José María Laso Prieto

«El espejismo yugoslavo»

En Utopias-Nuestra Bandera nº 172. Madrid: Partido Comunista de España, agosto-noviembre de 1997, pp. 163-165

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


        Con este título se ha publicado un libro de Josep Palau que proporciona algunas de las claves necesarias para comprender adecua­damente el complejo problema yugoslavo. En ese sentido, tal libro complementa muy bien el titu­lado Justicia para Serbia, de Peter Handke, que también reseñamos en esta revista. La lectura de ambas obras es necesaria para contrarrestar —al menos en parte— la gigantesca intoxicación y manipulación informativa que contra los ser­bios se ha realizado a escala mundial. Campaña que, por su magnitud y éxito conseguido, sólo es comparable a la realizada contra Irak durante la Guerra del Golfo. Palau es coautor de los libros Europa en paz y Ex Yugoslavia: de la guerra a la paz y, como periodista, consejero de organismos internacionales y activista de algunas ONGs, ha demostrado ser no sólo uno de los mejores ex­pertos en el tema ex yugoslavo, sino también su capacidad de hacer frente a la satanización de los serbios. En el prólogo al Espejismo yugoslavo, Johan Galtung, catedrático de Estudios por la Paz de la Universidad de Witten/Herdecke y profesor de otras universidades europeas, nos esclarece ya inicialmente la relevancia y finalidad del libro:

«El lector tiene en sus manos algo muy raro en estos días: un libro sobre Yugoslavia basado en la compleja realidad, con un profundo cono-cimiento de los acontecimientos de los años no-venta, con un análisis critico en todas las direcciones, incluyendo a Belgrado y a los serbios en general. El lector, habituado a saber de la realidad de esa desafortunada región sólo a través del antiserbismo automático, mimético de los me-dios, va a asustarse con este libro. ¿Cómo es posible que la prensa, la televisión y la radio no hayan mostrado estos hechos sencillos, al alcance de cualquiera que busque unas horas en bibliotecas o sobre el terreno? Para el lector que conoce la realidad, y no sólo la realidad virtual de los medios, el libro es un resumen sumamente útil, un regalo que facilita un análisis más allá de lo común» (p. 13).

        Sintetizando muy bien el desarrollo de los acontecimientos en la ex Yugoslavia, Galtung precisa:

«Los reconocimientos de la UE, la OSCE, los EE.UU. y la ONU —de la independencia de Croacia, Eslovenia y Bosnia-Herzegovina— dejaron a los serbios sin otra alternativa que la lucha, como lo demuestra muy bien Palau. Los serbios vencieron en las guerras de 1991 en adelante y lo perdieron todo en la guerra de 1995 contra la injerencia extranjera. Como regla general, estos problemas no deberían resolverse a través de la guerra. Podemos extraer una conclusión que la comunidad internacional tiene que aprender. hay asuntos donde están en juego necesidades tan básicas como la supervivencia. El exterminio de serbios en manos croatas durante la Segunda Guerra Mundial y la ideología de un Estado (el de Croacia) que renace con símbolos fascistas son hechos. No se puede dejar a un pueblo así amenazado sin alternativas a la lucha violenta. Siémbrese, como se hizo a partir del 6 de enero de 1992, y se obtendrá una cosecha llena de violencia» (p. 14).

        Es significativo que en los medios occidentales apenas se ha tratado del genocidio masivo realizado contra los serbios, por nazis y fascistas croatas, actuando conjuntamente de 1941 a 1945, ni del renacimiento fascista en la nueva Croacia que emerge en 1991. Nosotros, por el contrario, lo tratamos ampliamente en nuestro trabajo La tragedia yugoslava, publicado simultáneamente en México y España [1] . Sin embargo, el horrible recuerdo de tan monstruoso genocidio —evaluado en torno al millón de serbios exterminados por los croatas ustachis—fue quizás el principal factor que llevó a los serbios de Croacia y Bosnia a tomar las armas para defender su supervivencia en comarcas donde habían sido mayoría durante siglos. Sobre el genocidio de los serbios, Palau precisa:

«El NDH (el Estado croata satélite de la Alemania nazi) se propuso oficialmente resolver la cuestión serbia de manera expeditiva, ya que no podía tolerarse por más tiempo la molestia que "esos primitivos bizantinos causaban al nuevo Estado". Se estableció la doctrina de los tres tercios; un tercio de los serbios debía ser de-portado; otro tercio asimilado y convertido al catolicismo por la fuerza; el último sería físicamente eliminado [...], muchos de los convertidos eran finalmente aniquilados, mientras la deportación no era fácil; así, el exterminio físico es lo que más se generalizó. Croacia comparte con Alemania la exclusividad de la mayor de las muchas monstruosidades que los humanos hemos cometido en este planeta: el genocidio industrial, frío, metódico, calculado.» Palau se refiere también a la controversia en cuanto al número de víctimas, situándola así: «El resultado en cifras de víctimas es hoy discutido, y los datos disponibles son confusos, porque el régimen titoísta estuvo interesado en tapar unos hechos cuya rememoración podía herir la reconciliación que se propugnaba bajo su égida. El baile de cifras es éste: 200.000 víctimas como máximo, según cronistas croatas, o hasta un millón largo según los serbios; las fuentes extranjeras hablan de 400.000 a 700.000, las mejor documentadas (entre ellas las del Almirantazgo británico) fijan 675.000. Digamos que parece probado que cientos de miles de serbios fueron aniquilados sistemáticamente en zonas que ahora son de Croacia o Bosnia.»

        Empero, no se trata sólo de pasados genocidios, sino de las consecuencias políticas de las actuaciones de Alemania, el Vaticano y EE.UU., configurando la actual situación en la ex Yugoslavia. Palau la esclarece bien: «La opinión democrática occidental se sabe cómplice del apoyo prestado a la independencia de Croacia. Ha perdonado los actos de agresión belicista, violaciones de derechos humanos y atrocidades cometidos por fuerzas croatas, tanto en Bosnia como en las Krajinas. Esa parcialidad, rompiendo principios éticos, obedece a considerar las perversiones croatas como un mal menor, necesario para vencer a unos serbios a quienes se veía como los enemigos principales: Pero ahora podría ocurrir, si la victoria croata fuera incondicional o completa, que el mal menor se revelara como el auténtico mal mayor. La euforia croata podría acercarse demasiado a la legitimación histórica del fascismo ustachi de los años cuarenta y parecerse a una rehabilitación en los Balcanes del orden nazi supuestamente derrotado en la Segunda Guerra Mundial [...]. Al mismo tiempo está a punto de consumarse la Gran Croacia, un Estado confesional, etnocéntrico, excluyente, construido sobre las ruinas de la multietnicidad serbocroata que la extinta Yugoslavia quiso garantizar. Además, extiende su poder, su influencia reconocida, su Ejército y su moneda a buena parte de los territorios de Bosnia-Herzegovina. En sustancia, una reedición del «Esta-do independiente croata», que funcionó en el período 1941-1945 como protegido del Tercer Reich. La conciencia democrática internacional no debería poder permitirse una Kroazien serbenfrei (Croacia libre de serbios), heredera tan directa del concepto Deutschland judenfrei ("Alemania libre de judíos").»


[1] Laso PRIETO, J. M. «La tragedia yugoslava», en la revista Dialéctica, nº 25, Universidad de Puebla, México, abril de 1994, pp. 30 y ss. Ver también Laso PRIETO, J. M. «La tragedia yugoslava», en revista El Basilisco, n.° 15, Uni­versidad de Oviedo, segunda época, invierno de 1993.