José María Laso Prieto

«El asalto a la razón»

en La Voz de Asturias, 18 de abril de 1985, p. 3 (Sección Opinión).

Texto preparado para su edición digital por Carlos Glz. Penalva.


Así se ha denominado en castellano el título de una de las obras fundamentales del filósofo húngaro Gyorgy Lukács. En «El asalto a la razón», Lukács realiza un exhaustivo análisis crítico de la trayectoria del irracionalismo desde ScheIling hasta Hitler. De ella se deduce que, aún no siendo siempre conscientes los filósofos de las consecuencias sociales de sus elaboraciones, no puede hablarse en rigor de una filosofía «inocente». Por innumerables que fuesen las mediaciones, entre los grandes formuladores del irracionalismo —ScheIling, Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche, Spengler, Scheler, Heidegger, Jaspers, etc.—, y un Alfred Rosemberg, es posible establecer la línea del nexo causal que los une. Admitiendo también que, entre ellos, se dan innumerables matices diferenciadores y el constante descenso, del nivel filosófico, que se produce entre los grandes pensadores irracionalistas y su epígono nazi Rosemberg. El mismo fenómeno se da en el irracionalismo postnazi.

Este tema del irracionalismo está de nuevo de actualidad. Y no sólo porque el 13 de abril se haya conmemorado el centenario del nacimiento de Lukács. También porque en este momento asistimos a escala mundial a un proceso que —salvadas las naturales diferencias históricas y de nivel de elaboración— Lukács podría haber calificado de «Nuevo asalto a la razón». Proliferan por doquier tenaces intentos de difusión de un nuevo irracionalismo que, bien en forma de pseudociencia —como la parapsicología—, o de triviales pero enfáticas supersticiones, tratan de infundir en las masas la creencia en un retorno de los brujos, en prácticas espiritistas o en apocalipsis milenarias. Todo ello al servicio de muy inmediatos intereses crematísticos, o, lo que todavía es más grave, de propósitos ideológicos que tratan de contrarrestar el prestigio alcanzado por la ciencia en un proceso secular. Se intenta así interiorizar, en la conciencia de amplios sectores populares, la concepción de que es la ciencia la responsable de la crisis de civilización en que se halla sumida la sociedad capitalista a escala mundial.

Considerada la trascendencia filosófica y cultural de la obra de Lukács, no puede sorprender de que, con motivo de su centenario, se hayan organizado diversos homenajes al gran filósofo húngaro, tanto en su tierra natal como en diversos países.

Uno de esos homenajes se desarrollará en Madrid, organizado por la Fundación de Investigaciones Marxistas, del 22 al 26 de abril. En él participarán los profesores L. Szicloi, J. Kelamen, Carlos Thiebaut, Juan Trías, Luis Martínez de Velasco, Gerard Vilar, Román Lacalle, Ana Lucas, Francisco José Martínez, Daniel Lacalle, Francisco Fernández Buey y el autor de este artículo. Aunque en España ha sido ya editada buena parte de la ingente obra filosófica, estética y política de Lukács, todavía no es suficientemente conocida. Ello se explica por la complejidad de su temática y el rigor técnico de sus formulaciones. En consecuencia, para su divulgación, pueden ser muy útiles los debates y publicaciones que con motivo del centenario se van a realizar.

Incluso, en el plano humano, es muy interesante la trayectoria de quien habiendo nacido en una familia de la burguesía financiera austro-húngara, tras contactar con la obra de Marx, llega muy joven a comisario de Cultura de la efímera República socialista húngara de los Consejos (1919). Desde entonces, hasta su fallecimiento en 1971, trabaja infatigablemente en muy diversos campos culturales.

Con aciertos y errores, que él mismo rectifica después, Lukács ha constituido uña conciencia crítica de nuestra época frente a toda forma de irracionalismo y alienación. De ahí su vigencia en este momento de contraofensiva ideológica reaccionaria. No lo es menos su preocupación por el fenómeno de la reificación capitalista. Es decir, por el proceso que transforma los seres y las cosas en res, ontológica, humana y prácticamente vacías de toda esencia, de todo sentido vivificante. Lo que Hegel previó como porvenir de la alineación, y que Marx analizó como fenómeno de la alienación y como fetichismo de la mercancía, se convierte en Lukács en reificación que cosifica la esencia humana.