José María Laso Prieto

«Indalecio Prieto y la socialdemocracia»

en La Voz de Asturias, jueves 5 de julio de 1989, p. 5 (Sección Opinión).

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


            Si se superan prejuicios partidistas, desde cualquier perspectiva política, debe reconocerse que Indalecio Prieto fue un gran estadista. Para corroborarlo, basta con detenerse mínimamente en el análisis de su desempeño de las carteras de Obras Públicas y Hacienda en los Gobiernos del primer bienio republicano. A su intuición urbanística, e iniciativa entusiasta se debieron la concepción —y el comienzo de la ejecución— de obras tan trascendentales para Madrid como el plan de enlaces ferroviarios, la ejecución de la ampliación del paseo de la Castellana y del complejo de los Nuevos Ministerios, así como otras medidas urbanísticas necesarias para un racional y planificado ensanche de la capital. El entusiasmo de Prieto logró superar pronto la oposición reaccionaria a sus planes regeneracionistas, a pesar de que ésta recurrió a armas tan arteras como atribuir su móvil a los intereses del Estado Mayor francés y a ridiculizarlas como «el tunel del sin plan», el Simplón, etc. Finalmente, fue el «bienio negro», y, luego, la guerra civil los factores que impidieron a Prieto culminar su ambicioso proyecto. Este tuvo que esperar largos años para realizarse: la prolongación de la Castellana terminó en 1952, los Nuevos Ministerios entre 1952 y 1958 y el enlace ferroviario Chamartin-Atocha en 1967. Todo ello sobre la base de los planes originales de Prieto. Algo semejante sucedió en política hidráulica. Aunque fue uno de los tópicos propagandísticos del franquismo —todos quedamos saturados de fotos de Franco inaugurando pantanos— los planes de obras hidráulicas que luego se ejecutaron fueron elaborados por impulso del afán generacionista de Prieto.

            Incluyendo los actuales trasvases de las cuentas atlánticas a las mediterráneas y con un plan de regadíos mucho más ambicioso que el después realizado. En el Ministerio de Hacienda, aunque la política que desarrolló Prieto «hubiera parecido excesivamente conservadora en la City de Londres» —según juicio del historiador Ramos Oliveira—, no debe omitirse que con la introducción del Impuesto Sobre la Renta, y la Ley de Ordenación Bancaria, introdujo medidas racionalizadoras que daban la talla de su dimensión de estadista.

            En estas facetas de la actuación de Prieto, como estadista, trataremos de profundizar en una recensión de la obra de Sáiz Valdivielso «Indalecio Prieto. Crónica de un corazón»,-que proyectamos realizar coincidiendo con la presentación del libro en «Tribuna Ciudadana» de Oviedo. Hoy queremos centramos en otra faceta que también resalta Valdivielso: la condición socialdemócrata de Prieto. Hasta el punto de que siempre insistió en subrayar la parte final del término compuesto. En esas, como en otras muchas cosas, Prieto tenía el mérito de la sinceridad. Y es una opción legítima ser socialdemócrata, como también lo es ser revolucionario. El problema es que se sea coherente con las convicciones. Aunque se deseen profundas transformaciones sociales, hay que comprender que la revolución social no es posible en todo lugar y momento. Requiere determinadas condiciones objetivas y subjetivas.

            Entre tanto, mediante la actuación socialdemócrata se pueden lograr reformas progresistas que no son desdeñables, aunque sean reversibles. El problema más grave se suscita cuando algunos socialdemócratas dejan de actuar como tales. En economía, lo propio de la actitud socialdemócrata es la posición -keynesiana: fuerte inversión pública para que, mediante la acción del célebre «multiplicador», se relance la actividad económica. Sin embargo, ahora algunos socialdemócratas han abandonado a Keynes para asumir las tesis monetarias de Milton Friedman: abandono de la inversión pública, primas desorbitadas a la inversión privada, reconversiones salvajes, desindustrialización, prioridad a la lucha contra la inflación a costa de incrementar el desempleo, etc. Habría que pedirles que dejasen de ser monetaristas para volver a ser socialdemócratas. Como siempre lo fue Prieto consecuentemente. Incluso en el campo económico. Como ha recordado la arquitecta Lilia Maure recientemente, «lo que movió a Prieto a emprender sus ambiciosos proyectos de obras públicas fue la posibilidad de conseguir con ellos frenar el problema del paro obrero». Y, efectivamente, no fue la única razón pero sí un factor importante en su decisión.