José Carlos Fernández Rozas

«Laso»

En «La Voz de Asturias», 2/11/1987 [sección Tribuna] .

Texto preparado para su edición digital por Uriel Bonilla.


 El autor analiza el incidente ocurrido entre Camilo José Cela y José María Laso, aprovechando para reflejar la personalidad de este intelectual, secretario local del PCA, y afincado en el Principado desde hace muchos años, cuando luchaba contra la dictadura franquista.

Gustavo Bueno, José María Laso y Santiago ÁlvarezHace 15 años que me honro con la amistad de Laso. Acababa él de llegar a Asturias para representar aquí a una conocida marca de chocolate e intervenía en las conferencias progres sorprendiendo a la intelectualidad regional por su erudición y sapiencia, impropia de un antiguo distribuidor exclusivo de productos Manchú para el norte de España. Fue poco antes de que iniciara en nuestra Universidad sus estudios de Derecho (¿qué otra carrera podía cursar un convencido marxista?), en unos momentos de profunda transformación política, cuando las cenas de los martes del Fontán confluyeron con los primeros amagos organizativos de la incipiente Junta Democrática de España y el bar Aller de la calle Magdalena era visitado por las que a poco serían figuras destacadas de la transición política. Se trataba del primer encuentro entre la izquierda tradicional y la burguesía asturiana, que llegó a consolidarse y a constituir una práctica habitual que, más tarde y por razones laborales, fue trasladada a los viernes.

Laso y Juan Benito no sospechaban entonces que aquellas incipientes charlas, muchas veces accidentadas o interrumpidas prematuramente, darían lugar al vasto movimiento de Tribuna Ciudadana, verdaderamente ejemplar en el panorama cultural español.

 La democracia instaurada en España obligó, en efecto, a modificar el planteamiento primitivo de aquellos encuentros, sobre todo por el aumento cuantitativo de sus componentes. Las escasas dos docenas de incondicionales, vinculados en su mayor parte a lo que entonces se llamaba El partido se han convertido en varios centenares de socios cuyo denomina[do]r común ya no consistirá, afortunadamente, en la idea del cambio o en una aventurada clandestinidad. No obstante la filosofía inicial persistió, pues tanto aquellas cenas como estas conferencias (seguidas también de refrigerio, ahora en locales más capaces y confortables) siempre se caracterizaron por el respeto al pluralismo, a la libertad de expresión por la temática pluridisciplinar. Tampoco variaron las prácticas de entonces. Laso y Juan Benito siguieron constituyendo el contrapunto en cada velada mostrando las virtudes y defectos de la sempiterna dialéctica entre la izquierda militante y la burguesía ilustrada.

 Las discusiones entre ambos son y siguen siendo el necesario ritual de las noches de los viernes, recordando bastante el diálogo tradicional entre Patronio y el Conde Lucanor. Es un juego que se ha institucionalizado y que tiene algo de ejemplar y moralizante y al que se someten con agrado los ilustres visitantes que protagonizan la tarde-noche y, muchas veces, madrugada de los viernes. Un juego que es representativo de que algo había cambiado profundamente en nuestro país.

 Lamentablemente, el viernes pasado el acto de divismo de un tercero, por muy ilustre que sea, ha quebrado un diálogo reiterado hace 15 años. La ausencia de Laso de la conferencia anunciada, que, curiosamente, hablaba de libertad, no deja de ser un mal presagio. Laso no se mereció el trato recibido, ni por el divo ni por sus habituales. Que el primero sea un grosero habitual y simpático puede explicar su actitud pero nunca justificarla; tampoco se explica que los amigos comunes no hayan llegado en su momento a una mediación entre ambos y que el acto programado se celebrarse con normalidad.

 Sé que Laso es un buen encajador; sus años de militancia y de cárcel así lo acreditan. Es incapaz de guardar rencor a nadie, como incapaz es de perder los nervios ante cualquier contratiempo; y los ha tenido muy graves; por fortuna ya no puede acudirse al coronel Elmar para que los ratifique. Estoy seguro que ha olvidado el incidente y que hará todo lo posible por su parte para que ese diálogo roto vuelva a reanudarse.