la invasión o anexión, de Kuwait, no se informó acerca de la participación de Kuwait en los intentos de desestabilizar el actúal régimen político Iraquí. Recientemente se ha conocido una parte de la versión iraquí hasta entonces inédita. Con motivo del noveno aniversario de la entrada de las tropas iraquíes en Kuwait, un diario iraquí facilitó algunos datos sobre los acontecimientos que, a su juicio, constituían una conspiración de los EE.UU. y Kuwait contra el régimen baasaista iraquí. Así se plantea el tema: ¿Y como conspiró Kuwait contra Irak? Rebajando los precios del crudo entre 1981 y 1990. La depreciación del petróleo es, para el diario del Ministerio iraquí de Defensa "Al Qadisiya" el medio por el que Kuwait quería desestabilizar el régimen iraquí. Según el citado rotativo, Irak perdió 420.000 millones de dólares (67 billones de pesetas) por esta conspiración. La continuación de la conjura fue, para el diario gubernamental "Al Yumhuria", las sanciones económicas: Y, actualizando el planteamiento, añade "Los dirigentes kuwaities son los que lanzan y financian la campaña para que se prolongue el embargo. "La conclusión de esta argumentación la realiza el diario "Babel": "No nos quedaba otra opción que desplegar las tropas en Kuwait por las conspiraciones y agresiones diseñadas por Kuwait y los EE.UU. La no intervención habría sido una capitulación de Irak ante estadounidenses y sionistas. 

No pretendemos proporcionar una descripción exhaustiva del proceso político y diplomático que culmina en la segunda Guerra del Golfo. Sintetizando mucho tal proceso, vamos a exponer sólo algunos de sus principales hitos: El 29 de Noviembre de 1990 el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó "el uso de todos los medios necesarios para expulsar a las tropas iraquíes de Kuwait a partir del 15 de Enero siguiente en el caso de que permanezcan allí para esa fecha. "La primera quincena de Enero de 1991 tuvo lugar una frenética actividad diplomática, con variados intentos de mediación y múltiples propuestas de compromiso, con el fin de encontrar alguna fórmula de arreglo antes de que venciese el plazo concedido por la ONU. Incluso llegaron a reunirse en Ginebra los titulares de Exteriores norteamericano e iraquí; James Baker y Tariq Aziz, pero sin resultado. Para estas fechas la coalición hegemonizada por los EE.UU. contaba en Arabia Saudita con 605.000 hombres mientras que los iraquíes tenían desplegados unos 540.000 en Kuwait y en las zonas próximas del propio Irak. A partir del 17 de Enero de 1991 se iniciaron bombardeos masivos contra Irak que no sólo pretendían atacar los objetivos militares previstos sino destruir también toda la infraestructura de la sociedad iraquí. Así lo pudimos comprobar sobre el terreno la Delegación española que viajamos a Irak en Enero de 1999. Es impresionante la destrucción realizada entonces de tal infraestructura, aunque en buena parte ha sido ya reconstruida incluso con puentes de doble calzada (superpuesta) que no existían antes de la contienda.

La fase exclusivamente aérea de la guerra duró seis semanas, durante las cuales fueron efectuados decenas de miles de bombardeos. Como era previsible, esa saturación de fuego aéreo no sólo alcanzó objetivos militares declarados sino que también causó un elevadísimo número de víctimas entre la población civil. Aunque se utilizó el eufemismo de calificar de "daños colaterales" los causados a tales víctimas, difícilmente se puede mantener esa calificación cuando alcanza esa monstruosa magnitud. Como complemento a la fase aérea, se pasó a la ofensiva terrestre. El 24 de Febrero de 1991, dos divisiones de "marines" norteamericanos rompieron las defensas iraquíes e irrumpieron en Kuwait en dirección N-NE, mientras que una fuerza saudita avanzó hacia el norte, penetrando en el emirato a lo largo de la costa. En los primeros días de la guerra en tierra, el avance "aliado" resultó espectacular pero ocultó procedimientos genocidas que se utilizaron por los norteamericanos cuando ya estaba anulada la resistencia iraquí, como la utilización de palas rotativas que sepultaron vivos en arena a millares de soldados iraquíes y la cremación, mediante rociadas de "napalm" liquido, de los que se retiraban del frente en largas caravanas de vehículos. Como consecuencia de ello, en la noche del 27 de Febrero de 1991, la delegación de Irak en la ONU comunicó oficialmente que su Gobierno aceptaba sin condiciones todas las resoluciones de la ONU sobre el conflicto. A las tres horas del día 28, el presidente Bush anunció la suspensión de las operaciones ofensivas de sus fuerzas. Radio Bagdad anuncio a su vez que sus fuerzas habían recibido la misma orden. El 3 de Abril la resolución 687 del Consejo de Seguridad de la ONU puso fin a la Guerra del Golfo desde el punto de vista del Derecho Internacional. Empero la contienda prosigue unilateralmente por parte de las fuerzas aéreas de los EE.UU. y la Gran Bretaña en forma homologable con las denominadas "guerras de baja intensidad". Con el pretexto que les proporcionan las denominadas "Zonas de exclusión aérea" -creadas formalmente para proteger a las poblaciones kurda y chiita iraquí desde 1991 no han cesado las incursiones aéreas y ataques realizados por ambas aviaciones anglosajonas. A veces alcanzando dimensiones considerables -como en 1983 y Diciembre de 1998- y otras de menor magnitud pero no menos mortíferas. Limitándonos a los ataques más recientes, vamos a mencionar los realizados el 18 de Julio de 1999 y el día 29 del mismo mes. Respecto a los ataques del 18 de Julio, las autoridades iraquíes informaron de que aviones estadounidenses y, del Reino Unido atacaron cinco poblaciones en el sur de Irak y causaron la muerte de 14 civiles y heridas a otros 17. La fuente citada agregó que un importante número de edificios sufrió daños en la zona, que fue sobrevolada por una formación de 16 aviones, que realizaron 39 ataques. Por otro lado, un portavoz iraquí informó también de varios aviones de ambos países anglosajones atacaron el mismo día las poblaciones de Erbil y Dohut, en el Kurdistán iraquí, al noroeste, así como Nínive, en Mosul. El citado portavoz cifró en 10.205 el número de ataques perpetrados por aviones de los EE.UU. y el Reino Unido desde que se inició la operación "Zorro del Desierto" en Diciembre de 1998. Respecto al 29 de Julio, un portavoz militar iraquí informó de que aviones procedentes de Kuwait, Arabia Saudita y Turquía, todos ellos anglosajones, se infiltraron hasta la provincia de Wassit, situada a 180 kilómetros al sureste de Bagdad. Este bombardeo se produjo once días después de que se registraran también en la misma zona una operación similar que se saldó con la muerte de 17 civiles, en su mayoría mujeres y niños. Se estima que estos bombardeos constituyeron la operación militar más importante desde los bombardeos continuados de Diciembre de 1998. Con tal motivo, Irak se dirigió el mismo día al secretario general de la ONU, Kofi Annan, pidiendo su intervención para "poner fin a los actos de agresión que amenazan la seguridad y la economía del país".

Según precisa el Informe de la Segunda Delegación Española a Irak, "El Gobierno iraquí no ha proporcionado nunca cifras oficiales de muertos en las acciones bélicas, ni en el continuado y sistemático bombardeo del país. Ramsey Clark, ex Fiscal General norteamericano y presidente del Tribunal Internacional que juzgó a la Administración Bush por crímenes de guerra en Irak, ha avanzado una cifra entre 250.000 y 300.000 iraquíes muertos. Tampoco aportan datos sobre los daños causados en el parque inmobiliario residencial. En algunas localidades se muestran, sin embargo, como testimonios de barbarie sobre la población civil, ciertos solares y ruinas, no reconstruidas con propósito ejemplificador, en barrios populares, haciéndose sólo en esos casos mención concreta del número de viviendas destruidas y víctimas civiles. Un ejemplo destacado es el siguiente: El día 13 de Febrero de 1991, en uno de los varios refugios antiatómicos construidos en los barrios periféricos de Bagdad, cuando se disponían a pasar la noche en él 403 personas (de ellas 142 menores de 10 años), entre otras 26 familias inmigrantes jordanas, sirias y egipcias, un misil convencional abrió una brecha en el forjado del techo por su único punto vulnerable, la instalación de ventilación, y otro inmediatamente penetró en el refugio produciendo una explosión de 4.000 grados centígrados y la muerte, en unos casos instantánea y en otros agónica -según testimonios- de todos sus ocupantes. Como en Hiroshima y Nagasaki, los efectos térmicos del impacto dejaron grabadas en las paredes del refugio las siluetas de las víctimas, tal y como comprobó la delegación en su visita al lugar. Igualmente lo comprobamos - al visitar tan impresionante lugar - la Delegación Española, compuesta por más de 130 personas que visitamos en Enero de 1999 el citado refugio antiaéreo. El bombardeo continuo que norteamericanos y británicos realizan contra la población iraquí puede producir una fuerte reacción de las Fuerzas Amadas de Irak. Así el diario español "El País", en su número del 7 de Agosto de 1999, publicaba una crónica de Ángeles Espinosa en la que, con el título de "Irak quiere recuperar su cielo", se decía, entre otras afirmaciones, lo siguiente: "los iraquíes están hartos de la agresión continua contra su territorio que suponen los bombardeos sobre "zonas de exclusión aérea" del norte y del sur de su país. Tras muchas quejas y advertencias, el Gobierno de Bagdad ha pasado a la acción y está aumentando sus defensas antiaéreas para evitar las patrullas de aviones estadounidenses y británicos en sus regiones, y para recuperar la soberanía sobre todo su espacio aéreo. Así lo ha anunciado el teniente general Shahin Yasín, jefe de la defensa antiaérea, quien esta semana ha amenazado con convertir el cielo iraquí en "un infierno" para los aviones enemigos. Los primeros en dar la voz de alarma fueros los satélites espías estadounidenses. "Los iraquíes parecen estar desplegando algunos misiles tierra-aire y otras fuerzas en la zona de exclusión sur", alertó el portavoz del Pentágono, Kenneth Bacon. Al día siguiente, el teniente general Yasín reconocía implícitamente esta actividad y aclaraba sus intenciones: "Muy pronto nuestro cielos se verán libres de (aviones) enemigos", aseguraba el responsable  militar en declaraciones al diario "Al Zaura" del gobernante partido BAAS. Según el general Yasín, Irak "convertirá su espacio aéreo en una montaña de fuego para hacer frente a los agresores hasta que sean completamente derrotados". Esta nueva andanada dialéctica es la culminación de una campaña iraquí contra la merma de soberanía que representan las zonas de exclusión aérea. La medida concebida tras la Guerra del Golfo para proteger a las comunidades kurda y chiíta de eventuales ataques de las tropas del régimen no está incluida en las resoluciones de la ONU y se ha convertido ocho años después en una guerra de baja intensidad contra Irak, librada unilateralmente por EE.UU. y el Reino Unido. Francia, que inicialmente participó en esas patrullas aéreas, se ha ido desmarcando de esa política a la vez que mostraba una actitud más flexible hacia el embargo al que está sometido el país árabe. La causa iraquí también cuenta con la simpatía de China y Rusia en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde ambos miembros permanentes han criticado recientemente los bombardeos angloestadounidenses" [11] .

Como conclusión de este trabajo nada mejor que citar el punto 1 - actualizado- de las conclusiones del citado informe: "Las sanciones contra Irak están teniendo gravísimas consecuencias sobre las condiciones de vida básicas del conjunto de la población iraquí, y muy especialmente sobre sus sectores más débiles o menos favorecidos, concretamente la infancia. Las sanciones contra Irak han de ser consideradas como una práctica genocida injustificable y su mantenimiento, tras casi una década de aplicación, sin flexibilización alguna por parte del Consejo de Seguridad de la ONU, como un crimen contra la Humanidad que debería avergonzar al conjunto de la comunidad internacional" [12] .

 

Bibliografía Utilizada

 

1. Documentos del Tribunal contra la Guerra, 'La Guerra del Golfo un año después". Editorial Nueva Utopia. Madrid, 1992. 

2. Carlos Varea y Ángeles Maestro (eds). "Guerra y sanciones a Irak". Los libros de la catarata. Madrid, 1997. 

3. Varios autores Después de la tormenta". Las claves de la posguerra". Ediciones 8. Barcelona, 1991.

4. Saddam Hussein, Declaraciones sobre problemas actuales". Impreso en Italia, 1977. 

5. Shibli LA Ysami, El Partido BÁ'TH. La etapa de su fundación 40-49". Impreso en Madrid en 1977. 

6. Alí Merad, "El Islam contemporáneo". Fondo de Cultura Económica. México, 1988.

7. Tareq Aziz, "El conflicto Iraco-iraní. Polémica e Interrogantes". Ministerio de Información. Bagdad, 1981

8. William M Arkin y otros, "La Guerra del Golfo". Editorial Fundamentos. Madrid, 1992.

9. Luis Mariñas, Biografía secreta de Sadam". Ediciones Tiempo S.A. Grupo Z. Madrid, 1991. 

10. Michel Collon. `Ojo con los media!". Editorial Argitaletxe Hiru. Hondarribia, 1996. 

11. Informe de la Segunda Delegación a Irak. Campaña por el levantamiento de las sanciones a Irak. Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ayuntamiento de Coslada, 1995. 

12. Albert Hourami, Historia de los pueblos árabes. "Editorial Ariel. Barcelona, 1992. 

13. Dominique Sourdel, "El Islam". Oikos-tau. Barcelona, 1973. 

14. Peter Petre, Autobiógrafa del general H. Norman Schwarzkopf". Editorial Plaza-Janés. Barcelona, 1993. 

15. También han sido utilizados los 32 Tomos de la "Gran Enciclopedia del Mundo" de la Editorial Durvan de Bilbao. De esta Enciclopedia es colaborador el autor de este 'trabajo.



[1] Informe de la Segunda Delegación a Irak. Campaña por el levantamiento de las sanciones a Irak. Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. Ayuntamiento de Coslada (Madrid 1995. Página 5).

[2] 0p. cit. página 6.. 183 • Vol.1 • 2000

[3] Op. Cot. página 6.

[4] Arturo de Sienes, "Irak, el creciente fértil". Ediciones Libertarias. Madrid, 1989. Página 9 y siguientes.

[5] Op. cit. página 13 y siguientes

[6] Shibli- Á' Ysami, "El Partido BA' TH Árabe y Socialista. Ediciones Unidad, libertad y socialismo. Madrid, 1977. Página 65 y siguientes

[7] Tareq Áziz, -El conflicto iraco-iraní. Polémica e interrogantes". Ministerio de Información. Bagdad, 1981. Página 49 y siguientes. 

[8] "Gran Enciclopedia del Mundo". Tomo 29. Bilbao, 1993. Página 257 y siguiente

[9] Op. Cit. Página 258

[10] Michel Collón, ¡Ojo con los media!". editorial Argitaletxé Hiru. Hondarribia, 1996. Páginas 15 y 16.

[11] Angeles Espinosa, "Irak quiere recuperar su cielo". Diario El País" del 7 de Agosto de 1999. Página 7.

[12] Informe citado de la Segunda Delegación Española. Pá